Dominando a la profe- 4

Sin pérdida de tiempo, fueron a buscarla para llevarla de la mano al baño. Por el camino no dejaron de darle cachetes en el culo y hacer comentarios procaces. Una vez allí, buscando tener un poco de intimidad y descansar un poco, Laura les dijo:

–        Dejad que me dé una ducha yo sola, por favor.

–        Espera, antes de eso tienes que hacer una cosa –respondió Carlos, saliendo a buscar algo.

Laura temía lo qué podían tramar. Al rato volvió con una caja.

–        ¿Qué es eso? –preguntó ella, inquieta por lo que le esperaba.

–        Es un enema –contestó él con total naturalidad-, para que también dejes bien limpio tu culito para el sexo anal.

A Laura el mundo se le vino encima. Por supuesto, nunca había practicado sexo anal, ni se lo había planteado.

–        ¿Estáis locos? ¡¡¡Nunca he hecho eso!!! ¡¡Es una aberración!!, ¡¡sois unos pervertidos!! –chilló sin poder contenerse; estaba histérica.

–        Cálmate mujer –reían ellos-, no es nada de otro mundo –dijo Carlos.

–        Vete acostumbrándote a probar cosas nuevas, jajajaja –intervino Rober-, seguro que te esperan muchas. Además, ya sabes bien cuáles son las consecuencias de rebelarte. Te conviene ser obediente. Aquí mandamos nosotros y harás lo que digamos por las buenas o por las malas. Tú eres nuestra putita particular y nos ofrecerás todos los servicios que te pidamos.

–        Por favor –trató de serenarse un poco para intentar razonar con ellos-, habéis disfrutado teniendo sexo conmigo, podéis seguir poseyéndome, no me negaré, procuraré complaceros, pero no me pidáis ese tipo de cosas, os lo suplico.

–        Eso que nos ofreces ya lo tenemos, estás a merced nuestra –argumentó Rober.

–        ¿Por qué queréis humillarme así? ¿qué os he hecho para abusar de mí de esa forma?

–        Nada, simplemente nos has parecido siempre, por tu físico y tu forma de moverte, una hembra a la que apetece darle caña y, habiendo surgido la posibilidad de conseguirte, nos resultaba muy morboso convertirte en nuestra esclava sexual –repuso Rober-. Ahora que también conocemos tus encantos ocultos confirmamos que es así.

–        Sois unos obsesos.

–        ¿Quieres ponértelo tú o prefieres que lo hagamos nosotros? –le espetó Carlos, abriendo la caja y sin darle tiempo a pensárselo más.

–        ¿Qué? –la apabullada profesora no era capaz de asimilar la sucesión de acontecimientos.

–        Lo haré yo –contestó mirando atemorizada a Carlos.

–        De acuerdo, ¿ves como es mucho mejor ser razonable? Te dejamos entonces, avísanos cuando estés lista.

–        ¿Razonable? –que ironía, pensó Laura, pero sin atreverse a decir nada más para no empeorar las cosas.

–        Espera –intervino Rober-, antes tengo que echar una meada.

Laura puso cara de circunstancias, girándose para salir mientras acababan, pero Carlos la retuvo agarrándola de un brazo.

–        Puedes quedarte, no nos importa –le dijo, haciendo que se volviera a ver la escena.

–        ¡Sois unos guarros! –exclamó ella escandalizada.

Ellos reían. Rober levantaba la tapa del váter y empezaba a mear a la vista de Laura. A pesar de lo embarazoso que resultaba para ella y que le desagradaba tener que contemplarlo, no pudo evitar excitarse viendo a aquel pupilo suyo tan guapo haciendo sus necesidades delante de ella sin ningún pudor. Lo que no esperaba es que Carlos saliera con otra idea:

–        Yo también tengo ganas –empezó a decir-, pero se me ocurre algo mejor. Métete en la ducha y ponte de rodillas. Voy a darte una duchita dorada previa, antes de que te limpies a fondo.

–        ¡Por dios!, ¿de dónde sacáis semejantes ocurrencias? ¡Es aberrante! ¡Sois unos degenerados!

Nuevamente, Carlos no atendió a Laura. Le dio un fuerte arreón en el culo para que le obedeciera:

–        Muévete y déjate de tanta cháchara.

