Milf, cuarta parte.

Esta historia está contada a la vez por Alba y Alfredo.

Me llamo Alba y soy la esposa de Alfredo. No me describiré físicamente, prefiero dejarlo a la libre imaginación de los lectores, simplemente os diré que en la actualidad tengo 44 años.

Conocí a mi esposo hace veinte años, como pasa el tiempo, y llevamos catorce años de feliz matrimonio. Alfredo es una buena persona, trabajador, responsable y muy cariñoso, tanto conmigo como con nuestros hijos. Al igual que en la inmensa mayoría de las parejas, nuestros años de noviazgo y primeros de matrimonio se caracterizaron por la intensidad y fogosidad, luego llegan los hijos, el estrés, el trabajo, el cansancio y, finalmente, la monotonía se instaura en nuestras vidas, aunque de vez en cuando a todos nos gusta salir de la rutina.

Sexualmente, reconozco que no soy una mujer especialmente fogosa, raras veces tomo la iniciativa. Por su parte, Alfredo es muy dulce conmigo aunque no sea un superamante en la cama, de hecho en bastantes ocasiones no quedo satisfecha y tengo que masturbarme para alcanzar el orgasmo. De un par de años a esta parte he notado que a mi marido le excita muchísimo, cuando estamos en la cama, que le cuente historias de maridos cornudos, de supuestas infidelidades mías con otros hombres.

Mientras lo masturbo, para provocar su erección, tengo que contarle como mi jefe me seduce y acaba follándome en el trabajo, o como me lo monto con su mejor amigo o con nuestro viejo vecino -por cierto todo un salido-Esta historia le motiva “especialmente”.

Sábado a la noche, nuestro décimo aniversario de boda, los niños en casa de mi suegros. Hacía muchos meses que Alfredo y yo no teníamos un rato para nosotros. Ya estaba preparada salir, me contemplé reflejada en el espejo por última vez: maquillaje perfecto, vestido negro aterciopelado, entallado y con la falda un poquito por encima de la rodilla, medias negras hasta mitad de muslo, conjunto de sujetador y tanga de color azul de encaje a juego, y coleta estilo caballo como decimos las mujeres. Me sentía especialmente guapa y sexy.

¿Nos vamos, la reserva es para ya?, dijo Alfredo. Ahora mismo bajo mi amor contesté.

Estas radiante mi vida, me piropeó mi esposo dándome un piquito. Tu tampoco estás nada mal contesté, y cogidos de la cintura bajamos al garaje a coger el coche hasta el restaurante.

La cena simplemente sensacional, en esta ocasión mi esposo se había esmerado con los detalles. Pagamos y nos fuimos aun pub abierto escasas fechas antes.

La entrada en el local estaba abarrotada de gente, mi esposo accidentalmente pisó a un señor como de unos cincuenta y cinco años, trajeado de forma elegante y muy bien conservado.

Disculpe dijo mi esposo, lo siento, no era mi intención ….

Pues claro que no era tu intención atontado, contesto el señor de muy malas maneras en un tono amenazante. Alfredo y el individuo se enzarzaron en una violenta discusión cruzándose insultos. Un guardia de seguridad se interpuso entre ambos y el señor acabó entrando en el local.

Vámonos a otro sitio le supliqué a mi esposo. ¿Porqué tenemos que irnos? contestó mi marido, es nuestro aniversario, este local es nuevo, y para una vez que salimos no voy a permitir que nadie nos estropee la velada y cogiéndome de la mano entramos. El local estaba bastante lleno pero al final encontramos unos butacones al fondo. Voy a pedir unas copas dijo mi mujer, tranquilízate, que luego bailaremos un rato me dijo Alba.

Reconozco que no fui muy galante al dejar ir a mi esposa a por nuestras consumiciones. Perdí por un momento de vista a Alba, la ví en la barra del local y en ese instante se le acercó el señor al que accidentalmente había pisado. Nuestras miradas se cruzaron y una sonrisa burlona apareció en su rostro. Dudé en acercarme pero no lo hice, el camarero atendía a Alba y preparaba los combinados.

El individuo acercó su boca al oído de mi esposa y durante un rato la habló. No se porqué motivo no pude levantarme, una sensación rara recorrió mi cuerpo, me excité al ver a ese hombre pegado al cuerpo de mi mujer mientras le susurraba. Alba no le hizo caso y le propinó un pequeño empujón mientras el señor se reía. Mi esposa se acercó con las bebidas bastante acalorada.

