La enfermedad de mi abuela

La primera vez que vi a mi abuela desnuda fue hace tres semanas, la mujer siempre se comporto muy recatada y, aunque fue prácticamente ella la que me crió desde los nueve años de edad, siempre vistió ropa, incluso más ancha de lo necesario.

Ese día en que todo cambio, me encontraba desayunando, despreocupado sentado en el sillón frente al televisor, cuando mi abuela salio del baño y se cruzo frente a mí tal como llegó al mundo.

Mi primera reacción fue de sorpresa, la mujer se paseaba un lado a otro, como si no me viera allí sentado, pero no, si me veía, incluso me saludo y se dirigió a su habitación como si fuese ataviada con un grueso abrigo.

Mi segunda reacción también fue de sorpresa, como ya dije, nunca le había visto desnuda y la impresión de ver su cuerpo sin prendas encima fue mucha, más aún, cuando me percaté que no estaba nada mal para sus 72 años, como a todo, la gravedad habían afectado sus voluminosas tetas semejantes a ubres lecheras, sin embargo sus pequeños pezones marrones rodeados de areolas algo más pálidas, pugnaban por permanecer erguidos, su abdomen abultado por las pastas que adoraba comer, coronaban unas anchas caderas realzando un abultado monte de Venus que, de no ser por unos cuantos pelillos canos diseminados lo tendría totalmente lampiño, quede pasmado luego de voltearse y dejarme presenciar un extraordinario y prominente culo similar a un melocotón maduro y sin mas se marcho a su habitación.

Mi tercera reacción fue de preocupación. Hacía ya meses que mi abuela se comportaba extraña, olvidadiza, cambiada y este espectáculo era cuanto menos el más extraño hasta ahora.

Como cualquier buen nieto, la obligué que se vistiera y luego la llevé a rastras con nuestro medico de cabecera.

El tour de médicos especialistas concluyo, luego de 2 semanas en el despacho el doctor Rivera, cuando, en un tono casi sepulcral dijo:

–          Carlos, lo que tu abuela tiene es demencia senil –

Obviamente el diagnostico me consternó. Apesadumbrado por la salud de mí querida abuela lo único que atiné a pensar fue…me cago en la puta leche, como esa vieja de mierda llego a enfermarse de eso. Si no tengo un duro para contratar quien la cuide, me veré obligado a congelar la universidad para hacerlo yo mismo, todos mis planes se irán a la mierda por culpa de esa vieja

–          has dicho algo? – preguntó el doctor Rivera

–          no – respondí mecánicamente, dejando que el buen doctor continuara con su cátedra sobre la dichosa enfermedad

–          dije eso en voz alta – pensé confuso

Tres horas después Salí de la consulta medica cabreado, mucho más pobre de lo que entre y con una pila de medicamentos,

Por fortuna la medicina hizo efecto casi de inmediato, al par de días ya no tenía cambios de humor, no se comportaba extraño y por supuesto, no volvió a deambular desnuda por casa.

Los meses pasaron sin mayor sobresalto. Mi abuela se mantuvo notoriamente estable todo ese tiempo.

Desgraciadamente como predije, congelé mi carrera y me dedique a cuidarla día y noche, por muy estable que permaneciera tenia que mantenerla vigilada.

Todo hasta un caluroso día de verano. Volvía de hacer compras cuando, una calle antes de llegar a casa me encontré saliendo de su vivienda al fontanero. El señor Hernández era un tipo de unos 65 años, cabello cano y una prominente barriga cervecera, la verdad, el hombre me cayó de los huevos hace 5 años cuando se propasó con un comentario hacia mi abuela, de allí nunca más le dirigimos la palabra.

Sin embargo, al verle me llegó una epifanía difícil de ignorar, si por cuidar de la vieja mi vida se fue al diablo, eso lo sé, pero, quien dice que, tengo que aburrirme en el proceso?

Lo primero fue descontinuar los medicamentos. A los 3 días volvió a pasearse desnuda por casa. Volver a verle esas tetazas balanceándose al caminar todo el día me ponía palote, mi mente divagaba constantemente y sin duda me la follaria allí mismo de ser un pelo más depravado de lo que soy.

Eso no quiere decir que, no pueda ver como otros se la follan, al final le haría un favor, es viuda hace 20 años y no ha tenido un hombre desde entonces.

La primera parte de mi plan estaba lista, la segunda era un poco más incomoda.

Me deslicé bajo el fregadero y desgaste la tubería lo suficiente para provocar una pequeña pero incesante gotera.

La tercera parte de mi plan consistía en encontrarme por “casualidad” con el plomero, deambule frente a su casa por unos minutos hasta que le vi salir.

–          don Javier que bueno encontrarlo – dije sonriendo

–          Carlos dime, para que soy bueno?

