Le hice un favor a mi cuñada-2

El primer encuentro sexual con mi cuñada había sido apoteósico. Después de saciar el hambre de verga atrasada que traía, a petición suya, se quedó a dormir conmigo en mi casa, cayendo ambos rápidamente en un profundo sueño debido al intenso desfogue de sexo que habíamos tenido.

Estando en tan relajado estado, algo me despertó. En pleno mes de julio y viviendo en la playa, no solía despertarme antes de las diez de la mañana. Sin embargo, ese día, ya tenía los ojos abiertos antes de las ocho.

De repente, noté algo en mi pene y al dirigir la vista hacia él pude comprobar que eran los labios de mi cuñada que me estaba haciendo una magistral mamada.

  • Joder, Elisabeth. ¿Ya tienes ganas? ¿Tan temprano?

  • El desayuno, cuñadito. Tienes que ser un buen anfitrión.

Y siguió realizando la felación con la maestría que la noche precedente me había demostrado. Se la tragaba, movía la cabeza adelante y atrás, como si su boca fuese un coño hambriento y al mismo tiempo hacía una fuerte succión mientras con la mano me pajeaba vigorosamente. Yo estaba en la gloria y si seguía así no iba a tardar ni diez minutos en correrme.

  • ¡Oh, Elisabeth! ¡Qué bien lo haces! -no pude menos que exclamar-. Si continuas insistiendo te voy a soltar la leche en cualquier momento.

Noté que me venía, que el semen subía desde mis huevos hasta la verga y que ya no podía reprimir más la corrida. Procuré resistirme pero ya no había vuelta atrás y solté en su boca toda mi carga.

  • ¡Aaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhh, cuñada! ¡Mira lo que has conseguido por zorra! ¡Yo quería correrme en tu chocho!

Ella no respondió y siguió succionando y mamándomela. Yo me sentía desfallecer. Nunca había experimentado un placer como ese. Es algo indescriptible y no hay nada que se pueda igualar a una buena mamada con la que te corres en toda la boca de la tía, sobre todo si te la hace tan bien como la que Elisabeth acababa de regalarme, tragándoselo todo. Tenía razón cuando me dijo que estaba dispuesta a ser muy generosa conmigo. Me había chupado la verga como nadie lo había hecho antes. Todos los tíos deberíamos de disfrutar, al menos una vez en la vida, de una mamada semejante, en la que te succcionan la leche y te pajean con tal ansia y vigor, que te sientes morir de gusto.

Cuando termino de lamerme el nabo y dejármelo limpio y reluciente, desnuda como estaba, con sus pechos firmes coronados por una areola oscura, con un pezón más negro todavía, empezó a restregar su cuerpo contra el mío, frotando sus tetas sobre mi cara y colocando mi mano en su coño para que percibiera la humedad de su sexo. Jamás he visto una mujer con mayor cara de deseo, más incluso que cuando acudió a mí la noche anterior y estuvimos follando sin descanso. Llevaba la lujuria dibujada en la cara y gemía constantemente. Yo no acababa de entender por qué, si tenía tantas ganas, me había exprimido de esa forma hasta dejarme sin una sola gota de semen. Cuando los tíos nos corremos hay un período de tiempo a continuación en el que somos incapaces de volvernos a empalmar.

  • ¿Ves lo que te pasa por golfa? -le recriminé medio en broma-. Ahora la tengo floja y no puedo follarte como es debido.

  • Mmmmmmmm, perdona, cielo a esta putita, pero tenía ganas de tomarme mi lechita del desayuno -dijo con cara de vicio-. Además, quería que supieras lo que es una mamada como Dios manda, que se que a los tíos os encanta. Ahora tienes que apagar este fuego que tengo aquí dentro -dijo metiéndose tres dedos en el chocho-, porque estoy ardiendo y no puedo más.

