Mi compañera de piso es una genio gamer

Me presentaré, me llamo Marco, tengo veintidós años y estudio en la universidad una carrera de robótica. Me independice hace unos años con gran alegría, gracias a un buen chollo, pero tenía trampa. Vivo con una chica de dieciocho años y compañera de clase, sería ideal sino fuera porque es la persona más vaga e inteligente que he conocido.

 

Es un desastre de persona y sus padres me pagan para que mantenga nuestro piso habitable, así que aparte de estudiar tengo que hacer de sirviente, en parte no me molesto al principio, pero después descubrí la cantidad de basura que genera ya que se pasa el día comiendo patatas fritas, pipas y aperitivos por el estilo.

 

Digo inteligente, pero realmente es una genio, ya que se pasa todo el día jugando a videojuegos y durmiendo en clase, aun así saca todo diez en los exámenes y los trabajos para meses, los hace en dos horas. Yo en cambio tengo que estudiar mucho todos los días para sacar un siete u ocho, además de que necesito ir al gimnasio todos los días una hora para estar en forma y ella esta delgada sin hacer nada.

 

Como adivinareis no tengo tiempo ni para buscar rollos ni masturbarme y solo salgo de fiesta una vez a la semana a una discoteca cercana donde llevo un mes trabajándome a una tía buena, la cual me dejara follarla dentro de poco.

 

Bueno, os estaré aburriendo así que mejor que empecemos:

 

Mi despertador me arrebata de mi sueño y lo apago molesto, me froto los ojos, me acuerdo que día es « ¡es viernes por fin!», contento me levanto y me visto rápido. Cuando termino voy a la cocina y empiezo a preparar los desayunos. Mientras se calientan voy al cuarto de mi compañera, abro la puerta y con una sonrisa acción el interruptor.

 

Ella grita sorprendida y se revuelve en las sábanas para ocultarse de la luz. Me acerco a la cama y de un tirón quito las sábanas.

 

-¡No, apaga la luz! ¡Quiero dormir! – me ruega echa un ovillo en la cama, vestida con unas bragas y una camisa de su juego favorito que le viene grande.

 

-Carmen, levanta son las siete – la contesto mientras la saco ropa.

 

-No quiero ir a clase, quiero dormir – replica.

 

-Hoy tenemos examen, no puedes faltar – recuerdo.

 

De mala gana se levanta y se comienza vestir. Yo vuelvo a la cocina y saco los tazones de leche con cacao y los cereales, ella se sienta y empieza a desayunar adormilada, yo desayuno rápido, preparo las mochilas y recojo el cuarto de Carmen. Cuando termino todo voy a la cocina con las mochilas y las chaquetas, Carmen ya ha terminado así que la ayudo a ponerse la chaqueta y nos vamos. Caminamos hasta la parada del autobús y nos montamos, tenemos suerte de que no hay mucha gente que coja esa ruta y siempre tenemos los asientos asegurados, nos sentamos juntos y ella no tarda en quedarse dormida sobre mi hombro como siempre. En este momento del día siempre aprovecho para observarla ya que aunque no es una belleza, para mí es muy mona a pesar de su aspecto desaliñado. La despierto al llegar a nuestra parada y nos bajamos, caminamos hasta la universidad donde nos reciben algunos compañeros de clase con los que nos llevamos bien.

 

-Ya ha llegado la parejita – informa el primero en vernos.

 

-Pero Marco, péinala al menos – me dice otra y se saca un peine de su bolso – siempre lo tengo que hacer yo.

 

-Si ya sabes que no lo voy a hacer ¿para qué me hechas la bronca? – respondo divertido, la verdad es que el pelo de Carmen es muy largo y a mí siempre se me enreda el peine y la doy tirones.

 

-El día que no estemos para cuidar de ella, no sabrá hacer nada – protesta otro al que nunca le pareció bien que la tratemos como una niña pequeña.

