Madre mía

Rosalía es una vieja amiga mía, desde que nos conocimos siempre nos llevamos muy bien, al grado de gustarnos, pero por uno u otro inconveniente de la vida, jamás tuvimos la oportunidad de entablar una relación. Si yo estaba soltero, ella tenía novio, o viceversa, y cuando ambos estábamos solteros, dábamos muchos rodeos y vueltas al asunto, hasta que uno de los dos encontraba pareja otra vez. No obstante, esto no impedía que nos coqueteáramos o nos insinuáramos el uno al otro. Disfrutábamos mucho eso, mandarnos indirectas por mensajes, o hacer chistes de doble sentido, muy, muy morbosos. Y aunque nunca entablamos una relación formal, sentíamos una fuerte atracción mutua.

Para mi sorpresa, Rosalía, terminó embarazada, no sé si decir que me rompió el corazón, más que eso, me sentí desconcertado de que ella no se hubiese cuidado. Lo cierto es que la situación era un poco complicada, ya que su padre tiene un mal carácter, por lo que más temprano que tarde, ella  junto a su nuevo marido (aun sin que se hubieran casado) se mudaron juntos para formalizar su nueva familia,  ella con 19 años y el con 20. Dada estas circunstancias, perdí contacto con ella por  lapso de 18 meses.

Creí que jamás volvería a saber de ella, y que así había terminado esa inconclusa relación que estuvimos llevando durante casi 3 años. Y que todos aquellos juegos morbosos e insinuaciones, habían quedado en el olvido para siempre. Hasta que un día, me habló por Facebook, después de unos saludos y preguntas acerca de nuestra vida en ese lapso en el que no hubiera comunicación, me preguntó si podía hacerle el favor de reparar su laptop, que se había averiado hace poco, y como no tenía mucho dinero, no podía llevarla con un técnico. Yo acepté de buena manera, sabía que no iba a recibir una paga por mis servicios, pero pensé que sería una buena visita y así aprovecharía para determinar que sería de nuestra amistad o lo que fuese en el futuro.

Llegué el lunes de la semana siguiente, Rosalía vivía en una pequeña casita de aspecto sencillo, cuando toqué la puerta ella me recibió, al verla me quedé impresionado, el embarazo la había cambiado bastante, ella que era muy delgada, ahora había ganado peso, obviamente, pero lejos de estar gorda, ese peso agregado le daba un mejor aspecto, sus pechos habían crecido notablemente, y aún conservaba ese trasero redondete que me encantaba. Creí que jamás había lúcido mejor, y su bello rostro había adquirido una ligera madurez que me prendó. Estaba bellísima. Llevaba una blusa a botones, los tres superiores desabrochados. Con unos pantalones de mezclilla ajustados. Se notaba que no hace mucho había tomado un baño ya que su cabello estaba algo húmedo. Y estaba ligeramente maquillada, con un labial rojo intenso que le daba un aire más maduro.

Nos saludamos, y al besar su mejilla mi piel se erizó, esa mujer siempre me había vuelto loco, y con el aspecto que tenía en ese momento, se convirtió en mi musa. Entré en su casa, y vi a su pequeño dormir en su cuna – Hace poco se acaba de dormir – señaló – ¿Quieres algo de beber? – asentí con la cabeza, así que fue hacia el refrigerador, y mientras se alejaba vi el menear de su hermoso trasero, realmente había olvidado cuanto deseaba a esa mujer. Regresó con un vaso lleno de refresco y con su computadora. El problema no era grave, un simple virus que pude eliminar en cuestión de minutos.

–          Valla, no ha sido nada para ti – dijo – he tardado más yo en prender la pc que tú en repararla – agregó sonriéndome.

