Mi vida en el instituto 4

Los siguientes días fueron bastante moviditos alternando a Sandra con Amelia en la cama. Sandra era mas pausada en la cama, le gustaba sentir cada segundo. Amelia era mas terremoto, le gustaba duro y fuerte. Aprendía cosas de las dos. Una tarde, después de acostarme con Amelia empezamos ha hablar.

—Entonces… ¿Algún avance con Tamara?

Yo la miré extrañado. Era la primera vez que hacía referencia a mis clases con ella.

—Bien. Va avanzando poco a poco, espero que en el siguiente examen llegue al notable.

Ella puso los ojos en blanco.

—Eso no, tonto. Hablaba de si te la estas tirando ya.

—¡NO! —Dije avergonzado— Solo damos clase y nada más.

—¿Sólo? —Dijo sorprendida— Teniendo en cuenta que la miras como un cachorrillo por los pasillos del insti pense que ya te la estabas follando.

—No. ¿Tanto se nota?

—Muchisimo. Cualquiera se daría cuenta.

Yo suspiré.

—Pues no, no ha pasado nada entre nosotros.

—¿Pero quieres, no?

—Por supuesto. ¿Qué chico no querría tener algo con ella?

Ella empezó a sonreir.

—¿Quieres que te ayude a ligártela?

—Toda ayuda viene bien. Por más que lo intento no consigo que se interese por mí.

—Porque estás muy pendiente de ella. Un tío así no nos interesa. A nosotras también nos gusta currarnoslo. Un tira y afloja, tontear… Pero ahora mismo estás a puntito de ser el “amigo gay”

—¿Y que puedo hacer?

—Demostrar que le interesas a otras chicas. Y, cuanto más guapas, mejor.

—No hay problema. Como sabrás tengo a docenas de chicas locas por mi —Dije vacilándola.

—Mira que puedes ser idiota en ocasiones. Yo sere la “interesada”, eso hará que se fije en ti.

—¿Y cómo lo hacemos?¿Te pasas por clase y tonteamos?

Ella soltó una carcajada.

—No, ella seguramente pensará que sólo quiero algo de ti. No, tenemos que usar medidas mas extremas.

—¿Cómo cuales?

—Que nos pille follando.

—¿¡Te has vuelto loca!? —Dije completamente escándalizado.

—No. Te aseguro que con eso la tendras intrigada. ¿Cuando es tú proxima clase con ella?

—Mañana.

—¿Tus padres estarán en casa?

—No.

—¿A qué hora es? —La dije que a las cinco— Pues estaré allí a las cuatro y media.

El día siguiente paso con cierta normalidad marcada por un gran nerviosismo con respecto a lo que pasaría esta tarde. A las cuatro y veinte Amelia se presentó en mi casa.

—¡Buenas! —Dijo con una sonrisa dándome un piquito en los labios— ¿Listo para la función?

Yo asentí y ella se sacó un condón del bolso.

—Pues venga. A follar.

La llevé a mi habitación entre besos mientras nos quitabamos la ropa. Amelia fue dejando restos de su ropa estratégicamente colocados desde la propia puerta hasta mi habitación. Mientras me obligaba ha hacer lo mismo

—Hay que ser detallistas —Dijo riéndose.

Cuando entramos en mi habitación estabamos completamente desnudos. La empecé a besar el cuello mientras rodeaba mi cuello con sus brazos. Su mano se deslizó por mi abdomen hasta llegar a mi polla, que estaba empezando a coger forma.

Lo empezó a masturbar lentamente mientras mis manos acariciaban sus tetas y pellizcaban sus pezones. En pocos segundos mi polla estaba completamente erecta y sus pezones duros como escarpias.

—¿Un 69? —Pregunté después de besarla con pasión.

Ella asintió y me tumbé en la cama. Ella se sentó sobre mi cara y se echó hacia delante. Lamiendo mi bajo vientre hasta llegar a mi polla. Que engullió con glotonería.

