No, suegro, por el culo no!!

Estoy tirada en la cama. Despatarrada, mirando el techo intentando normalizar la respiración y que se me borre de la boca esa sonrisa estúpida de satisfacción: siento como la lefa se me escurre del coño y del culo, y está manchando, seguro, las sábanas… tendré que cambiarlas luego. Qué pereza, lavarlas y plancharlas otra vez, que las acababa de poner.

Desde mi cama se escucha el ruido de la ducha y a mi suegro canturrear una canción de mecano (en la puerta del soooool, como el año que fueeeee…). Desafina muchísimo, pero da igual, porque Dios si se ha portado dándole  ese rabo que tiene y el cuerpo grande y musculado que, con cincuenta años, aún conserva. Y yo, ¿qué hago ahora? Madre mía, qué percal tengo montado.  ¿Y cómo he llegado aquí?

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MI nombre es Mónica y tengo 30 años. Llevo dos años casada y aún no tenemos niños. Castaña tirando a rubia, con mechas de verano ahora, y desde que me apunté al gimnasio, mejor cuerpo que nunca. La verdad es que de adolescente no fui lo que se dice delgada, tampoco gorda, pero si tuve y aún tengo buenas tetas. Mi tía siempre me dice que disfrute ahora porque en cuanto tenga los niños a las mujeres de la familia las caderas se nos agrandan y las tetas se caen, así es que desde la universidad se puede decir que estoy sexualmente bastante liberada. Vamos, que follé lo que quise y algo más.

Hace cinco años conocí a Marcos en un bar, una noche de “solo chicas”. Perdí una apuesta y me tocó entrar a un tío. Elegí al que menos pereza parecía… y menos peligroso.  Guapo lo justo, de cuerpo se adivinaba bien, ojos bonitos. Y en cuanto lo saludé, me di cuenta que era muy sensible y transparente. En 15 minutos ya sabía que era nadador, que sus padres lo tuvieron con 20 años de penalti y que su madre falleció en un accidente de tráfico cuando tenía 7 años, por lo que su padre, Jorge, con 27 años, se convirtió en mamá y papá de un hijo único. Pero fue un padre estricto que encontró en el deporte una disciplina para que su hijo no se descarrilara. Y la natación era algo que podían practicar juntos. Padre e hijo iban a nadar casi a diario. De ahí el cuerpo del que sería mi marido… y de ahí el estupendo cuerpo de mi suegro. Con 50 años y 23 de viudo tenía un tipazo que quitaba el hipo. Sienes canosas, pelo rizado, más alto que Marcos, muy masculino. Muy hombre. Era ingeniero, alto ejecutivo de una empresa  y en el trabajo le iba bastante bien. El dia de mi boda, mi suegro estaba más guapo que mi marido. Y no estoy segura, pero creo que se folló en el baño a mi amiga Paula, pero no en la pandi no tenemos confirmación total… pero casi.

El caso es que mi chico por trabajo viaja mucho, y yo trabajo mucho… por lo que estos dos primeros años de matrimonio han sido muy buenos, cero peleas, sexo bien… pero ya, cómo decirlo sin que suene mal… monótono. No voy a mentir, y alguna canita he echado al aire con algún chulazo del gym. Esos niñatos que te echan un polvo que parecen máquinas de follar, muy rápido pam pam pam, fun fun fun , oh si que tetas oh sí… y que se corren y fuera. Me dejan el coño ardiendo y me corro una vez, pero tengo ese gustirrinín de saber que me puedo tirar a cualquier tio buenorro – hetero, claro, porque mira que estan buenos los gays del gym, joder.

La cosa es que Marcos ha tenido que irse tres semanas de viaje de trabajo, por lo que las tardes de verano las paso en casa tranquila. Vivimos en un chalet con piscina, en la típica urbanización a 20 minutos de la ciudad. Tener piscina privada en casa me aseguraba compañía siempre, así es que para estar tranquila alguna tarde no decía nada a mis amigas… Pero mi suegro sí lo sabía y de vez en cuando venía a hacer el mantenimiento del agua y se quedaba a cenar y bañarse. El tio con su bañador tipo zunga, se paseaba por la bordillo limpiando las hojitas del jardín, mientras yo tomaba el sol y notaba cierto picor ahí abajo. El cabrón estaba bueno… y yo hacia que no follaba ya dos semanas.

  • ¿Quieres otra copa de vino, Mónica? – me preguntó, señalando la copa que tenía a mi lado derecho, mientras dejaba el chisme ese de recoger porquerías del agua – Mira que te gusta el vino blanco, hija. que te lo bebes como agua, jajaja .

