El baño del pánico

Cuando despierto soy incapaz de moverme, mis músculos no responden y noto mi cabeza pesada sobre la almohada. A los pocos minutos me doy cuenta de que no soy la única persona que hay en la habitación, oigo otra respiración y me encojo sobre mí misma de forma automática, me duele tanto todo el cuerpo que no puedo evitar proferir unos quejidos.

–          Llevas durmiendo desde ayer, ¿no crees que deberías darte una ducha y estar preparada para el próximo asalto? -dice Nico mientras me quita de forma violenta las sábanas que es lo único que me cubre.

–          Deja que me vaya -alcanzo a decir con un hilo de voz.

Se ríe.

–          ¿Crees que conseguirías dar dos pasos seguidos? Además, este barrio es muy malo acabarías atada a la pata de otra cama y quién sabe, podría ser peor.

No consigo imaginarme nada peor, pero me doy cuenta de que tiene razón en lo primero cuando debo apoyarme en él para poder estar de pie. Su colonia, hoy más fuerte que otras veces, hace que me maree aún más, el tacto de su piel contra la mía hace que tenga ganas de vomitar.

Cuando llegamos al baño y me miro al espejo veo unas profundas ojeras marcadas en mi cara y una cantidad incontable de moratones cubriendo mi cuerpo, Nico se pone detrás de mí y mientras me mira a la cara comienza a pasar sus grandes manos por todo mi cuerpo, comienzan raspando mi estómago y suben a las tetas donde se agarran con fuerza para demostrar su superioridad. Noto cómo su polla crece dentro de su pantalón, rozando mi culo. Echa sus caderas hacia delante y aprisiona mi pubis contra el lavamanos mientras me aparta el pelo y muerde el cuello.

–          No paro de follarte varias veces al día y aún así no dejo de estar cachondo, eres como una tableta de viagra.

Usa la mano derecha para desabrocharse el cinturón mientras que con la otra me agarra de la nuca y hace que mi mejilla izquierda quede aplastada contra el cristal. Me agarro al borde del lavamanos y mi respiración comienza a ser nerviosa.

No tarda mucho en conseguir sacar su polla y noto cómo pasa su capullo por los cachetes de mi culo mientras hace más presión en mi nuca con su mano. Me mira a la cara y sonríe mientras me empieza a dar unos pequeños azotes con ella. Cada segundo que pasa noto más la humillación. Empieza a pasar su polla por mi coño y culo y me cuesta no ponerme a gritar, habrán pasado bastantes horas desde que Lucas y él me penetraran a la vez, pero para mi cuerpo es como si hubieran pasado apenas un par de minutos.

–          Por favor por favor Nicolás me duele muchísimo no voy a poder aguantar que me la metas siento como si me fuera a desgarrar por dentro

Una sonrisa de autosuficiencia se planta en su cara, como si le acabara de decir que su polla ha batido el récord de tamaño en todo el mundo.

–          ¿Y qué propones? Porque meter te la quiero meter y mucho… -dice mientras intenta meter levemente su capullo por mi culo recién desvirgado.

–          ¡NO! Te la chupo, déjame que te la chupe te gusta mucho que lo haga -digo a toda prisa desesperada por no sentir el dolor de que te partan en dos.

–          Tú niña pija que supuestamente estás aquí en contra de tu voluntad y pides irte cada dos por tres ¿me estás diciendo que te deje chupármela?

–          Sí -digo tragando saliva cuando su mano por fin deja de aprisionarme contra el cristal.

–          Dilo.

–          Por favor Nico deja que te la chupe -repito mientras me doy la vuelta y encuentro su polla con mi mano.

Parece sorprendido, pero sorprendido de verdad, como si no se diera cuenta de que quiero chupársela para que no me la meta por el culo o por el coño, y viendo sus pupilas dilatas quizá sí que no se dé cuenta.

Agarro su polla a la mitad del tronco y ejerzo un poco de fuerza, como si la hubiera metido en un coño muy prieto, él cierra los ojos y suelta un gemido y yo tengo que contener una arcada, sus caderas empiezan a moverse lentamente así que durante los primeros minutos no tengo que hacer nada. Comienzo a subir mi mano más hacia arriba hasta llegar a la punta y utilizo su propio semen preliminar para esparcirlo por toda su totalidad.

–          Arrodíllate -dice aún con los ojos cerrados y en voz muy baja.

Intento evitar el momento todo lo que puedo, pero pronto me agarra de la raíz del suelo y en un par de segundos estoy arrodillada frente a él, con su polla a la altura de mi cara.

–          No uses las manos aún -continúa.

Estoy muy mareada y casi no tengo fuerzas creo que ni siquiera podría estar sentada si no fuera porque su mano sigue sujetando fuertemente mi pelo. Pasa su polla por toda mi cara, manchándome con ese líquido repulsivo.

–          Métetela a la boca.

Intento hacer lo que me dice, meter su polla en mi boca, pero no para de moverla lentamente de un sitio hacia otro y no consigo poder hacerlo.

–          Sí que tienes hambre eh…

Su tono de voz me da escalofríos, es como si estuviera totalmente ido.

–          Deja que me la meta en la boca y haga que pases un buen rato -digo sin molestarme mucho en poner un tono de voz seductor.

