Violada por culpa de mi hijo

Mi hijo Marc, con dieciocho años, decidió que no quería seguir estudiando su padre y yo, nos llevamos un gran disgusto. Los dos somos licenciados universitarios, mi marido se llama Mateo y es ingeniero y yo, Mary, odontóloga, y también empresaria, al disponer de mi propia clínica dental.

Quería trabajar, y ya había colaborado alguna vez en el bar de un amigo, por ello nos pidió ayuda para montar un pub y aunque nuestra reacción fue de rechazo, al principio, decidimos pagarle el traspaso de un local en el que estaba interesado.

En cosa de un mes estaba todo listo para su apertura. Las primeras semanas el pub iba como un cohete, pero poco a tiempo, el ambiente fue cambiando y dejó de agradarnos a Mateo y a mi. Hablamos con Marc, pero nos dijo que él no podía hacer nada para evitar que cierto público entrase en el bar, y que estaba abierto a todo el mundo.

Mateo y yo solíamos ir los fines de semana a tomar una copa, por ver como marchaba el negocio, y estar con él. Marc, había empezado más o menos en el momento de la apertura de su local una relación con Lucía, una chica que parecía agradable y dispuesta, y que ayudaba a nuestro hijo en el negocio. No obstante, el local permanecía siempre lleno, y con frecuencia, me tenía que meter detrás de la barra y ayudarle a servir alguna copa. Me gustaba hacerlo, era otra cosa distinta a mi trabajo, y me servía como ocio.

Las cosas siguieron de manera más o menos normal. Sólo que Marc decidió alquilar un apartamento cerca del pub, y empezamos a verle menos, aunque intentábamos mantener contacto telefónico diariamente, a parte de ir a visitarle al trabajo cuando podíamos.

Una noche nos llamó de madrugada y nos dijo que pasaría unos días fuera y que no nos preocupásemos, porque estaría bien y que si alguien nos preguntaba, debíamos decirle que no sabíamos nada de él. Y claro que no le podríamos decir nada a nadie, principalmente porque era cierto.

Nos asustamos porque no eran formas. Hicimos mil cábalas, que si había sido su novia y deseaba pasar unos días solos, si había tenido algún otro problema que no acertábamos a imaginar. El caso es que hicimos caso y le dimos esa muestra de confianza que nos había pedido. A partir de ese momento, no conseguimos que nos volviera a coger el teléfono.

Estábamos a miércoles y hacía ya cuatro días que habíamos hablado con Marc por última vez. Hacía calor, estábamos a 3 de junio, y al día siguiente era fiesta en nuestra localidad.

Nos habíamos quedado adormilados en el sofá cuando sonó el timbre de la puerta. Mateo se acercó, miró por el agujero de la mirilla, por la que vio dos hombres, uno de nuestra edad y otro bastante más joven. Al preguntar dijeron ser policías y venían a vernos en relación a nuestro hijo, mostrando una cartera con una placa.

Con los nervios, Mateo abrió enseguida la puerta sin observar que la placa que habían mostrado no se parecía en nada a la de la policía. Yo, también, extremadamente nerviosa, tampoco me di cuenta en ponerme una bata.

Al entrar nos apuntaron con una pistola. Dos de ellos la llevaban, y otros dos iban armados con cuchillos de grandes dimensiones. Intenté acercarme a mi marido, pero de inmediato nos separaron, nos amarraron con unas bridas, las manos en la espalda y los tobillos juntos.

  • Me llamo Stan. – Dijo presentándose el hombre más mayor del grupo y quien parecía el jefe. – Estos son mis chicos. Basi, Lesy y Tom. Da igual si son nuestros nombres reales o no, pero os servirá para referirnos a nosotros. Quiero que me digáis donde está vuestro hijo.

Al oír el nombre de Basi me quedé helada. Aunque le había visto en algún momento en el bar de Marc y su cara me resultaba familiar, no fue hasta que escuché el nombre. Basilio habías sido amigo de Marc durante su infancia, compañeros de colegio, pero después perdieron la amistad al cambiarle sus padres de centro educativo. Ahora era ya un hombre, aunque tenía aún rasgos de aquel niño que un día estuvo tan allegado a nosotros.

  • No sabemos nada de él desde el domingo. – Respondió Mateo. – Nos dijo que cerraría el pub unos días y se marchaba. Es todo lo que sabemos.

Mateo y yo nos miramos, a pesar de estar los dos fuertemente atados, nos hicimos gestos de no entender nada. Al temor de los hombres que habían invadido nuestra casa, se añadían dos cosas, que se hubiera fugado con algo de valor, que aún no sabíamos que era y que aquellos hombres, que parecían muy peligrosos, le estuvieran buscando.

  • Podría hacerme el duro ahora, pero estoy convencido que no sabéis nada de vuestro hijo. Sus mejores amigos tampoco saben nada de él. El problema es que me ha robado un paquete que vale mucho dinero. Tirando por lo bajo, 150.000 €.

  • Entonces…. Por qué han entrado de esta forma en nuestra casa, nos tienen atados y amenazados? Como les ha dicho mi marido no sabemos nada de Marc.

  • Porque alguien tiene que pagar por ello. Su hijo tiene que entender que no se juega con nosotros. Sabemos, que al menos, una vez al día, enciende su teléfono para ver su whatssap. Sólo está unos minutos. Le hemos llamado en ese momento pero no descuelga el teléfono y los mensajes, aunque los lee, tampoco los contesta.

No sabía que pensar. Miraba entre sollozos a mi marido, al que veía entre hundido por la actitud de nuestro hijo y preocupado por la situación.

  • Habéis visto a la mamá? Cuando nos ponía una copa en el bar de Marc iba muy recatada, con sus pantalones ceñidos, pero ahora está mucho más sexy.

Con los nervios, tensión y miedo de la situación que se había producido, no me había dado cuenta que seguía con el camisón, que era bastante escotado sólo sujeto por dos finos tirantes y por abajo dejaba al descubierto la mitad de mis muslos. No obstante , al estar atada, no podía hacer nada por evitarlo.

Intentaba hacer memoria sobre los chicos, y si, me resultaban familiares las caras, aunque no podría decir en qué momento los había atendido, pero era evidente que ellos si me conocían a mi.

Intenté apelar a su piedad, y a sabiendas, de como había dicho su jefe, intenté que se marcharan y nos dejaran en paz.

  • Si ya saben que no tenemos noticias de Marc, por qué no nos dejan en paz?

  • Porque hemos de darle una lección. – Respondió Stan de manera brusca.

  • Una lección? Con nosotros? Pero si no hemos hecho nada. – Dije indignada, pero temiendo que nos pudieran hacer algún daño.

  • Pero Marc tiene que saber que con nosotros no se juega. Chicos, vamos a hacer lo que hemos dicho. Cogedla y llevadla al sofá. – Ordenó mientras me daba una bofetada. – Esto sólo es para que sepáis que no bromeamos. – Dijo mirándonos.

Me agarraron entre dos de los jóvenes. Se sentaron los tres en el sofá, dejándome a mi, cabeza abajo, apretando la parte delantera de mi cuerpo contra los pantalones de los tres hombres.

Noté como empezaban a pasar sus manos por mi cuerpo según el lado donde se encontraban. Basi me acariciaba el pelo, Tom el trasero y Lesy las piernas.