  • Pues mira sí… con dos hielos porfa, que estoy torrada de calor.

  • De calor y que te estás quemando. Ahora te pongo crema, que te vas a destrozar esa piel que tienes. – ¿Crema? Madre mia… me va a poner este tio crema con el calor, el mareito del vino  y calentón que tengo… me corro, pensé. A ver, Mónica, tranquilidad, que estás loca. Es tu suegro .S-U-E-G-R-O… a ver si te centras – Me repetía a mi misma.

Se acercó a mi con las copas. Bastante llenas, una de ellas con mucho hielo.

  • No sé como te gusta aguar el vino de esta manera…

  • Es que así bebo menos, y está fresco

  • Menos lo dirás tu, que llevas tres con ésta. Tengo una nuerita un poco borrachita – me dijo sonriendo y diría que bastante tontorrón. Le miré las piernas, y sus hombros. Me recordaba a Marcos, pero como más hombre, más masculino. Pensé que al padre eso de meterle el dedo por el culo mientras se la chupaba no le iba a gustar, como al hijo. No sé como, pero me encontré a mi misma, mirándole el paquete, preguntándome cómo tendría de grande la polla, si más o menos que el hijo, y que si sabría mejor su corrida…  y noté como los pezones se me empezaban a empitonar. Me estaba calentando.

  • ¿Me pones crema por los hombros, Jorge? – Se me escapó de mi boca el pensamiento, casi sin darme cuenta.

  • Claro!

Me di la vuelta en la toalla, me deshice la lazada de la espalda del bikini, abrí un poco las piernas y tome una actitud de esperar. Jorge le dio un trago largo a mi copa de vino, lo noté por el ruido de los hielos. Se puso a horcajadas en mi, mis piernas entre las suyas, colocando estratégicamente su polla entre mis nalgas, pero sin apenas rozarme. Sujeto el bote, le dio unos golpes como si fuera ketchup, y me echó una generosa cantidad en la espalda.

  • Uuuuh… ¡está frío!- casi grité. Los pezones, como clavos ya….

  • Ahora se calienta con tu piel – me dijo, mientras su manaza empezaba a amasarme la espalda. – ¿Sabes? hace mucho que no toco a una mujer asi como tu ahora.

  • No te creo Jorge… pero si estás tremendo. La mitad de mis amigas se acostaría contigo… qué digo la mitad. ¡TODAS! A todas nos pareces un cañón.

  • ¿Tu crees? Yo es que me veo mayor – ¿Estaba tonteando conmigo mi suego? Y, lo que es peor, ¿estaba yo tonteando con él?

  • Anda ya – le respondí –  tienes cuerpazo, un puestazo, eres super educado, un encanto, haces deporte, no tienes cargas familiares ni mochilas y por el bañador de hoy, seguro que pollón… – ¿Había dicho pollón? ¿le había dicho pollón a mi suegro? Me cago en el vino…

  • ¡¡JAJAJAJA!! ¿Pero os fijais en todas esas cosas las mujeres?  ¿Y cómo sabes que tengo pollón? – a estas alturas, ya tenía la espalda protegida del sol hasta dentro de veinte años por lo menos, pero el seguía y seguía apretando mi espalda… buscando alguna contractura, que trabajaba con los dedos… apretando y luego frotando como si quisiera disolverla.  De vez en cuando oía la copa de vino, y alguna vez, que empujaba entre mis escápulas fuerte, notaba su paquete rozarme un poco más entre mi culo… y mi coño estaba empezando a inundarse. Lo notaba gordo, lleno de sangre… palpitante.

  • Las mujeres nos fijamos en todo, Jorge. Deberías saberlo. Lo que no entiendo es como no estás follando sin parar… No se te debería resistir nadie.

  • Pues nada… hace que no la meto meses. Cuando Marcos era pequeño me centré en él, en su adolescencia y universidad estaba todo el rato pendiente que no se descarriara y sacara ingeniería, y … no sé… perdí la costumbre. Hombre, alguna vez si que me tiré a alguna madre amiga de algún amiguito de Marcos, o alguna compañera de trabajo… y ahora pues  recurro a alguna conocida y eso… pero vamos, nada fijo.

  • ¿Alguna fija? No me has contado nunca nada… ¿quién?

  • Bueno… no te lo he contado nunca porque la conoces… de vez en cuando con Ana me doy un alivio.

  • ¿Ana? ¿Ana Pérez? Pero si está casada… ¿no?

