Mi dueña

Estaba en plena reunión, y el vibrador del teléfono hizo su interrupción repentina, insolente, desvergonzada, sacándome del estado de sopor que las cláusulas contractuales producen al revisarse, -¿estas puerca asquerosa?, de un sobresalto que no pudo dejar de notarse me acomodé en mi silla, cruce mis piernas pues, mi número no lo utilizaba para mis menesteres sexuales y por otro lado el tenor del mensaje amenazaba con provocar una corriente vaginal guardada hacía muchas semanas de abstención sexual.

Mire a la gente de la reunión pero ninguno daba muestras de ser el autor, pasé la mañana mirando si algún desconocido me rondaba, pero nada me daba un indicio, -te voy a tratar como una mierda para ser usada, abusada, vendida y regalada-, sin duda, quien escribía debía conocerme, pues claramente sabía que esos mensajes harían que me calentará, tal como me sucedía, mi conchita sudaba, mi piel después de tanto tiempo se híper sensibilizaba, y por mi cabeza pasaban aquellas imágenes de las veces que me habían culeado violentamente, excitándome, despertando en mí nuevamente ese deseo irrefrenable de entregarme por entero al placer de quien me estuviese poseyendo.

Durante la tarde me mantuve pendiente del teléfono, -¿harás lo que te diga?-, no conteste, estaba dudosa, más mi cuerpo me forzaba a la afirmación, mi concentración ya no estaba en el trabajo, sólo quería terminar y poder revolcarme con cualquiera, estaba dispuesta a salir a uno de los tantos bares que frecuentaba, necesitaba que me penetrarán, la calentura me mantenía húmeda, mis pechos inflamados, mi cara enrojecida, aún no bajaban las sombras de la noche cómplice de mis marranerías,  tocaba mi entrepierna deslizaba mi mano por mi concha, concentrada en proporcionarme placer, un sustituto de aquel que anhelaba, yo no podía usarme, era sólo placer físico pero no aquel que necesitaba, no aquel que siento cuando estoy entregada a dar placer, no aquel que siento cuando el placer lo toman de mi cuerpo sin importar el mío. Mi concentración imaginándome usada como una barata callejera, manoseada, manchada de semen, fue interrumpida con la vibración de un mensaje; -contesta puta de mierda-, y no pude resistirme más, conteste, -sí, haré lo que quieres-.

          Llevaba más de una hora dando vueltas cerca del puerto cuando explotaron los mensajes, desde la cadera enrolle mi falda a fin de acortarla hasta el inició de mis nalgas, ingresé al cine bajando por el subterráneo, al ingreso en vez de vender cabritas me encontré con un bar, frente a la mujer que vende las entradas me quité los calzones, mi corazón se agitaba esperando que me echaran, pero nada pasó al pedir mi entrada y una cerveza, entre iluminándome con el celular, me senté al medio esperando mis ojos se acostumbraran a la oscuridad, mis ojos fijos en el teléfono mientras en la pantalla desfilaba la carne desnuda, bebí un sorbo de cerveza, largo, empinando la botella, esperando –mastúrbate-, abrí mis piernas deslizando mi mano hasta mi concha tocándola en toda su extensión, suavemente frotaba mi clítoris, llevaba mi mano a mi boca para beber mis jugos, ahogaba mis gemidos mordiendo mis labios, varios hombres se pasean, observan la película y me miran sobándose sus vergas, termino la cerveza y llevo la botella a mi concha, introduciéndola despacio pero con fuerza imparable hasta que no puedo más, la saco y vuelvo a introducirla, mis gemidos ya son audibles para el resto, siento atrás de mi asiento como un cierre clair se baja, imagino su miembro, la botella me penetra y mis piernas se aprietan, aprisionándola, mi cuerpo se inclina hacia adelante y me dejo correr, me permito acabar y gozar ese orgasmo profundo que no es sólo mío, también es de él, y de quienes me ven.