–          Si bueno, así al menos tendremos más tiempo para hablar ¿Qué te parece? –

–          ¡Estupendo!  –

Por un tiempo estuvimos hablando largo y sin pausa, primero sobre que había sido de nosotros, y como iba la universidad, entre otras cosas, luego paso a hablar sobre su niño y a presumirme sus fotos – es muy calmando,  aunque cuando llora no hay quien lo pare – y pasando de imagen en imagen en su celular, nos topamos con un imprevisto. Era una foto de ella en ropa interior, tomada frente a un espejo. Aunque vivieran juntos no me sorprendería que su novio le pidiera fotos de ese estilo, pero pensaba más bien que aquella foto era producto de la vanidad de Rosalía, la cual en un tiempo de su adolescencia fue muy grande. Rosalía intentó cambiar a otra imagen, pero titubeó, dejándome apreciar a profundidad aquello. La escanee, y traté que quedara grabada  en mi cabeza. No es como si antes no la hubiera visto en paños menores, por no decir que tenía mi propia colección de fotografías tomadas por ella misma. Con motivo de un cumpleaños, o una apuesta perdida, o por simplemente insistir un poco. Pero esta era diferente, no era aquel cuerpo delgado con pechos apenas normales, no, esta era una Rosalía más madura, con bastante cuerpo, sin rallar en la gordura, con unos pechos sobresalientes, y ese rostro con un ligero cambio que le quedaba a la perfección. Era una mujer totalmente diferente

–          Has cambiado bastante – le dije

–          Un poco, me aterraba terminar como una ballena, así que me cuide mucho durante mi embarazo, y después de él – respondió apartando el celular

–          Apenas y se nota que estuviste embarazada –

–          Bueno, baje de peso en los últimos meses –

–          Pues luces fantástica – río un poco apartando la mirada de mí. Yo aproveché para mirarle los pechos fingido disimulo

–          ¿Puedo continuar viendo? – pregunté después de unos segundos.

–          Seguro – me miró con malicia, y al encender la pantalla de su celular me encontré con un bloqueo.

–          Ojala te sepas la contraseña – y comenzó a reírse tratando de no alzar la voz. Desilusionado le devolví su celular, con la esperanza de que ella lo desbloqueara, pero en lugar de eso, lo guardó en su bolcillo.

Traté de arrebatárselo, sin hacer escándalo, le hacía cosquillas o picaba el estómago, por lo que ella  trataba de alejarme, empujándome o golpeándome ligeramente, mientras contenía con esfuerzo risas y quejidos. Pronto terminó acostada en el sofá, sobre ella yo continuaba molestándole. Cuando me di cuenta de que estaba a punto de gritar, paré y me dejé caer sobre ella. La química era la misma, parecía como si no hubiera pasado nada de tiempo entre nosotros. La observé con atención, sus ojos se clavaron en los míos. Así estuvimos un par de minutos.

–          ¿Qué le hiciste al montó de fotos que te regalé? – preguntó acariciándome el cabello

–          Aquí las tengo – dije sacando mi teléfono y recobrando mi postura anterior – ¿ves? – le dije.

–          Vaya incluso las traes ahí –

–          Son mi mayor tesoro – ella rio

–          Ya lo creo, así me gusta, puse empeño en ellas, deberías estar arrodillado ante mí. No cualquier mujer haría eso por ti – me dijo acomodándose en el sofá

–          Estoy agradecido, pero me gustaría agregar aquella que tienes a mi colección –

–          Tienes algunas mejores aquí – dijo señalando mi celular

–          No quiero despreciar tu trabajo, pero, cambiaria cualquiera de las que guardo, por esa – ella se carcajeo, y enseguida bajó el volumen recordando el sueño de su bebé

–          ¿de verdad, cualquiera? – preguntó jugando con su dedo en mi nariz – que yo recuerde tienes incluso unas fotos en las que no estoy vistiendo nada ¿cambiarias incluso esas?-

–          Un par de ellas, vale la pena – le mire a los ojos

–          Bueno si eliminas unas quizás te la regale –

–          Oh claro que no, de sobra sé cómo funciona tu “quizás”. jamás llegan – dije con fingida molestia

–          ¿Cuándo no he cumplido con lo que te digo? – reía

–          ¡Cuando! La vez que si me disfracé de pollo “quizás” me dejarías verte desnuda en persona. O cuando te hice todas tus tareas porque “quizás” me ibas a dejar tocarte libremente. O quizás cuando me prometiste fotos sin ropa, pero al enviármelas te cubrías con un sabana o la censurabas con cuadros negros – la mujer estaban por romper en carcajadas

–          Solo por unas cositas que no cumplí –

–          Fueron varias veces – dije picando su estomago

–          No es  verdad – aun reía

–          ¡si! Solo me dabas ilusiones, y no cumplías las cosas que más quería, como cuando … – me pause al recordar algo que algo que había sucedido días antes de que me comentara de su embarazo, en aquellos días, éramos tan cercanos que no nos importaba pensar en intimidades y fantasías juntos.

