Atrapada

Corro desesperada por la calle mientras escucho a alguien pisando me los talones, decido dejar caer la cartera para intentar ganar tiempo pero no parece que funcione, me quiere a mí no mis cosas. Los charcos me mojan las botas y estropean el silencio de la noche, giro hacia la derecha en un gesto desesperado por perderlo de vista pero se me cae el mundo a los pies cuando veo que dirige a una callejón sin salida. Me escondo detrás de un gran contenedor negro y el hedor que emana de él hace que se me revuelva aún más el estómago, contengo la respiración y cierro los ojos como si pudiera llegar a desaparecer sólo con desearlo. Y me encuentra. Se agacha delante de mí con una amplia sonrisa que destaca entre las paredes grises, el cielo negro y las farolas con luz amarillenta. No puedo evitar que un par de lágrimas caigan por mis mejillas y me levanta agarrándome de los hombros, mi espalda queda contra la pared y noto su aliento en mi oreja izquierda mientras sus dedos se han enredado en las hebillas de mis vaqueros negros.

–          Por favor –mi voz apenas es un susurro y aunque hace caso omiso estoy segura de que me ha escuchado.

No sé de dónde la saca pero una jeringuilla se inyecta en mi brazo y pierdo la consciencia a los pocos segundos, evitando que reaccione.

Cuando me despierto la cabeza me duele a horrores y no veo más que oscuridad alrededor, estoy echada sobre un cómo colchón y por un momento fantaseo con estar en casa aunque sé que no tengo esa suerte. Cuando me incorporo noto que todo da vueltas, estoy descalza y en ropa interior y un escalofrío me recorre la espina dorsal, oigo como el pomo de la puerta gira lentamente y me escondo tras la primera puerta que logro ver.

–          Te has metido en un armario, ¿lo sabes? –su voz suena despreocupada, como quien tiene una situación perfectamente controlada.

Querría haber encontrado algo con lo que poder defenderme o al menos con lo que poder taparme un poco más pero enciende la luz y abre la puerta con brusquedad. Por un momento me olvido de todo y sólo veo a un chico no mucho mayor que yo con unos grandes ojos verdes mirándome con curiosidad casi tapados por un alborotado pelo negro, sus facciones dulces acaban en una sonrisa y noto como mis mejillas se van tiñendo de rojo.

–          Quién coño eres y dónde está mi ropa –vuelvo a ser consciente de la situación cuando sus ojos se pasean por mi cuerpo semidesnudo.

–          Sergio.

Cierra la puerta con delicadeza dejándome de nuevo en el armario, apaga la luz y oigo cómo cierra también la de la habitación. No me puedo sentir más confundida. Intento salir pero no puedo y la ansiedad vuelve a oprimirme el pecho, un sistema de ventilación cerca de mí empieza a producir un suave humo parecido al de una varilla de incienso, pero al par de minutos dejo de poder controlarme, me apoyo contra el fondo para no caerme y acabo por sentarme sabiendo que mis piernas no aguantarán mi peso mucho más tiempo.

La fuerte luz hace que tenga que entornar los ojos y alguien me coge en volandas para depositarme sobre el colchón.

–          Dios menos mal que estás despierta, no habría soportado no poder follarte esta noche.

Mi piel se eriza bajo el contacto de sus frías y grandes manos, intento enfocar la vista y veo a un chico quizá un par de años mayor que el anterior prácticamente igual pero con el pelo rapado. Intento pedir ayuda a gritos pero de mi garganta sólo salen unos cuantos balbuceos incomprensibles, él parece muy divertido y añade susurrando me al oído:

–          ¿Tú también piensas que me quieres comer la polla?

Su sonrisa se amplifica y estoy segura de que es él quien me encontré en el callejón, no pierde el tiempo y se quita el cinturón de unos pantalones ajustados.

–          Esperemos que no me hagas utilizarlo.

Lo deja en la mesilla como advertencia y me agarra del pelo para hacer que baje al suelo y me quede sentada.

–          No sabes lo que he disfrutado antes quitándote la ropa, me ha costado mucho no empalarte ahí mismo.

Finalmente se quita los calzoncillos y yo intento andar por el suelo para llegar a la puerta pero me vuelve a agarrar del pelo, se sienta al borde de la cama y me pone la cabeza delante de una polla de no menos de 19 centímetros, intento desesperadamente apartar la cara e irme pero su firme mano hace que termine por abrir la boca. En un par de movimientos consigue que me roce la campanilla y me duela la mandíbula, no sé muy bien qué es lo que hago porque el gas me ha dormido en gran parte pero a él no parece importarle.