¿Qué te decía ese idiota, no te habrá molestado?, le pregunté a Alba.

Déjalo, contestó, mi esposa. Hemos venido a pasarlo bien, ya está?.

¿Qué ha ocurrido cariño?, pregunté por segunda vez.

Alfredo, por favor, no te enfades, no estropeemos nuestra noche.

Alba, ¿Qué ha pasado?.

Mi esposa me contestó: ese señor me ha preguntado que hacía una mujer tan guapa como yo a esta horas de la madrugada, que olía muy bien y bueno …..

Bueno, ¿Qué?, contesté mientras notaba como me subía la adrenalina.

Me propuso acostarme con él y bueno …. me tocó el culo, entonces le dí un empujón a ese gilipollas y vine a buscarte. No ha ocurrido nada Alfredo, por favor, nada de escenas.

Antes de Alba reaccionase me levante y, sacando mi orgullo me dirigí al cabrón ese dispuesto a darle un par de hostias. Le agarré del hombro y antes de que pudiese hablar me dijo: te pasa algo gilipollas, menuda mujer tienes por esposa, que nalgas tan bien puestas tiene y que tetas, seguro que sus braguitas están mojadas ya que tienes pintas de mal follador. Vete con ella no sea que se escape con otro hombre.

Fui incapaz de reaccionar, me giré y volví con mi esposa.

¿Qué ha pasado?, me preguntó Alba.

Nada, todo arreglado, contesté para no preocupar a mi esposa. Creo que será mejor que nos vayamos, continué diciendo pero primero tengo que ir al servicio.

Será lo mejor, te espero aquí dijo mi mujer, apurando la copa.

Fui a los servicios y empecé orinar en el aseo colectivo. La puerta se abrió y entro el individuo de marras. Vaya, vaya, pero si está el amigo zapatones haciendo pipi. No me atreví a responder a su provocación. Se puso a mi lado y desabrochando su bragueta sacó una verga de proporciones considerables, no pude evitar mirar de reojo su miembro.

El señor de marras se dio cuenta, ¿Qué miras atontado, te gusta mi polla o que?. Sonrojándome desvié la mirada y accioné el botón de la cisterna, en ese instante fui empujado contra el inodoro mojándome los pantalones. ¿Pero que haces hijo puta?, grité. El individuo se giró hacia mí y me meó encima de la ropa.

Pero, pero, …. balbuceé, saqué el móvil y dije, voy a llamar a la policía. Su reacción fue inmediata, me golpeó la mano y mi móvil cayó al suelo. Me agaché a recogerlo y de un fuerte pisotón lo destrozó.

No pude más, me abalancé sobre él con la intención de propinarle un puñetazo pero me esquivó. Me cogió del brazo y lo me inmovilizó contra mi espalda causándome mucho dolor. Suéltame, me haces daño grité. De un puntapié abrió la puerta de uno de los urinarios individuales y de un fuerte empujón me introdujo en él, cayéndose mis gafas al suelo.

Hijo de puta, ¿crees que puedes conmigo? me gritó, y acercando su boca a mi oído me susurró: solo un medio hombre como tú dejaría a su mujer solita e indefensa en un local como este lleno de moscones buscando hembras para follarlas, mientras estamos aquí ya la habrá entrado alguno y se la estará follando en su coche como a una puta.

Intenté separarme de él, pero apretó aún más mi brazo contra mi espalda, me vas a romper el brazo dije entre lágrimas, suéltame por favor. Nenaza llorona, voy a salir ahora mismo y me voy a ligar a tu esposa, me la voy a follar delante de ti y de un fuerte empujón me tiró contra la pared.

El individuo se fue. Los aseos estaban vacíos, me puse las gafas, mi móvil estaba destrozado en el suelo, lo recogí y me miré al espejo. La imagen era patética faltaban un par de botones de la camisa y mis pantalones húmedos de la orina de ese desgraciado, intenté secarme con las manos y ponerme las gafas. Mis manos olían a orina, me quedé aspirando ese fuerte aroma mientras me excitaba.

Mi polla se puso dura como una piedra y entré en el servicio individual. Bajé mis pantalones hasta el tobillo, el slip estaba totalmente empapado de líquido preseminal, saqué mi polla y empecé a masturbarme pensando en que un desgraciado había metido mano a mi esposa, me había humillado en unos baños públicos siendo su intención seducir y follar a mi esposa. En ese momento me corrí como un verdadero cerdo, me mordí la mano para no gritar de placer y tres o cuatro lechazos estallaron contra el inodoro y la pared del urinario.