  • Por favor, no¡¡¡ Parad¡¡¡¡ – Imploraba

  • Mary. Esto no es personal. Pero tenemos que dar una lección a Marc, y si él no está para hacerlo, con quien mejor que con sus padres? – Respondió el jefe

  • Lo siento mucho. Yo no quería estar aquí, pero trabajo para él. – Se justificó Basi en mi oído.

Mateo intentó protestar también, pero de inmediato me colocaron el cuchillo en la garganta y al él le golpearon para ordenarle callar.

  • Sólo hablarás cuando se te pregunte. De lo contrario le cortamos el cuello a tu mujercita. No estoy para tonterías.

Levantaron mi camisón hasta las caderas y comenzaron a sobar mi culo. Tom giró mi cabeza para ponerla delante de Stan, que iba a proceder a realizar unas fotos.

  • Las fotos se las vamos a enviar a tu hijo, para que tenga conciencia de que no se puede jugar con nosotros, ni mucho menos robarnos. Como te digo, no es personal, sólo te pasa eso por ser la madre de ese ladrón.

Llevaba una braga brasileña. Uno de ellos la movió dejando al descubierto mi ano. Intentó meter el dedo, pero al estar atada, y a mi esfuerzo por cerrar los glúteos. Aún así, debía tener las nalgas rojas de los azotes que recibí, entre las risas de ellos.

  • Muy bien. Ahora dadle la vuelta, ponedla mirando hacia arriba. La verdad es que está buena la condenada.

  • Dejadme en paz¡¡¡ – Grité. – Tan sólo consiguiendo que mi marido volviese a ser golpeado.

Al igual que antes, como un fardo, me dieron la vuelta y me situaron mirando hacia arriba. Llevaba el camisón subido, tal y como me lo habían dejado. Me sentía ridícula y humillada, pero aquello no había hecho más que empezar.

Tom comenzó a tocar mis pechos, y más concretamente los pezones. Mi reacción de rechazo, de miedo y vergüenza provocó que estos se pusieran muy duros.

  • Habéis visto qué duras se le han puesto las tetas?

  • Coño, igual es que le gusta – Respondió Lesy

Los dos chicos comprobaron lo que dijo Tom, incluso vino su jefe también a comprobarlo, dándome un fuerte pellizco a lo que respondí con un grito, contestando él con una bofetada y ordenándome silencio. A todo esto, iba notando como sus miembros se endurecían y se clavaban en mi cuerpo.

  • Mira putita. Si vuelves a gritar me cargo a tu marido. No estamos de broma. Ambos vais a obedecer y si alguno se pone tonto, las consecuencias las pagará el otro. Queda claro?

  • Hazle caso. Sólo pretende provocar a tu hijo. Le conozco bien y su palabra no la rompe, pero tampoco tiene problema en eliminar a quien sea. Obedeced, por favor, no quiero que os pase nada. – Volvió a decirme Basi al oído.

  • Por favor¡¡¡ Convence a tu jefe para que nos deje.. Conseguiremos el dinero¡¡ – Le respondí suplicante.

  • Lo siento. No puedo parar esto. Pero hazme caso. Haz lo que te diga.

Sólo podía moverme de arriba hacia abajo ligeramente e intentar desplazarme hacia un lado, pero tan sólo unos centímetros. No quería ver nada, pero una de las veces, al levantar la mirada, vi a mi marido que no quitaba ojo a lo que me estaban haciendo.

  • Por dios¡¡¡¡ No mires, por favor, no mires. – Dije para mis adentros.

Me mordía los labios y la lengua para no volver a gritar y que mi marido no pagase las consecuencias. Los jóvenes seguían jugando conmigo. Acariciaban todo mi cuerpo, mis pechos, mis caderas, mi sexo por encima de las bragas……. Me estiraban el escote para ver mis pechos. Basilio intentaba mantenerse al margen y apenas colaboraba con sus compañeros. Lo hacía Tom, y los otros se acercaban para verlo. Después Lesy, estiró mi braga para ver mi sexo. Stan, su jefe, también participaba de la diversión a mi costa. Todos miraron……

  • Mirad. Pensé que la madre de Marc era rubia natural, pero no. Resulta que es rubia de bote, y ya sabéis el refrán. Rubia de bote…….. chocho morenote. – Dijo entre risas.

  • Y el color de la ceja marca el de la almeja. Pero fijaos. El pelo del coño lo tiene negro como el azabache, y la ceja es un poco más clara, color castaño. Por cierto, lo tiene precioso, rectangular, perfectamente depilado y cortito,

Me sentía humillada ante los comentarios sobre mi parte más íntima y que todos lo mirasen. No podía entender cómo nuestro hijo había provocado esta situación, y cómo estábamos viviendo aquella situación tan degradante.

De nuevo me hicieron poner mirando a la cámara y Stan me tomó otra fotografía, con el camisón subido, mostrándome en bragas, y tumbada sobre los tres chicos.

  • Les. Deberías cortarle la brida del tobillo a la señora. No creo que esté cómoda y es mejor que pueda abrir y cerrar sus piernas.

Dije que no, pero en voz baja. Para mi, el desatarme las piernas, en ese momento era como si me hubieran quitado las bragas. Tenían vía libre para más cosas.

  • Mateo. Antes has querido proteger a tu querida esposa. Tienes mucha suerte de tener a una mujer así a tu disposición diariamente. Sólo tiene dos prendas, el camisón y las bragas. La hemos visto ligeramente todo, pero ahora te voy a dar dos opciones. Elegirás qué quieres que le quitemos primero, el camisón o las bragas.

  • No, no. – Respondí de inmediato.

Mi esposo no dijo nada. A esas alturas tenía claro lo que iba a suceder. No como, ni quienes, pero si que iban a abusar de mi. Mateo me miraba fijamente con la expresión perdida. Si me quitaban el camisón dejaría mis pechos al aire, y si eran las bragas, sería mi sexo.

  • A ver. Voy a repetírtelo de nuevo. Qué quieres que le quitemos? Camisón o bragas? O de otra forma, qué quieres que le veamos primero? Las tetas o el coño? Sus enormes domingas o su bonito chichi? Y te diré más, vas a responder o ya sabes….. – Dijo a la vez que volvió a darme una bofetada.

  • El camisón. – Respondió en bajo mi esposo y con la cabeza agachada.

  • Bien chicos, la mamá de Marc nos va a mostrar sus espléndidas domingas.

“Lesy” dirigió el cuchillo que empuñaba a uno de mis tirantes del camisón, y con un lento, pero afilado corte hizo que el cordón cayese hacia delante, después repitió el mismo acto con el otro tirante. Entre los otros dos chicos me levantaron, tiró de mi camisón, que sin resistencia, fue cayendo al suelo, dejándo mis pechos a la vista de todos.

  • A pesar que me lo habíais dicho, no pensaba que lo íbamos a pasar tan bien esta noche. Mary, eres preciosa. –Explicó el jefe.

Stand puso la radio, hasta encontrar una cadena en la que retransmitían música clásica. Lo hizo con un volumen más bien bajo, supongo que con la intención de no molestar a los vecinos y que ninguno llamase a la puerta. Los tres chicos me atosigaban. Siguiendo acariciando y pellizcando mis pechos, y sobando mi trasero.

