Compañera de trabajo

Hola. Me llamo David y soy de Barcelona. Tengo 35 años y si me he describir os he de decir que soy un chico de lo más normal. Ni guapo ni feo, ni gordo ni flaco, y bajito (1,60). Quien espere leer un relato con un pedazo de tío como protagonista, que deje de leer. No soy así. ¡Ah! Y debo ser el único bicho raro que tiene una polla normal, ya que si uno lee relatos todos tienen (o tenéis) unos pollones increíbles…

Bueno, al lío. Estoy casado con mi chica, con la que estoy desde hace 7 años, pero aunque la quiero con locura lo cierto es que en la cama podría ser mucho mejor. Es muy clásica, diría que vergonzosa, sin demasiadas ganas de probar cosas nuevas… y yo en cambio soy lo contrario.  No soy un hacha, pero soy de los que piensan que en el sexo no ha de haber límites dentro del respeto y de lo que sea consensúe con la pareja. Y me encanta probar nuevas cosas, tener nuevas experiencias. Y ya que con ella no puedo, pues eso me lleva a buscar este “plus” fuera de mi pareja. ¿Si me siento mal por ello?. No. Mi manera de pensar es que el sexo, aunque importante, es un accesorio del amor, y mientras no se haga daño a la persona, uno ha de ser libre de hacer lo que quiera (ojos que no ven…). Puede parecer una forma de pensar egoísta, pero lo que no voy a hacer es dejar de disfrutar cuanto pueda de algo que me gusta tanto como el sexo.

En fin, a lo que vamos. No hacía falta que fuese navidad ni ninguna fecha señalada. Un día un grupo de compañeros de trabajo nos pusimos de acuerdo para ir a cenar y después de fiesta, en un ambiente diferente al de las típicas cenas de trabajo. Sin jefes, en locales baratos, totalmente informal. Como suele pasar, al principio mucha gente se apunta, y finalmente quedamos cuatro. Y estos pocos éramos 5 compañeras, entre ellas Isa, la que tendrá más peso en esta historia, y yo. Como podéis imaginaros, yo estaba en la gloria, rodeado de mujeres y yo como único tío…

Fuimos a cenar a una brasería por el barrio de Gracia de Barcelona, donde cayeron ya las primeras (y no pocas) cervezas, copas de vino y jarras de sangría, por lo que salimos ya calentitos del local en busca del siguiente donde tomar algo.

La noche transcurría con normalidad, cubata tras cubata, cada vez más ciegos y pasándolo en grande… y yo enganchado a Isa, una chica que se había incorporado hace poco a la empresa, como becaria. Sin ser un pivón, es una de esas chicas que te llaman la atención nada más verlas. De estatura baja, con un buen culo respingón, los pechos tersos de una chica de su edad, 20 años, y un cuerpo que sin ser delgado no llega ni al punto de rellenita, por lo que es más que apetecible. Tiene los labios pequeños y carnosos, y una mirada que te seduce.

Como decía, nos tiramos toda la noche pegados el uno al otro, hablando, riendo… y como quien no quiere la cosa yo aprovechaba cualquier excusa o circunstancia para cogerle de la cintura. Ella en ningún momento me retiró la mano o me hizo ningún gesto de desagrado.

Finalmente y a falta de mejores opciones acabamos en un local de salsa, donde volvimos a pedir otra ronda, y las chicas empezaron a bailar entre ellas, para deleite de todo el local y el mío, ya que en tono de broma lo hacían como si fueran chico y chica, no dos chicas, dando un toque lésbico al asunto.

Como era de esperar, no tardaron en venir a (intentar) sacarme a bailar. ¿Bailar yo?, ¡yo que sé de bailar!… pero como suele pasar, ellas ganan, así que acabé en la pista haciendo el mamarracho con ellas (os aseguro que la palabra “baile” dista mucho de lo que yo hacía…), y evidentemente calentándome cada vez más, ya que me bailaban en plan sexy, reaggetoneando, frotándose contra mí… y yo aprovechando para acariciar sus cinturas, sus piernas… nunca sobrepasándome ni llegando a zonas prohibidas, pero aprovechando la situación como cualquier tío haría.