Consigo pasar la lengua por su tronco y se estremece así que al momento tengo su polla en mis labios, esperando a entrar en mi boca. Obligándome a ello abro la boca y no tarda en meterla y marcar el ritmo que quiere que lleva aún sujetándome el pelo. Primero se centra en meterla y sacarla casi al completo de forma lenta, abarcando casi toda su totalidad, pero pronto empieza a ser más rápido y con sus movimientos bruscos hasta me cuesta no hacerle daño con los dientes, apoyo mis manos en sus muslos intentando apartarlo un poco y poder llevar mi propio ritmo.

Todo me da vueltas.

Por fin reduce la velocidad de sus propias envestidas y yo me centro en succionar suavemente mientras uso mis manos por primera vez para intentar que se corra lo antes posible. Empiezo masajeando su tronco, pero pronto comienzo también a masajear sus huevos.

–          Sabes lo que nos gusta zorra pero hoy no vas a conseguir que me corra sólo con esto.

Al terminar la frase me agarra aún más fuerte del pelo y yo me quedo paralizada, atemorizada ante un peligro inminente. Saca la polla de mi boca y me inmoviliza boca abajo contra el suelo del baño.

–          Nicolás por favor, no puedo ahora mismo -digo desesperada y al borde del llanto.

–          No voy a tardar mucho, tampoco poco, pero no mucho -me responde.

Me levanta y hace que apoye mis antebrazos en la taza cerrada del váter, supongo que cuando empiece con sus envestidas voy a agradecer tener algo a lo que agarrarme para no caer. Me muerde el hombro y abre mis rodillas, muy doloridas ya, para que él pueda situarse justo en la entrada de mi coño, y ahí es cuando comienza a empujar.

Mete y saca de forma frenética únicamente su capullo y poco a poco mi cuerpo va pidiendo más, casi sin darme cuenta soy yo misma la que va echándose hacia atrás para que más parte de su polla me penetre. Echo mis hombros y cabeza hacia delante, de forma que el pelo hace de cortinilla entre mi cara y el resto del mundo, no puedo evitar que unos pequeños quejidos de placer comiencen a salir de mí.

Estar tan débil hace que lo sientas todo como si estuvieras borracha, deja que tu cuerpo se convierta en eso, sólo un cuerpo que cubre las necesidades primarias.

–          ¿Quieres que siga? -me pregunta cuando ya la ha metido hasta la mitad y no para de mover sus caderas.

–          No te oigo -dice unos momentos después.

Y la termina de meter y yo grito de placer.

–          Así que la zorra está disfrutando

–          Sí, por favor no pares, sigue

Acelera aún más sus envestidas y siento que estoy a punto de estallar.

Pero de golpe la saca y la mete en mi culo, tan de improviso y tan de golpe que mis aullidos de placer se convierten en aullidos de dolor.

–          No no no no para para por favor dueleee

–          Así que crees que puedes intentar joderme, ¿no?

–          ¿Qué? ¿De qué hablas? No he hecho nada por favor para

–          ¿Crees que puedes estar aquí quejándote todo el día sin hacer nada mientras te cuido y que encima cuando vengo a que cumplas tu función intentes acabar el trabajo haciéndome una mamada de diez cuando el resto del tiempo sólo dejas que te folle la boca?

Mientras cada vez sus embestidas son más fuertes y la cerámica del váter se clava en mi bajo vientre pienso que nada de lo que dice Nicolás tiene sentido y que cada día que pasa se le va más la cabeza.

Cuando saca su polla de mi culo mis brazos se relajan de forma voluntaria, ni siquiera me había dado cuenta de que lo estaba garrando tan fuerte que estaba dejando marca en mi piel.

Vuelve a meterla en mi coño y en un par de envestidas se queda quieto dentro de mí, corriéndose como nunca lo había hecho. Acerca su espalda a la mía y me agarra una teta mientras se acerca a mí oído:

–          Si te quedas preñada de quién crees que sería el bebé, ¿de Lucas o mío?

Pierdo el conocimiento, o al menos eso creo cuando empiezo a recobrar la consciencia oyendo unos gritos a mi alrededor.

–          ¡Está sangrando en el suelo del baño Nico! La habéis dejado sangrando en el puto baño.

–          Cuando se fue Lucas esa zorra se quedó durmiendo en su cama como un angelito hermano, sólo me la acabo de follar yo.

–          Qué le has metido.

–          Sólo mi polla y aunque tengo que decir que es descomunal no tengo 15 años y sé cómo no desgarrar a una tía.

Intento moverme, pero no puedo, me he levantado incluso más débil que la última vez.

–          Relájate Sergio, le habrá bajado la regla, tranquilo que ya no la pienso tocar hasta dentro de unos días, toda tuya. – dice Nicolás con sorna.

Me encojo en mí misma al escuchar un gran portazo y pronto unos pasos se dirigen rápidamente a donde estoy yo, por un momento pienso que es Nicolás el que viene a seguir follando y que es Sergio el que se ha ido, pero cuando consigo levantar los párpados y mirar hacia la puerta es Sergio el que me devuelve la mirada.

Lleva unos pantalones militares, una camiseta negra de manga larga y unas botas también negras, una chapa le cuelga del cuello. Me recoge del suelo y me intenta meter en la ducha, pero al ver que no me tengo en pie entra conmigo aún vestido y abre el grifo del agua caliente. Hasta ese contacto me hace daño.

–          ¿Estás bien?

–          No -digo de forma sincera mientras me echo a llorar.

–          ¿Eres militar? -le pregunto cuando consigo calmarme.

–          Sí.

–          Tu deber es ayudar a lo más desfavorecidos -digo con un hilo de voz, con miedo de que se enfade y vuelva a irse de nuevo.

–          Aunque no lo creas es lo que estoy haciendo ahora mismo.

Nicky

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