Se levanta de la cama con su polla aún en mi cara y hace unos cuantos movimientos más de cadera en los que todo el mundo parece dar vueltas, al segundo estoy tirada en el suelo y el cabeza rapada me quita las bragas con desesperación, hace una bola con ellas y me las mete en la boca, tan profundo que ni siquiera puedo sacarlas. Me pone a cuatro patas pero enseguida cambia de opinión y me sube a la cama, pone unas almohadas detrás de mí de forma que veo mi cuerpo totalmente desnudo, ni siquiera me había dado cuenta de que había conseguido quitarme el sujetador.

–          Quiero que veas cómo te follo, preciosa, te voy a volver loca, ya verás.

Las lágrimas inundan mis mejillas de nuevo y no puedo pensar con claridad, su lengua busca con desesperación la mía y su mano empieza a jugar con mi clítoris y a buscar el agujero de más abajo.

–          Ya verás como en un par de veces más el simple hecho de comerme la polla va a hacer que te mojes mucho para mí.

No espera mucho más tiempo y agarrándome el cuello para asegurarse de que vea lo que hace empieza a meterme el capullo, lo saca y lo vuelve a meter, entre medias lo restriega por mi clítoris y parece que lo vuelve loco. Cuando menos me lo espero lo ensarta en su totalidad y si había empezado a calentarme todo desaparece frente al gran dolor que estoy sintiendo. Me mira a la cara con la gran satisfacción de haber conseguido lo que se proponía desde el principio que yo pueda disfrutar o no cuando él quiera, quiero gritar de la desesperación y quitarlo de encima pero su cuerpo me oprime y de mi garganta solo salen unos quejidos que parecen encantarle. Se queda quieto un segundo disfrutando al máximo pero enseguida empieza a moverse dentro de mí frenéticamente.

–          Dios pero cómo se te puede follar tan bien pedazo de puta.

Mientras lo dice que me pone a cuatro patas y me folla moviendo únicamente la cadera, con su pecho totalmente pegado a mi espalda, con una mano sujeta mi vientre y con la otra juega con mi pezón derecho, hasta que la baja y empieza a masturbarme frenéticamente al mismo tiempo que sus embestidas se hacen más violentas. La cama hace mucho ruido contra la pared sus jadeos se parecen más a los de una animal y yo exploto en un mar de sensaciones que nunca había vivido.

Se queda diez minutos más dentro de mí, recobrando el aliento, hasta que su polla sale en estado de reposo, vuelve a cogerme del pelo me lleva al suelo y abre mi boca, cuando quiero comprender qué va a hacer un líquido ligero y caliente empieza a recorrer mi garganta.

–          Te dije que lo disfrutarías.

···

La cabeza me da vueltas y vuelvo a estar tirada sobre la misma cama que la última vez aunque ahora hay que sumarle un gran escozor en mis partes íntimas. Ese tío se ha llevado la poca ropa que tenía y ni siquiera me ha dejado una sábana o algo parecido con lo que cubrirme. La habitación está terriblemente fría y oscura, la única luz que incide en ella es la que se filtra por la rendija de debajo de la puerta, no hay ninguna ventana que poder abrir ni ningún baño al que poder entrar y toda esta desesperación hace que recuerde de golpe todo lo ocurrido.

Me quedo sentada en la cama, abrazando mis propias piernas y suplicándole a un Dios que no piensa ayudarme que nadie vuelva a entrar por esa puerta.

Desde fuera llegan ruidos como el choque de unos vasos, una televisión con el sonido demasiado alto, varios insultos, celebraciones y tras lo que me parecen años consigo cambiar de postura y acostarme en la cama, no pienso en el hambre, la sed o las ganas de ir al baño que tengo si no de hacer el menos ruido posible para que nadie se acuerde de que existo. La almohada está demasiado dura así que opto por utilizar mis propias manos para ello y caigo profundamente dormida.

Me despiertan unas manos apartando un par de mechones de pelo de mi cara y Sergio, el chico que me encontró cuando estaba en el armario y que salió sin ni siquiera mirarme más de tres veces está parado delante de mí, con sus ojos verdes interrogándome:

–          ¡NO! Por favor por favor no me hagas nada, yo… nec… por favor por favor –estoy tan angustiada por el momento que ni siquiera sé decir otra palabra que no sirva para suplicar.

–          Eh, yo no te voy a tocar, ¿vale? Sólo quería saber si necesitas ir al baño o tomar algo.