Sobretodo con Isa. En un determinado momento se puso a bailar conmigo, pegándose muchísimo a mi cuerpo, haciéndome meter mi pierna entre las suyas y viceversa, estando nuestras caras muy juntas, y posteriormente colocándose de espaldas a mí, pegando totalmente su culo a mi paquete y moviéndolo. Con mi mano en su ombligo, acariciando su vientre, y como quien no quiere la cosa, dejando que mi aliento reposara en su cuello. Y ella… bueno, yo creo que era imposible que no notara mi más que evidente erección pegada a su culo. Pero no le importaba. Y si le imporatab desde luego no hacía nada por separarse.

El primer gran aviso con Isa fue cuando me pidió que le acompañara al lavabo. “¿Cómo?”, pensé yo… como me dijo, la puerta no cerraba bien y quería que alguien vigilara. Lo normal hubiera sido que se lo dijera a alguna de las otras chicas, pero me lo pidió a mí. Y no iba a decirle que no (dicho sea de paso, ya podéis imaginar todo lo que pasaba por mi cabeza en ese momento…), así que le acompañé al lavabo y mientras ella entró al retrete yo me quedé en la puerta, de espaldas, como un caballero… hasta que no resistí más y me giré hacia ésta. La puerta estaba entreabierta, y a través de los 5 centímetros de apertura que debía quedar podía ver perfectamente a Isa sentada en la taza del vater, con su ropa interior bajada, meando… y mirándome con una sonrisa. Manteniendo la mirada conmigo todo el tiempo que meó.

Sí, lo normal es que la historia siguiera diciendo que entré en el lavabo, pero no lo hice. ¿Qué era una señal clara de que quería liarse conmigo?, seguro. Pero no lo hice. Sólo dejé que terminara de mear, que se limpiara con el papel de váter sin dejar de mirarme, y cuando al fin se levantó para subirse los pantalones y ví un destello de su pubis, con una fina línea de vello, me volvi a girar como si no hubiera pasado nada.

Volvimos a la pista e Isa volvió a bailar con las otras chicas, como si no hubiera pasado nada, y yo con ellas, aunque ahora cada vez que venía conmigo no negaré que aprovechaba para rozar más y más. Dios, qué calentón llevaba yo encima.

Finalmente salimos del local, y ahí estalló la bomba. Isa vive lejos de Barcelona y preguntó al aire si podía quedarse a dormir en casa de alguien. Una de las compañeras ofreció su sofá… y yo dije la locura: “en mi casa tengo una habitación de invitados”. No dudó y optó por venir conmigo.

Para curarme en salud, ya que no es muy normal que tu mujer se encuentre a otra mujer durmiendo en casa, le mandé un mensaje avisando. Ella estaría durmiendo, pero ya lo vería al despertarse al día siguiente.

Cogimos un taxi hasta mi casa y fuimos hablando tranquilamente, como si nada hubiera pasado durante la noche, como si no hubiéramos estado jugando ni hubiese ocurrido el episodio del lavabo.

Llegamos a casa, haciendo el mínimo ruido posible para no despertar a mi chica. Y le ofrecí tomar la última. Ella aceptó tomar una cerveza compartida entre los dos, así que la serví y nos sentamos en el sofá.

Estábamos callados, sentados en el sofá, y tras un par de sorbos aproveché la excusa de que se veía su ombligo con un piercing para romper el hielo. “Me gusta tu piercing”, le dije mientras lo acariciaba. Ella me miró sonriendo, así que volví a acariciarlo, jugando con él. Y en una de las pasadas de mano, de manera totalmente involuntaria mi dedo entró medio centímetro en su pantalón (tipo chándal, rollo  hip hop). “Uy, perdó”, le dije. Y su única respuesta fue otra sonrisa manteniendo su mirada fija en la mía.

Y de perdidos al río… posé mi mano en su vientre y lo acaricié. No hubo negativa. Así que me acerqué a ella buscando sus labios con los míos. Y los encontraron. Un pico, luego otro, y finalmente abrió su boca buscando mi lengua. Literalmente empezamos a comernos la boca. Mi mano subió hasta su pecho y lo acaricié sobre la ropa, duro, del tamaño perfecto… para volver a bajar y posarse entre sus piernas. Nada más notar mi mano, sin dejar de besarme, separó sus piernas en una clara invitación a que la acariciara. No dudé en posar la palma entre sus piernas y acariciar su raja sobre su ropa, al tiempo que ella posó su mano sobre mi más que duro paquete.