Totalmente avergonzado salí corriendo de los baños para localizar a Alba. Mi esposa estaba sentada en los butacones y el hombre que me había humillado estaba sentado a su lado.

Alba, nos vamos le dije a mi esposa.

Tranquila contestó, quiero presentarte a Guillermo, Guillermo mi esposo Alfredo, Alfredo Guillermo.

El muy hijo puta me tendió la mano, sin saber porqué le ofrecí la mía. Su apretón fue tremendo, a punto estuvo de partírmela. Siéntate con nosotros Alfredo, por favor me dijo.

Guillermo, continuó Alba, muy gentilmente ha venido a pedir disculpas por su comportamiento anterior y nos ha invitado a una copa, coge la tuya amor. Le rogué a mi esposa que nos fuésemos pero mi mujer estaba muy alegre, radiante y contenta, distinta muy distinta.

Pasado un rato, Guillermo puso una de sus manazas sobre la rodilla de mi esposa. Ante mi sorpresa Alba no reaccionó y continuó hablando con el desconocido. La mano de Guillermo fue descendiendo por las piernas de mi mujer dejando a la vista sus espléndidos muslos cubierto por las medias. Mi polla se puso muy dura mojando mi slip, con una mano de forma disimulada comencé a acariciar mi verga.

Era incapaz de acabar con esa situación, tenía un calor insoportable y apuré la copa casi de un trago. Alba se levantó y nos dijo, (en plural): vamos chicos, a bailar.

Enseguida muñeca contestó Guillermo y dirigiéndose a mi dijo: tienes una esposa preciosa me dijo Guillermo con toda la sorna del mundo, mira como baila y se contonea, parece una zorra provocando a la gente. En menos de dos minutos va a tener a cuatro o cinco tíos alrededor para follársela. Las palabras de Guillermo, lejos de enfadarme incrementaron aún más mi excitación.

Mi esposa estaba totalmente desconocida. Guillermo continuó hablando: mientras estabas en el baño, le he traído una copa a tu mujercita. Del bolsillo de su americana extrajo un frasquito, mira me dijo, esto es un potente afrodisíaco que mezclado con farlopa hace que una mujer se entregue al primer macho que vea, le he puesto una pequeña dosis a Alba, por cierto tu también lo has probado.

Hice además de levantarme, Guillermo de un fuerte empujón me obligó a sentarme otra vez. Mira cabrón como tu linda esposa ya está siendo cortejada por otros hombres. Alcé la mirada, Alba bailaba sensualmente rodeada de cuatro tíos. Uno de ellos la atrajo hacia sí cogiéndola de su cintura bajando sus manazas hasta aprisionar las nalgas de mi esposa, las sobó y magreó mientras intentaba besarla.

Guillermo se levantó, se acercó a la pista de baile. Hablo con esos indeseables y se marcharon. Abrazó a mi esposa por la cintura y bailó con ella. Guillermo no perdió el tiempo, sus manazas bajaron al culo de mi esposa, me miró y subió un poco la falda del vestido de mi esposa. Alba no oponía ninguna resistencia y se dejaba hacer. Seguí tocándome por encima del pantalón con disimulo.

Sentado contemplaba la escena, estaban metiendo mano a mi esposa delante de mí y era incapaz de reaccionar. En un paso del baile, Guillermo volteó a mi esposa punteando su enorme verga contra las nalgas de Alba. Una de sus manazas se deslizó por debajo de la axila de mi mujer atrapando uno de sus pechos mientras que con la otra Guillermo acariciaba los cabellos de mi mujer.

La canción acabó, Guillermo susurró algo al oído de mi esposa y se fundieron en un beso muy largo y húmedo, sus manos con parsimonia bajaron por la cadera de mi esposa hasta llegar a sus nalgas las cuales magreó ante mi pasividad. En ese instante me corrí manchando mis pantalones.

Guillermo y mi esposa se acercaron. Nos vamos dijo Guillermo y pasando una de sus manazas por la cintura de Alba se fueron. No tuve casi tiempo de coger mi americana, salí corriendo tras ellos. La mano de Guillermo nuevamente se deslizó hasta magrear el culo de mujer. Llegamos a la salida, sin dejar de sobra las nalgas de Alba me dijo: imbécil págale al camarero las copas que debemos y saca un par de paquetes de tabaco de la máquina, se giró y nuevamente besó a mi esposa.