–          ¿Qué? – preguntó notando mi abrupta seriedad

–           Pues, nada –

–          Anda, dime ya – insistió

–          Recuerdas cual fue la última cosa que me prometiste – pregunte con el corazón acelerado, ella comenzó a recordar.

–          Antes de tu cumpleaños – acertó – ah cierto la… – se detuvo.

–          Me prometiste una mamada – terminé su oración

Su cara se puso roja, y sus ojos se abrieron de estrepito, miró en todas direcciones, hasta encontrarse con mis ojos, y esbozó una sonrisa. Se tapó la cara con la mano derecha y se recostó en el sofá. Me le acerqué hasta quedar recostado sobre ella, mi cara quedo entre sus grandes pechos.

–          Ahora recuerdo – dijo mirándome de reojo – no estoy segura si en ese momento estaba dispuesta a cumplirlo – se detuvo, comenzó a acariciar mi cabello y la vi sumergirse en sus pensamientos – pero ahora… – agregó

–          Ahora – repetí y tras un  largo silencio en el que entendí que estaba pensando. pregunté – ¿Por qué con él? ¿te trata bien?

–          ¿Mi novio? Pues él es amable y me trata muy  bien, su padre le consiguió un buen empleo y es responsable, así que no me puedo quejar – dejo de acariciarme el cabello

–          Entonces si te enamoraste de él – empezó  a reflexionar

–          Pues no, la verdad es que apenas y me agrada, antes de que viviéramos juntos era más amable, pero siempre ha sido bastante aburrido y no tiene mucha platica a veces, no es malo como persona, pero simplemente lo quise porque es muy atractivo – pequeña pausa – en cambio tú, siempre has sido divertido y muy alegre, y siempre supiste como sacarme una sonrisa cuando me sentía mal, incluso con tus pervertideses, siempre me pareciste el mejor de todos los hombres, pero… –

–          ¿Y porque nunca fuimos novios? – la interrumpí

–          Ya ni lo sé… pero siempre quise eso –

–          ¿De verdad? –

–          De verdad – la miré y me sumergí en sus pechos, los tomé y apreté contra mi rostro

–          ¡Oye! – se quejó riendo. Levanté mi mirada y me regaló una sonrisa

–          Si hubiéramos sido algo, quizás… – dije

–          Quizás no tendría un hijo ahora – me interrumpió – pero no me mal entiendas, amo a mi hijo es solo que si hubiera sido en otras condiciones … –

–          Se a lo que te refieres –

Continuamos platicando, recordamos varios momentos juntos y como a veces sentimos celos de nuestros novios. Poco a poco me acerque más a su rostro, ahora nos encontrábamos recostados en el sofá, abrazados. La charla era muy amena, demasiado cálida, estábamos tan juntos, que no me di cuenta cuando fue que nuestros rostros quedaron tan cerca, tanto que al verla a los ojos me arme de valor y la besé, correspondió mis beso, y durante un largo rato nos estuvimos besando, acaricie su cabeza e incluso me anime a recorrer su cuerpo, empezando por su vientre, hasta tocar sus pechos. Y lentamente comencé a acariciar todo su cuerpo. Siempre lo desee tanto. Pero de pronto ella se separó.

–          No puedo creer que nunca hubiésemos sido novios… – dijo

–          ¿Y qué haremos nosotros desde ahora? – pregunté acariciándole el rostro

–          Pues por el momento, eres mi técnico en computación – me dijo con malicia – por cierto no te he pagado por tus servicios –

–          No te preocupes, tomaré esos besos y que me hallas dejado tocarte – le dije tomando sus pechos con mis manos.

