Dominando a la profe- 2

Laura comenzó a quitarse la ropa, lentamente; todavía no había asimilado plenamente lo que estaba ocurriendo. Era consciente de que no había encontrado otra forma de salir de la amenaza que le habían planteado sus alumnos. Pero aunque ya había empezado a desabrocharse los botones de la blusa que llevaba puesta, todavía no podía asumir que fuera a desnudarse delante de ellos. Se veía a sí misma como envuelta en una nebulosa, como si lo que estaba viviendo fuera una ensoñación. Pero era real, tenía que desnudarse ¿podría acabar de hacerlo? ¿sería suficiente  con hacerlo para que los chicos se dieran por satisfechos? ¿qué garantías tenía? Podrían seguir chantajeándola… Su cabeza seguía trabajando, pero sin encontrar más soluciones.

Los dos muchachos contemplaban la escena absortos y con cara de felicidad por haber conseguido su objetivo. Su profesora había cedido a su presión y había empezado a cumplir con lo que le pedían: desnudarse para ellos. Rober seguía con la toalla a la cintura y tanto él como Carlos, que seguía completamente desnudo, empezaban a tener una erección. En el caso de Carlos, que exhibía a la vista todo su cuerpo, su polla había comenzado a crecer y elevarse, espléndida en su juventud y pleno poderío físico ya, alcanzando un tamaño considerable que tampoco pasaba desapercibido para la aturdida Laura, a la que los conflictos que se le planteaban, su tarea de ir desprendiéndose de su ropa y la tensión sexual que le creaba hacerlo junto con tener enfrente a los dos jóvenes desnudos o casi desnudos, en el caso de Rober, estaban haciéndole muy complicado poder pensar con la claridad que desearía.

Laura acabó de desabrochar su blusa y de quitársela. Comenzó después lentamente, con poca seguridad de continuar con lo que estaba haciendo, a soltar el botón del pantalón que llevaba puesto, bajándoselo y quedando solo con el sujetador y las bragas. Con solo esas prendas cubriéndola ya estaba despampanante. Sus piernas bien torneadas y ligeramente musculadas por el ejercicio en el gimnasio. Su vientre plano y femeninamente atractivo. Sus curvas bien marcadas, con unas carnes que rellenaban adecuadamente las partes clave de su anatomía: sus caderas, sus brazos, sus hombros. Sus pechos que se adivinaban tiernos y firmes a la vez. Su piel suave, que le daba una apariencia deslumbrante y creaba al verla un irresistible deseo de ser acariciada…

Todo continuaba su curso. Sus dos alumnos tenían en sus caras la expresión del triunfo logrado y esperaban impacientemente la continuación y el final del striptís que estaba ofreciéndoles su profesora, convertida ahora en una guapa madurita, aunque aún joven (para ellos aparentaba ser una mujer de mediana edad, como podían ser sus madres o las de sus amigos; edad no le faltaba para ello), objeto de su deseo exacerbado por sus hormonas en plena ebullición.

De repente Laura no aguantó más y tapándose la cara con sus manos, empezó a decir:

–        No puedo hacerlo chicos. No puedo seguir con esto. No se trata solo de desnudarme… delante de unos alumnos… sois muy jóvenes… – Laura trataba pese a sus nervios de buscar excusas, soluciones, para convencer a los dos muchachos de que aquello no podía ser- aquí no estoy solo quitándome la ropa, vosotros… por favor Carlos cúbrete…

Entonces Carlos, desnudo, empezó a acercarse a ella hasta colocarse justo delante a su lado, su polla seguía con una media erección y estaba ahora muy cerca de Laura, que sin saber qué hacer ni qué iba a pasar, no podía dejar de fijarse en ella al mismo tiempo que miraba a Carlos venir hacia ella:

–        Mira Laura no tienes elección –comenzó a decirle con voz decidida y tono de quien ya empieza a perder la paciencia-, está claro que no quieres que se difundan esas fotos tuyas. Por no hablar de que nos damos cuenta de que no te desagrada nada vernos a nosotros así. Vas a continuar con lo que hacías –le ordenó, cogiendo al mismo tiempo con una mano el sujetador y levantándoselo ligeramente.

En ese momento Laura reaccionó. El tono amenazante y autoritario del chico le hizo volver súbitamente en sí misma y contestarle:

–        ¡No! Es verdad que no me gustaría que esas fotos llegaran a la gente que conozco, pero ¡no voy a ceder a vuestro chantaje! Si no hay más remedio afrontaré ese mal trago, pero no voy a ceder a las fantasías sexuales de unos mocosos –le soltó, recuperando el tono de autoridad como profesora suya- Además nadie me asegura que por hacer ahora lo que me pedís recuperaré el control sobre esas fotos. Así que esto se ha acabado, haced lo que os parezca, pero no vais a conseguir nada de mí, excepto mi animadversión, lo cual tampoco creo que os convenga mucho –continuó diciendo, creyendo que finalmente les dejaba claro que su juego había concluido.