Se queda delante de mí, a unos metros que interpuso cuando empecé a gritar, como si no entendiera la situación o por qué me comporto de esa manera.

–          Por favor, por favor, suéltame no tiene por qué enterarse nadie de verdad, por favor… -parece que vuelvo a recuperar las fuerzas para hablar y me tiro al suelo sin saber qué más hacer o decir.

– Necesitas ir al baño, ¿sí o no? –dice autoritario.

Asiento con la cabeza y sale por la puerta esperando a que lo siga. Mis músculos se sienten doloridos y la luz me deslumbra cuando salgo al pasillo que comunica directamente con el salón, la cocina abierta y una puerta en la esquina que es a donde nos dirigimos. Abre la puerta y se apoya en el marco para que pase, cuando lo hago la cierra y oigo que se aleja.

El baño es lo suficientemente grande para ser funcional, posee una ducha de pie en la esquina izquierda, un váter  a su lado y un lavabo con un espejo encima, no es hasta que tiro de la cadena  y me acerco al espejo cuando me doy cuenta de que no llevo nada de ropa encima, mis mejillas se tiñen de vergüenza y sudor y veo múltiples marcas que adornan mi piel de una forma horrible.

–      Yo de ti saldría de ahí antes de que viniera Nico, se enfadaría bastante si sabe que has salido de la habitación y no la pagaría conmigo precisamente –su voz, al contrario que antes, no tiene ningún tipo de expresión y me sorprende que sepa lo que hace su amigo y que no tenga intención de hacer nada para evitarlo.

Aunque ya me ha visto salir de la habitación así y no ha supuesto ningún cambio en su conducta, ser consciente de mi desnudez me hace sentir vulnerable aunque verdaderamente lo sea y lo pienso tantas veces antes de girar el picaporte que es él quien lo tiene que hacer. Me quedo parada con los brazos cruzados intentando taparme el pecho con algo de disimulo e intento que el pelo me tape la mayor parte de la cara cuando me lleva de nuevo hacia la misma habitación que antes. Cuando cierra la puerta me quedo sumida en una oscuridad mucho mayor que la de antes.

El estruendo de una puerta cerrándose con fuerza me saca de un sueño ligero y la voz grave que retumba por la casa, y que no hace mucho me susurraba al oído, hace que me ponga a temblar. El sonido de sus pasos hace que sepa que zigzaguea y no tarda mucho en abrir la puerta y buscarme con la mirada mientras da otro sorbo a la botella de tequila que tiene en la mano.

–      Dónde estás princesa el rey viene con ganas de fiesta

Habla de forma torpe y lenta y aprovecho todos estos factores para ocultarme debajo de la cama sin que apenas se note.

–      No tengo toda la puta noche para darte lo tuyo así que ven aquí de una puta vez.

Su tono se ha elevado considerablemente, me tapo los oídos y contengo la respiración mientras él rebusca violentamente en el armario hasta que finalmente aparta la cama de mala manera haciendo un gran ruido, dejándome expuesta ante él.

–      ¿Creías que no iba a encontrarte escondida debajo de la cama? –me agarra del pelo con violencia y aspira con fuerza al poner su nariz en mi cuello- creo que te hace falta un poco de esto.

Echa mi cabeza hacia atrás y riega mi boca con el contenido de la botella de tequila, tanto contenido al mismo tiempo que toso repetidas veces y las lágrimas se deslizan más rápido por mis mejillas. Me arrastra hacia una pared y se sienta a mi lado mientras otro trago de alcohol se desliza por su garganta, aunque también por su ropa. El simple olor que desprende me hace tener ganas de vomitar y aunque mi intención es apartarme unos cuantos centímetros me vuelve a agarrar del pelo para dejar claro dónde debo estar.

Saca del bolsillo del pantalón una pequeña bolsa y toma un par de pastillas de su interior, a continuación saca otra y se pone encima de mí a horcajadas para inmovilizar mi cabeza y conseguir que me la trague.

–          Por zss fazssvorzss… -mis palabras apenas se entienden entre los sollozos y los mocos que taponan mi nariz- dejazss que me vazssya

Apoyo la cabeza en la pared y cierro los ojos intentando que todo desaparezca alrededor pero el ruido incesante del líquido de la botella estrellándose en alguna parte del cristal no me deja perderme ni olvidarme por un segundo de cuál es mi posición. Apoya la botella en mi muslo un par de veces y retuerce mi pezón derecho al no ver ninguna reacción por mi parte.