  • Bueno, si… pero no veas qué hambre tiene la pobre … abre las piernas bien, que te voy a dar por esta zona que la espalda ya la tienes bien- se movió de mi caderas y se colocó, en el césped, a mi lado. La privacidad de la casa me aseguraba cierto secreto… si conseguía no gemir, claro. Y no las tenía todas conmigo porque los grititos y los hummmm ya estaban en mi cabeza. Su mano amasaba mis muslos… y por la cara interna. Y estaba tan mojada ya que creo que tenía que notarlo. Ese bikini no era muy discreto precisamente, y solo me lo ponía cuando estaba sola en la piscina. Y justo hoy… no estaba muy sola.

  • ¿Y qué le haces a Ana para que le ponga los cuernos al bueno de su  marido? – aunque la respuesta era retórica, porque el marido de Ana era un coñazo de señor, dejado y con cara de tener el pito pequeño.

  • Pues mira, lo que te estoy haciendo a ti ahora, siempre le doy un masaje primero, y le paso la mano por las piernas y le rozo con el canto de la mano, por entre los labios… así… y luego subo entre las cachas… así… y luego por la espalda y bajo a los flancos, y le rozo los senos… así… y luego le masajeo los hombros…

Palabra por palabra, su mano fue recorriendo mi cuerpo… y a yo liberé a todos esos sonidos  que guardaba en mi cerebro… y, francamente, el coño ya era un grifo… y sin darme cuenta… abrí más mis piernas… – Otra pasada, por favor..

  • ¿Te ha gustado? ¿quieres más, como Ana?

  • Si… quiero más…

  • Mónica… sabes que esto no está bien… ¿verdad? – me decía esto, acariciandome .. – Y que nadie debe saberlo, ¿verdad?

  • Nadie me iba a creer, Jorge – le menti porque sabía perfectamente que luego me tocaba diez horas de teléfono con mi amiga Elena para analizar cada pasada, cada gota, cada minuto y palabra de esta tarde… pero simplemente abrí un poquito más las piernas, y sujetando las tiras del bikini, deshice al mismo tiempo las dos lazadas de mis caderas. La pieza se liberó y noté cómo Jorge se incorporaba, le daba otro trago a su vino, se quitaba el bañador, y se echaba sobre mi cuerpo.  Con la mano tiró de la braguita del bikini y la apartó, y su polla se colocó entre mis dos nalgas.

  • Buffff… – resopló. – Qué ganas tenía de tenerte así… – Y el restriego de polla por coño, culo, coño, culo, empezó … Efectivamente, tenía más rabo que el hijo. Notaba como mis labios se abrían, te diría que casi con ganas de atraparla…

  • Jorge… métela, por Dios… estoy que ardo…

Desde los labios exteriores, fue avanzando lentamente… y yo me iba sintiendo llena. El tío se paró justo a medio camino, y empezó un mete saca con la cabeza de la polla que me daba justo en el clítoris… Frum frum frum frum … oissss diossssssito… ¿Cómo lo estaba haciendo tan bien? siiii… y me corrí. Me corrí que me explotó el puto botón, y noté como una descarga como en el ano, que me subió hasta la cabeza… y me vaciaba y me electrificaba toda… tuve que morder la toalla para no gritar y no asustar a la vecindad…

  • ¿Te has corrido? Joder, si que estabas caliente, Mónica. – y Se dejó caer con toda la polla dentro hasta que hizo tope.

Me empecé a incorporar y la sacó, nos levantamos del césped y tiré de él, entrando en la casa, directa a la habitación. – Vamos – le dije – de perdidos al río. Me vas a reventar el coño ahora mismo… – Entre en la habitación, le sujeté la polla, me puse de rodillas y me la metí en la boca… Estaba dura, muy dura y muy salada… pensé en que eran mis fluidos del coño, pero bueno… me daba igual, al fin y al cabo eran mis fluidos. Le chupé bien la cabeza, como acariciándola con los labios, y empecé a meterla no más de un cuarto. Me sujetó la cabeza por las orejas, intentando marcar el ritmo. Le metí toda dentro e hice hueco con la garganta y la encajó aún más. Sí, tenía más polla que mi marido. Más larga y más grande. Pero me cabía bien, justo perfecta. Jorge resoplaba y me miraba a los ojos mientras yo deboraba su rabo, tragando, como sé que les gusta a los tíos.

  • Un momento… – paré. Y me la saqué de la boca y le miré …- esto está muy duro… tu te has tomado algo, ¿no?

  • Bueno… quizá… cuando fui a por tu vino… la mitad de una cialis… pero por si acaso necesitabas algo más… – me miraba pícaro, sabiendo que estaba ya fuera de mi y que no iba a parar… El tío se había preparado toda esta escenita y se había tomado una pastilla para tenerla bien dura… y yo decidí que no íbamos a desperdiciarla. Mientras él estaba berreando, seguí chupando un rato, hasta que me cogió de los brazos y me giró, poniendome a cuatro patas en la cama… – Ven, te voy a dar por detrás que quiero que te vuelvas a correr.