Me incorporo para darme cuenta que ya muchos están cerca de mí, no pretendo evitarlo, mi teléfono se ilumina, -vas a ser usada, moqueada y meada-, los mensajes siguen, me levanto pasando junto a varios que dejan que sus manos disimuladamente toquen mi cuerpo, voy al baño las paredes metálicas dividen lo W.C. exhibiendo un orificio en ellas, a la vista yace echado al lado de la taza un condón inerte, rodeado de un pequeño charco de semen, miró hacia atrás y veo  un grupo en la puerta, como se me ha dicho levanto mi falda hasta mi cintura dejando ver mi culito, me inclino afirmada del WC, con el celular sobre el estanque, unas manos toman mi cadera y siento su miembro acomodándose en m concha, me penetra de golpe, lo siento en mi útero, las estocadas son fuertes me hace gemir en cada una de ellas, pareciera que mis pies se van a despegar del suelo, lo siento exhalar con fuerza a cada empujón de sus caderas, hasta que su liquido caliente inunda mi concha, me toman del pelo y me llenan nuevamente este se mueve rápido busca acabar, me coge con prisa, alguien se acomoda por el lado ofreciéndome su verga, lo miro y me pide que lo chupe, abro mi boca dejando que la viole, juego con mi lengua mientras siento esa daga de carne abriendo mi concha, no quiero acabar, retengo mi orgasmos, parecen darse cuenta, pues quien me penetra apura aún más el ritmo y quien fornica mi boca retira su verga de ella, explotando en mi cara llenándola de leche, intento levantarme pero no me dejan, me da con fuerza hasta que siento su leche en mi espalda traspasando mi blusa.

De a poco se van, arreglo mi falda dejándola siempre al límite de mis nalgas, acomodo mi blusa, el espejo me devuelve la imagen mostrándome que no es suficiente, sacó mi sostén dejando entreabierta mi blusa, mis tetas parecen a punto de explotar, me arrepiento y cierro la llave, el semen que se ha diluido corre por mi cara y lo dejo ahí, quiero que se note que me han culeado, -te gustó-, ahora ya no me mido, la respuesta es obvia, soy una maraca, una callejera, imagino el placer de saberme totalmente suya, que haré lo que él diga, como él diga, sin voluntad, un cuerpo totalmente dispuesto al placer.

Sigo sus órdenes, camino por las calles más oscuras de Valparaíso, desabotono totalmente mi blusa dejando mis tetas totalmente a la vista, enmarcadas en la blusa, ahora soy yo la que propone –quieres que se desnude tu maraca-, ya he visto el grupito de ebrios vomitando en la calle, son jóvenes, la calle huele a orines, la respuesta se demora –te atreves- , desprendo mi blusa, sólo la falda elude mi desnudez total,   no deben pasar de los veinte años, no debo hacer nada para que se fijen en mí, pregunto por bebida a medida que ingreso al estacionamiento vacío al lado de edificios semis destruidos, colocó el celular apoyado en un parabrisas y hago la video llamada, no lo veo pero sé que él me está viendo, estoy rodeada de manos que se deslizan por mi cuerpo, me saco la falda y mi desnudez para incitarlos como una jauría, apoyo mi cuerpo en el capó mirando el teléfono, mientras siento una verga pegada a mi culo, mi mano hacía atrás tomando la verga y la sostengo a la entrada de mi recto, a la vez que le pido que me reviente el culo, siento como se abren mis nalgas, el placer me invade y mi cara de dolor le otorga placer a quien me ha manipulado, yo misma me muevo logrando enterrar aún más su verga, los otros se masturban, nuevamente obedezco y comienzo a pedir que me culeen –culeemme entera, más, más adentro, con fuerza, dale, dale, eso, eso llénenme de leche– y siento mi culo entibiarse con el néctar de la vida del pendejo que no conozco.