  • Poneos detrás de ella. Os sacaré una foto para Marc. – Ordenó Stan a sus subordinados.- Pero antes quitaos un poco de ropa. En calzoncillos estaréis bien.

Todos los chicos eran muchos más altos que yo. Al menos me sacaban la cabeza y a Lesy le llegaba a la altura del antebrazo. Se burlaron mientras posábamos, tocándome los pechos e intentando meter sus manos entre mis bragas, amenazando con bajarlas.

  • Vamos a activarnos un poco. Por qué no bailáis con ella?

Aceptaron de buen grado. Tom fue el primero en hacerlo. Me abrazó fuerte. Mis pechos quedaron unidos a los suyos. Comenzó a tocar mi trasero, metiendo su mano por el interior de mi braga, rodeando el elástico. Lesy intentaba meter la mano entre mis piernas. Yo, aunque no podía abrazarle apretaba mi cuerpo contra el de Tom. Tapaba los pechos y era lo máximo que podía avanzar.

Cambiaron de posición, fue Lesy quien me abrazó y bailó conmigo. Ahora era Tom quien tocaba mis nalgas y Basi, siempre más frío que sus dos compañeros, el que se situaba detrás de mi, tocándome la espalda y el pelo. Yo no paraba de mover mis caderas ante los intentos, poco profundos de Lesy de bajarme las bragas. Sólo quería que me moviese, porque estando atada, no habrían tenido dificultad alguna de hacerlo.

Su compañero le dio el turno a Basi. A pesar de ser uno de los asaltantes me daba cierta confianza. Me aferré a él, quedando pegada a su cuerpo y así evitar los tocamientos de los otros dos jóvenes.

  • Basi. Hoy te veo muy formal y tímido. Creo que como conoces a Mary te da corte hacerle cositas. Pues te diré que me estoy enfadando, y si no colaboras como quiero puedo enfadarme, y lo pagará el maridito, después ella, y por último tú. Quiero que beses a la señora de forma apasionada, como una dama se merece.

Me aterrorizó pensar que pudieran hacer daño a Mateo. También, a pesar que era uno de los asaltantes, me daba pena por el joven, que intentaba calmarme en todo momento. Por eso, sin dudarlo, fui yo, quien de forma nerviosa y acelerada, acerqué mi boca a la suya. Empecé a besar sus labios y a meter la lengua en su boca.

  • Te tiene aprecio la dentista. Te besa para que no te pase nada. Deberías aprender de ella. Tú también debes protegerla. Además, se ve que tiene confianza contigo, así que vamos a hacer una cosa. – Ahora se refirió a mi. – Lesy y Tom van a bajarte las bragas, pero sólo cuando estés preparada y se lo digas a tu amiguito Basi. Por cierto… – Dijo ahora mirando a mi marido. – Deberías estar celoso de tu mujer con respecto al antiguo amigo de tu hijo.

  • No. Por favor¡¡¡ Eso no… – Respondí a sabiendas que mis súplicas no tendrían eco en Stan.

No tuve otra opción y dije en voz baja al chico que conocía que aceptaba. Se lo dije susurrando, aunque él se encargó de airearlo y decirlo en alto.

  • Ha dicho que si¡¡¡ Ha dicho que ya está preparada¡¡¡

Mi humillación era horrible. Estaba temblando y con los ojos llorosos. Me intenté aferrar a a su pecho, aunque con las manos en la espalda sólo podía acercarme y no estar tan próxima.

  • Abrázame, por favor¡¡¡¡ Abrázame. – Pedí a Basi de forma desesperada.

Mi cuerpo estaba muy pegado al suyo. Sentía las manos de los otros dos jóvenes que se acercaban por mi trasero y empezaban a jugar con mi braguita. Basilio me dio un fuerte abrazo rodeando mis hombros y juntando nuestras mejillas.

Temblorosa, junté las piernas a sabiendas que iba a quedar totalmente desnuda ante los dos hombres y su jefe. No contaba a mi marido y a Basi, a quien también consideraba una víctima, y al menos, a pesar de lo mal que lo pasaba, me hacía sentir mejor.

Noté como pasaron de tocar mi culo a las caderas donde estiraron mi braga y empezaron a bajarla lentamente. Mis músculos estaban agarrotados por el esfuerzo de mantener las rodillas lo más juntas posible. Sentí que mi prenda había llegado al tobillo y moví los pies para sacarla.

Dos manos se posaron sobre mis hombros e intentaron apartarme de mi protector. Intenté seguir aferrada a él pero eran más fuertes y me separaron, colocándome frontalmente en medio del salón.

Movía mis piernas, intentando inútilmente tapar mi sexo. Me miraban lascivamente. Sabía que ahora llegaría lo más fuerte, pero no podía adivinar. Salvo Basi, los otros tres hombres reían, y rodeaban.

  • Cómo se le marcan los labios a pesar de tener pelito en el chichi. Llevabais razón cuando decíais que estaba buena. – Dijo refiriéndose a sus vasallos. – Basi. Siempe presumes de lo bien que se lo pasan las tías a quienes les comes el coño. Ya que conoces a la mami, podrías mojarla un poco. Pero antes de eso, poneos junto a ella, creo que una foto con ella completamente desnuda y vosotros en boxers quedará muy bien para enviársela al hijo de puta de Marc. Ah, perdón por lo de hijo de puta, ya sé que usted no lo es. – Añadió entre risas. – Es usted muy decente. Lo sabemos y por eso nos gusta.

Negué con la cabeza, pero tampoco quería oponerme de manera rotunda para evitar que Mateo sufriera las consecuencias. Vi como el antiguo amigo de Marc se ponía colorado y pensé que se sentía tan humillado como yo, en aquella situación.

Antes de nada se situaron todos a mi lado, detrás de mi, para tenerme siempre de frente. Tomó varias fotos. Fueron sólo unos segundos. seguía con las manos atadas y entre Lesy y Tom me subieron a la mesa del salón.

Intenté apretar al máximo las rodillas pero entre Lesy y Tom me las separaron. Estaba tumbada en la mesa e intenté cerrar los ojos y echar la cara hacia un lado, intentando sentirme más protegida. Antes de empezar, Basi se acercó a mi oído.

  • Lo siento. Intentaré que sea lo más rápido posible.

Supongo que hoy, pensar en aquello, suena a tontería, pero me sentía más protegida estando ese chico allí, aunque hubiera sido uno de los asaltantes. Tal vez sufriera del síndrome de Estocolmo, pero era así.

Notaba su aliento en mi vagina justo antes que sintiera su lengua húmeda en ella. Empezó a rozar mi clítoris de arriba hacia abajo, haciendo cruces y círculos. Los otros dos chicos, con sus manos libres empezaron a acariciar y pellizcar mis pechos. Stand mientras, aprovechó a tomar otra foto, que enviarían a mi hijo.

Con sus dedos apartaba mis labios y llevaba su lengua hasta dentro. Estaba muy mojada, pero por la que me aplicaba su lengua, no porque saliese ningún líquido interno de mi sexo.

El joven paró. Tal y como me había prometido paró pronto y su jefe no le amenazó, ni le recriminó que hubiera tardado poco, pero la humillación continuó.

  • Basi. Creo que Mary no se va a escapar. Vas a soltarle las muñecas.