Una pareja que había en la puerta me miró con cara de incredulidad, pagué las consumiciones y saqué tabaco de la máquina.  Al salir del pub, noté como la pareja me miraba con cara divertida y comentaban entre ellos.

Guillemo y Alba se besaban. Me acerqué y dócilmente le entregué el tabaco. Alba preguntó Guillermo, ¿vamos a tu casa?. Si por favor contestó mi mujer ignorándome por completo. Fuimos al parking y montamos en mi todoterreno, yo delante y Alba con su nueva pareja detrás besándose como dos novios.

Acomodé el espejo retrovisor, Guillermo metía mano a mi esposa, su manaza acariciaban los muslos de Alba, la falda de su vestido estaba levantada hasta más de medio muslo justo donde acababan sus medias. A vuestra casita dijo Guillermo riéndose con ironía.

Alba preguntó Guillermo, ¿Qué llevas braguita o tanga?, tanga contestó mi mujer. Sácatela y entrégamela ordenó Guillermo, Alba subió su entallado vestido hasta la cintura y se bajó el tanga para dárselo a su hombre. Guillermo lo olió y lamió, huele a putita en celo dijo en voz alta, noté como mi esposa se ruborizaba. Guillermo me pasó la ropa íntima de mi esposa por la nariz, huele bien verdad cabronazo, a lo cual contesté con un balbuceante sí. Guillermo se guardó el tanga de mi mujer en el bolsillo de su americana.

La manaza de Guillermo nuevamente acarició los muslos de mi Alba hasta desaparecer de mi vista debajo de su falda, por sus movimientos noté que pugnaba por abrir las piernas de mi esposa. La otra mano se deslizó por debajo de la axila de Alba atrapando y apretando uno de sus pechos. Alba empezó a gemir y abrió sus piernas, dos dedazos del impresentable profanaron el coño de mi esposa arrancándola u bestial suspiro. Esta empapada la muy puta comentó Guillermo.

No pude evitarlo y acaricié mi pollita por encima del pantalón. Guillermo me vió y mientras con sus dedos follaba a Alba me preguntó:

¿Te gusta cornudo?, no contesté. Que si te gusta cornudo ver a tu esposa en manos de otro macho. Si contesté débilmente, en ese instante Alba se arqueó, cerro sus piernas atrapando la mano de Guillermo, y después de tres o cuatro contracciones se corrió escandalosamente. Guillermo saco su mano de la entrepierna y ofreciéndome sus dedos me dijo: cómete mis dedos cabrón de mierda, los dedos que han provocado el orgasmo de la puta de tu esposa.

Los dedos de Guillermo recorrieron mis labios, en ese momento volví a correrme, abrí la boca y me los metió. Chupe y succioné los dedos que habían dado tanto placer a mi mujer. Por fin llegamos a casa, preciosa mansión tenéis, pasamos al comedor. Ponme una copa gilipollas me ordenó Guillermo.

Fui a la cocina, cogí un vaso y hielo. Al regresar, Guillermo y mi esposa estaban abrazados morreándose. Las manos del hombre sobaban el cuerpo de mi dulce Alba, sus nalgas, sus tetas. Alba se subió el vestido y cogiendo la mano de su nuevo hombre se la llevó a su entrepierna, llegando sin ningún problema hasta su empapado coño.

Guillermo estuvo masturbando a mi esposa durante un buen rato, Alba gemía como una perra. Vamos a vuestro dormitorio dijo, voy a follarte Alba en vuestra cama de matrimonio mientras hacemos al cabrón de tu marido un verdadero cornudo. Quiero que me pidas que te folle Alba, pídemelo zorra.

Alba no contestó, gemía y jadeaba como una perra.

Pídemelo, suplica puta insistió.

Alba seguía sin contestar. Zorra suplica que te folle volvió a insistir mientras continuaba masturbando a mi mujercita.

Fóllame Guillermo, fóllame y móntame como a una yegua, gritó mi esposa.

Guillermo se rió. Vaya, vaya, cornudo mira lo que tenemos aquí, una verdadera putita deseosa de que alguien le de lo que su maridito no le da. Como una pareja de novios Guillermo y Alba se dirigieron a nuestro dormitorio, yo mismo le abrí la puerta. Mira lo que tengo para tí, putita.