–          Ahh, ahhh, ahhh, por favor ppoj paor paaaara

–          Cuando le ofrezco a alguien beber espero que me correspondan pequeña perra malcriada, así que ya estás poniendo la boca en esa botella si no quieres que acabe metida en otro sitio.

Empiezo a sollozar de nuevo mientras la inclino y el líquido me quema en la garganta y hace que me den arcadas, la sensación no desaparece después de volver a entregarle la botella y el sabor que se ha quedado en mis papilas gustativas hace que no quiera beber nada nunca más, la próxima vez que su mano se aproxima a mí es para volver a meter una pastilla en mi boca y después de otros cuatro o cinco tragos empieza a darme lo mismo.

–      Ves como siendo obediente las cosas conmigo son más fáciles, anda ven y dame una alegría que llevo un día muy duro.

Se desabrocha los pantalones con torpeza aunque en poco tiempo y conduce mi cabeza hasta su polla, el olor que desprende es desagradable y en combinación con la peste a alcohol del resto de su cuerpo hace que me incorpore y quiera gatear lejos de él.

–      Puta desagradecida a dónde te crees que vas

Me agarra del pie haciendo que pierda el equilibrio y ambos caemos al suelo. Coge mi mano y la guía con la suya para ponérsela dura, el repetitivo movimiento de subir y bajar el brazo sin mi consentimiento me absorbe hasta que para y sin previo aviso me encuentro haciendo lo mismo con mi cabeza. Siento ese trozo de carne desencajándome la mandíbula y mi boca como única respuesta saliva y hace que mis labios lo envuelvan y acompañen a los movimientos de su pelvis.

–      Me encanta cuando utilizáis la excusa de haber pegado un par de tragos para que me la comáis por propia voluntad, sois todas unas guarras chupapollas

Apenas percibo sus palabras, mi estómago se pone del revés y su capullo rozando una y otra y otra vez mi campanilla hace que el líquido vuelva a subir muy rápido, cae todo encima de su miembro y sus muslos y mi garganta vuelve a quemar de nuevo

–          ME HAS VOMITADO ENCIMA PUTA CERDA, VAS A LIMPIARLO CON LA LENGUA

Sujeta mi cabeza mientras con su otra mano recoge parte del vómito y vuelve a introducirlo en mi boca, las arcadas son constantes y lucho contra mí misma para no vomitar más, sus dedos oprimen mi cuello y mi cuerpo impacta con el armario y el pico de la cama, caigo al suelo rendida sin fuerzas como para moverme o tan siquiera quejarme y su pie golpea mi estómago repetidas veces.

–          ¿¡Se puede saber qué cojones haces, Nico!? Se te ha ido la puta cabeza. –Sergio se apresura hasta llegar a mí y me levanta del suelo con tanta delicadeza que parece que estoy flotando.

–          Esta puta me ha vomitado encima, joder

–          Es lo normal cuando haces que alguien beba, tome mierdas y además le metes la polla hasta la campanilla.

Me saca de la habitación mientras Nicolás golpea de nuevo el armario y acabo en el baño vomitando todo lo que me había hecho beber. Al rato tengo la cabeza apoyada en el váter porque no me siento con suficientes fuerzas como para sostenerla sólo con el cuello y unas manos firmes y calientes me llevan hacia la ducha.

El agua ardiendo cae sobre mi cabeza y alisa mi pelo, mis pezones se erizan como el resto de mi piel y aunque me calma las zonas donde próximamente habrá moratones nada me quita la sensación de angustia y asco que siento ante la situación y ante mí misma.

Sergio hace un rato que me ha dejado asearme sola y cuando ya estoy a punto de salir y comenzar a secarme Nico aparece en la puerta y echa el pestillo cuando pasa (cosa que debería haber hecho yo). Se mete conmigo en la ducha y sus manos recorren rápidamente mi vientre hasta la entrepierna, acerco mi espalda a la pared lo más que puedo y echo la cabeza a los lados para intentar evitar que ese cerdo meta la lengua en mi boca.

–          Venga hombre… que no he terminado de jugar contigo todavía esta noche, antes me has dejado a mitad y eso no se hace, ¿no crees?

–          Suéltame –más que una súplica esta vez mi tono de voz delata mandato y su puño impacta contra mi estómago.

–          Nadie te ha preguntado lo que tú prefieres princesa, así que yo de ti a partir de ahora mantendría la boca cerrada mientras no me haces una mamada o dices algo que expresamente yo te diga.