Estando encima de mí y clavando sus tetas en mi pecho, comenzó a darme un morreo que me dejó sin respiración. Nuestras lenguas se enzarzaron en una lucha sin cuartel buscandose y huyendo la una de la otra, mientras yo le hacía una sobernana paja con mi mano derecha y con la izquierda la apretaba contra mí al tiempo que le sobaba su redondo culo y aprovechaba para introducirle un dedo en el ano. Sometida a la presión de mis dedos en su vagina y recto al mismo tiempo, Elisabeth se sentía morir y no tardó en perder el control igual que la noche anterior.

  • ¡Oh, así muy bien! ¡Hay que ver lo que sabes y cómo me haces gozar, cabrón! ¡Hasta teniéndola floja eres capaz de dar placer a una mujer! ¡Y el pichafría de tu hermano por ahí de viaje! ¡Dame, duro y méteme el puño entero! ¡Con los dedos no tengo bastante!

A esas alturas ya no tenía claro si mi cuñada era una ninfómana y mi hermano Carlos se había desentendido de ella, o simplemente no recibía la suficiente atención. Habíamos follado mucho en poco tiempo y no era normal que estuviera tan cachonda. Parecía una perra en celo, desesperada por meterse dentro del coño lo que fuera. Se retorcía de deseo como una serpiente. El verla así de caliente y el roce continuado de aquel cuerpo de diosa del amor con el mío provocó que la polla se me pusiera, de nuevo, tiesa como un garrote. Ella no se dio cuenta porque dentro de su vagina tenía mis dedos y mi mano le tapaba la vulva, labios y clítoris, rozándolo sin parar y masturbándola mientras la follaba con la mano. Entonces, cuando más mojada estaba, sin darle tiempo a nada, saque mis dedos de dentro y le metí mi pollón de 20 centímetros de golpe en todo su coño.

  • ¡Ooooooooooohhhhhhhhhhh, Héctor! ¡Qué es eso! ¡No me lo puedo creer! ¡Tan pronto y ya la tienes dura!

  • Eres una puta, Elisabeth -le decía mientras la taladraba sin parar-. Ahora me vas a decir la verdad o no te volveré a follar nunca más. Carlos y tú lleváis vidas separadas, ¿verdad? ¡Responde! -la increpé incrementando la fuerza de mis embestidas-.

  • ¡Ooooooooooohhhhhhhhhhh, Héctor, no pares por favor! ¡Sí, tienes razón, ya no estamos juntos! ¡No me quiere!

  • ¡¿Por qué?! ¡Vamos, dímelo o te la meto por el culo, zorra!

  • Tengo un trastorno de adicción al sexo -dijo llorando-. Necesito follar a todas horas y tu hermano era incapaz de darme lo que necesitaba. ¡Pero te juro que nunca le he sido infiel hasta hacerlo contigo!

  • ¿Y cómo calmabas la calentura, putón? -dije acelerando el mete y saca-. ¡Vamos, habla!. Anoche me corrí varias veces y esta mañana lo he hecho en tu boca. Puedo aguantar mucho tiempo.

  • ¡Así, Héctor qué bien lo haces! ¡Te lo contaré todo si me sigues follando así! ¡Qué gusto que le das a mi coño, cielo!

  • ¡Venga, golfa, desembucha y tendrás una corrida como nunca la has tenido!

  • ¡Se cansó de mí! ¡Yo quería hacerlo a todas horas y nunca tenía bastante! ¡Después me lo hacía con vibradores cada vez más grandes! ¡Se sintió herido en su orgullo y me dijo que no follaría conmigo nunca más! -termino llorando-.

  • Pues ahora verás lo que es bueno, zorra.

  • ¡Héctor, cada vez que me dices lo puta que soy me caliento más!

  • Lo sé putita, lo sé. Y ahora vas a tener tu premio por buena chica.

Saqué la polla chorreando de su coño acuoso y se la empecé a meter por el culo. La muy zorra la recibió encantada y al minuto ya me cabalgaba sin parar.

