Crónica de secuestro (y 3)

Al volver a la habitación todos están en sus puestos, Laura y Raquel vagan por ella cogidas de la mano y desnudas, como si nadie las estuviera observando. Se arrodillan sobre la cama frente a frente, sostienen sus miradas un instante y ambas pasan sus brazos sobre los hombros de la otra, acercan sus rostros y se besan con desatada pasión. Todos permanecen callados mientras filman la escena desde ángulos variados.

Raquel insta a su hermana a recostarse sobre el lecho y esta vez no se acuesta sobre ella, sino que se sitúa frente a ella permaneciendo de rodillas, apoya las manos en sus rodillas flexionadas obligándola a entreabrirlas y se agacha para introducir su cabeza entre ellas, Luis se vuelve loco para captar los planos más precisos.

Fija su mirada en el sexo de su hermana y lentamente acaricia sus antebrazos con las manos extendidas, realiza el gesto con dulzura, mientras lubrica su sexo con su lengua, tratando de introducirla en él, entreabriendo una y otra vez sus labios vaginales. Laura respira excitada, contrae sus facciones intentando demorar en lo posible que una sensación que intuye extraña y desconocida para ella, fluya en su cerebro y la transmita a sus nervios. Raquel ya no es su hermana, su imaginación la convierte en un objeto expresamente diseñado para procurarla su propio placer, siente como su lengua juguetea abriéndose paso allí, siente como sus labios besan su sexo con dulzura, la desea más que nada en este mundo, desea su cuerpo e intuye reciprocidad en su ansia. Siente que también ella la desea y se incorpora para abrazar su torso. Raquel responde pasando sus brazos por la cintura de su hermana hasta unir sus manos en la espalda y unen sus bocas inclinando sus cabezas, provocando que sus pechos se rocen entre si. Laura se separa y empuja sus hombros hacía atrás, Raquel se recuesta receptiva y ella lo hace a su vez, colocándose sobre ella, de forma que los rostros de ambas quedan a pocos centímetros de sus respectivos sexos. Laura apoya sus manos en los glúteos de su hermana para tensarlos y conseguir que su ano se descubra entre ellos como un pequeño montículo coronado por piel obscura y rugosa, lo lubrica con su saliva e introduce su dedo en el mientras lame su sexo que destila humedad. En el flanco contrario Raquel hace lo propio con Laura intentando no dañarla, preservando su virginidad. Ya no recuerda su propio sexo, cuando atravesaba su edad, pero percibe el placer de sus caricias furtivas, la fuerza de su pasión, se concentra en procurarle las sensaciones mas placenteras y se esmera en lubricar al máximo la zona, de algún modo, sentir la humedad en el sexo de Laura y percibir que fluye de el y no de la humedad de su lengua le reconforta. Lura sacude su cintura excitada, se obliga a seguir masturbando con sus labios el sexo de  Raquel pero sus propias sensaciones le obligan a detenerse cada instante, alza el rostro y resopla en un hondo gemido. Ambas se corren a la vez y sus orgasmos simultáneos provocan que sus cuerpos se arqueen entre contracciones de placer, se incorporan y buscan sus bocas una vez más, sudan y sus cuerpo transpiran el cansancio, sus músculos se contraen y se relajan en instantes. Están al borde del agotamiento y se recuestan muy juntas, abrazándose, sosteniendo sus miradas. Jadeando. Entrelazando los dedos de sus manos.

—Esto es increíble, “cortad”,  esta vez os concedemos media hora de descanso y último raund.

Rubén no las interpela, todos abandonan la habitación y ellas entran en el baño.  Se acicalan y parecen avergonzadas pero sus miradas se cruzan cada instante como buscando una complicidad extraña. Permanecen en silencio mientras refrescan sus rostros con agua helada y peinan sus melenas rubias. Raquel se dirige a su hermana.

—Esto no está ocurriendo Laura, no es real, ¿entiendes?

Laura asiente, parece compungida.

—Lo sé Raquel, es que…

—No digas nada, por Dios, estamos representando un maldito papel, un rol que nos han impuesto bajo amenaza y chantaje, cuando acabemos con esto nuestras vidas volverán a la normalidad y enviaremos a esos esbirros a la cárcel, te lo juro.

Estalla en un llanto incontenible y Raquel la abraza con gesto fraternal.

—Es que tengo sentimientos encontrados, Raquel— habla entre pucheros, —es que nunca había sentido todo eso…

—Vamos Laura, tranquilízate— la acurruca en su regazo.

