Una tarde normal de primavera

Acababa de salir del centro comercial, después de haberme comprado unos tenis nuevos (que buena falta me hacían), y caminaba por la calle sin prisa, dirigiéndome hacia la casa de mis abuelos,que en aquel momento no estaban en casa, para echar una siesta o hacerme una paja. Era primavera y hacía calor, así que las chicas llevaban pantalones cortos y escotes, y la visión de estos hizo que comenzara a preferir la segunda opción. De repente, una alegre voz me llamó por mi nombre, y yo me di la vuelta. Era Sandra, una compañera de clase bastante amiga mía.

-Hola Manuel, que tal, como te va el día?

Yo le respondí y comenzamos a charlar acerca de los exámenes, de la vida de fin de semana y de otras banalidades.

-Yo iba a quedar con una amiga en el centro comercial, me acompañas?

Encantado, acepté su oferta. Llevaba un vestido verde claro que dejaba descubiertas sus hermosas piernas y un generoso escote. Ella era una chica baja, con un buen culo y unas tetas firmes, y muy muy guapa, por lo que yo decidí quedarme un rato mas con ella y conseguir mas material para cuando me encontrara solo en casa de mis abuelos. Bajamos por la calle mientras hablábamos, cuando recibió una llamada. Tras hablar un minuto escaso colgó.

-Era mi amiga -Me dijo -Le ha surgido un imprevisto y no puede venir.

Yo sugerí que, ya de estar ambos ahí, podíamos pasar la tarde juntos.

Dimos un paseo por la ciudad y tomamos algo. Ella estaba de buen humor, con una gran sonrisa en su cara, y yo miraba su escote de manera continua sin que ella se diera cuenta, así que ambos disfrutamos la tarde. Fuimos a tomar un café, y mientras lo bebíamos continuamos charlando. Hablamos de música, de nuestros profesores, compañeros de clase y cine. Un poco de todo. En un momento se giró para pedir un poco mas de leche, y yo devoré con los ojos aquellas tetas jóvenes y firmes que su escote enseñaba de manera tan provocadora. Sin embargo, me demoré demasiado, y cuando Sandra se dio la vuelta, me encontró observando sus pechos con una sonrisa. Nos miramos a los ojos y yo me quedé de piedra, sin saber bien que decir. Ella se rió, y con un tono burlón dijo:

-Vaya Manu, me alegra que te guste tanto mi escote, pero no lo mires tanto o me lo vas a gastar

Yo me reí y le dije que era imposible no fijarse en una chica tan guapa como ella. Dije esto para que no se diese cuenta de que yo estaba muerto de vergüenza por dentro, y los efectos de mis palabras me sorprendieron mucho. En ved de enfadarse o continuar con su tono burlón, o incluso ignorar lo ocurrido, me miró con unos ojos seductores y dijo:

-Bueno, si te gustan tanto igual puedo… -Dijo mientras iba abriendo su escote lentamente, para revelar mas y mas carne. Estábamos en una esquina de la cafetería prácticamente solos, así que nadie la vio. Yo tragué saliva. Entreví un pezón, aunque desapareció en su vestido momentos mas tarde. Miró a su alrededor nerviosa, y con su pierna comenzó a tocar mi paquete. Al sentir su pie acariciando mi polla erecta casi eyaculo, y todo aquello era demasiado surrealista para ser real. Sandra estaba entre divertida y excitada, y aquellos juegos la habían encendido a ella también. Yo me di cuenta de esto, y decidí aprovechar mi oportunidad. Me levanté y me puse en la silla de al lado suya. Por un momento pareció asustada, por que seguramente no me creía capaz de tomar la iniciativa, pero no tuvo tiempo de decir nada por que la besé en la boca y nuestras lenguas se entrelazaron. Fue un beso pasional, y mientras seguíamos unidos, comenzó a acariciar mi polla dura por encima del pantalón, lentamente y con maestría. No queriendo ser menos, metí la mano bajo su falda para encontrarme que su coño estaba chorreando, y sus bragas estaban húmedas por completo. Aquello la echó para atrás, y miró a todos lados diciendo

-Este no es un buen lugar Manu, nos van a ver, saca la mano de ahí por favor, para ya…

Sin embargo yo ya había metido mi mano bajo sus bragas y comencé a jugar con su clítoris, lo cual hizo que dejara de hablar y comenzase a gemir muy bajo. Poco a poco fue abriendo sus piernas, mientras que me acariciaba la polla por encima del pantalón. Comenzó a morderse el labio y a acariciar sus pechos con la mano que tenía libre. Su vagina chorreaba como una fuente, y yo comencé a meter mis dedos, al principio, uno, luego dos, y finalmente tres en su húmedo coño. Cuando le metí los tres dedos se estremeció. Sus ojos se pusieron en blanco, y abrió la boca de par en par, sacando la lengua en una expresión de placer tal que parecía haber entrado en éxtasis. Ver aquella expresión casi animal en su rostro me calentó aún mas, y con mi mano libre conduje la suya por debajo de mi pantalón. Agarró mi polla con fuerza, y comenzó a masturbarme a toda velocidad. En aquel momento estábamos solos, pues los camareros habían desaparecido en la cocina y no había mas clientela. Aún así, me sorprendió su repentina falta de prudencia, cuando sacó del vestido uno de sus firmes pechos y comenzó a masajearlo y a jugar con sus pezones. Yo comencé a subir el ritmo de mis dedos, y ella abrió las piernas de par en par y comenzó a exhibir una sonrisa de placer mientras me masturbaba muy rápido, y comenzaba a gemir muy bajo. Sin embargo, no habiendo perdido de todo el sentido común, me di cuenta del peligro de la situación, y decidí que había que parar. Sin embargo, aquella ocasión se tenía una vez en la vida, así que decidí cambiar de plan. Agaché mi cabeza hacia su pecho desnudo y comencé a lamerlo y mordisquearlo, mientras continuaba masturbándola. Aquello la excitó aún mas, y se rindió al placer, dejando todo el cuerpo muerto. No pasó ni un minuto hasta que sentí su cuerpo tensarse y se corrió. Yo conseguí tapar su boca a tiempo, y el sonido de sus gemidos quedó amortiguado por completo. Tras unos segundos se relajó, y tras recuperar el aliento me dijo:

-Bueno, eso ha sido… Ha estado… Bastante bien.

Se irguió en la silla de nuevo, guardó su pecho en el vestido, y justo en ese momento el camarero salió de la cocina, con una expresión de aburrimiento. A pesar de su actitud anterior, Sandra parecía avergonzada, y parecía que iba a decir algo cuando le cerré la boca con un beso y llevé su mano hacia mi polla, que aún estaba dura. “Yo he cumplido mi parte, pero tu aún tienes algo que hacer”, le susurré. Me obsequió con otra sonrisa seductora, y tas pensarlo un momento me lanzó una mirada cómplice y asintió. Yo le dije que la casa de mis abuelos estaba cerca, y que estaba vacía. Asintió de nuevo, se levantó, pagamos y nos fuimos. Caminamos en silencio durante unos minutos hasta llegar, y subimos. Al entrar en la casa, Sandra se quitó sus bragas chorreantes y me las tiró. Yo las atrapé al vuelo y me acerqué a ella. Sonriendo, me besó en la boca y metió la mano bajo mi pantalón. En un momento de lucidez, pensé que todo lo ocurrido hasta entonces no era si no el entrante, y al pensar esto, se dibujó en mi cara una sonrisa de oreja a oreja.

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