Cada vez más sumida en aquella espiral de degradación por la que le llevaban sus alumnos, se metió en la ducha poniéndose de rodillas. Carlos empezó a mearla, dirigiendo su chorro hacia sus tetas, regándola abundantemente, para ir después subiendo hacia su cara, obligándola a cerrar los ojos para evitar que la orina del chaval le entrara en ellos, y acabando encima de su pelo. Al terminar le dijo:

–        Bueno, ahora sí que estás un poco asquerosa, jajajaja. Te dejamos ya para que te limpies bien,. Recuerda hacerlo por dentro y por fuera, jejeje.

Rober rió los denigrantes comentarios de su amigo hacia Laura. Los dos salieron riendo y charlando de lo bien que se lo habían pasado. A sus 16 años habían tenido una sesión completísima de sexo con una tía mucho mayor que ellos, que les atraía mucho y con el morbo adicional de que les daba clase. No muchos hombres podían presumir de conseguir algo así, ni en toda su vida. Mientras Laura se preparaba, solos, se regodeaban pensando en todo lo que harían después con ella. Su imaginación les llevaba a planificar actos que a ella nunca se le pasarían ni de lejos por la cabeza, podrían estar sacados de la más extrema película porno.

Laura se había quedado al fin sola en el baño. Aunque su estado era lamentable, con los restos de semen en su sexo y sus piernas, y mojada por la meada de Carlos en su pelo, su cara y gran parte de su cuerpo, era la primera vez en las últimas dos horas que podía tomarse un respiro, sin estar acosada por aquellos dos cabronazos. Pero ni mucho menos podía relajarse. Se sentía profundamente ultrajada por lo ocurrido, pero incluso a solas debía continuar con su degradación, ya que sabía que sus jovencísimos hostigadores estarían esperando a que acabara de prepararse, y para ello tenía que aplicarse aquel enema. Temblaba solo de pensar en la finalidad que tenía: violentarla por detrás, por su… ano. Sin embargo comenzó a ponérselo. Después esperó a que hiciera efecto para vaciar sus intestinos y limpiar a fondo su recto. Por fin pudo darse una ducha. Resultaba reconfortante enjabonarse y dejar que el agua corriera abundantemente sobre ella después de todo. Se demoró en ello un buen rato. Una vez acabada, se secó y se echó crema hidratante para sentirse más fresca.

Si no fuera por lo que le esperaba fuera, se diría que había recuperado todo su esplendor físico. Pero seguía deshecha psicológicamente. Para ella era imposible aceptar aquella indecente situación. La más mínima parte de toda aquella historia le parecía escandalosa y sabía que lo que se avecinaba iba a ser todavía mucho más abyecto.

Se quedó un rato más intentando recuperar un poco de aplomo para enfrentarse a lo que se le venía encima. Finalmente salió. Iba descalza y llevaba una toalla alrededor de su cuerpo. Sabía que no iba a durarle mucho puesta, pero no era capaz de salir desnuda sin más.

Se dirigió al salón, desde donde llegaba el sonido de la conversación de Rober y Carlos. Intentó no fijarse mucho en las obscenidades que decían, ya que seguían hablando de sus logros y planes sexuales con ella. Allí estaban sentados disfrutando contándose sus hazañas pasadas y las que estaban por venir, seguían desnudos.

–        Estás muy guapa, te ha sentado muy bien el baño. –le dijeron sonriendo-

–        Ya –dijo Laura secamente.

–        Pero tendrás que quitarte la toalla, queremos verte entera, tienes un cuerpo alucinante, nos tiene seducidos –dijo Rober, con cierto tono de cachondeo.

–        Lo suponía –contestó ella resignadamente, empezando a soltarse la toalla, quedándose completamente desnuda, a merced de aquellos gamberros.

–        Además estamos deseando desvirgarte ese culo que nadie ha catado todavía. –añadió Carlos, provocando las risas de ambos muchachos.

–        Acércate, –le ordenó Rober- queremos admirar toda tu figura.

Laura obedeció, caminando hasta llegar a su lado. Ellos alucinaban con la belleza de aquella mujer, dispuesta a cumplir con todo aquello que le pidieran. Rober levantó un brazo para apenas rozarla con un par de dedos, que recorrieron su cuerpo desde donde alcanzaba bajando hasta su pubis.

–        Todavía tenemos que depilar este coñito para que estés perfecta –dijo mientras jugaba con los cortos pelillos de esa zona.

–        Sí, –agregó Carlos- pero antes date la vuelta, muéstranos ese culazo imponente.

Ella se giró disciplinada para mostrarles su culo. Los sinceros halagos de los chicos hacia su físico, le provocaban, a pesar de la afrenta que sufría, un aumento de su herida autoestima.