–          Para follarse a mi abuela – pensé – tengo una gotera en el fregadero me gustaría que la viera

–          Claro pero hoy estoy ocupado, podría pasar mañana como al medio día

–          Por mi esta bien – respondí

–          Y dime…como esta tu abuela? – preguntó con una sonrisa mientras me alejaba

–          Algo enferma – respondí

–          Cuanto lo siento – dijo dando por terminada la charla

A las 12 p.m. en punto del día siguiente llegó el tío con su bolso abarrotado de herramientas, lo acompañé a la cocina y le mostré la dichosa gotera

–          don Máximo tengo un problema, cuanto tardaría ustedes en reparar el asunto?– dije poniendo en marcha la ultima etapa de mi plan

–          unos 40 minutos por? – respondió asomando su cabeza de debajo del fregadero

–          es que, tengo que salir en 5 minutos – dije preocupado – y no regresare hasta dentro de un par horas, cuando menos

–          Y que problema te haces chaval, yo termino aquí te dejo todo cerrado y me pagas luego – respondió

–          Haría eso

–          Por supuesto

–          la leche…

–          y…donde esta doña Maribel? – preguntó

–          ha si…ella no se encuentra bien, se confunde con facilidad – el tío se quedo meditando en silencio

–          bueno, tengo que partir, mi abuela está dormida en su habitación no creo que le incomode

–          si, si, si pierde cuidado, intentare no hacer mucho ruido para no despertarle

–          gracias, nos vemos – dije despidiéndome

Cerré la puerta principal y bordee el patio trasero para luego entrar por la mampara del comedor, ya que esta se encuentra frente a la cocina abierta, me oculte entre las sillas del comedor para no ser descubierto, como don Máximo estaba ocupado prestándole  atención a los caños, de puntillas subí las escaleras a la planta superior.

Entré en el cuarto de mi abuela, quien desnuda dormía profundamente sobre las sabanas.

–          Santiago te espera en la cocina – le susurre al oído mientras le pellizcaba sus pezones para despertarla rápidamente

–          Santiago? – farfullo perezosa

–          Si tu esposo, te espera abajo – respondí

Mi abuela se levantó lentamente, aún somnolienta, dándome tiempo suficiente para bajar la escalera y acomodarme en la ubicación perfecta para poder ver la acción, sin que ellos me vieran a mí.

–          Santi…- gritó mi abuela acercándose a la cocina

–          Ha dicho algo doña Mari…- respondí el fontanero contorsionándose para mirarla de entre los tubos y su abdomen – pero que coñ…?

El viejo se levantó de un salto al ver a mi abuela desnuda de pie frente él, nervioso miró en todas direcciones. Pero al saberse solo se acerco a mi abuela, la miró de arriba a bajo deteniéndose en sus turgentes tetas y su depilada y abultada vulva

–          Santi, que te ocurre? – preguntó mi abuela

–          nada solo apreciaba lo hermosa que estás y lo mucho que me gustaría follarte – respondió el hombre arrimándose y sobándole sus melonazos

–          Pero que cosas dices – dijo mi abuela tratando de separarse de las inquietas manos del viejo plomero que la asían firmemente de los senos, al punto de causarle daño cada vez que intentaba apartase de él

–          Santi me haces daño – exclamó mi abuela atemorizada

–          Y más daño te haré si no me conduces a una cama en este momento – gruñó el tipejo tironeando las tetas de mi abuela

Escondido entre el sillón y la mesilla veía fascinado como la mano del plomero liberaba una de sus ubres, descendiéndola rauda hacia la entrepierna de la mujer acariciando todo a su paso.

Una vez alcanzado su objetivo acaricio suavemente su monte de Venus, para luego meterle los dedos entre sus labios vaginales frotando sin descanso su indefenso clítoris. Los tímidos gemidos de mi abuela no tardaron en brotar, aumentando considerablemente la intensidad con el paso de los segundos.

–          tómeme – dijo agitada mi abuela colgándose de los hombros del fontanero

–          haré más que eso, te reventare el coño a pollazos – respondió el viejo empujando a mi abuela escalera arriba, siempre arrimado a ella hundiéndole los dedos en el coño.

Aguardé unos instantes que entraran en la habitación, para luego subir en silencio las escaleras.

Al llegar al cuarto de mi abuela, podía oír a través de la puerta el crujir de la cama y estridentes gemidos de la descomunal follada que el tío le propinaba.

Mi polla inmediatamente cobro vida incrustándose en mi pantalón, haciéndome daño al caminar de la impresionante erección que me produjo. Si más opción y en silencio me quite el pantalón logrando así avanzar el tramo necesarios para alcanzar la puerta.