–          No, insisto, pero como estoy corta de dinero –

–          No tienes que…. – la interrumpí

–          ¿Qué tal si te doy la foto de hace rato? – mis ojos se iluminaron al escuchar esto. Entonces me acerqué más a ella y le brindé un beso más intenso, mientras le manoseaba sus nalgas.

–          ¿Te gusta la idea? – me dijo con picardía

–          Me encanta –

–          Verdad que soy la mejor, es más serán nuevas fotos, totalmente desnuda ¿te gustaría?- mis ojos se encendieron en llamas, y comencé a tener una erección

–          ¿De verdad? – casi grité ella asintió con una gran sonrisa. Entonces la besé con pasión.

–          Dime ahora que no cumplo mis promesas – me dijo con malicia

–          Lo haría si no me hubieras prometido esa mamada de cumpleaños– dije sin pensar mucho

Entonces procesé lo que acababa de decir, ella  mi miró durante un largo segundo y luego sonrió, de manera seductora y tierna en una extraña mezcla. Se acomodó en el sillón, me beso por un largo rato, para este momento mi erección ya era una verdadera molestia. Ágilmente bajó al piso, y yo me senté en el sofá, expectante,  con la respiración agitada, mientras ella se acomodaba entre mis piernas, me miró fijamente a los ojos, con su extraña mezcla entre erotismo y dulzura. Comenzó a levantarme la camisa y besar mi estómago, empezando a descender beso a beso, hasta llegar a mi pantalón. Con sus manos apartó mi cinturón, desabotono mi pantalón y junto con mi bóxer, los jalo hacia ella. Mi pene que estaba duro como roca salió apuntando hacia el techo. Me miró nuevamente, tomando mí falo entre sus manos, prácticamente me tenía hipnotizado con esa mirada.

–          Yo no soy muy adepta a dar mamadas. Muy pocas veces he dado una, porque no son de mi total agrado. Pero por ti, lo haré gustosa –

Y terminando esa frase que solo provocó hacerme desearla como nunca en mi vida, se acercó hacia mi glande, lentamente hasta coronarlo con un beso, mi piel se erizó, y pequeñas corrientes recorrieron mi cuerpo. Ella me sonrió con la sonrisa de una niña traviesa. Su rostro rosaba mi pene, ella lo movía hacia sus labios y mejillas sin tocarlos completamente. Incluso me pareció ver que lo olfateaba, De inmediato comenzó a llenar mi glande de más y más besos, para terminar con uno muy ruidoso. Rio con malicia, y sacó su lengua, con ella comenzó a recorrer lentamente desde la base hasta la punta, dejando un rastro de saliva a lo largo de mi miembro, inmediatamente comenzó a proporciónale lentas lamidas en la cabeza, lamidas que se hacían más rápidas. Se separó ligeramente, y formando la mueca de un beso, se acercó a la cabeza de nuevo, pero esta vez entro en su boca, y llegó hasta el inicio del glande y con su lengua comenzó a lamer por unos segundos. Yo me estaba derritiendo, me sentía extremadamente caliente, mi fantasía al fin se había hecho realidad. Retiró sus labios con un “muak” sonoro. Acaricio mi miembro con sus delicados dedos, desde el glande recorrió todo el tronco hasta acariciar mis huevos.  Se agacho lo suficiente como para alcanzar mis testículos, comenzó a besarlos con besos cada vez más y más prolongados, hasta lamerlos y posteriormente  engullirlos, para jugar con ellos con su lengua. Yo estaban en el cielo, me estaba deleitando con aquella mamada, tanto era el placer, que una gran gota de líquido pre seminal fue expulsada de mi glande. Al notarlo ella me miró y lamio desde la mitad de mi falo, hasta la punta. Pude observar como la gota de líquido pre seminal se combinaba con su saliva y era ingerida.

–          ¿Qué tal lo hago? – preguntó con voz sensual

–          Perfecto – apenas y pude contestar gimiendo, perdido en mi excitación.