–        ¡Dios! ¡Es soberbio! –exclamó Carlos, abalanzándose a amasarle los glúteos, separándolos para dejar a la vista su ano.

Laura se ruborizaba solo de notar expuesto el rincón más íntimo de su cuerpo

–        ¡Qué maravilla! –dijo Rober entusiasmado- ¡Qué ganas de explorar ese agujerito!

Ambos rieron pensando anticipadamente en lo que iban a disfrutar.

–        Vamos. –continuó Rober- Primero el afeitado, estoy ansioso por ver ese chochito depilado.

Los dos se levantaron para dirigirse con Laura de nuevo al baño. Ya volvían a estar excitados, así lo atestiguaban sus miembros con una importante erección.

–        Busca una maquinilla y espuma para afeitarte. –le mandó Rober-

Laura obedeció sin rechistar. La tumbaron con la espalda apoyada sobre una toalla colocada en la taza del váter.

–        Abre bien las piernas –le pidió Rober, procediendo a untarla bien con la espuma y rasurándola a fondo.

Limpiaron los restos de espuma con agua y la secaron. Laura se sentía más desnuda si cabe con el coño rasurado.

–        Ha quedado perfecto –dijo Carlos, pasándole la mano por el coño- ¡Suavísimo!

–        Ahora ya está lista para seguir follando. – dijo Rober-

–        Venga profe, vamos al salón. –le dijo Carlos-

La dejaron que se incorporara sola y fueron todos al salón. Rober se tumbó directamente en el sofá.

–        Ven –le dijo a Laura- siéntate encima de mí a la altura de mi cara, tengo unas ganas locas de comerte tu tierno coñito.

Laura se colocó como le pedía, apoyándose en el reposabrazos para aguantar su peso, dejando su coño a la altura de la boca de Rober, que empezó a comérselo, mordisqueando su clítoris y sus labios vaginales, sorbiéndolo, introduciéndole la lengua…

–        Ummmmm… ¡qué rico!… ¡qué carnoso!…¡está delicioso!…–iba diciendo mientras se aplicaba con ganas en el sexo de Laura-

Inmediatamente Carlos se situó detrás de ella y cogiéndola por las nalgas se las abrió para lamerle el culo, metiéndole la lengua profundamente en el orificio anal.

Para Laura aquella experiencia era sorprendente e inimaginable hasta hace unas horas. Realmente aquellos chicos -a los que aquella misma mañana veía simplemente como a dos jovenes alumnos más, de los que nunca esperaría tanta depravación sexual- habían fulminado toda su dignidad con sus actos y con lo que le habían forzado a ella hacer desde que habían comenzado con su acoso; pero ahora no podía evitar excitarse y gozar sintiendo sus bocas y sus lenguas jugando e internándose con total descaro en sus rincones más íntimos.

–        Por favor, ya basta…-suplicó al darse cuenta de que era incapaz de contenerse y que los muchachos iban a notar lo que estaba ocurriendo-

Pero los chicos continuaron, sin escucharla, y Laura, sin poder resistir más, comenzó a gemir hasta estremecerse, explotando en un potentísimo orgasmo.

–        Parece que nuestra putita también goza, aunque se queje tanto. –dijo Carlos, levantando su cabeza para clavarle un dedo en el ano lubricado por su saliva.

Laura seguía experimentando sensaciones desconocidas, y a pesar de sentirse avergonzada, empezaba a dejarse llevar por aquel desmedido frenesí sexual en el que la sumergían los dos jóvenes. Aunque ya hacía tiempo que había renunciado a resistirse inútilmente, ahora empezaba a colaborar, alzando el culo para facilitar la labor de Carlos. Él pasó a introducirle otro dedo, incluso un tercero, moviéndolos para dilatar su ano cada vez más, escupiéndole de vez en cuando para humedecerlo.

Rober había dejado ya su coño e iba empujándola poco a poco hacia atrás, a la vez que él se movía hacia el otro lado. Carlos colaboraba a su vez, moviéndose ligeramente y atrayendo a Laura sujetándola por las caderas, manteniendo las maniobras en su ano. Cuando su coño llego a la altura de la punta de la polla de Rober, ésta se fue adentrando sin dificultad en él, dado lo encharcado que estaba.

Al ver que Rober empezaba a follarse a Laura, Carlos sacó sus dedos del culo de ésta para sustituirlos por su tiesa polla. Ella entendía lo que buscaban, iban a empalarla entre los dos; intentó relajar sus esfínteres al máximo. A Carlos al principio le costaba un poco meterla en el, a pesar de su trabajo, aún prieto ano de Laura:

–        Ayyy, me haces daño, no entra… no, no, se necesita un lubricante, si no me vas a destrozar… -se quejaba de dolor.