Al hacerlo sentí un fuerte dolor en los hombros y un hormigueo en las manos. Me incorporé ligeramente sobre la mesa y me froté los brazos. Sin darme tiempo a relajar los músculos, de nuevo Stand. Yo no me planteé escapar, temía sobre todo por mi marido.

  • Tom. Vas a follártela.

Me estremecí. Sabía que iba a pasar, pero no estaba preparada, no lo estaba. Lesy me echó hacia atrás y volví a quedar tumbada. Basi volvió a situarse detrás de mi. Me dio un beso en la mejilla y me agarró las manos, echándolas hacia atrás, pero sin soltármelas.

Tom separó mis piernas, mientras que el tercer chico se situó a un lado, a la altura de mis pechos y empezó a tocarme. Antes de empezar, Stan se colocó en el otro lado, se subió a una silla y me hizo una fotografía desde lo alto.

Comenzó a penetrarme. Sentí como de manera muy lenta, el enorme miembro del muchacho se introducía lentamente dentro de mi.

  • Dios¡¡¡ Cómo me gusta¡¡¡ Que mojadita me la has dejado.

  • No me sueltes, por favor, no me sueltes. – Supliqué a mi improvisado joven amigo.

  • Tranquila. No queda mucho. Aguanta un poco.

Le agarré las manos con mucha fuerza. Creo que le clavé las uñas. No era él quien me sujetaba a mi, si no que era yo quien le apretaba a él.

  • Habéis visto qué duras se le han puesto las tetas? – Preguntó Lesy, invitando a los demás.

  • Basi, estás muy pasivo. Comprueba que lo dice Lesy es verdad.

Basi intentó dirigirse a mis pechos pero yo le mantenía fuertemente agarrado. Sin demasiado esfuerzo soltó mis manos y se dirigió a los pechos, pellizcando los pezones, y comprobando por su cuenta, que efectivamente, el miedo y la tensión hacía que mis senos estuvieran en punta.

Tom se lanzó de nuevo sobre mi, Se abalanzó sobre mi pecho y me mordió el pecho derecho. De nuevo los chicos volvieron a su posición, Basi estirando mis brazos, agarrando mis manos que apreté muy fuerte de nuevo.

Noté la excitación del joven, sabiendo que eyacularía dentro de mi en cualquier momento. Sentí como mi vagina se llenaba de semen, y apenas se dieron tiempo, y fue Lesy quien cambió la posición con su compañero y sin mediar palabra, aún con mi vagina llena con el esperma de otro.

Inició el acto sexual sin cambiarme de posición. También estaba excitado. Empecé a escuchar el ruido del chapoteo sobre mi sexo, que aún guardaba todo el semen de Tom.

  • Basi. Eres muy pasivo. Venga. Que te la chupe María, que seguro que lo disfrutas.

  • Stan, tío. No la humilles más.

  • Me cago en la hostia¡¡¡ Te la follas por la boca o me los cargo y luego hablaremos tú y yo.

No quería más problemas. Había sido violada ya, y lo último que quería era que pasara algo más. Así que le solté una mano y con la otra le atraje hacia mi, y yo misma, le bajé el boxer y llevé su miembro a mi boca.

  • Así. Aguanta hasta que se corra Lesy. – Respondió el jefe mientras hacía otra foto.

Me mostraba totalmente sumisa, a su merced y haciendo lo que me pedían. No podía quedar mucho, o tal vez si, pero sabía que todos querrían su trozo de pastel, que era yo.

Basi me tenía agarrada por la cabeza, pero no tenía que realizar ningún movimiento, si no que era yo quien realizaba la felación con miedo a que pasara algo más. Nunca había estado con dos hombres a la vez, en realidad, sólo había estado con mi marido y una pareja anterior, y las sensaciones que percibían me hacían sentir extraña.

No tuve que esperar mucho, ya que Lesy estaba muy caliente y enseguida volvió a llenar de esperma mi sexo. Basy se separó también, al ver que su compañero había terminado.

Quedé tumbada sobre la mesa, exhausta y llorando en silencio. Pensé que todo había terminado, pero aún quedaba algo más, tal vez la parte más humillante.

  • Vamos a hacer un último juego y terminamos contigo, preciosa. Vas a desnudar a tu marido de cintura para abajo, le vas a comer la polla y para que no te aburras, tu querido Basi, te dará por culo.

Basi no dijo nada, sólo bajó la cabeza. Mi marido mantenía el rostro serio, pero no decía nada, su mirada estaba fija en mi.

Entre los dos chicos le levantaron de la silla y yo procedí a bajarle el pijama y sus calzoncillos. Oí y supe por los movimientos que percibía, a pesar de estar a mi espalda que Basi se estaba desnudando también.

Chupé el miembro de mi marido, que aún estaba flácido, a la espera que Basi atravesase mi ano. No quería que con el dolor le pudiera morder. Con la primera penetración me hizo daño, aunque sentí que su pene no era extremadamente grande por lo que sentí alivio.

  • Quiero que os corráis los dos. Tú por el culo y tú con su boca.

Me esforcé en mi esposo. Empecé a notar que Basi me acariciaba. Tocaba mi espalda y llevaba sus manos a mi sexo y a mis pechos. Mis sensaciones ahora eran contrapuestas. Notaba como el joven estaba disfrutando de mi.

Sabía lo que tenía que hacer para que mi marido llegase en mi boca, le conocía bien, y no tuve problema. Lo hice rápido para que terminase lo antes posible.

Mi boca se había llenado de semen, aunque no solía eyacular en mi boca, esta vez no quise problemas con los asaltantes y dejé que Basi siguiese. Yo seguía con mis manos apoyadas en las rodillas de mi marido y el joven, continuaba acariciándome por todos lados, mientras intentaba soportar el dolor de la penetración anal.

El joven decidió terminar fuera de mis nalgas, y noté como mi rabadilla se mojaba. Cuando acabó me dio un fuerte cachete, algo que me molestó viniendo de él.

  • Basi. Me ha gustado mucho tu idea de hacer de poli bueno. Dijo Stan.

  • Si. Era lo mejor. Así la tendríamos controlada. Por cierto, Mary, estás buenísima y he disfrutado mucho contigo esta noche.

Comprendí que había sido un montaje para que fuese más dócil con ellos. Ese niñato me había utilizado haciéndose pasar por mi amigo.

  • Por supuesto, sé que no vais a denunciar esto. Porque si denunciáis, vuestro hijo, que va a aparecer cuando vea las fotos que le acabo de enviar, lo va a pasar muy mal. Me sigue debiendo 150.000 euros y esto que ha pasado esta noche, además de un aviso para Marc, es el pago de los intereses.

Basi se acercó a darme un beso en la mejilla con una sonrisa burlona, pero le aparté de un empujón ante las risas de los demás.

Bueno, sólo tenéis que mirar el móvil, y cuando veáis que Marc se ha conectado, es que habrá recibido las fotografías tan sexys de su mamá.

  • Nos vamos. Lo hemos pasado tan bien que no sé si quiero que pague Marc. Jajajaja. – Dijo Basi mientras abrían la puerta.

Nos quedamos solos Mateo y yo. Le desaté, pero no sabíamos qué decir. Me puse una bata y nos fuimos al sofá. Nuestro hijo estaba en un gran lío.