Guillermo cogió la mano de mi esposa y la restregó contra su enorme desabrochó los botones de su pantalón e introdujo la mano de mi mujer dentro de su bulto.

¿Esta dura y gorda verdad?, inquirió.

Si, contestó mi mujer totalmente fuera de sí estampando un impresionante morreo a Guillermo. Es más grande y dura que la del cabrón de tu esposo preguntó la nueva pareja de Alba. Si, es la verga más grande que he tenido en mis manos contestó totalmente excitada y entregada Alba, mucho más que la de mi esposo. En ese instante, Alba se arrodilló delante de ese odioso hombre e intentó mamar su verga.

Quieta ramera, te comerás mi verga cuando yo te lo diga. Guillermo sabía lo que hacía y como humillarme a cada momento. Se sentó en un butacón, metió una de sus enormes manazas debajo de sus calzoncillos para masturbarse y empezó a darme órdenes:

Desnuda a tu esposa para mí.

Quité los zapatos de tacón que llevaba puestos mi mujer, me puse detrás de ella y bajé con parsimonia la cremallera de su vestido mientras Alba estaba totalmente pasiva. El vestido cayó a sus pies y lo eché a un lado. Alba se quedó semidesnuda delante de su nuevo hombre, solo cubierta por sus medias a medio muslo y su sujetador azul de encaje.

Guillermo con una mueca enfermiza dijo: estás totalmente empapada, pareces una vulgar ramera. Era cierto, el flujo vaginal de mi esposa salía de su arreglado coño mojando la parte interna de sus muslos. Desabrocha el sujetador cornudo ordenó. Obedientemente, desabroché el sujetador de Alba. Sus tetas quedaron al aire sin ningún pudor a la entera visión del pervertido a quién había ofrecido a mi mujer, mientras Guillermo rugía de placer.

Que tetas tienes Alba dijo, que suerte tiene el marica de tu esposo. A cada insulto, a cada humillación por parte de ese cabrón mi deseo de masturbarme aumentaba y mi pollita crecía más y más empapando mi boxer. Tú cornudo, tráeme el tenga de tu puta, tráemelo de rodillas y con la boca, como un buen perro, me ordenó Guillermo.

De rodillas y con la boca sumisamente llevé el sostén de mi mujer y se lo entregué a su nuevo macho. Lo olió y lamió.

Huele y sabe a ramera, dijo con gran satisfacción. Alba, acuéstate, mi esposa se tumbó boca arriba en nuestra cama nupcial. Guillermo se desnudó, su enorme pollón quedó a la vista, mediría unos dieciocho centímetros, totalmente depilado, venoso, muy grueso, con unos testículos impresionantes y también depilados.

El indeseable me ordenó sentarme al lado de mi esposa y dijo: cornudo coge mi mano y acaricia con ella el cuerpo de tu esposa.

Obedientemente cogí su manaza, la puse en los tobillos de Alba y comencé a subirla por el cuerpo de mi adorable mujercita. Su mano guiada por mí sobó las piernas y los mojados muslos de Alba, luego sus nalgas y finalmente subieron por el vientre de mi mujer para ordeñar las tetas de mi esposa mientras a la vez tiraba de sus pezones.

Una mueca desencajada de satisfacción cubría el rostro de Guillermo, que tetas tienes puta, que pezones y yo te las estoy ordeñando, mientras el cornudín me ayuda dijo humillándome con sus palabras y risotadas. Cornudo, vas a comerte mi verga, me la vas a poner muy dura para que pueda follarme a tu linda mujercita. Alba incorpórate ordenó de forma autoritaria. Alba se sentó en nuestra cama matrimonial.

Me arrodillé delante del macho, Guillermo me miraba mientras continuaba magreando a mi esposa. Hazte un dedo zorra mientras el marica de tu esposo me la chupa y pone bien dura para que pueda follarte, exigió el macho Alfa.

Alba introdujo dos de sus dedos en su empapado coño y empezó a suspirar y gemir como una verdadera putita. Arrodillado delante del hombre que iba a follarse a mi esposa, abrí la boca con la intención de comer ese pedazo de carne. Guillermo no me dejaba tragar su verga, se reía de mí, su mano cogió la de mi esposa y se la llevó a  su tremenda virilidad, empezó a darme pollazos en la cara mientras se carcajeaba.