–          Lo sien-to, por–fa-vor deja que me va–ya

Mi comentario parece enfurecerle y me tira al suelo húmedo por el vapor del agua caliente, sujeta mis dos manos detrás de mi espalda y coloca varias toallas debajo de mi abdomen.

–          Cuando digo que mantengas la boca cerrada SIGNIFICA QUE MANTENGAS LA PUTA BOCA CERRADA, si las mujeres os dedicarais a lo poco que sabéis hacer os iría mucho mejor en la vida.

Golpea con su polla mis nalgas mientras escupe en su mano e intenta lubricar mi coño, las lágrimas se agolpan en mis ojos y sólo espero a que termine algo que aún no ha empezado. Su capullo me penetra de forma lenta pero sólo para que él pueda disfrutar más aún, lo repite un par de veces, siento cómo mis pliegues se separan a su paso y cómo duele la fricción de su piel contra la mía. Aunque no es la primera vez que lo hace siento tanta presión en mi entrada que dudo que su polla pueda coger entera.

Mis dudas pronto quedan resueltas cuando siento su respiración en mi nuca y de una estocada termina de meter su miembro dentro de mí, aunque esta vez ni siquiera espera unos minutos a que me acostumbre a su tamaño.

–          AHHHHHHHHHHH –empiezo a llorar desconsoladamente sin poder evitarlo, el hombre que hay encima de mí me mete los dedos a la boca y empieza a sacarlos y meterlos intermitentemente.

–          No sabes lo que me aprietas la polla, y si estás así de seca lo haces mucho más, vas a estar bastante tiempo conmigo…

Sus embestidas van cambiando de ritmo por lo que no puedo acostumbrarme, pasa de meterla y sacarla por completo muy lentamente a dar unos golpes de cadera tan rápidos y desesperados que mis rodillas empiezan a rasparse con la fricción del suelo.

– Sal de ahí y déjala en paz esta noche, hostias –la voz de Sergio llega desde detrás de la puerta junto con unos golpes y varios giros al picaporte.

– Ahora levanta la voz y di que quieres que te folle porque lo llevabas buscando toda la noche –susurra Nico en mi oído.

Pasan unos segundos y no digo así que me agarra del cuello y ejerce presión contra el suelo.

–      QUIERO QUE ME SIGA FOLLANDO –no tengo intención de decir nada más pero vuelve a hacer presión y no me queda más remedio que terminar la frase con el poco aire que queda en mis pulmones- PORQUE LO LLEVO QUERIENDO TODA LA NOCHE.

Aunque no suena muy convincente parece que a ambos les vale porque Nico sigue taladrándome y escucho el sonido de las pisadas de Sergio alejándose. Unos gemidos empiezan a surgir de mi garganta, siento que mis partes íntimas arden junto con una sensación de placer, todo mi ser nota la fricción de su polla entrando y saliendo de mi agujero y con un movimiento casi involuntario elevo mi culo para hacerle más fácil la entrada.

–      Vaya vaya… veo que estás disfrutando… jajajajaja sabía yo que las de tu clase están hechas para esto.

Se sale de mí, baja la taza del váter y se sienta encima tirando de mí hacia su propio cuerpo.

–      Ahora quiero que te subas encima de mí y botes como si te fuera la vida en ello.

Mi primera reacción es salir corriendo hacia el pestillo de la puerta y pedir ayuda a Sergio pero él ve mis intenciones y me ayuda a decidirme si sentarme en él o resistirme.

–      Métela tú que lo estás deseando perra.

Cojo su polla totalmente erecta y surcada por varias venas y la sitúo a la entrada de mi coño, cuando el capullo se introduce en mí me obliga a mirarlo a la cara mientras bajo poco a poco por expresa petición suya. Un mar de sensaciones recorren mi espina dorsal, él me está obligando a hacer esto, no estaría aquí, por propia voluntad ni tan siquiera lo miraría a la cara, pero me estoy introduciendo su polla y me está gustando.

Cuando está totalmente metida hace que pegue mi pecho al suyo y empiece a moverme encima de él, aparte del placer de las embestidas ahora se junta el placer del roce de mi clítoris contra su pelo púbico y un mar de sensaciones está a punto de explotar dentro de mí, su polla empieza a palpitar y pronto varios chorros potentes de semen impactan contra mi útero mientras él hace que me detenga y se sacude dentro de mí, deteniendo así mi momento de mayor placer.

–          Las zorras que dan tanto trabajo no se merecen disfrutar, sólo ordeñar

Me mete de nuevo a la ducha y sujetándome el pelo me mea la cara haciendo que todo mi cuerpo quede empapado de sudor y orina.