 

-Oh, que mono que tengas celos, luego te peino si quieres – contesta mi compañera y empieza a peinar a Carmen, la cual pone cara de felicidad ya que le encanta que la acaricien el pelo.

 

Seguimos charlando hasta que suena el aviso de las clases y nos dirigimos al aula, dentro nos concentramos en las clases y nadie se sorprende, ni si quiera la profesora Mónica, cuando

 

Carmen le da un cabezazo a la mesa y se queda dormida. El día transcurre tranquilo y rápido hasta la hora del examen, el cual realiza el profesor Miranda, como siempre las preguntas son muy complicadas y rebuscadas. El examen de Carmen aunque es mil veces más complicado solo le lleva veinte minutos realizarlo entero. Según terminamos salimos al pasillo para la habitual ronda de quejas y vejaciones al profesor, mi compañera de piso y yo decidimos salir al patio a la espera de que termine el resto del grupo. Yo me siento en un banco y ella se tumba para apoyar su cabeza en mi regazo, esta práctica es por la que nos conocen como “la parejita”. A lo lejos veo a mi profesora Mónica hablando con otro alumno, ella siempre ha despertado deseos sexuales ya que es atractiva pese a su edad y estar casada. Nuestros amigos nos localizan y se acercan.

 

-Marco ¿a que tú crees que Miranda es un cabrón? – me pregunta el que nos saludo primero.

 

-¡Y dale! Déjalo ya, no estudiaste suficiente y punto – se queja la del peine.

 

-Pero si me he tirado toda la tarde de ayer estudiando, ya sabía yo que tenía que jugármela y tirar de chuleta – replica el otro.

 

-Explícame como metes 150 páginas de puro contenido en unas chuletitas – se burla ella.

 

-Tienes que estudiar más de una tarde cabrón – le digo.

 

-Si claro y no tener vida social – protesta él.

 

Cansados de la misma rutina después de un examen de Miranda, mis amigos cambian el tema de conversación a la fiesta de esta noche.

 

-Yo hoy me tirare a alguna en el callejón – nos informa el protestón.

 

-¿Y qué noche no? Siempre vas a por las fáciles aunque sean feas – digo yo.

 

-No pretenderás que me tire un mes como tu – replica.

 

-Pues mejor eso, por lo menos se va con una guapa – me defiende otra amiga.

 

Carmen se despierta, se estira mientras bosteza, mira el sol y mirándonos tranquila dice – Llegamos tarde a clase.

 

Miro el reloj alarmado y tenía razón, la clase había empezado hace quince minutos.

 

Recogemos todo y corremos hacia el aula. Tuvimos suerte de que nos tocara con otro profesor porque sino no entrabamos.

 

Una vez de vuelta en el piso, dejo todo y me pongo con la comida, Carmen que ya ha dormido suficiente se dedica a ver la tele. Nos sentamos a la mesa y como alegre, por la tarde adecentaría mi cuarto y la casa, después me adecentaría a mí mismo. Ella por su parte se pondría a jugar a sus juegos y comer aperitivos. Ella también una genio en los juegos y siempre está en la primera posición, menos cuando a decidido cambiar de juegos, pero más tarde cuando vuelve la recupera. Y en la comunidad gamer todos conocen a “Nerdalye” aunque nadie sabe como es.

 

-Hoy podrías limitarte a jugar en el ordenador, me gustaría tener limpia la casa esta noche – la pido mientras comemos.

 

-¿Por qué? ¿Es sobre esa chica que te quieres traer? – pregunta.

 

« ¿Cómo lo sabe? Nunca se la he mencionado» – pues sí, la verdad, y si tampoco hicieras ruido te lo agradecería.

 

Parece molesta con la idea – vale.

 

-Muchas gracias – la agradezco.

 

Cumplo con lo planeado y para las siete está todo bien limpio y ordenado, Carmen se encerró en la habitación con comida y bebida y no ensucio nada. Me ducho, depilo, afeito y peino meticulosamente, después de estar dos años sin follar no pensaba dejar que algo saliera mal.