Mi hijo Marc, con dieciocho años, decidió que no quería seguir estudiando su padre y yo, nos llevamos un gran disgusto. Los dos somos licenciados universitarios, mi marido se llama Mateo y es ingeniero y yo, Mary, odontóloga, y también empresaria, al disponer de mi propia clínica dental.

Quería trabajar, y ya había colaborado alguna vez en el bar de un amigo, por ello nos pidió ayuda para montar un pub y aunque nuestra reacción fue de rechazo, al principio, decidimos pagarle el traspaso de un local en el que estaba interesado.

En cosa de un mes estaba todo listo para su apertura. Las primeras semanas el pub iba como un cohete, pero poco a tiempo, el ambiente fue cambiando y dejó de agradarnos a Mateo y a mi. Hablamos con Marc, pero nos dijo que él no podía hacer nada para evitar que cierto público entrase en el bar, y que estaba abierto a todo el mundo.

Mateo y yo solíamos ir los fines de semana a tomar una copa, por ver como marchaba el negocio, y estar con él. Marc, había empezado más o menos en el momento de la apertura de su local una relación con Lucía, una chica que parecía agradable y dispuesta, y que ayudaba a nuestro hijo en el negocio. No obstante, el local permanecía siempre lleno, y con frecuencia, me tenía que meter detrás de la barra y ayudarle a servir alguna copa. Me gustaba hacerlo, era otra cosa distinta a mi trabajo, y me servía como ocio.

Las cosas siguieron de manera más o menos normal. Sólo que Marc decidió alquilar un apartamento cerca del pub, y empezamos a verle menos, aunque intentábamos mantener contacto telefónico diariamente, a parte de ir a visitarle al trabajo cuando podíamos.

Una noche nos llamó de madrugada y nos dijo que pasaría unos días fuera y que no nos preocupásemos, porque estaría bien y que si alguien nos preguntaba, debíamos decirle que no sabíamos nada de él. Y claro que no le podríamos decir nada a nadie, principalmente porque era cierto.

Nos asustamos porque no eran formas. Hicimos mil cábalas, que si había sido su novia y deseaba pasar unos días solos, si había tenido algún otro problema que no acertábamos a imaginar. El caso es que hicimos caso y le dimos esa muestra de confianza que nos había pedido. A partir de ese momento, no conseguimos que nos volviera a coger el teléfono.

Estábamos a miércoles y hacía ya cuatro días que habíamos hablado con Marc por última vez. Hacía calor, estábamos a 3 de junio, y al día siguiente era fiesta en nuestra localidad.

Nos habíamos quedado adormilados en el sofá cuando sonó el timbre de la puerta. Mateo se acercó, miró por el agujero de la mirilla, por la que vio dos hombres, uno de nuestra edad y otro bastante más joven. Al preguntar dijeron ser policías y venían a vernos en relación a nuestro hijo, mostrando una cartera con una placa.

Con los nervios, Mateo abrió enseguida la puerta sin observar que la placa que habían mostrado no se parecía en nada a la de la policía. Yo, también, extremadamente nerviosa, tampoco me di cuenta en ponerme una bata.

Al entrar nos apuntaron con una pistola. Dos de ellos la llevaban, y otros dos iban armados con cuchillos de grandes dimensiones. Intenté acercarme a mi marido, pero de inmediato nos separaron, nos amarraron con unas bridas, las manos en la espalda y los tobillos juntos.

  • Me llamo Stan. – Dijo presentándose el hombre más mayor del grupo y quien parecía el jefe. – Estos son mis chicos. Basi, Lesy y Tom. Da igual si son nuestros nombres reales o no, pero os servirá para referirnos a nosotros. Quiero que me digáis donde está vuestro hijo.

Al oír el nombre de Basi me quedé helada. Aunque le había visto en algún momento en el bar de Marc y su cara me resultaba familiar, no fue hasta que escuché el nombre. Basilio habías sido amigo de Marc durante su infancia, compañeros de colegio, pero después perdieron la amistad al cambiarle sus padres de centro educativo. Ahora era ya un hombre, aunque tenía aún rasgos de aquel niño que un día estuvo tan allegado a nosotros.

  • No sabemos nada de él desde el domingo. – Respondió Mateo. – Nos dijo que cerraría el pub unos días y se marchaba. Es todo lo que sabemos.

Mateo y yo nos miramos, a pesar de estar los dos fuertemente atados, nos hicimos gestos de no entender nada. Al temor de los hombres que habían invadido nuestra casa, se añadían dos cosas, que se hubiera fugado con algo de valor, que aún no sabíamos que era y que aquellos hombres, que parecían muy peligrosos, le estuvieran buscando.

  • Podría hacerme el duro ahora, pero estoy convencido que no sabéis nada de vuestro hijo. Sus mejores amigos tampoco saben nada de él. El problema es que me ha robado un paquete que vale mucho dinero. Tirando por lo bajo, 150.000 €.

  • Entonces…. Por qué han entrado de esta forma en nuestra casa, nos tienen atados y amenazados? Como les ha dicho mi marido no sabemos nada de Marc.

  • Porque alguien tiene que pagar por ello. Su hijo tiene que entender que no se juega con nosotros. Sabemos, que al menos, una vez al día, enciende su teléfono para ver su whatssap. Sólo está unos minutos. Le hemos llamado en ese momento pero no descuelga el teléfono y los mensajes, aunque los lee, tampoco los contesta.

No sabía que pensar. Miraba entre sollozos a mi marido, al que veía entre hundido por la actitud de nuestro hijo y preocupado por la situación.

  • Habéis visto a la mamá? Cuando nos ponía una copa en el bar de Marc iba muy recatada, con sus pantalones ceñidos, pero ahora está mucho más sexy.

Con los nervios, tensión y miedo de la situación que se había producido, no me había dado cuenta que seguía con el camisón, que era bastante escotado sólo sujeto por dos finos tirantes y por abajo dejaba al descubierto la mitad de mis muslos. No obstante , al estar atada, no podía hacer nada por evitarlo.

Intentaba hacer memoria sobre los chicos, y si, me resultaban familiares las caras, aunque no podría decir en qué momento los había atendido, pero era evidente que ellos si me conocían a mi.

Intenté apelar a su piedad, y a sabiendas, de como había dicho su jefe, intenté que se marcharan y nos dejaran en paz.

  • Si ya saben que no tenemos noticias de Marc, por qué no nos dejan en paz?

  • Porque hemos de darle una lección. – Respondió Stan de manera brusca.

  • Una lección? Con nosotros? Pero si no hemos hecho nada. – Dije indignada, pero temiendo que nos pudieran hacer algún daño.

  • Pero Marc tiene que saber que con nosotros no se juega. Chicos, vamos a hacer lo que hemos dicho. Cogedla y llevadla al sofá. – Ordenó mientras me daba una bofetada. – Esto sólo es para que sepáis que no bromeamos. – Dijo mirándonos.

Me agarraron entre dos de los jóvenes. Se sentaron los tres en el sofá, dejándome a mi, cabeza abajo, apretando la parte delantera de mi cuerpo contra los pantalones de los tres hombres.

Noté como empezaban a pasar sus manos por mi cuerpo según el lado donde se encontraban. Basi me acariciaba el pelo, Tom el trasero y Lesy las piernas.