Fue entonces cuando reaccioné… mi mujer a escasos metros durmiendo…  y aunque me costó, separé mi boca de la suya.

–       Espera, mi chica nos puede oír. Vamos a otro sitio.

–       Donde tú digas fue toda respuesta.

Tras sopesar un momento las opciones me vino la mejor que tenía en ese momento, así que le propuse bajar al coche, ya que el parking está en el mismo edificio y se llega por el ascensor. Ella accedió, y sigilosamente salimos del piso. Una vez en el ascensor no perdí el tiempo y volví a besarla mientras mis manos no dejaban de coger su culo, acariciarlo, y dejar que mis dedos se deslizaran entre sus piernas. Le reconocí que llevaba toda la noche buscándola, y que la tenía a mil, y ella sólo respondió con una buena apretada de paquete.

Una vez en el parking abrí la puerta trasera y dejé que entrara, para después entrar yo y cerrar la puerta. Una vez dentro volví a besarla con ganas, ya sin miedo de ser pillados, a la vez que empecé a levantarle la camiseta. Ella se separó un momento y se la terminó de sacar, así como su sujetador en un hábil movimiento.

No dudé y me lancé a por sus pechos, acariciándolos y metiéndome su más que duro pezón en la boca… primero el derecho, luego el izquierdo… disfrutándola, oyendo sus gemidos. Y dejando que mi mano bajara por su veintre hasta introducirse en sus pantalones y empezar a acariciar su coño por encima de sus braguitas. Estaba tan húmeda…

Besaba sus pechos y su cuello, volviendo a su boca a cada momento, fura de mi, mientras no dejaba de acariciar, hasta que ella empezó a bajarse os pantalones. Me separé un momento para dejar que se descalzara y se los sacara cómodamente, y cuando iba a volver a por ella, tomó la iniciativa buscando mi cinturón. Así que vistas sus intenciones le ayudé a sacármelo y me bajé pantalones y calzoncillos a la vez, quedando mi polla totalmente dura libre de la prisión de la ropa. Ella me sonrió y tras lamer mi labio un momento con la punta de su lengua, se sentó en mis rodillas, colocando su coño rozando mi polla, y cogió ésta con su mano, empezando a masturbarme lentamente al mismo tiempo que movía sus caderas masturbándose con la base de ésta, mirándome pícaramente y respirando sonoramente.

No dudé e introduje mis manos en sus bragas, hasta llegar a su coño. Efectivamente estaba empapado, y le hice saber que me encantaba verla tan mojada. Ella sólo sonrió y aceleró sus movimientos, facilitando que mis dedos se introdujeran en su rajita, para follarla con ellos al tiempo que volvía a devorar sus pechos. Pero eso no duró mucho. Bajó su mano y apartó sus bragas, y antes de que me diera cuenta se colocó encima mío y sin esfuerzo alguno dejó que mi polla entrara en ella, hasta el fondo. Emitió un largo gemido, con su boca pegada a la mía, y tras dejarla unos instantes ahí, empezó a mover sus caderas circularmente, para después empezar a follarme lentamente, gimiendo en mi boca, mientras mis dedos lubricados con su flujo  acariciaban la entrada de su culo. Ella cada vez se movía más rápido, dejando que mi polla entrara hasta el fondo para salir casi del todo antes de volver a entrar, y su respiración empezó a agitarse, hasta que  gimió profundamente y empezó a apretar mi espalda y se dejó caer al tiempo que noté un reguero sobre mi polla, aún dentro de ella. Se había corrido. Pero pasado ese instante volvía a follarme.

Estaba siendo un gran polvo, joder que bien se movía Isa. Demasiado bien. Así que al rato la paré y la levanté para poder sacar mi polla de dentro de ella. Demasiado cerca de correrme estaba yo también. Así que la saqué. Esto no podía terminar tan pronto.