 

Hago la cena y voy a buscar a Carmen, ella esta solo con la camisa con la que despertó y unas bragas. Me acerco a ella y lo que veo me sorprende, ya que llevaba una mala puntuación, la miro extrañado y en su rostro se ve el enfado que tiene. Ofuscada se quita los cascos y sale de la habitación en medio de la partida, mi perplejidad esta en el nivel más alto posible. Nunca he visto a Carmen así y no entiendo el porqué, en la cena no se muestra más receptiva y mantiene la cara de enfado, por lo que trascurre en silencio. Unos horas después, todo vuelve a estar impoluto y me dispongo a salir en busca de la esperanza de follar.

 

Llego al punto de encuentro con los demás, espero hasta que llegan y entramos todos en la discoteca. Dentro la fuerte música y los gritos de la gente, impiden que se escuche a menos que estés pegado al otro. El grupo se divide yendo cada uno por su lado, yo me voy al sitio donde quedo con la chica, para encontrarnos, y aparece unos minutos después.

 

-Hola, cariño – me dice cariñosa y pegando todo su cuerpo al mío me da un beso con lengua.

 

Viste muy provocativa, ya que lleva un top ajustado con escote y unos pantalones vaqueros muy cortos.

 

Yo rodeo su cintura y la agarro del culo, mientras la respondo – Hola, Marta – la saludo cuando me suelta la boca.

 

-¿Has descansado bien como te dije? – me pregunta.

 

-Claro, aguantare toda la noche – afirmó.

 

-Eso espero, hoy no quiero dormir – me responde y nos vamos a la pista de baile.

 

Bailamos con los cuerpos pegados y restregándonos el uno con el otro, también hacemos algunas pausas para beber. Sobre la una de la mañana me anuncio lo que esperaba.

 

-Ya no aguanto más, vamos a un sitio tranquilo – me ruega excitada.

 

Llevándola de la mano, la saco de la discoteca y comenzamos a caminar a mi casa. Como ambos vamos algo borrachos nos contamos historias graciosas de cada uno y sin darnos cuenta ya estábamos en mi piso. Abro la puerta, enciendo la luz de la entrada y la ayudo a quitarse el vestido.

 

-Ahora procura no hacer ruido aunque seguro que no nos escuchara – la digo.

 

-Mis gemidos no los pienso contener, si esa friki no nos quiere escuchar que se busque a alguien que la folle – declara burlona por la bebida.

 

Vamos a mi cuarto, al pasar por el pasillo me sorprende ver la luz del cuarto de Carmen apagada, cierro la puerta y Marta se tira sobre mi ansiosa. La cojo en brazos y la llevo a la cama donde la tumbo y a la vez me pongo encima de ella. Me besa ansiosa, sus manos no paran de moverse acariciando mi cuerpo y frota sus ya mojados pantaloncito en mi entrepierna.

 

-Quita, te voy a hacer un striptease – dice sonriendo picara. La devuelvo la sonrisa y me aparto. Ella se levanta de un salto, pone música apropiada con su móvil y se aleja un poco.

 

Moviéndose lentamente se quita las botas, continua por los calcetines, después por el top. Al quitárselo me sospechas se confirman al ver que sus pechos votan libres de un sujetador. Se acaricia las tetas sugerentemente y me da la espalda para mover su culo ente mí, no tarda en bajarse el pantalón y descubrir el tanga negro y fino que lleva empapado. Este también cae y muestra el coño y culo perfectamente depilados, se agarra ambos cachetes y se mete un dedo en el agujero del ano.

 

-Si te portas bien te dejare hacérmelo y correrte dentro de este – me informa excitada.

 

Se da la vuelta y viene a mí, me abre la bragueta y va directa a por mí, ya duro, miembro. Lo lame un poco y lo engulle de un golpe, yo la recojo el pelo para verla bien y además controlar su cabeceo. Aunque no domina la técnica de la lengua el hecho de que la pueda tragar hasta la base compensa la mamada, al principio la hago ir despacio pero voy subiendo el ritmo rápido.