Vio que Carlos no se había inmutado. Seguía con una sonrisa en su cara y volvía a hablarle:

–        ¿Seguro que quieres que el juego termine? ¿No te apetece tocarme la polla?

Laura no se esperaba para nada esta respuesta. En unos instantes pasó de estar nerviosa y aturdida a despejar plenamente su cabeza y tener muy claras las cosas.

–        ¡Esto es el colmo! ¡Basta ya! –su tono era indignado y firme. ¡Vais a vestiros y marcharos de mi casa inmediatamente! ¡Estoy harta de vosotros! ¡Ya veremos en el instituto qué medidas tomo! ¡Vais a desear no haber empezado con esto!

Carlos no hacía ademán de entenderlo y empezar a moverse

–        ¡¡¡Vamos!!! ¿A qué estáis esperando?

De repente miró hacia Rober, que continuaba más lejos de ella, en el mismo lugar desde que habían llegado al salón, con la misma toalla por su cintura, pero una cosa había cambiado. Laura se quedó petrificada. En la mano, Rober tenía un teléfono móvil que mantenía elevado mirando la pantalla. Desde que Carlos se había acercado desnudo a ella y habían comenzado a dialogar no había vuelto a fijarse en Rober. Debía tener un teléfono escondido por detrás, incluso llevando solo una toalla encima, y lo había empezado a usar cuando ella estaba distraída. Instantáneamente se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo. Al mismo tiempo volvió a escuchar la voz de Carlos:

–        Profe, parece que no termina de entender quien tiene aquí la sartén por el mango. Muy bien, si prefiere no cumplir con lo que le hemos pedido, nos iremos. Pero le advierto que le va a costar caro. No solo divulgaremos las fotos. Como ves Rober está grabando un bonito vídeo donde se ve a una guapa profesora quitándose la ropa hasta quedarse en bragas con un alumno suyo que está desnudo. No sé que conclusiones sacará la gente al verlo, creo que no va a entenderse muy bien, supongo que podrás explicarlo, aunque me cuesta creerlo, es tu problema si prefieres enfrentarse a eso que pasar un buen rato con nosotros –concluyó diciendo en tono claramente irónico y girándose para irse.

–        ¡¡¡Hijos de puta!!! –reaccionó Laura, empleando un lenguaje que nunca utilizaba y empezando a moverse en dirección a Rober- ¡¡¡¡¡Dame ese puto móvil!!!!! –chilló histérica.

Carlos se revolvió de inmediato, sujetándola con rapidez y firmeza.

–        ¿¿¿De verdad crees que vas a conseguir enfrentarte a nosotros y quitarnos el móvil??? Estás empezando a hartarme. Nos vamos a largar y ¡¡que te jodan!!.

Sin ninguna dificultad, dado que el chico tenía más fuerza que ella, a pesar de que era poco más grande y que Laura no era ninguna enclenque, la arrastró acercándose a un sofá del salón y arrojándola allí con energía.

Laura quedó allí hundida, sin fuerzas ya para rebelarse. Los acontecimientos se habían precipitado. Ahora la situación había empeorado mucho para ella. De nuevo volvía a ella la zozobra de no saber cómo actuar para solucionar un problema que se había agigantado enormemente. No sabía qué hacer. ¿Cómo había llegado todo aquello hasta ese punto?

Apenas sin tiempo para poder analizar todos esos pensamientos que cruzaban por la mente de Laura, se dio cuenta de que Rober y Carlos ya se habían unido y se encaminaban juntos hacia la puerta del salón. No había tiempo para pensar. No podía dejar que se fueran así. Carlos tenía razón, no podía hacer nada. No podría enfrentarse a los dos por la fuerza. Y ahora era imposible dejarles que mostraran el vídeo y las fotos a todo el mundo. ¡Había sido una imbécil! Ahora sí que la tenían en sus manos…

–        ¡¡Esperad!! –gritó al fin.

Los dos jóvenes se volvieron hacia ella:

–        ¿Qué quieres ahora? Te has puesto muy gallita, ya sabes lo que te espera…

–        Por favor…–el tono de Laura cambió radicalmente respecto al de hacía unos momentos, cuando se había sobrepuesto creyendo que podía volver a controlar la situación, ahora era de súplica. Por favor, no os vayáis, haré lo que me pedís, pero…

–        ¡Déjate de peros y quítate la ropa de una vez! Ya te dije que estamos hartándonos de ti, empiezas de una vez o nos vamos–la atajó Carlos con brusquedad.

Haciendo un gran esfuerzo, Laura comenzó a ponerse de pie para continuar con la tortura de concluir el striptis a la que le obligaban sus dos alumnos. Era consciente de que ahora estaba más enredada en sus redes que antes y los nervios la atenazaban de nuevo. Sabía a lo que estaba enfrentándose y se daba cuenta de que desnudarse era solo el principio de lo que le esperaba en manos de aquellos malvados adolescentes.