Ella no puso objeciones y la recosté en el asiento, separando sus piernas. Isa vio mis intenciones y levantó un poco sus caderas, dejando más fácil el acceso a su coño, que pude observar tranquilamente: pequeño, de finos labios, depilado pero con la línea de vello que antes ya había visto, brillante y empapado de sus propios fluídos. No pude evitar acariciarlo antes de hundir mi cabeza entre sus piernas y empezar a regalarle una comida como dios manda. Ella se arqueó cuando su clítoris quedó atrapado entre mis labios, y cuando empecé a jugar con él con mi lengua, para luego ir recorriendo toda su raja con ésta, dejando que penetrara un poquito en ella, para volver a su clítoris y volver a succionarlo. Al tiempo, mi dedo fue bajando hasta llegar a la entrada de su culo, y cuál fue mi sorpresa cuando tras dos caricias en un culo que se veía bien dilatado, sin apenas intención, sin buscarlo, mi dedo se introdujo en ella hasta la mitad a la vez que ella soltaba un respingo y volvía a arquearse. Con ese arqueo, mi dedo entró un poco más, y empecé a follarle el culo con mi dedo al tiempo que seguía comiéndole el coño.

Ella acariciaba mi cabeza y me dirigía, buscando sus puntos de placer, sobretodo cuando dejé que un segundo dedo entrara en su culo y empecé a follarle con ambos. Isa gemía y cada vez se movía más, hasta que de nuevo noté cómo su cuerpo se tensaba, como su respiración se cortaba… y esta vez clavé más mis dedos en su culo y aceleré mi comida de coño, hasta notar cómo volvía a correrse y notar como ese manjar entraba en mi boca. Delicioso.

Dejé que se relajara y sólo cuando su respiración volvió a la normalidad le miré y la ví con una gran sonrisa, saqué mis dedos de su culo y subí a besarla de nuevo, compartiendo con ella sus propios líquidos y notando como mi polla rozaba contra su coño, empapándose.

Sin previo aviso noté como su mano cogía mi polla y la dirigió a su entrada, donde de nuevo sin dificultad volvió a introducirse, para poco a poco, sin prisa, pero profundo, empecé a follarla de nuevo mientras la besaba, besaba su cuello, y compartía la mutua respiración en nuestras bocas.

La follé lentamente, sin prisa, disfrutando del momento, hasta que noté que estaba cerca de mi orgasmo, así que la saqué. Isa dedujo ra´pidamente porque dejaba de follarla, así que ayudó a que la sacara y se empezó a colocar para que acercara mi miembro a su boca.

Cuando llegó, no dudó, y sin usar las manos se la metió entera en la boca, jugando con su lengua dentro de ella, y empezó a follarme con su boca a la vez que sus dedos jugaban y urgaban en mi ano… qué gozada

Mentiría si dijera cuánto duró la mamada. Empecé a sentir que me corría, y le avisé, pero ella no separó su boca de mi polla ni abrió sus labios, así que empecé a descargar mi leche en ella. Cuando paré, siguió chupando un poco más, mientras notaba mi propio semen en su boca rodeando mi polla.

Finalmente se separó, y aunque tragó una parte, aún con restos en su boca y labios buscó los míos para besarme de nuevo, mezclando mi propio semen con nuestras salivas, tragando ambos lo que quedaba en su boca.

Tras el beso blanco volvió a descender, limpió con su boca lo que quedaba de leche en mi polla y me sonrió.

Ambos sabíamos que ya no habría más, que ya habíamos hecho lo que llevábamos buscando toda la noche, y le hice saber cuánto había disfrutado.

Volvimos a ponernos la ropa y subimos al piso. Tras entrar ella en el lavabo, se fue a la cama con un último beso, y yo me duché antes de acostarme con mi chica.

Sintiéndome culpable, sí, pero satisfecho del polvazo que esa mujer me acababa de pegar.

Al día siguiente cuando se despertó, antes que mi chica, se fue del piso, sin más, pero mandándome un whatsapp diciéndome que lo había disfrutado.

Volví a verla en el trabajo, obviamente, pero nunca más pasó nada hasta que terminó sus prácticas, ni nunca comentamos nada. Ambos sabemos que fue el rollo de una noche, sin más.

Espero que lo hayáis disfrutado. Estaré encantado de recibir vuestros comentarios. Podéis escribirme a daviddbcnn@gmail.com

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