  • ¡Pero Héctor! -decía con fingida pena-. He sido una niña buena y tú me estás castigando metiéndomela por el culo. Eso no está bien.

Ahora estaba jugando para calentarme a mí más. Le volví a meter los dedos en su coño mientras me la follaba por el culo y con la otra mano le masajeaba las tetas. Redoblé la velocidad de mis embites volviéndola endiablada y Elisabeth no paraba de chillar y de insultarme.

  • ¡Me cago en la puta, cabrón! ¡Qué manera de joderme! ¡Vas a hacer que me corra otra vez! ¡no puedo creer que aguantes tanto!

  • ¡Toma, golfa! ¡Te encanta follar a lo bestia, pero te vas a cansar de follar!

  • ¡Eres un hijo de puta! ¡No puedo aguantar más! ¡Me viene! ¡Qué fuerte! ¡Me corroooooooo! ¡Síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! ¡Ooooooooooooohhhhhhhhhhhh! ¡Qué buenoooooooooooo!

Pero yo aún resistía seguía bombeándola y la pobre Elisabeth en pleno orgasmo recibiendo mis pollazos sin parar en el culo. Se la volví a introducir en el chocho y el placer que debió sentir había de ser inenarrable. Corriéndose y follándola sin parar, sin un instante de descanso.

  • ¡Por favor, Héctor, para ya te lo suplico! ¡Ooooooooooohhhhhhhhhh, me corroooooooo de nuevo! ¡Ooooooooooooohhhhhhhhhhhhhhh, otra vez! ¡Ten piedad!

Ella intentaba zafarse y desclavar mi polla de su coño, pero yo no estaba dispuesto a quedarme a medias y continué, continué follándola para que aprendiera la lección y quien era el que mandaba allí.

  • De eso nada. Eres mi puta y no te saco la polla de ese chocho de guarra hasta que no me saques la leche.

  • ¡Te la chuparé! ¡Haré lo que sea para que te corras, amor, pero para ya! ¡No puedo aguantar tanto placer!

La atraje hacia mí y empecé a comerme sus tetas, a sobarle su culo, a comerle la boca que poco antes se había tragado mi leche mientras seguía taladrándola sin parar. Elisabeth se retorcía de placer y las contracciones de su vagina, esta vez sí, provocaron en mí esa sensación en la que sientes que el semen está a punto de salir y que ha sobrepasado el punto de retorno. Ya no había vuelta atrás. La follé, seguí follándola como un caballo, dándole sin descanso. La muy zorra se dio cuenta y haciendo un último esfuerzo y en plena corrida se puso a cabalgarme con furia, como si le fuera la vida en ello y gritando con todas sus fuerzas.

  • ¡Héctor, cabróoooooooooooooooooon! ¡Te vas a acordar, hijo de putaaaaaaaaaaaa!

  • ¡Toma, toda la leche, putona! ¡Ahora sí, ahora sí que me corrooooooooo! ¡Zorraaaaaaaaaaaaaaa!

Uno, dos, tres, cuatro y hasta cinco lechazos seguidos solté en el interior de su vagina, que no paraba de contraerse en un orgasmo interminable. Me sentí desfallecer de tanto placer, pero resistí, y vi a Elisabeth cerrar los ojos y perder el sentido. Quizá -pensé- ahora me dejaría descansar un poco más, y tras comprobar que se encontraba bien, la dejé reposar y yo, tranquilamente y con la satisfacción del deber cumplido, me di media vuelta con la intención de dormir un poco más. Siempre he procurado realizar mi trabajo con profesionalidad y este no iba a ser menos porque… para eso le pagan a uno, ¿no?

Espero vuestras valoraciones, comentarios y mails. Podeis realizar críticas y sugerencias a mi dirección de mail poniendo el título del relato para identificarlo. Prometo contestar en cuanto pueda. Si queréis que escriba la terccera parte, por favor, decídmelo y lo haré lo antes posible.

Acalorado

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