  • Por favor, no¡¡¡ Parad¡¡¡¡ – Imploraba

  • Mary. Esto no es personal. Pero tenemos que dar una lección a Marc, y si él no está para hacerlo, con quien mejor que con sus padres? – Respondió el jefe

  • Lo siento mucho. Yo no quería estar aquí, pero trabajo para él. – Se justificó Basi en mi oído.

Mateo intentó protestar también, pero de inmediato me colocaron el cuchillo en la garganta y al él le golpearon para ordenarle callar.

  • Sólo hablarás cuando se te pregunte. De lo contrario le cortamos el cuello a tu mujercita. No estoy para tonterías.

Levantaron mi camisón hasta las caderas y comenzaron a sobar mi culo. Tom giró mi cabeza para ponerla delante de Stan, que iba a proceder a realizar unas fotos.

  • Las fotos se las vamos a enviar a tu hijo, para que tenga conciencia de que no se puede jugar con nosotros, ni mucho menos robarnos. Como te digo, no es personal, sólo te pasa eso por ser la madre de ese ladrón.

Llevaba una braga brasileña. Uno de ellos la movió dejando al descubierto mi ano. Intentó meter el dedo, pero al estar atada, y a mi esfuerzo por cerrar los glúteos. Aún así, debía tener las nalgas rojas de los azotes que recibí, entre las risas de ellos.

  • Muy bien. Ahora dadle la vuelta, ponedla mirando hacia arriba. La verdad es que está buena la condenada.

  • Dejadme en paz¡¡¡ – Grité. – Tan sólo consiguiendo que mi marido volviese a ser golpeado.

Al igual que antes, como un fardo, me dieron la vuelta y me situaron mirando hacia arriba. Llevaba el camisón subido, tal y como me lo habían dejado. Me sentía ridícula y humillada, pero aquello no había hecho más que empezar.

Tom comenzó a tocar mis pechos, y más concretamente los pezones. Mi reacción de rechazo, de miedo y vergüenza provocó que estos se pusieran muy duros.

  • Habéis visto qué duras se le han puesto las tetas?

  • Coño, igual es que le gusta – Respondió Lesy

Los dos chicos comprobaron lo que dijo Tom, incluso vino su jefe también a comprobarlo, dándome un fuerte pellizco a lo que respondí con un grito, contestando él con una bofetada y ordenándome silencio. A todo esto, iba notando como sus miembros se endurecían y se clavaban en mi cuerpo.

  • Mira putita. Si vuelves a gritar me cargo a tu marido. No estamos de broma. Ambos vais a obedecer y si alguno se pone tonto, las consecuencias las pagará el otro. Queda claro?

  • Hazle caso. Sólo pretende provocar a tu hijo. Le conozco bien y su palabra no la rompe, pero tampoco tiene problema en eliminar a quien sea. Obedeced, por favor, no quiero que os pase nada. – Volvió a decirme Basi al oído.

  • Por favor¡¡¡ Convence a tu jefe para que nos deje.. Conseguiremos el dinero¡¡ – Le respondí suplicante.

  • Lo siento. No puedo parar esto. Pero hazme caso. Haz lo que te diga.

Sólo podía moverme de arriba hacia abajo ligeramente e intentar desplazarme hacia un lado, pero tan sólo unos centímetros. No quería ver nada, pero una de las veces, al levantar la mirada, vi a mi marido que no quitaba ojo a lo que me estaban haciendo.

  • Por dios¡¡¡¡ No mires, por favor, no mires. – Dije para mis adentros.

Me mordía los labios y la lengua para no volver a gritar y que mi marido no pagase las consecuencias. Los jóvenes seguían jugando conmigo. Acariciaban todo mi cuerpo, mis pechos, mis caderas, mi sexo por encima de las bragas……. Me estiraban el escote para ver mis pechos. Basilio intentaba mantenerse al margen y apenas colaboraba con sus compañeros. Lo hacía Tom, y los otros se acercaban para verlo. Después Lesy, estiró mi braga para ver mi sexo. Stan, su jefe, también participaba de la diversión a mi costa. Todos miraron……

  • Mirad. Pensé que la madre de Marc era rubia natural, pero no. Resulta que es rubia de bote, y ya sabéis el refrán. Rubia de bote…….. chocho morenote. – Dijo entre risas.

  • Y el color de la ceja marca el de la almeja. Pero fijaos. El pelo del coño lo tiene negro como el azabache, y la ceja es un poco más clara, color castaño. Por cierto, lo tiene precioso, rectangular, perfectamente depilado y cortito,

Me sentía humillada ante los comentarios sobre mi parte más íntima y que todos lo mirasen. No podía entender cómo nuestro hijo había provocado esta situación, y cómo estábamos viviendo aquella situación tan degradante.

De nuevo me hicieron poner mirando a la cámara y Stan me tomó otra fotografía, con el camisón subido, mostrándome en bragas, y tumbada sobre los tres chicos.

  • Les. Deberías cortarle la brida del tobillo a la señora. No creo que esté cómoda y es mejor que pueda abrir y cerrar sus piernas.

Dije que no, pero en voz baja. Para mi, el desatarme las piernas, en ese momento era como si me hubieran quitado las bragas. Tenían vía libre para más cosas.

  • Mateo. Antes has querido proteger a tu querida esposa. Tienes mucha suerte de tener a una mujer así a tu disposición diariamente. Sólo tiene dos prendas, el camisón y las bragas. La hemos visto ligeramente todo, pero ahora te voy a dar dos opciones. Elegirás qué quieres que le quitemos primero, el camisón o las bragas.

  • No, no. – Respondí de inmediato.

Mi esposo no dijo nada. A esas alturas tenía claro lo que iba a suceder. No como, ni quienes, pero si que iban a abusar de mi. Mateo me miraba fijamente con la expresión perdida. Si me quitaban el camisón dejaría mis pechos al aire, y si eran las bragas, sería mi sexo.

  • A ver. Voy a repetírtelo de nuevo. Qué quieres que le quitemos? Camisón o bragas? O de otra forma, qué quieres que le veamos primero? Las tetas o el coño? Sus enormes domingas o su bonito chichi? Y te diré más, vas a responder o ya sabes….. – Dijo a la vez que volvió a darme una bofetada.

  • El camisón. – Respondió en bajo mi esposo y con la cabeza agachada.

  • Bien chicos, la mamá de Marc nos va a mostrar sus espléndidas domingas.

“Lesy” dirigió el cuchillo que empuñaba a uno de mis tirantes del camisón, y con un lento, pero afilado corte hizo que el cordón cayese hacia delante, después repitió el mismo acto con el otro tirante. Entre los otros dos chicos me levantaron, tiró de mi camisón, que sin resistencia, fue cayendo al suelo, dejándo mis pechos a la vista de todos.

  • A pesar que me lo habíais dicho, no pensaba que lo íbamos a pasar tan bien esta noche. Mary, eres preciosa. –Explicó el jefe.

Stand puso la radio, hasta encontrar una cadena en la que retransmitían música clásica. Lo hizo con un volumen más bien bajo, supongo que con la intención de no molestar a los vecinos y que ninguno llamase a la puerta. Los tres chicos me atosigaban. Siguiendo acariciando y pellizcando mis pechos, y sobando mi trasero.