Se acercó con la boca abierta y engulló poco más de la cabeza, nuevamente la lamió, unos segundos después comenzó el vaivén, y con cada movimiento se comía un centímetro más de mi verga hasta engullir más de la mitad. Mamó así por un par de minutos y se apartó.

–          No creo poder comerla toda, tiene un buen tamaño – Mi dijo, aunque me sentí un poco apenado porque mi pene es de un tamaño regular.

–          ¿Me ayudas? – agregó

Acto seguido coloco mi mano en su cabeza. Entonces yo la llevé hacia mi pene y ella comenzó a ingerir mi falo, poco a poco, mi pene iba desapareciendo en su boca hasta llegar a su garganta donde hizo una pequeña pausa, por lo que la empuje con firmeza para que continuara.  Ella no mentía cuando me decía que no lo hacía seguido, ya que no pudo contener toda mi verga en su garganta, aunque ella trataba de ingerirla completamente, no podía.

Solté su cabello y la deje respirar. Su respiración era agitada pero no con desesperación. Y sin perder mucho tiempo se pegó nuevamente a mi miembro con la intención de comérselo toda en esta ocasión, sin mucho éxito. Se retiró tosiendo un poco. Estaba sonrojada por tratar de contener la reparación, le acaricie el rostro.

–          No me cabe completa – su rostro reflejaba una falsa inocencia.

La tomé del cabello y la dirigí nuevamente a su labor, tomé mi falo e incline su cabeza, mi pene atravesó sus labios y chocó con las paredes de sus mejillas internas, deformando su bello rostro. Moví mis caderas e hice que mi verga retrocediera un poco, dejando que sus mejillas regresaran a su estado original, solo para volver a deformarlas, en un vaivén, que duró unos momentos. Deje que enderezara su cabeza. Ella me mostró su lengua, y tomando mí pene se golpeaba el paladar con mi glande Entonces tome su cabello nuevamente, me levante y  le pedí que mantuviera la boca  ligeramente abierta. Comencé a embestirla y su boca producía un sonido muy erótico con cada embestida. Aumenté el ritmo. Más y más rápido. Y ese sonido obsceno de su boca se hacía más sonoro y más excitante. Después de unos segundos se separó, respirando ligeramente agitada

–          Nunca había disfrutado tanto dar una mamada – dijo exhalando notablemente

–          ¿Lo dices en serio? – pregunté entre géminos

–          De verdad, esto, me está gustando – me hechizó con su mirada erótica

Volvió a engullir mi pene, reiniciando el vaivén y de un momento a otro  lo  sacaba de su boca para lamerlo, especialmente el glande, lo hacía muy bien, como si estuviera disfrutando una paleta. Noté el contonear de sus hermosos pechos, así que aproveché para tocarlos, y aunque su blusa no estaba totalmente abotonada, me era complicado acceder a ellos, por lo que ella al entender esto comenzó a desabotonarse la blusa mientras mantenía mi falo en su boca. Por mi parte me dedique a acariciar su cabello. Cuando hubo retirado todos los botones, la prenda cayó al suelo, y casi instantáneamente su sujetador, que desabrochó al momento, dejando al descubierto aquel par de tetas lechosas.

–          Desde que me viste deseas mis pechos verdad – gimió agitando sus tetas

–          Más que a nada en el mundo –

–          Bien tómalos – se levantó

Los tomé. Y comencé a masajearlos hasta estrujarlos, haciendo que ella gimiera y que un poco de leche saliera de sus pechos. No le di importancia a eso, por el contrario, no pude contener el llevármelos a la boca y mamarlos como un bebé-