Mis dedos abrieron sus labios vaginales y mi lengua recorrió su rajita por toda su extensión, provocando un escalofrió en Amelia. Mi amiga aumentó el ritmo de la mamada, llevándome peligrosamente cerca del orgasmo.

Para evitarlo empecé a penetrar con fuerza su coñito con dos de mis dedos. Automáticamente Amelia gimió fuertemente y se irguió sobre mi cara. Alternando el trato de mis dedos con el de mi lengua conseguí llevarla a un fuerte orgasmo, dejandome la boca perdida con sus fluidos.

Tras un par de minutos para recuperar fuerzas me tendió el preservativo para que lo abriese. Me afané en ello durante un minuto, pero la humedad de mis dedos proveniente de su coñito hacia que la tarea fuese imposible para mí.

Le tendí el condón a Amelia, que tampoco pudo abrirlo. Nos miramos, Amelia se encogió de hombros y sonrió.

—Correte fuera. ¿Entendido?

Yo asentí y ella giró sobre si misma para colocar su coño encima de mi polla. Embadurno mi polla con sus jugos y, de una estocada, se la metió hasta el fondo. Enseguida empezó una endiablada cabalgada que la provocó otro orgasmo y calló sobre mi pecho, besándome.

Sin darla tiempo a descansar giré y me coloqué encima de ella. Dirigí mi polla todavia erecta hasta su entrada y empuje con fuerza. Amelia boqueó buscando aire mientras la penetraba con fiereza. Sus piernas acudieron raudas para impedir que me separase de ella mientras su cintura se acompasaban a mis embestidas.

Nuestros gémidos alcanzaron tal magnitud que estaba seguro de que si Sandra estaba en casa los estaba escuchando. Aumenté la fuerza de mis embestidas mientras Amelia me arañaba el pecho.

Una de sus manos llegó a mi nuca y me obligo a bajar la cabeza para juntar mi boca con la suya, me recibio con un brutal mordisco en los labios, que me provocó sangre, lo que aumentó mi calentura y, por tanto, la fuerza y velocidad de mis embestidas.

Tras unos minutos a toda velocidad volví a notar como mi polla estaba a punto de soltar su carga.

—¡Voy a correrme! —La grité para avisarla.

—Sobre mis tetas —Dijo ella mientras se revolvía como una serpiente para sacarme de su interior.

Me senté sobre su pecho y me masturbé brutalmente, mientras Amelia me rogaba que la embadurnase de leche. Finalmente, hice caso a su petición y me corrí abundantemente sobre sus tetas, cara y pelo.

Con gran excitación se llevó los restos de mi corrida que tenía en sus tetas y caras a la boca y se los tragó. Después, me besó y me acarició la cara.

—Joder —Dijo recuperando el aliento— Uno de los mejores polvos de mi vida.

—Uno hace lo que puede —Dije sonriendo y ella soltó una carcajada.

—Ven aquí, anda.

Hice caso a su habitación y nos empezamos a besar. Estuvimos así unos minutos, hasta que sonó el telefonillo.

—Llega la victima. Corre al telefonillo y responde como si no tuvieses aire.

Haciéndola caso. Corrí al telefónillo y abrí a Tamara.

—¡Tirame tu camiseta! Y ponte tus calzoncillos y pantalones.

Rápidamente la hice caso y me vestí a todo correr, justo cuando me abroché los pantalones sonó el timbre de la puerta. Abrí la puerta y Tamara me saludó.

El olor a sexo la asaltó cuando me dió dos besos.

—No sabía que estabas ocupado —Dijo señalando los restos de ropa interior de chica del salón— Me podrías haber avisado y venía más tarde o, mejor, no venía.

—Sí, lo siento, se me olvidó completamente. Pero ya que estas aquí pasa y damos la clase, pero dame cinco minutos que me ponga presentable.

Ella me miró, pensando sus opciones, finalmente dijo:

—Vale. Pero tu “amiguita” se irá, ¿no?

Yo asentí. En ese momento salió Amelia vestida únicamente con mi camiseta.