 

No me estaba costando llegar al orgasmo cuando de repente se revuelve y se saca mi polla de la boca.

 

-¿Por qué te la sacas? – pregunto preocupado de que se fuera.

 

-Te ibas a correr y primero me tienes que hacer que me corra follando mi culo – me contesta y cambia de postura para ofrecerme el culo.

 

Ilusionado me coloco detrás de ella y me preparo para tenérsela. Pero en ese momento la puerta se abre de golpe y Carmen se lanza sobre Marta tirándola de la cama y quedando ella tirada enfrente de mí.

 

-¡¿Carmen?! – digo incrédulo.

 

-¡Joder! ¡Me cago en la hostia puta! – Maldice Marta, mientras se levanta frotándose el hombro derecho – ¡A la mierda! ¡Que te folle tu madre! – continua mientras recoge su ropa y sale de la habitación.

 

-¡Marta espera! – pido mientras la sigo.

 

Ella se viste ligeramente mientras anda, coge su abrigo y cierra de un portazo en mis narices.

 

Hundido, vuelvo a mi habitación con todo el calentón, hay sigue Carmen sentada sobre sus pantorrillas y vestida con sus bragas y camisa habitual.

 

-Marco… yo… puedo explicarlo – dice nerviosa – tu… yo…

 

Mientras tartamudea lo que ya me he imaginado, en mi crece el deseo de follarla y no lo resisto mucho tiempo.

 

-te… – la corto agarrando su nuca y tiro de su cabeza a mi polla, ella cierra la boca, pero yo se la abro fácilmente y la hago tragar la mitad, ella pone sus manos en mis piernas y trata de liberarse, pero yo soy mucho más fuerte y puedo jugar con su ella sin problemas. Su boca es más estrecha que la de Marta, lo cual hace que reciba mas placer del rozamiento, si le añado que ya estaba a medias y además la estoy forzando, hace que llegue al clímax enseguida.

 

-Me corro – anuncio y mi leche empieza a llenar la boca de Carmen. Ella forcejea más y consigue que la suelte a mitad de soltarlo todo y de mi polla salen dos chorros que la dan en la cara y escupe lo de la boca al suelo.

 

Mi miembro sigue duro y mi siguiente objetivo es su virginal coño. Ella me mira asustada y trata de huir de mí, pero el agarro rápido de un pie, ella grita sorprendida y trata de arrastrarse bocabajo. Pero otra vez mi fuerza prevalece sobre la suya y la voy atrayendo hacia mí.

 

-Por favor, Marco, no lo hagas – me ruega llorando.

 

-Sino quieres que folle con otras, te obligare a hacerlo conmigo – la respondo ebrio de poder.

 

-No quería que fuera así – murmura bajito. La bajo las braga, dejando al descubierto el pequeño pero esponjoso culo que tiene, la doy un cache y este vibra entero.

 

-Así que tenías este buen culo escondido – la digo y la doy otro cache que produce el mismo efecto.

 

-No lo escondía, solo que no te fijabas en mí – se justifica mientras llora.

 

-Pues ahora disfrutare con el – declaro mientras coloco mi polla en la entrada de su coño.

 

-No no, por favor, no quiero perder la virginidad así – me suplica.

 

Sin prestarla atención la meto despacio y al notar el tope la rompo el himen de un golpe seco, que hace vibrar su culo. Ella grita de dolor y más lágrimas brotan de sus ojos, me muevo despacio y sale pequeños hilos de su coño, que manchan mis sábanas. Poco a poco su lloriqueo se transforma en pequeños gemidos, además de humedecerse más su vagina.

 

-Se nota que eras virgen, estas muy estrecha – la digo lujurioso.

 

Ella solo gime sin prestarme atención, así que la castigo tirando de su pelo y subiendo el ritmo.

 

-Por favor, para, me haces mucho daño – pide, pero en cambio su coño está más estrecho y resbaladizo.