Que maricón es tu marido, quiere comerse mi verga como si le fuese la vida en ello. Guillermo me agarró de la cabeza y de una fuerte embestida metió su pedazo de carne en mi boca. No podía respirar, me entraron arcadas y lagrimas salieron de mis mejillas. Guillermo por fin sacó su verga de mi boca, y como un buen perro pude lamer y comer mi primera verga, acariciando sus enormes cojones durante un buen rato.

Para ya perra me dijo mi vecino, mi leche no es para ti sino para la zorra de tu esposa, abre las piernas de Alba. Presuroso me levanté, humildemente abrí sus piernas permitiendo que el macho se pusiese encima de ella.

Coge mi verga, tu mismo, cornudo cabrón, vas a ser quien metas mi polla en el coño de tu esposa, ordenó Guillermo. No aguantaba más, cogí su verga, abrí los labios vaginales de mi mujer y, lentamente, empujando las nalgas de Guillermo introduje su pedazo de carne en el coño de mi esposa, el glande del pollón se abrió paso por los labios vaginales de coño de mi mujer. Luego su tronco poco a poco entró en el sexo de Alba hasta que los cojones de ese indeseable chocaron con la entrepierna de mi esposa. En ese instante y sin llegar a tocarme me corrí como un cerdo manchando mi ropa interior.

Alba jadeaba de gusto, yo volví a cascármela como un mono. Guillermo estaba fuera de sí bombeando de forma brutal a mi mujer: toma ramera de mierda, puta, a partir de ahora esta es la verga que te va a follar cuando quiera, dijo el macho. Soy tu perra y tu mi macho, dijo Alba exhalando suspiros de placer, sin importarla que nuestros vecinos pudiesen escucharla.

Que prieta estás zorra, tu maridito es un pichafloja que no sabe follarte, díselo dijo Guillermo, llámale cornudo. Eres un cornudo pichafloja, nunca has sabido follarme, ha tenido que ser este cabrón degenerado quien me folle como un verdadero hombre y no tú, dijo mi mujer.

En ese instante Alba y yo nos corrimos, mi leche terminó de manchar mi pulcro traje, mi esposa totalmente abierta de piernas para su hombre se arqueó y las cerró contra la espalda de su macho. Guillermo por su parte continuaba follándose a mi mujercita, mientras empecé a comerle el culo y los huevos a ese ser despreciable que había humillado y sometido a un feliz matrimonio pero que tanto placer no estaba proporcionando.

Voy a correrme, no aguanto más, dijo Guillermo. ¿Dónde quieres que me corra?, me preguntó el macho humillándome hasta límites por mí desconocidos, dime ¿Dónde quieres que me corra? Marica de mierda.

Córrete dentro dijo mi esposa, está en sus días más fértiles le dije.

Suplícame que la embarace, que la preñe, ordenó.

Totalmente fuera de mí grité, aún a riesgo de ser oído por todo el vecindario, préñala, Guillermo, préñala como los perros preñan a las perras. Con un rugido triunfal, Guillermo se corrió dentro del coño de mi mujer, muchos trallazos de leche inundaron el útero de Alba. Guillermo siguió dentro de mi mujer durante buen un rato, bombeando y vaciando su semen en su interior. Servilmente acaricié los huevos de Guillermo, ordeñándolo por entero hasta que totalmente extenuado sacó su enorme pollón del coño de Alba. La leche salía del coño de mi esposa manchando su sexo, su entrepierna, su culo y las sábanas de nuestra cama matrimonial.

Guillermo me empujó sobre la cama y ordenó: perro cornudo, quiero que dejes bien limpio el coño de esa puta. Mi esposa abrió sus piernas y pude ver su coño bien abierto y mojado, introduje mi lengua en el sexo de Alba, lamí la leche de mi vecino, limpié el coño, los muslos y el ano de mi esposa a conciencia.

Muy bien perrito me dijo el macho, ahora limpia mi polla. Guillermo se folló a mi mujer otras dos veces, Alba le entregó su culo virgen en la ducha mientras me masturbaba como el cerdo que soy viendo la escena.

No te corras cariño, no te corras por favor. No pude evitarlo me corrí y la leche manchó mi estómago. Alba me dijo: lo has vuelto a hacer, te has corrido y no me has penetrado. Alba se dio la vuelta enfadada. Lo siento me disculpé. Vete a la mierda me dijo mi esposa, límpiate por lo menos. Me limpié en el baño, me acerqué a mi esposa, dormía, le pedí disculpas pero no contestó. Al rato sentí como se masturbaba.

capata

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