—¿Tamara? —Dijo aparentando absoluta sorpresa— ¿Qué haces aquí?

Tamara abrió la boca al encontrarse a Amelia de esa guisa. Sorprendida solo pudo contestar: “Clase”

—Pues no os molesto. Me ducho y me voy. ¿Te vienes? —Preguntó mirándome con una mirada turbia.

—Sí. Así aprovecho y me ducho yo también —Miré a Tamara— Cinco minutos y nos ponemos con la clase.

Amelia sonrió picara.

—Que sean diez.

Recogí la ropa de Amelia y nos encerramos en el baño. Dejé su ropa en el bidé y entramos en la ducha.

—Paso uno terminado —Dijo Amelia— Ahora follame fuerte, rápido.

—¿¡Qué!? Ni de coña, nos oirá.

—Exacto. Tenemos que ponerla cachonda perdida.

Acompañando sus palabras empezó a acariciarme la polla y se me nubló la mente. Entramos en la ducha besándonos y la empotré contra el cristal. Un segundo más tarde mi polla entraba y salia de ella a toda velocidad mientras Amelia gemia y gritaba a todo pulmón:

—¡Joder!¡Más!¡Sí, sí! —Y otra variedad de palabras relacionadas con lo mucho que la gustaba como la follaba.

Un par de minutos más tarde me corrí en su interior. Nos duchamos rápidamente y nos secamos. Antes de salir del baño Amelia me dió una última órden:

—Cuando te pregunte si estamos saliendo dile que no, que follamos de vez en cuando y punto. ¿Vale?

Yo asentí y salimos del baño. Una acalorada Tamara nos miró sentada en el salón, sin saber bien a donde mirar. Acompañé a Amelia a la puerta y nos despedimos con un apasionado beso. Cuando cerré Tamara me miraba con desaprobación.

—Que esto no vuelva a pasar —Dijo malhumorada— Vengo aquí a estudiar, no a ser testigo de estos numeritos.

—Sí, sí. Lo siento, se me fue el santo al cielo.

Dicho esto empezamos a estudiar, un rato despues ví como Tamara me miraba de reojo y se mordía los labios.

—¿Quieres preguntarme algo? —Ella se sonrojó.

—¿Hace cuanto que estas saliendo con Amelia? —Yo solté una carcajada.

—¿Salir? Nada de eso. Follamos de vez en cuando, cuando nos apetece. Pero nada serio.

Ella asintió y siguió estudiando, pero unos minutos después volvió a preguntar:

—¿Y como acabastéis follando?

Yo sonreí por dentro. Quizá Amelia tenga razón.

—Ella jugó con fuego y se quemó. Y parece que la gustó, porque siempre quiere repetir.

—¿Alguna duda o seguimos estudiando?

—¿Cuántas…? —Empezó a decir, pero se puso roja y se calló.

—¿Cuántas qué? Pregunta sin miedo.

Ella cogió aire antes de contestar:

—¿Cuántas veces se ha corrido Amelia?

Me sorprendió mucho, mucho su pregunta.

—¿Hoy? Pues mínimo dos en la habitación y otra en la ducha.

—¿Tres? —Preguntó anonadada.

—¿Tan poco te parece?

Ella se puso completamente roja.

—No… No es eso… Es que yo… —Comenzó a decir tartamudeando

—¿Tú…?

—Nunca he llegado al orgasmo teniendo sexo.

—¿¡No!?

Ella nego con la cabeza completamente roja. Pero se apresuró a decir:

—Pero cuando lo hago yo sola si tengo, no es problema mío.

—¿Sola? —Dije con sorna. Ella enrojeció aún más.

—Ya me entiendes.

—Pues lo siento, chica. Espero que lo consigas pronto. No tiene ni punto de comparación con hacerlo tu misma.

Ella me miró y puso su atención en el libro. No volvimos ha hablar de eso en todo el día. Pero menuda información… ¿Tamara es una malfollada? Quien lo diría…

dermat

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