Mi tio Jaime me forzó y me violó en el rancho

Mi tío Jaime era un hombre muy amigable. Solía hacer fiestas con muchos amigos y divertirse con muchas mujeres. Él no tenía esposa, jamás había estado siquiera cerca de casarse con alguna. Le gustaba vivir la vida sin remordimientos ni preocupaciones. Por lo mismo no tenía tampoco hijos. No lo veíamos mucho porque él se había regresado a vivir a Cuba desde hacía ya mucho tiempo, pero por una buena oferta de trabajo vino a vivir a México. Mi padre tenía mucho tiempo sin verlo y no sabía que esperar. La verdad yo tenía muchas ganas de ver a mi tío, era muy bueno con nosotros cuando éramos pequeños y yo era su consentida cuando era pequeña. Solía traerme siempre que venía de visita regalos y juguetes muy lindos. Teníamos más de diez años sin verlo y lo extrañábamos mucho.

El llego un sábado por la mañana. Nosotros estábamos haciendo una carne asado para comer y él llegó justo en la hora de la comida. ¿Cómo están familia? –Preguntó sonriente, mientras dejaba su maleta de piel en el suelo–. Yo corrí a abrazarlo y él me abrazo también. Yo acababa de cumplir los dieciocho y para poder celebrarlo hicimos esa carne asada. El me bajo y me dijo –déjame verte hija, vaya, ya estás bien crecidita, ya no eres una niña mi amor, ya eres todo una mujer–. Pues claro tío, ya cumplí dieciocho, ya soy mayor de edad –dije–. Mi tío me recorrió con la mirada de arriba abajo viendo cada parte de mí. Yo noté su mirada tan penetrante y me hizo sentir un poquito incómoda. Después saludó a mis padres y mi hermano y nos pusimos a platicar de todo lo que estuvo haciendo en Cuba por tantos años. Nos contó que estuvo vendiendo varios puros a otros países ilegalmente y había ganado mucho dinero. La historia no le hacía sentir mucho orgullo a mi padre, pero él estaba feliz de que ya había conseguido un trabajo mucho más honrado y estaba dispuesto a cambiar de estilo de vida, aunque; como muchos saben, algunas personas nunca cambian.

Mi tío quiso irse a un hotel en lo que encontraba una casa para vivir, pero mi padre no se lo permitió. No puedo dejar que alguien de la familia se quede en un hotel, tu siempre vas a tener un lugar en mi casa hermano, a pesar de todo lo que haya pasado antes, tú sigues siendo mi familia –dijo mi padre–. Mi tío Jaime lo abrazo agradeciéndole y aceptó la invitación de mi padre. Yo estaba cursando la prepa y mi tío me ayudaba con algunas de las materias que tenía problemas. Por la tarde nos poníamos a estudiar y el últimamente era algo más cariñoso de lo normal conmigo. Jugaba a hacerme cosquillas y disimuladamente apretaba un poco mis senos o mi trasero. Siempre con mucha sutileza pero yo lo notaba. Cuando íbamos de visita toda la familia al rancho solíamos quedarnos el fin de semana desde el día viernes saliendo de clases. Después de haber estado más de un año en México mi tío ya había comprado su casa. Fuimos al rancho y él nos acompañó. Era época de verano y en ese tiempo me encantaba ir a bañarme desnuda a un pequeño río que quedaba cerca del rancho. Me iba a caballo y llegaba muy rápido. Ese día me quite la ropa y me metí al rio. El agua estaba muy rica y algo fría. Mis pezones se pusieron duros desde que me aventé al río. Era un lugar que muy poca gente conocía por lo que nunca había nadie ahí.