— ¿Qué pasará ahora, Raquel?

Trago saliva y sopeso como explicarle aquello.

—Quieren que participemos en una orgía, pretenden que seamos sus putas.

No pudo reprimir una arcada.

— ¿Nos violarán? yo soy virgen, Raquel.

— ¿Y qué coño puedo hacer, Laura? Estamos en sus manos ¿entiendes? Intentaré pactar con ellos, que sólo me incluyan a mí.

—No aceptarán y lo sabes. No quiero recordar mi primera experiencia sexual con un hombre como una violación…, como una violación consentida, no quiero darles esta satisfacción.

— ¿Y que quieres que haga, princesa?

—Prefiero perder mi virginidad contigo, que seas tú quien me la arrebate, te quiero Raquel.

—Estás loca, Laura.

—Tenemos media hora, sé que eres mi hermana pero jamás he sentido con nadie las sensaciones que tú me has proporcionado, te quiero Raquel y si es necesario demostrártelo, lo haré de cualquier modo, pero no me dejes a merced de esos desalmados, te lo ruego. Asió su nuca y empujo su rostro hacia el de ella, sus labios se unieron y Raquel trató de esquivar el gesto, pero Laura introduce su lengua en mi boca mientras presiona mis pómulos impidiéndome cualquier reacción. Relajó mi postura e intentó no parecer insensible.

—Esto es una locura, Laura, ¿qué pretendes?

—Que me enseñes como debo reaccionar si un tío mete su polla dentro de mi, que seas tu quien me desvirgues.

Se abraza a mí en busca de protección, como lo haría yo misma sobre mi madre si me sintiera desvalida y vulnerable…

—Lo siento Raquel, lo siento de veras. Yo no te gusto, ¿verdad?, me odias, me odias a muerte.

—No digas eso Laura, pero una cosa es que finjamos ante unos depravados que tú y yo sentimos algún tipo de atracción incestuosa entre nosotras, y otra muy distinta es que lo sintamos de verdad, ¿entiendes?, estamos fingiendo… fingiendo que hacemos el amor, que entre nosotras existe perversión y eso no es así, Laura. Nos han raptado y obligado a realizar actos antinaturales y obscenos. Puede que en el futuro te sientas atraída por una mujer, incluso que seas lesbiana, pero ello no implica que cuatro “hijos de puta” se crean capaces de manipular tu libertad sexual…, la tuya y la mía.

Arrecio sus hombros provocando que su torso oscile.

— ¿Entiendes Laura? Tú y yo ni siquiera existimos, somos una creación de un perturbado que nos ha inventado para subir su relato a un portal de internet, un colgado que se hace llamar Bugs…, no existimos, ¿entiendes?

—No sé de que me hablas, Raquel.

—Rubén, el director, los impresentables que les secundan, este maldito escenario…, nada existe, somos el producto de la imaginación de un escritor frustrado que nos ha creado a todos, de alguien que se aficionó, hace años, a subir sus patéticos relatos con el fin de que asiduos lectores adscritos a la página aplaudiesen sus historias, a fin de recabar el reconocimiento que le niegan todas las editoriales del mundo.

—Entonces, ¿no existimos?, Raquel.

—Ni nosotras, ni todos los personajes que frecuentan las historias, ni siquiera los escenarios que recrean. Todo es producto de mentes retorcidas, de presuntos autores frustrados que se creen pequeños dioses, capaces de engendrar personajes de ficción…, capaces de realizar cualquier acto obsceno que, de alguna forma, jamás concebirían en su entorno.

—Si no existimos de verdad, ¿puedo besarte?

—Y follarme…, y meterme un rábano por el culo…, y humillarme, puedes hacer cuánto quieras conmigo.

—Vale, pero antes nos despedimos ¿de acuerdo?

Rubén irrumpe en la habitación con sus hombres y todos parecen excitados, gritan como gallinas enjauladas. Laura chasquea los dedos y todos desaparecen como globos de jabón. Ya no están. Morreó a mi hermana y nos despedimos de ellos y de vosotros:

“Muchas gracias, de verdad, por brindarnos vuestra página, por permitir que tantos y tantos personajes vivamos por un día en las más osadas desventuras. Mi hermana y yo volvemos al limbo del olvido a la espera de cualquier aspirante a escritor, alguien como Bugs, quiera resucitarnos. Hasta nunca y hasta siempre “todo relatos”

-¿Vas a desvirgarme, hermana?

FIN

bugs

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