–          ¡oye! Eso no es para ti – me reprendió – no te la vayas a acabar –

Me desprendí de aquel insuperable par de tetas. Volví a sentarme y la halé de los pezones, lo cual la hizo emitir un grito ahogado. – Con cuidado – me regañó. Le respondí acariciándole los pezones.  Enseguida Coloque mi pene entre sus pechos y ella comprendió el gesto, apretó sus pechos contra mi pene, comenzó a moverlos de arriba a abajo, y mi pene tenía tanta saliva que resbalaba con facilidad entre sus suaves senos. Durante un tiempo estuvo agitando sus tetas, hasta que la saliva comenzó a esparcirse. La tomé de la cabella y la lleve a mi glande, ella lamio enseguida, mientras movía sus pechos – Un poco de saliva – dije. Y dejo caer saliva entre sus pechos, recorriendo todo el largo de su canalillo, reincorporándose a la rusa que me estaba dando. Y vaya que rusa, con esas tetas tan grandes como las tenía en ese momento, fue magnifico sentir la suavidad de sus pechos haciendo fricción con mi pene. Nuevamente la tome del cabello y llave a mi pene, donde siguió mamando. Y pude notar que la base de mi pene estaba roja, gracias a su labial. Esto me extasió al punto de pensar que me iba a venir. Por suerte logre controlarme un poco.

–          Quieres que te avise cuando me valla a venir- se separó de mi pene y me miró fijamente

–          En donde te quieres venir – me preguntó con su cara de ángel erótico, mientras lamia mi verga.

–          Bueno… yo – comencé entre gemidos – dices que no te agrada mucho, quizás no te gusta el sabor del… bueno además – ella esbozo una sonrisa burlona

–          Si tú ya tomaste de mi leche, creo que es justo que yo  haga lo mismo –

–          ¿Tú lo harías? – era demasiado bueno para ser verdad

–          ¿quieres que me trague tu leche? – preguntó, mientras se golpeaba el rostro con mi verga

–          Si  – exclamé

–          Entonces lléname la boca – dijo sacando la lengua y moviéndola

Me quede boquiabierto, me levante del sillón, la tome de la cabeza y le metí todo lo que ella podía tragar. Embistiéndola cada vez más rápido. Su boca emitía esos sonidos eróticos  al embestirla. Yo ya quería soltarlo todo y poco me faltaba para hacerlo. Viéndola con  sus tetas lechosas colgando desnudas, mientras se tragaba mi pene, sabía que ya necesitaba venirme. Y como quería que fuera una corrida grande, bestial, digna de esta mamada. Tome a Rosalía del cabello la dirigí a mis testículos y ella comenzó a lamerlos y besarlos, hasta tragar ambos, mientras me miraba. Y verla pegada a mis huevos con esa carita de ángel me bastó.

–          Ya, ya – casi grite –

Y ella se dirigió hacia la punta de mi pene y abrió la boca, mientras yo acomodaba mi miembro para que recibiera la mayor cantidad de semen posible. Fui casi preciso porque apenas termine de  acomodar mi pene, cuando el semen comenzó a salir a chorros, directo hacia su lengua pintándola toda de blanco, carga tras carga ella fue reteniendo todo en su lengua. Mientras yo apenas podía mantenerme en pie gracias a aquel orgasmo bestial. Cuando al fin el semen comenzaba a menguar, me dieron los clásicos espasmos del orgasmo, me dejé caer al sillón, mientras la veía, jugar mi leche contenida en su boca. Se acercó a mí  y me mostro toda mi corrida para luego tragarla y relamerse los labios

–          “mmmm” ha estado bastante bueno – dio en tono cantando, chupándose los dedos.

–          Fue genial  la mejor mamada de mi vida – dije respirando agudamente.

–          De verdad – se dirigió a mi falo, y comenzó a lamerlo – déjame limpiarlo –

–          Linda chica – dije acariciándole el cabello – ¿Qué tal estuvo para ti? –

–          Después de esto creo que tengo otro concepto de las mamadas – continuaba lamiendo dulcemente mi verga – creo que podrían llegar a gustarme de verdad –

–          Puedo ayúdate a que te gusten –

–          Solo contigo me gustan – besó mi glande.

–          Puedes detenerte si gustas- ella me miró fijamente y luego me sonrió

–          ¿seguro? Mi novio llega a las 7, así que aún tenemos 2 horas –

–          Tu… –

–          Creo que no me molesta seguir mamandotela un rato –

Ese día no pudo terminar la segunda mamada porque su pequeño comenzó a llorar. Aunque seguimos platicando, esas oportunidades no se nos han presentado nuevamente.

Esvrito por ROW

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