···

Después de eso se va. Me deja sentada en la ducha sola, a oscuras y cierra la puerta. Me arrastro como puedo hacia el váter y dejo colgando mi cabeza mientras mi estómago se contrae para expulsar los pocos jugos gástricos que quedan ya dentro de él. No puedo evitar volver a ponerme a llorar al sentir todo mi cuerpo dolorido y ya no únicamente por el daño físico sino por el terrible horror psicológico que esta situación supone.

Hace menos de tres días que empezó todo este calvario (o eso creo pues no he visto la luz del sol en ningún momento) y ya no recuerdo lo que es hacer una vida normal como salir a comprar el pan o sentarse a ver la televisión en el sofá. O salir de una cena a las tres de la mañana, como esa noche.

–          En seguida estará su comida, que disfruten de la noche.

La pequeña chica rubia deja nuestra mesa atrás y se dirige a otra mientras Alex, el chico que me acompaña junto con Lucía y Marcos no dejan sus móviles ni por un segundo.

–          Chicos, hace mucho que no nos reunimos los cuatro, ¿podéis dejar los teléfonos? Vamos a hacer una cosa, los ponemos todos en el centro de la mesa, si alguien coge el suyo antes de que se acabe la cena  paga todo.

Las palabras salen tranquilas de mi garganta mientras en mi mano descansa una copa de vino rosado y una sonrisa pícara se dibuja en mis labios.

Me vuelvo a meter dentro de la ducha y sin tan siquiera quitarme el resto de orina de encima me acurruco en la esquina sintiendo que nadie puede verme, aunque no es así ya que si alguien abriera la puerta sería muy fácil localizarme.

Una luz blanca hace que pestañee varias veces y me tape la cara antes de que lo ocurrido en las últimas horas venga a mí y se me opriman los pulmones. Empiezo a llorar aunque de forma bajita para no delatar mi presencia aunque Nicolás sabe perfectamente dónde me encuentro.

–      ¿Se puede saber qué haces aquí y por qué se huele tan raro?

Sergio me mira a través del espejo y cuando se da la vuelta y veo que sólo un bóxer le cubre empiezo a sollozar más fuerte y a intentar incrustarme en la pared como si fuera un azulejo más.

– Eh,  venga, que yo no soy tan salvaje

– Si no lo fueras me ayudarías a salir –tengo que reconocer que yo misma me alegro de ser capaz de formar una oración coherente.

– No puedo hacer eso.

Por un momento en su cara hay una expresión de tristeza pero es tan fugaz que me la podría haber imaginado perfectamente y así lo creo. Me ayuda a levantarme y abre el grifo del agua caliente, no soy capaz ni de sostener mi propio cuerpo y es él quien tiene que hacer de sujeción acabando igual de empapado que yo.

No entiendo su papel en esta casa o su papel en mi vida, lleva aquí desde que ese asqueroso violador me trajo a esta casa y aunque parece que está totalmente en contra de los métodos de su ‘amigo’ tampoco hace nada por evitarlos.

– Vaya, no sé qué cojones estás haciendo pero será mejor que pares –Nicolás nos mira con profunda cara de asco desde el marco de la puerta y todos los músculos de su cuerpo se tensan pareciendo más grandes e imponentes al mismo tiempo que yo me encojo sobre mí misma.

Intento alejarme de Sergio por puro miedo, aunque él me aprieta más contra sí mismo.

– La usas y ni siquiera eres capaz de limpiarla, no sé en qué mente retorcida es más divertido dejarla encerrada en el puto baño.

– No te metas en mis asuntos que yo no me meto en los tuyos maricón de mierda.

–          También son mis asuntos si no me puedo ni dar una ducha porque has dejado a esta mocosa aquí metida –espeta mientras cubre mi cuerpo desnudo después de días con un albornoz blanco.

Sus palabras son como otro golpe en el estómago, resulta que la única persona que me ayuda en esta casa es expresamente porque le estorbo.

–          No sé, quizás debería pedir perdón por ocuparte la ducha después de que me violaran repetidas veces en pocas horas –las palabras salen sin ningún tipo de control de mi boca y me arrepiento incluso antes de terminar la frase ya que hasta ahora esta había sido una conversación en la que prácticamente ni me encontraba.

Consigo hacer que me suelte y aunque me cuesta un poco doy unos pasos tambaleantes por la falta de agua y alimentos que soporta mi cuerpo, Nicolás se aproxima a mí y me agarra de la cintura del albornoz no sé si para evitar que me caiga por simple altruismo o para fines perversos.