Me vuelvo, coloco el celular en el parachoques y me arrodillo tengo cinco vergas peleando por entrar en mi boca, chupo cómo puedo, trato de prodigarme para todos, los masturbo, los dejo jugar con mis tetas, quiero que exploten, -que te llenen todos los hoyos- se escucha en el teléfono, me paro, nuevamente el celular en el parabrisas, arrojo al más joven contra el capó y lo monto moviendo mis caderas con furia, soy yo la que se está culeando, siento su miembro en mi útero, golpeando, pido a otros cerca de mi boca, chupo alternadamente pidiéndoles que si acaban lo hagan en mi cara, llevó mías manos hacia atrás para abrir mil nalgas lo que es suficiente invitación para que mi culo se vea relleno de carne, debe ser primera vez para ellos, no afinan el ritmo, siento una nalgadas que encienden aún más mi culo, como puedo chupo y masturbo mientras recibo las estocadas en mi culo que llevan a que penetre hasta el fondo mi concha, tiran de mi pelo con lo que mi cuerpo se levanta dejando mis tetas a disposición, las aprietan las chupan, las estiran, las golpean, sin parar el ritmo incesante en mi recto, sin cesar los golpes en mi útero, -eso, destrócenme la concha, sigan, más fuerte, préñenme, culeen esta basura, viólenme, eso, eso, si, pégame por puta– ya no puedo más, voy a acabar, miro el teléfono y se lo digo –voy a acabar, voy a acabar, mira como acaba tu puta, puedo acabar– la leche llena mi cara, siento los bufidos del joven que riega mi concha y lo beso, mi lengua invade su boca, empujo con fuerza, siento los huevos detenidos en mi culo y toda la verga atravesando mi cuerpo mientras escupe su exquisita carga de leche.

Salen de mí, los beso a todos, sus vergas flácidas miran el suelo pero no quieren que me vaya, le dejo mi número en una hoja de mi agenda, nada dice quién soy, sólo el número, pueden llamarme, sé que lo harán.

-Sal de ahí, ven a mi auto, estoy fuera-, tomo mi ropa y amago ponerla, –no ven desnuda– me indica hacia donde, mi ropa en mis brazos, mi bolso colgando del otro hombro totalmente desnuda, veo las luces, nunca una cuadra fue tan larga, nunca me había sentido tan puta, subí al auto y atrapó mi cabeza inmediatamente plantándome un beso que inundó mi boca, jugaba con su legua en todo su interior, la chupaba, absorbía casi queriendo arrancármela, sujetaba mi cabeza y chupaba mi cara recogiendo los restos de semen, mientras yo recorría su cuerpo, sus pechos pequeños, era delgada, su mano fue a mi concha sobándola con furia abrió su blusa y llevó mi boca a sus tetas, sus pezones erecto penetraban mi boca, me puso de lado y un dedo se clavó en mi culo, mi gemidos eran interminables, -te gusta basura de mierda-, no contesté, estaba ahogada de placer, sus manos en mis tetas parecían querer arrancarlas, las estrujaba, apretaba y golpeaba mientras sus dedos escarbaban mi orificios, -contesta pedazo de excremento-, si le dije, era todo lo que podía salir de mi boca ante el placer que me inundaba, se bajó sus jean y me ordenó chuparle la concha, lo que hice con fruición, mi cuerpo inclinado sobre ella, la escuchaba gemir mientras sus dedos seguían introduciéndose en mi agujeros, mi lengua recorría la extensión de su concha, un palmetazo me volvió a la realidad, pero la fuerza de su mano manteniendo mi cabeza pegada a su entrepierna me hizo seguir chupando, las descargas en mi culo lo hacían enrojecer, hasta que la sentí derramarse en mi cara, sorbiendo sus jugos a medida que ella me obligaba a restregar mi cara en su cuerpo. Tiro de mi pelo y me levantó arrojándome en el asiento, -eres muy zorra- exclamó, intente contestarle, decirle que sí, que yo era la más zorra del mundo, pero un bofetón dio vuelta mi cara, -eres mía, no hablas, no piensas hasta que te lo diga-.

¿Puedo hacerte lo que quiera?: Si.

Sacó de su bolso una cuerdas ato mis muñecas y las elevó sobre mi cabeza amarrando la cuerda atrás del asiento, cada uno de mis pies los ató a la parte baja del asiento, dejándome totalmente, desnuda, abierta y exhibida, se sentó al lado, y me pidió levantar mi culo, introduciendo un aparato en él que enchufó al encendedor, encendió el vehículo, -quiero verte acabar muchas veces-, me miraba al conducir, apretó algo y una descarga eléctrica hizo contraer mi cuerpo, vibraba en mi recto, alterando mi respiración, aumentó la intensidad, y me ordenó acabar, mis tetas bailaban al ritmo de mis respiración y contorsiones de mi cuerpo atado, y acabé, acabé como la puta que soy, en todo el camino a casa donde se ofreció a llevarme, no cesó de hacerme acabar.

Al despedirnos, me dio un beso prometiéndome usarme nuevamente.

 

Callejera

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