Y dicho y hecho, volvió a meter la mitad, fram fram fram fram fram,… toda dentro, pam pam pam pam… su cadera chocaba contra mi culo y sonaba casi eco en la habitación…  Me agarró del pelo con la mano derecha y del hombro con la izquierda, marcando el ritmo… y flamp… me corrí otra vez… pero gritando. No me dio vergüenza ni miedo ni nada… simplemente abrí mi boca y al tiempo que salía mis chorretones del coño, el aire de mis pulmones también…

Pero esta vez no paró. No me dejó coger aire, descansar… nada… siguió metiendo y sacando.

  • Te gusta, eh? Mira que pones burro. Desde el dia que te vi entrar con Marcos en casa… pero yo sabía que eras mucha mujer para mi hijo. Yo que creía que iba a salir del armario en cualquier momento, y va y entra contigo. La de pajas que me he hecho pensando que te follaba… ¿Quieres polla, Mónica? vamos, pide polla… pídeme que te folle bien…

  • Joder, sí … sí… fóllame bien. Fóllame y dame. Hazme todo lo que quieras… – No me reconocía. Estaba como poseída por otro cuerpo. A cuatro patas, recién corrida por segunda vez, con mi suegro, que me decía que mi marido era maricón y yo estaba empujando hacia atrás guardando el ritmo con él. Flamp Flamp Flamp… De repente, la sacó, con un suspiró, y oí como producía como más saliva con la boca. La recogió con los dedos y me puso y pegotón en el culo, metiendo un poquito el índice ¿En el culo? ¿Me iba a follar el culo? Eso es otro tema… ¿Estaba limpio? Por el culo no… me iba a doler… – Jorge, ¿Qué haces? No, suegro, por culo no…

  • Claro que sí…  sabes que te mueres de ganas que te folle el culo. Ven, vamos,  relájalo… vamos… déjame entrar la punta solo. Un poquito y la saco.

Me coloqué automáticamente como si fuera un gato sentado, mientras balbuceaba unos pocos noes…  pero la cabezota de su pollón ya había pasado la primera puerta… Con tanta corrida mía, el coño como un lago,  su rabo… notaba humedad por toda esa zona… así es que no le costó nada meterla dentro. No era la primera vez que me daban por la retaguardia… pero tampoco era mi posición favorita. Pero a los tíos como que les encanta… no sé.

  • Está apretadito… bufff… como me gustas Mónica… me pones cerdísimo…  que calentito está tu culito, Mónica…- Intenté subir un poco las piernas, para volver a cuatro patas, pero con sus manos me presionaba justo en el coxis… y de un caderazo la metió del todo .. – ya está toda… ahora prepárate – Y empezó la fiesta. Se echó sobre mi espalda, y con las manos me agarraba las tetas, dejando el pezón justo entre los dedos… que movía como si me estuviera ordeñando… y me encantaba… Me encantaba sentirme llena por el culo, con las tetas sujetas y ese toro de cincuenta años taladrándome sin parar. Menudo hombre.

No tardó en empezar a suspirar fuerte y como a berrear… y empujar empujar… y yo empecé otra vez … OTRA VEZ … a notar un cosquilleo por ahí abajo. El primer trallazo fue dentro del culo, que noté perfectamente el latigazo de su polla, la sacó de golpe y el segundo fue en la espalda… y va y me la mete por el coño… En un segundo pensé, que asco, que placer, que cerdo todo… que gusto… y pegó otro latigazo dentro de mi coño… y yo… pues me volví a correr. Otra vez, como una adolescente.

Caí de boca en la cama, y él sobre mí, aún dentro. Notando las palpitaciones de su rabo dentro de mi coño… y un minuto después, se salió y se incorporó. Me di la vuelta y la ví: dura, reluciente, te diría que algo sucilla pero poco – menos mal, pensé – y mirando al techo, casi desafiante. Bendita cialis, bendita investigación médica, pensé.

  • Me voy a duchar. Ha sido un polvazo… joder… un puto polvazo. – Y se fue sonriendo y canturreando hacia la ducha. De espaldas había perdido algo de culo, pero joder, para cincuenta estaba estupendo el tío…

 

Y ahí estaba yo… despatarrada, en la cama, mirando el techo, notando como la lefa me salía del coño y del culo… mientras mi suegro canturreaba ahora ay qué pesado qué pesado…  – Las sábanas tienen que estar hechas una guarrada…

J Thomas

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