–          Parece que incluso siendo el malo de la película me acaban prefiriendo a mí, ¿no? –aparta mi mandíbula con su boca y lame mi cuello mientras cierro los ojos y deseo desaparecer del mundo.

Cuando me saca de ahí Sergio da un fuerte portazo y echa el pestillo mientras que Nicolás me deja en medio del salón que se resume en una sala pintada con todo amarillo claro, una mesa baja en el centro, una tele en frente y un sofá para cinco personas en el extremo contrario a ésta.

–          Si quieres desayunar vas a tener que venir primero a atender mi polla

–          Prefiero morirme de hambre –Nicolás llega a mi altura en un par de pasos y me sujeta la cara con su mano derecha.

–          Como gustes, ya veremos cuándo cambias de opinión.

Acerca sus labios a los míos y más que besarlos los babosea haciendo que su saliva quede esparcida por la parte baja de mi cara. Me vuelve a encerrar en la habitación no sin antes meter la mano por debajo del albornoz y agarrar mi culo con violencia para terminar con una gran palmada que casi hace que pierda el equilibrio.

Pasan muchas horas que siento como si fueran días, sólo salgo de mi habitación para ir al baño y siempre bajo la exhaustiva supervisión de Nicolás que me permite únicamente beber los suficientes tragos de agua para no desmayarme pero no tantos como para recuperar algo de energía.

–          ¿Quieres cenar? –hace la misma pregunta que en el desayuno y en la comida pero esta vez asiento débilmente con la cabeza- vaya, vaya, vaya… así que la princesa ha decidido poner fin a su ayuno… cuatro días sin comer.

Me lleva con paso tranquilo hacia el salón, voy con la cabeza baja y los hombros echados hacia delante por lo que no me percato de la presencia de Sergio en la sala. No lo había visto desde el incidente en la ducha y una mezcla se profunda pena y rabia afloran cuando estoy ante él. El estómago me ruge cada pocos minutos desde ayer, tengo unos calambres horribles por todo el cuerpo y siento que no tengo contacto con nada de mí alrededor.

–          Ahora te vas a arrodillar aquí y te vas a meter esto en la boca, ¿sí? –Nicolás da un par de palmadas para llamar mi atención y hacer que deje de mirar fijamente a Sergio que se levanta y desaparece por un pasillo que no había visto antes.

Se baja y quita los pantalones y me hace una seña para que me acerque a él, me arrodillo ante él y cuando estoy a punto de quitarle los calzoncillos también me indica que lo haga todo con la boca.

–          Besa mi polla por encima de los calzones

Acerco mi cara a su paquete como si fuera un títere y empiezo a llenar de besos lo que tiene que ser el tronco, un fuerte olor salado penetra mi nariz y mi lengua recorre la fina tela haciendo que Nicolás tiemble de placer. Agarro el dobladillo de sus calzoncillos con los dientes y voy bajando un lado y otro hasta que su polla queda liberada y apunta al techo. No como desde que este cabrón me secuestró y como esta es la única opción para que me dé algo me abalanzo sobre ella.

–          Lleva cuidado con esos dientes o te prometo que te los tragas

Beso su capullo para después sacar mi lengua y jugar con esa zona totalmente sensible a mi saliva, lo introduzco en mi boca y lo succiono mientras lo miro fijamente a los ojos

–          Sí que tenías hambre pero   uf no creo que de comida

Voy introduciendo su polla más y más hondo en mi boca hasta alojarla casi en mi garganta y entonces empiezo con los movimientos rápidos de cuello para conseguir que se corra lo antes posible.

–          Ya uf  puedes    utilizzzar las manos

Agarro el tronco de su largo miembro con la mano derecha y sus dos huevos con la izquierda y los masajeo hasta que le toca el turno a mi boca de jugar con ellos

–          JODER

Se levanta y me agarra del pelo con brusquedad sube una pierna a una esquina del sofá y la vuelve a meter en mi boca, aunque esta vez yo sólo me encargo de succionar mientras su pelvis se mueve hacia delante y hacia detrás cada vez más rápido, llegando a un punto en el que las babas empapan el cuello de mi camiseta.

–          Eres una     pe-queña zorra    uf que la chupa M-U-Y bien    cuando interesa y debería disfrutarlo toda la ciudad

Con esta última frase me la encaja en la garganta mientras me sujeta la cabeza con ambas manos e intuye cómo los múltiples chorros de su semen caen directamente en mi estómago. Cuando la saca ya en reposo la restriega por toda mi cara dejando más restos de saliva y semen por mi piel:

–          Ahora quiero que me la limpies y me pongas los pantalones.