Estuve ahí por más de media hora cuando de pronto escuché el galope de otro caballo. Era mi tío Jaime, yo me metí al rio escondiendo mi figura para que él no me viera. Oye hija, tu mamacita quiere que te regreses para que la ayudes con la comida por que la muchacha que le ayudaba tuvo que ir a comprar algunas cosas –dijo mientras me veía como si tratara de ver bajo el agua–. El tomo la toalla de entre mis cosas y la extendió hacia mí. Toma para que te seques hija –dijo–. No puedo, no traigo ropa, ando encuerada –dije–. No pasa nada hija, somos familia, tú salte y tómala –dijo–. Bueno pero volteé la cara tío –dije–. Yo salí desnuda del río. Mi joven figura húmeda y voluptuosa estaba frente a sus ojos y la tentación de verla era demasiada por lo que no pudo resistir. Me dio la toalla pero me miro de frente de inmediato. Tío le dije que se volteara –dije–. Perdóname hijita, pero un cuerpecito como el tuyo no se ve todos los pinches días –dijo mientras se saboreaba como si hubiera visto un plato delicioso de comida–. La saliva casi salía de su boca y yo me sentía indefensa ante sus miradas. Me tape rápidamente con mi toalla y fui a recoger mi ropa. Espérate chiquita, no hay prisa, tu mamita puede arreglárselas sola por un rato –dijo mientras resoplaba como un toro bravío–. Vamos a meternos los dos al río –dijo mientras comenzaba a quitarse toda la ropa–. No tío, yo ya me quiero ir para ayudar a mi mamá –dije–. Ándele mija, quítese esa toallita y vamos a bañarnos juntitos como cuando nos metíamos a la playa cuando eras chiquilla –dijo–. Pues sí pero esa vez no estábamos desnudos. Él se bajó los pantalones y la ropa interior y dejo salir su polla. Una polla bastante grande y obesa haciendo honor a ese origen cubano que tenía junto con mi padre. Su prepucio aun escondía su polla y se meneaba mientras se terminaba de quitar la ropa. Yo ya me voy –dije molesta–. Usted no se va a ningún lado mijita, usted se va a quedar a hacerle compañía a su tío favorito –dijo–. Me abrazo y me arrebato fuertemente la toalla arrojándola al suelo violentamente. No sabes desde cuando quería quedarme solito contigo negrita –dijo mientras frotaba mis senos–. Yo forcejeaba y trataba de gritar pero él me puso una mano en la boca. Te tengo unas pinches ganas desde que llegue a la ciudad bebé –dijo empujándome violentamente al suelo–. Tomo su polla y la masturbo para hacerla aún más dura. Su gran erección imponía respeto. Yo trate de incorporarme pero él me empujo boca abajo y sentía como mi cuerpo se llenaba de tierra y césped fresco. No había nadie que me pudiera ayudar y no tenía la fuerza para pelear con él. Mi cara estaba cerca de una porción de lodo y yo temblaba por lo que mi tío quería hacerme.

–Por favor no me haga daño tío.

–No te voy a hacer daño mijita, esto te va a encantar.

–No quiero, bájese de encima se lo ruego.

–Cállate el puto hocico y quédese así mija.

–Bájese ya por favor.

–Puta de mierda

Mi tío metió su polla entera en mi vagina sin pedir permiso ni perdón. Empujo mi cabeza junto al lado mientras él seguía jodiendome. ¡Ayuda, por favor! –Grite de manera desgarradora mientras él seguía violándome sin misericordia–.  Me besaba la espalda y la parte baja de la nuca y el cuello mientras me dominaba y forzaba a mi vagina a recibir su polla. Mis gritos se desvanecían en el gran abismo del silencio de aquel gran y solitario pastizal. Yo no podía luchar más. Su asqueroso aliento a cigarro era lo único que podía recordar de esa vez mientras me besaba y destruía mi cuerpo. Después de unos minutos se detuvo y me beso con la lengua en mi cuello. Toma tu lechita mija –dijo mientras unos grandes chorros llenaban mi vagina–. ¡No, chingue a toda su puta madre tío, quítese a la chingada!  –grite–. Él no me soltó y termino de eyacular dentro de mí. No crea que esto se va a quedar así –dije–. Tú no vas a decirle nada a tu papito o yo le voy a contar lo que te vi hacerle a ese caballito el otro día mi amor. Continuara…

julygarciasexy

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