De nuevo de forma titubeante empezó a desabrocharse el sujetador y poco a poco fue quitándoselo. Sus preciosos pechos quedaron expuestos, espléndidos, con forma de copa y los pezones, como si fueran los pitones de un toro, apuntando ligeramente hacia arriba.

Pasaron unos instantes inmóvil entre que dejó caer a un lado el sujetador y que se decidía a continuar. Sabía que no había vuelta a atrás, pero le costaba un mundo terminar con aquello. Los muchachos mientras tanto se relamían, disfrutando enormemente con el espectáculo. Finalmente, Laura acercó sus manos a su cintura buscando ambos lados del borde superior de sus bragas, y cogiéndolas comenzó a bajárselas. Una vez que empezó a hacerlo, con más rapidez que con la que se había desnudado antes, se las quitó del todo sin soltarlas, agachándose y efectuando un movimiento veloz para tapar su sexo con ellas.

–        Bueno, ya está. Me he desnudado del todo para vosotros. ¿Ya estáis satisfechos? –les preguntó con voz trémula y sin mucha convicción, mientras intentaba cubrirse mínimamente. Le costaba mucho asimilar la idea de que no tenía más remedio que exhibirse totalmente desnuda delante de dos de sus alumnos.

–        Jajajajaja –se rieron ellos con ganas.

–        Muy bien, por fin empiezas a obedecer –fue de nuevo Carlos quien tomó la iniciativa, acercándose de nuevo a ella; continuaba desnudo y su polla estaba ahora casi completamente erecta por ver a su profesora definitivamente desnuda, además del morbo que producía su dominio sobre la persona que en teoría tenía una autoridad sobre ellos por su cargo y edad- Pero te has portado mal, y ya sabes lo que pasa cuando alguien se porta mal, debe ser castigado.

Carlos estaba ya tan cerca que casi se tocaban, y mientras le hablaba seguía moviéndose para dirigirse por detrás de ella. Laura contenía la respiración. Estaba a la expectativa de los acontecimientos, manteniendo sus braguitas en una mano intentando taparse mínimamente en su denudez.

Cuando ya estaba justo detrás de ella, Carlos empezó a tocarla ligeramente, pasando dos dedos por su espalda, desde la nuca hacia abajo. Laura dio un pequeño respingo, no lo esperaba, más bien no esperaba nada, no sabía qué iba a ocurrir, había perdido totalmente el control de la situación.

–        Suelta ya esas bragas y enséñanos bien tu cuerpo. De todas formas vamos a verte, con todo el detalle que queramos. No solo eso; vamos a tocarte; todo lo que queramos; por todos los sitios que queramos. Vamos a follarte; lo que nos plazca; las veces que nos apetezca; y ya te advierto que nos apetece mucho. Es hora de que vayas aumiendo que estás en nuestras manos. Eres nuestra y vamos a aprovecharlo bien. Si no ya sabes a lo que te enfrentarás.

Llegó con su mano al final de la espalda de Laura y agarrándola por el culo, acabó preguntándole:

–        ¿Lo has entendido?

Un estremecimiento recorrió a Laura y dio un pequeño saltito al sentir la mano de Carlos palpándo y sujetándole fuertemente por el glúteo.

–        Sí –respondió débilmente.

Su resistencia había sido absolutamente vencida. Apartó la mano con las bragas, con la que se cubría desesperada y testimonialmente, dejándolas caer a un lado, para mostrar por fin el desnudo integral que los jóvenes esperaban.

–        Así me gusta. ¿Vas a ser una chica buena y obedecernos? ¿Harás lo que te pidamos?–la interrogó Carlos.

–        Sí –contestó una Laura totalmente resignada a la suerte que le esperaba en manos de sus dos dominantes alumnos.

En ese momento, Rober se dirigió también hacia ella. Mantenía el móvil en su mano y volvía a tenerlo en alto, enfocándola sin duda. Laura no se había percatado hasta ese instante, pero debía de haber seguido grabándola cuando ella había continuado desnudándose, sin que ella se enterara, tenía demasiados problemas acuciándola para darse cuenta de todo.

Cuando estuvo a su altura, comenzó a grabarla deteniéndose en todas las partes de su cuerpo, ya sin ningún disimulo, seguro del sometimiento logrado.

–        ¡Qué tetas! ¡Qué buena estás profe! –comentó mientras grababa, bajando con el móvil hasta enfocar hacia su pubis- Vamos a disfrutar de lo lindo contigo…

A pesar de su edad, los dos muchachos tenían muy claro lo que querían conseguir. Tener a su profesora completamente desnuda delante de ellos les impactaba y excitaba muchísimo, a pesar de que conseguían mantener la calma y comportarse con aparente seguridad en lo que hacían. Pero ahora que habían logrado someter totalmente la voluntad de Laura y que tenían los vídeos realizados con el móvil, que la ataban absolutamente a todos sus posibles deseos, no iban a conformarse ni mucho menos con eso…

Trauto.

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