Mi estómago se calma al tener algo espeso dentro de él y yo pego lametones a su polla mientras las lágrimas acuden de nuevo a mis ojos y me obliga a mirarle a la cara.

–          Ahora corre de nuevo a la cama hasta que quiera que vengas de nuevo

–          ¿Y la cena?

–          JAJAJAJAJA ¿es que no es suficiente lo que te acabas de comer? Lo has disfrutado más que si te hubieras comido un helado, ¿verdad? –sus ojos me miran con expresión divertida aunque cambia totalmente cuando no le respondo- ¿VERDAD? –escupe mientras me da un tirón de pelo

–          AY, sssssi, sss-i

–          Además, me he tomado un par de quesitos antes de que me la chuparas para que tuviera mejor sabor

Su estúpida risa hace que pierda la cabeza y me abalanzo contra él con todas mis fuerzas, le tiro al suelo y pega un alarido cuando le araño la cara.

–          ¡PARA, PARA, PARA! –Sergio aparece de repente de la nada y me sujeta por la cintura para apartarme de él

–          ¿¡Ahora intervienes y no cuando me follaba la boca!? ¡Eres un cabrón igual que él! –intento golpearle el pecho mientras me mira sin saber qué decir e inmoviliza mis manos.

–          Maldita perra te voy a pegar una paliza que no te vas a acordar ni de tu nombre –Nicolás se levanta del suelo con claras intenciones de venir  a por mí pero se detiene cuando Sergio se interpone entre nosotros, hasta ahora no me había dado cuenta de lo altos que son ambos.

–          Será mejor que vayas al baño y te eches agua oxigenada en esos arañazos si quieres volver a tocarla

Su tono de voz es más grave y autoritario y en cuento Nicolás desaparece tras la puerta mis piernas se convierten en mantequilla y Sergio acaba en el suelo debajo de mí acariciándome el pelo, los mocos inundan mi cara y apenas puedo vocalizar:

–          Por favor no dejes que vuelva a hacerlo, por— favor, no le dejes

–          De verdad que no puedo hacer eso

Susurra para que nadie más que yo lo oiga mientras mi sollozos son cada vez más fuertes e incontrolables. Me aprieta más contra su pecho y por un momento me siento protegida hasta que recuerdo las innumerables veces que he necesitado ayuda y me ha dado la espalda. Ejerzo presión con mis manos en su pecho para apartarlo de mí y le dirijo una mirada de profunda pena que no parece afectarle a simple vista.

Me siento adormecida el resto del día y cuando despierto lo único que ha cambiado en esta asfixiante habitación es que hay una bandeja con algo de comida y una pastilla a los pies de la cama, me sorprende que alguien haya entrado con el suficiente sigilo para no despertarme de mi sueño ligero y ataco tan rápido el plato con las frutas de temporada que en menos de cinco minutos ya no queda nada a excepción de una pastilla rosa que descansa en un pequeño plato.

Se escucha un portazo de lo que debe ser la puerta principal y no tarda en abrirse la puerta de mi propia habitación, o más bien celda.

–          Te has dejado la pastilla –dice Sergio con voz tímida.

–          No pienso tomar ninguna jodida pastilla más que me deis –hablo con tono decisivo sentada con la espalda apoyada en el cabecero de la cama.

–          Es por tu propio bien, no creo que te gustara quedarte embarazada de ese cabrón.

–          ¡¿Y a ti qué coño te importa?! Vienes aquí desde el primer día actuando como si fueras el bueno, interviniendo en contadas ocasiones pero cuando verdaderamente no pasa nada y esperando que te haga caso como si fueras un héroe salvador, que te jodan Sergio.

–          Parece que todavía no has entendido que aquí el enemigo no soy yo.

–          ¿Pero tú qué eres entonces? Eres un idiota que deja que su ‘amigo’ se folle a una tía en contra de su voluntad como si la situación no fuera con él y luego actúa como si yo le debiera algo y, ¿sabes? Al menos Nicolás va de frente.

–          No tienes ni puta idea de nada, pero de acuerdo, ahora estás tú sola contra él.

Lanzo la pastilla contra la puerta que acaba de cerrar con todas mis fuerzas mientras sus palabras arden en la boca del estómago y decido que no puedo pasar aquí dentro ni un segundo más.

Nikky

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