  • Poneos detrás de ella. Os sacaré una foto para Marc. – Ordenó Stan a sus subordinados.- Pero antes quitaos un poco de ropa. En calzoncillos estaréis bien.

Todos los chicos eran muchos más altos que yo. Al menos me sacaban la cabeza y a Lesy le llegaba a la altura del antebrazo. Se burlaron mientras posábamos, tocándome los pechos e intentando meter sus manos entre mis bragas, amenazando con bajarlas.

  • Vamos a activarnos un poco. Por qué no bailáis con ella?

Aceptaron de buen grado. Tom fue el primero en hacerlo. Me abrazó fuerte. Mis pechos quedaron unidos a los suyos. Comenzó a tocar mi trasero, metiendo su mano por el interior de mi braga, rodeando el elástico. Lesy intentaba meter la mano entre mis piernas. Yo, aunque no podía abrazarle apretaba mi cuerpo contra el de Tom. Tapaba los pechos y era lo máximo que podía avanzar.

Cambiaron de posición, fue Lesy quien me abrazó y bailó conmigo. Ahora era Tom quien tocaba mis nalgas y Basi, siempre más frío que sus dos compañeros, el que se situaba detrás de mi, tocándome la espalda y el pelo. Yo no paraba de mover mis caderas ante los intentos, poco profundos de Lesy de bajarme las bragas. Sólo quería que me moviese, porque estando atada, no habrían tenido dificultad alguna de hacerlo.

Su compañero le dio el turno a Basi. A pesar de ser uno de los asaltantes me daba cierta confianza. Me aferré a él, quedando pegada a su cuerpo y así evitar los tocamientos de los otros dos jóvenes.

  • Basi. Hoy te veo muy formal y tímido. Creo que como conoces a Mary te da corte hacerle cositas. Pues te diré que me estoy enfadando, y si no colaboras como quiero puedo enfadarme, y lo pagará el maridito, después ella, y por último tú. Quiero que beses a la señora de forma apasionada, como una dama se merece.

Me aterrorizó pensar que pudieran hacer daño a Mateo. También, a pesar que era uno de los asaltantes, me daba pena por el joven, que intentaba calmarme en todo momento. Por eso, sin dudarlo, fui yo, quien de forma nerviosa y acelerada, acerqué mi boca a la suya. Empecé a besar sus labios y a meter la lengua en su boca.

  • Te tiene aprecio la dentista. Te besa para que no te pase nada. Deberías aprender de ella. Tú también debes protegerla. Además, se ve que tiene confianza contigo, así que vamos a hacer una cosa. – Ahora se refirió a mi. – Lesy y Tom van a bajarte las bragas, pero sólo cuando estés preparada y se lo digas a tu amiguito Basi. Por cierto… – Dijo ahora mirando a mi marido. – Deberías estar celoso de tu mujer con respecto al antiguo amigo de tu hijo.

  • No. Por favor¡¡¡ Eso no… – Respondí a sabiendas que mis súplicas no tendrían eco en Stan.

No tuve otra opción y dije en voz baja al chico que conocía que aceptaba. Se lo dije susurrando, aunque él se encargó de airearlo y decirlo en alto.

  • Ha dicho que si¡¡¡ Ha dicho que ya está preparada¡¡¡

Mi humillación era horrible. Estaba temblando y con los ojos llorosos. Me intenté aferrar a a su pecho, aunque con las manos en la espalda sólo podía acercarme y no estar tan próxima.

  • Abrázame, por favor¡¡¡¡ Abrázame. – Pedí a Basi de forma desesperada.

Mi cuerpo estaba muy pegado al suyo. Sentía las manos de los otros dos jóvenes que se acercaban por mi trasero y empezaban a jugar con mi braguita. Basilio me dio un fuerte abrazo rodeando mis hombros y juntando nuestras mejillas.

Temblorosa, junté las piernas a sabiendas que iba a quedar totalmente desnuda ante los dos hombres y su jefe. No contaba a mi marido y a Basi, a quien también consideraba una víctima, y al menos, a pesar de lo mal que lo pasaba, me hacía sentir mejor.

Noté como pasaron de tocar mi culo a las caderas donde estiraron mi braga y empezaron a bajarla lentamente. Mis músculos estaban agarrotados por el esfuerzo de mantener las rodillas lo más juntas posible. Sentí que mi prenda había llegado al tobillo y moví los pies para sacarla.

Dos manos se posaron sobre mis hombros e intentaron apartarme de mi protector. Intenté seguir aferrada a él pero eran más fuertes y me separaron, colocándome frontalmente en medio del salón.

Movía mis piernas, intentando inútilmente tapar mi sexo. Me miraban lascivamente. Sabía que ahora llegaría lo más fuerte, pero no podía adivinar. Salvo Basi, los otros tres hombres reían, y rodeaban.

  • Cómo se le marcan los labios a pesar de tener pelito en el chichi. Llevabais razón cuando decíais que estaba buena. – Dijo refiriéndose a sus vasallos. – Basi. Siempe presumes de lo bien que se lo pasan las tías a quienes les comes el coño. Ya que conoces a la mami, podrías mojarla un poco. Pero antes de eso, poneos junto a ella, creo que una foto con ella completamente desnuda y vosotros en boxers quedará muy bien para enviársela al hijo de puta de Marc. Ah, perdón por lo de hijo de puta, ya sé que usted no lo es. – Añadió entre risas. – Es usted muy decente. Lo sabemos y por eso nos gusta.

Negué con la cabeza, pero tampoco quería oponerme de manera rotunda para evitar que Mateo sufriera las consecuencias. Vi como el antiguo amigo de Marc se ponía colorado y pensé que se sentía tan humillado como yo, en aquella situación.

Antes de nada se situaron todos a mi lado, detrás de mi, para tenerme siempre de frente. Tomó varias fotos. Fueron sólo unos segundos. seguía con las manos atadas y entre Lesy y Tom me subieron a la mesa del salón.

Intenté apretar al máximo las rodillas pero entre Lesy y Tom me las separaron. Estaba tumbada en la mesa e intenté cerrar los ojos y echar la cara hacia un lado, intentando sentirme más protegida. Antes de empezar, Basi se acercó a mi oído.

  • Lo siento. Intentaré que sea lo más rápido posible.

Supongo que hoy, pensar en aquello, suena a tontería, pero me sentía más protegida estando ese chico allí, aunque hubiera sido uno de los asaltantes. Tal vez sufriera del síndrome de Estocolmo, pero era así.

Notaba su aliento en mi vagina justo antes que sintiera su lengua húmeda en ella. Empezó a rozar mi clítoris de arriba hacia abajo, haciendo cruces y círculos. Los otros dos chicos, con sus manos libres empezaron a acariciar y pellizcar mis pechos. Stand mientras, aprovechó a tomar otra foto, que enviarían a mi hijo.

Con sus dedos apartaba mis labios y llevaba su lengua hasta dentro. Estaba muy mojada, pero por la que me aplicaba su lengua, no porque saliese ningún líquido interno de mi sexo.

El joven paró. Tal y como me había prometido paró pronto y su jefe no le amenazó, ni le recriminó que hubiera tardado poco, pero la humillación continuó.

  • Basi. Creo que Mary no se va a escapar. Vas a soltarle las muñecas.