 

-Tu cuerpo no opina igual – declaro y la doy un azote. El sonido que profiere, suena más de placer, que de dolor. Subo el ritmo y de cuando en cuanto le doy más cachetes. Sus gemidos delatan el placer que está sintiendo y pienso «ha resultado ser una zorrita masoquista».

 

Saco mi polla y la hago girar, ella no opone resistencia alguna, rompo su camisa dejado sus pechos al descubierto y la miro deleitándome con la imagen que ofrece, completamente agotada, indefensa y chorreando fluidos por su vagina. Vuelvo a introducir mi miembro, ella trata de oponerse, pero la agarro del cuello y ella desvía sus esfuerzos a ese miembro. La meto hasta el fondo y me muevo con fuerza, ella gime de forma intensa y aprieta fuerte mi brazo. La empiezo a estrangular ligeramente, lo que proporciona más morbo a la situación, y poco a poco la aprieto más fuerte. Su cara se pone roja rápidamente y luego se va poniendo más morada, sus ojos se van subiendo hasta que están casi en blanco y sus manos buscan clavar sus uñas en mi carne. Según avanzan los síntomas de ahogo en ella, mi excitación aumenta hasta que siento que me voy a correr. Saco rápido mi miembro, la suelto el cuello, y me masturbo fuerte hasta que descargo mi semen sobre su cuerpo y cara. Observo mi obra mientras sonrío como un demente y en ese instante alguien abre la puerta de golpe. Unos policías entran en la habitación gritando y apuntándome con pistolas. Yo asustado levanto las manos y me aparto de Carmen, un agente se acerca y me esposa. Lo siguiente fue el proceso habitual, me llevaron al calabozo, me dieron un poco de ropa y me dejan encerrado mientras interrogan a Carmen.

 

Después de dos días, al tercero, me llevan ante el subinspector del cuartel.

 

-Marco Martín González, veintidós años, estudiante universitario y compañero de clase y piso de Carmen Espinosa Gutiérrez. ¿Es correcto? – formula él. Su rostro es severo y su voz denota autoridad.

 

Yo avergonzado solo asiento con la cabeza.

 

-Hace unos días fue detenido por la presunta violación de su compañera. ¿Cómo te declaras? – pregunta. Aunque el sentido común me dice que niegue los actos, mi arrepentimiento me impulsa a declararme culpable. Voy a hablar cuando él sigue – tengo una declaración de ella alegando que no existió violación – explica y me ofrece un documento, yo lo miro sorprendido y lo cojo – declara que estabais manteniendo relaciones sexuales de tipo dominación, por primera vez, y los gritos se os fueron de las manos, lo que confundió a los vecinos – el documento era la declaración de Carmen donde explicaba lo mismo que ha dicho el policía – yo personalmente no se qué creer, la imagen que dabas era de alguien arrepentido de algo grave, pero si la supuesta víctima no presenta cargos será que no paso ningún acto criminal.

 

Le miro aun confundido y él se queda mirándome fijamente, finalmente me doy cuenta de que aún espera que mi declaración – yo… ella… dice la verdad, estábamos probando y nos emocionamos con el teatro – digo finalmente.

 

-Mis agentes encontraron sangre en las sábanas, ¿era su primera vez o era parte de “la escena”? – pregunta.

 

Esta vez prefiero contestar con la verdad – era su primera vez.

 

-Los jóvenes están locos – murmura tan bajo que casi no le oigo – bueno, pues escribe tu declaración y archivaremos el caso – dice poniéndome una hoja delante y un bolígrafo. Yo me pongo a redactar una historia parecida a la de Carmen – pero que sepas que por mi estarías ya en la cárcel, pero si no hay víctima o desaparecida, no se te puede juzgar por un acto que dices haber cometido.

 

Asiento y termino de escribir y firmar.

 

El coge la hoja, la deja en un archivo y presiona un botón. El agente que me arrastro entra – llévelo a su piso, que se vista y devuelva la ropa – le ordena el superior.