–        Tranquila, ya verás cómo va entrando… Relájate…

Poco a poco fue entrando. Enseguida estaba clavándosela hasta el fondo.

Los tres se implicaron a tope en una doble penetración salvaje. Laura, finalmente, se dejó arrastrar plenamente en aquel desenfreno. Sentía sus entrañas repletas de las durísimas pollas de sus jovencísimos folladores.

Rober aprovechaba su posición para mordisquearle las tetas. Sujetándola por el pelo, también la besaba por el cuello, lamiéndola, hasta llegar a su boca, en la que hundía su lengua.

Laura, presa ya de deseo, le correspondía. También le besaba en su juvenil pecho totalmente lampiño; mordisqueaba sus pezones, haciéndole retorcerse de placer; recorría con los labios sus axilas, su cuello, su cara; entrelazaban sus lenguas, saboreando sus bocas…

Carlos, mientras la sodomizaba, palpaba todas las zonas de la anatomía de Laura que quedaban a su alcance: sus pequeños pies, sus sedosas piernas, su culo respingón, sus caderas, su marcada cintura, su bella espalda; disfrutando enormemente del suave tacto de su piel, al mismo tiempo que con su pene perforaba el apretado ojete de su profesora.

Ellos acompasaban sus movimientos, con embestidas cada vez más violentas. Laura tuvo un par de orgasmos más hasta que Rober y Carlos también estallaron en una apoteósica corrida, vaciando toda su leche dentro de ella.

–        ¡¡Qué polvazo!! –exclamaba Rober.

–        ¡Estás buenísima! El mejor polvo de mi vida gracias a tu culito virgen –le decía Carlos, sacando su polla y pasándole el glande por el ano que rezumaba semen-

Laura, exhausta, apoyaba su cabeza en el pecho de Rober, manteniendo su culo en pompa a disposición de Carlos.

–        Dios, chicos, tengo que reconocer que me habéis llevado a la gloria. Nunca me habían follado así. –les confesó-

–        ¿Ves como necesitabas un empujoncito para descubrir nuevas sensaciones? –le dijo Rober.

–        Exacto. –añadió Carlos, que seguía absorto jugando con el culo de la profesora- Tranquila, todavía vamos a enseñarte muchas más cosas.

–        Joderrrr, ¡no!,–repuso ella- ¿qué más queréis de mí? Ya habéis conseguido tiraros a vuestra profesora; mucho más que eso; me habéis tenido entera a vuestra total disposición; habéis explorado cada centímetro de mi cuerpo; me habéis follado, por separado y al mismo tiempo; por no hablar de otras guarradas… ¿¿Sois insaciables?? Yo no puedo soportar este trato. No podría aguantar ser vuestra p… lo que sea… particular y teneros después en el instituto delante, impartiendo mis clases. ¿¿No lo entendéis??

–        Mira Laura, quizá sí somos un poco insaciables. Tienes que entender que somos jóvenes. La verdad es que nos gusta mucho el sexo contigo, eras una fantasía sexual, y creo que todavía nos queda mucho para cansarnos de ti. Más aún ahora que te hemos catado y estás para tomar pan y mojar. Nunca mejor dicho, todavía tenemos reservas de sobra para mojar… jajaja. –le contestó Carlos-

–        Uffffff. No podré resistirlo… -Laura le daba vueltas a lo que le esperaba desesperada- ¿No podríamos llegar a un acuerdo?…

–        Estás en nuestras manos, podemos hacer lo que nos apetezca contigo… -dijo Carlos-

–        Si me dais una esperanza de que esto tenga un final, colaboraré, os daré lo que me pidáis, haré lo que me pidáis para complaceros sexualmente, de verdad, así disfrutaréis más. De verdad lo que sea… si no me destrozaréis.

–        Ummmmm, no sé, lo que nos ofreces ya lo tenemos, -repuso Rober- tienes que hacer todo lo que queramos, si no quieres sufrir las consecuencias…

–        Pero,… pero,… os complaceré en todo… me esforzaré al máximo para haceros gozar. No seáis tan crueles…

–        De acuerdo, lo pensaremos ¿eh, Carlos?

–        Por mí ok, lo debatiremos y veremos qué decidimos.

–        Muchas gracias, por favor chicos, apiadaros de mí. –les dijo una Laura convertida en su sumisa putita, suplicante-

Trauto

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.