Al hacerlo sentí un fuerte dolor en los hombros y un hormigueo en las manos. Me incorporé ligeramente sobre la mesa y me froté los brazos. Sin darme tiempo a relajar los músculos, de nuevo Stand. Yo no me planteé escapar, temía sobre todo por mi marido.

  • Tom. Vas a follártela.

Me estremecí. Sabía que iba a pasar, pero no estaba preparada, no lo estaba. Lesy me echó hacia atrás y volví a quedar tumbada. Basi volvió a situarse detrás de mi. Me dio un beso en la mejilla y me agarró las manos, echándolas hacia atrás, pero sin soltármelas.

Tom separó mis piernas, mientras que el tercer chico se situó a un lado, a la altura de mis pechos y empezó a tocarme. Antes de empezar, Stan se colocó en el otro lado, se subió a una silla y me hizo una fotografía desde lo alto.

Comenzó a penetrarme. Sentí como de manera muy lenta, el enorme miembro del muchacho se introducía lentamente dentro de mi.

  • Dios¡¡¡ Cómo me gusta¡¡¡ Que mojadita me la has dejado.

  • No me sueltes, por favor, no me sueltes. – Supliqué a mi improvisado joven amigo.

  • Tranquila. No queda mucho. Aguanta un poco.

Le agarré las manos con mucha fuerza. Creo que le clavé las uñas. No era él quien me sujetaba a mi, si no que era yo quien le apretaba a él.

  • Habéis visto qué duras se le han puesto las tetas? – Preguntó Lesy, invitando a los demás.

  • Basi, estás muy pasivo. Comprueba que lo dice Lesy es verdad.

Basi intentó dirigirse a mis pechos pero yo le mantenía fuertemente agarrado. Sin demasiado esfuerzo soltó mis manos y se dirigió a los pechos, pellizcando los pezones, y comprobando por su cuenta, que efectivamente, el miedo y la tensión hacía que mis senos estuvieran en punta.

Tom se lanzó de nuevo sobre mi, Se abalanzó sobre mi pecho y me mordió el pecho derecho. De nuevo los chicos volvieron a su posición, Basi estirando mis brazos, agarrando mis manos que apreté muy fuerte de nuevo.

Noté la excitación del joven, sabiendo que eyacularía dentro de mi en cualquier momento. Sentí como mi vagina se llenaba de semen, y apenas se dieron tiempo, y fue Lesy quien cambió la posición con su compañero y sin mediar palabra, aún con mi vagina llena con el esperma de otro.

Inició el acto sexual sin cambiarme de posición. También estaba excitado. Empecé a escuchar el ruido del chapoteo sobre mi sexo, que aún guardaba todo el semen de Tom.

  • Basi. Eres muy pasivo. Venga. Que te la chupe María, que seguro que lo disfrutas.

  • Stan, tío. No la humilles más.

  • Me cago en la hostia¡¡¡ Te la follas por la boca o me los cargo y luego hablaremos tú y yo.

No quería más problemas. Había sido violada ya, y lo último que quería era que pasara algo más. Así que le solté una mano y con la otra le atraje hacia mi, y yo misma, le bajé el boxer y llevé su miembro a mi boca.

  • Así. Aguanta hasta que se corra Lesy. – Respondió el jefe mientras hacía otra foto.

Me mostraba totalmente sumisa, a su merced y haciendo lo que me pedían. No podía quedar mucho, o tal vez si, pero sabía que todos querrían su trozo de pastel, que era yo.

Basi me tenía agarrada por la cabeza, pero no tenía que realizar ningún movimiento, si no que era yo quien realizaba la felación con miedo a que pasara algo más. Nunca había estado con dos hombres a la vez, en realidad, sólo había estado con mi marido y una pareja anterior, y las sensaciones que percibían me hacían sentir extraña.

No tuve que esperar mucho, ya que Lesy estaba muy caliente y enseguida volvió a llenar de esperma mi sexo. Basy se separó también, al ver que su compañero había terminado.

Quedé tumbada sobre la mesa, exhausta y llorando en silencio. Pensé que todo había terminado, pero aún quedaba algo más, tal vez la parte más humillante.

  • Vamos a hacer un último juego y terminamos contigo, preciosa. Vas a desnudar a tu marido de cintura para abajo, le vas a comer la polla y para que no te aburras, tu querido Basi, te dará por culo.

Basi no dijo nada, sólo bajó la cabeza. Mi marido mantenía el rostro serio, pero no decía nada, su mirada estaba fija en mi.

Entre los dos chicos le levantaron de la silla y yo procedí a bajarle el pijama y sus calzoncillos. Oí y supe por los movimientos que percibía, a pesar de estar a mi espalda que Basi se estaba desnudando también.

Chupé el miembro de mi marido, que aún estaba flácido, a la espera que Basi atravesase mi ano. No quería que con el dolor le pudiera morder. Con la primera penetración me hizo daño, aunque sentí que su pene no era extremadamente grande por lo que sentí alivio.

  • Quiero que os corráis los dos. Tú por el culo y tú con su boca.

Me esforcé en mi esposo. Empecé a notar que Basi me acariciaba. Tocaba mi espalda y llevaba sus manos a mi sexo y a mis pechos. Mis sensaciones ahora eran contrapuestas. Notaba como el joven estaba disfrutando de mi.

Sabía lo que tenía que hacer para que mi marido llegase en mi boca, le conocía bien, y no tuve problema. Lo hice rápido para que terminase lo antes posible.

Mi boca se había llenado de semen, aunque no solía eyacular en mi boca, esta vez no quise problemas con los asaltantes y dejé que Basi siguiese. Yo seguía con mis manos apoyadas en las rodillas de mi marido y el joven, continuaba acariciándome por todos lados, mientras intentaba soportar el dolor de la penetración anal.

El joven decidió terminar fuera de mis nalgas, y noté como mi rabadilla se mojaba. Cuando acabó me dio un fuerte cachete, algo que me molestó viniendo de él.

  • Basi. Me ha gustado mucho tu idea de hacer de poli bueno. Dijo Stan.

  • Si. Era lo mejor. Así la tendríamos controlada. Por cierto, Mary, estás buenísima y he disfrutado mucho contigo esta noche.

Comprendí que había sido un montaje para que fuese más dócil con ellos. Ese niñato me había utilizado haciéndose pasar por mi amigo.

  • Por supuesto, sé que no vais a denunciar esto. Porque si denunciáis, vuestro hijo, que va a aparecer cuando vea las fotos que le acabo de enviar, lo va a pasar muy mal. Me sigue debiendo 150.000 euros y esto que ha pasado esta noche, además de un aviso para Marc, es el pago de los intereses.

Basi se acercó a darme un beso en la mejilla con una sonrisa burlona, pero le aparté de un empujón ante las risas de los demás.

Bueno, sólo tenéis que mirar el móvil, y cuando veáis que Marc se ha conectado, es que habrá recibido las fotografías tan sexys de su mamá.

  • Nos vamos. Lo hemos pasado tan bien que no sé si quiero que pague Marc. Jajajaja. – Dijo Basi mientras abrían la puerta.

Nos quedamos solos Mateo y yo. Le desaté, pero no sabíamos qué decir. Me puse una bata y nos fuimos al sofá. Nuestro hijo estaba en un gran lío.

isabelcan

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