 

-Sí, señor – responde él y me hace un gesto de que le siga. Me lleva a mi piso, con mis llaves abre las puertas y me dice hasta la puerta de mi habitación donde me visto con mi ropa y le doy la que me prestaron.

 

-La próxima vez que hagáis eso, reducir los gritos, no me gusta detener a gente desnuda – me avisa.

 

-Claro, agente, disculpe el alboroto causado – me disculpo.

 

-Que tenga un buen día – se despide.

 

Le veo salir, cerrando la puerta tras de sí, y suspiro agotado. Miro el reloj de mi mesilla «Carmen aun tardará en volver de clase, será mejor que haga la maleta» decido y me pongo a ello. Cuando estoy ya con la tercera maleta, escucho la puerta principal abrirse y los pasos acelerados de alguien, ya sea de quien se trata antes de que abra la puerta. El rostro agitado de Carmen es lo primero que veo en cuanto se abre la puerta de mi habitación y luego el resto de su cuerpo abalanzándose sobre mí.

 

-¡Marco! – grita antes de derivarme al suelo.

 

Me quedo ligeramente aturdido y noto como pega su cara a mi pecho – ¿Qué haces? Si quieres que me vaya, ya lo he decidido.

 

-¡¿Qué?! ¡Que te lo has creído! Tienes que soportar mi castigo – me dice.

 

La miro asustado y su mirada es severa – yo me arrepiento mucho de lo que te hice, así que aceptare cualquier castigo que me inflijas antes de irme.

 

-Así me gusta – responde y se sienta en mi estomago, con lo ligera que es apenas me supone una molestia a la hora de respirar. Se quita la chaqueta y la bufanda, que llevaba por el frío en la calle, debajo de esas prendas lleva un suéter de cuello alto y una falda que la llega a la rodilla – vas a compensarme, cumpliendo mi fantasía. Ya te dije que no quería que fuera así mi primera vez, yo quería que una noche te cansaras de ver mis bragas y quisieras ver que escondían, que te acercaras en silencio a mi cama, retiradas las sábanas y me tocaras suavemente mientras te masturbas – explica con voz suave y seductora – yo me despertaría y te recibiría encantada entre mis sabanas con las piernas abiertas, tú te saltaste a la décima noche que follaramos, yo te lo pediría y tú me convertirías en tu sumisa.

 

La miro extrañado «lleva tiempo planeando todo esto» y de repente caigo en la cuenta de su enfado ese día «no estaba enfadada porque me fuera con otras, sino porque no me fijaba en ella que se exhibía delante de mi»

 

-Yo no… – comienzo a decir, pero me corta poniendo un dedo sobre mis labios.

 

-Ya lo sé, no pensabas que deseara algo sexual – dice adivinando mis palabras – admito que mi estilo de vida no es el más sexy, pero yo soy feliz así y pensaba que serias lo suficientemente salido, como para espiar a tu compañera de piso alguna que otra vez, pero me saliste muy decente.

 

Mientras habla se quita el suéter y se descubre la marca que la deje en el cuello, los recuerdos de lo que sentí en su momento vuelven, con parte de la excitación.

 

Ella agarra mi entrepierna que está ligeramente abultada – esta es la reacción que quería, eres el dominador que busco, pero hay que ayudarte a sacarlo – informa acariciando mi miembro – te propongo un trato, yo me encargare de todas las tareas de la casa y tú me darás recompensaras por las noches y los fines de semana me someterás todo lo que quieras y cuan duro quieras. ¿Aceptas? – pregunta sonriendo de oreja a oreja.

 

Encantado, ya que tendría más tiempo para estudiar y tendría sexo asegurado con una chica que acepta mi faceta más salvaje, respondo – acepto y quiero añadir que me gustas desde hace tiempo por lo adorable que eres.

 

Ella se sorprende y sonroja por mi repentina declaración, pero vuelve a sonreír y se inclina para besarme. Nos besamos cariñosamente y al separarnos ruega – Cuide bien de mi, Amo.

ArturoRelatos

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