Desgraciadamente no preví que el viejo aseguraría la puerta por dentro, y por cada intento de abrirla, se iban mis esperanzas de espiar de una forma relativamente segura. Luego de pensar unos segundos no hallé más alternativa que salir así, con el culo al aire por el cuarto de invitados del segundo nivel a la terraza que compartían ambas habitaciones, esa acción era arriesgada ya que podía ser visto desde el cuarto de mi abuela como por algún vecino fisgón que caminase por allí.

Abrí con cuidado la mampara de vidrio y mirando en todas direcciones, salí apoyándome en la barandilla, agazapado me acerque cuarto de mi abuela y sin perder tiempo observé por la ventana.

Lo primero que vi, fue la espalda del viejo fontanero cubriendo por completo a mi abuela, taladrándole vigorosamente el coño en un enérgico mete y saca.

No podía más que felicitarme por mi plan perfectamente ejecutado el cual marchaba mejor de lo esperado, solo faltaba la paja de rigor mientras contemplaba a escondidas el espectáculo que los viejos protagonizaba.

La visión que tenia frente a mi era paga suficiente por todo el desajuste que la enfermedad de mi abuela ha provocado en mi vida, por ello, sin perder mas tiempo agarré mi polla y empecé a pajearme frenéticamente con los gemidos de mi abuela y la vista del culo del viejo subiendo y bajando entre las piernas escandalosamente abiertas de la madre de mi progenitor.

–          tú no eres Santiago ¿quien eres tú? – chillo mi abuela aterrada

Era el instante que esperaba. Cuando llegara su lapso de lucidez y se encontrara con el desagradable hombre regordete y desaliñado que tanto odiaba, sobre ella y embistiéndole profundamente el cipote en su senil coñito.

En ese momento me di cuenta que mi perfecto plan era una mierda, en mi posición no podía percibir lo que más quería ver, mi paga, el momento culmine, donde yo terminaría en una corrida apoteósica apreciando la cara de asco y horror de mi abuela pero, no podía ver nada de eso por mas que me empinaba intentando evitar ser descubierto ocultándome entre las cortinas abiertas del cuarto, lo único que lograba ver eran las tetas de mi abuela balanceándose descontroladas a cada poderoso enviste del viejo, no me quedó mas  remedio que conformarme con los chillidos, suplicas y el débil forcejeo que la anciana ofrecía de resistencia contra su fornido violador.

–          por favor, déjeme me esta violando – gemía mi abuela

–          violar pero si te gusta, anda di que mi polla es la única que te ha rellenado, que el maricon de Santi ese, no te follaba como te follo yo – gruñía el fontanero sin dejar de empalarle su congestionada herramienta  hasta los cojones, sujetando firmemente sus muñecas con una mano y la cadera con la otra para evitar que escapase

–          no me gusta, sácalo por favor – rogaba mi abuela pero, entre más suplicaba ella, más fuertes y profundas eran las estocadas que daba don Máximo

–          me rompes, por favor detente que me rompes el coño – fue lo ultimo que oí decir

a mi abuela antes de alcanzar un orgasmo espectacular, tal fue la cantidad de leche que solté que empape la ventana con abundantes grumos de semen. Agotado por la descarga y antes que algunos de mis vecinos terminaran por verme en pelotas masturbándome en la terraza, entre nuevamente por la corredera el cuarto, dejándome caer rendido sobre la cama, allí reposé unos minutos, todavía oyendo el crujir de la cama y los quejidos suplicantes de mi abuela.

Si bien, sentía unas ganas locas de volver a masturbarme con los lamentos de mi abuela, no quería tentar la suerte y salir fuera nuevamente, por lo que en silencio me incorpore y camine de puntillas por el pasillo, lo que se oía ahora al pasar frente a la puerta de mi abuela, eran los bramidos del viejo y el fuerte traqueteo de la cama golpeando la pared.

Pensé que estarían del todo concentrados rompiendo la cama, como para advertir mi presencia por lo que de nuevo intenté forzar la puerta,  esta vez con más ahínco y mirar desde ahí

–          ya casi culo gordo, ya casi  – grito el fontanero

Intuyendo que el hombre estaba a punto de correrse, me coloque los pantalones a la carrera mientras bajaba por la escalera, para luego salir por la mampara del comedor esquivando sillas a mi paso, una vez fuera, me dirigí al final de la calle donde me quede agazapado justo a unos arbustos esperando que el viejo se marchase, y allí aguarde por más de veinte minutos y el muy joputa no salía, se la tiene que estar follando otra vez pensaba, y yo aquí sin ver nada pero, si me devuelvo y el tío me descubre, molesto por la situación comencé a caminar por las calles sin rumbo fijo mientras mi mente no para de dar vueltas pensando en la prácticamente violación que había presenciado y en lo dura que mi polla se ponía al recordar las imágenes que rondaban mi mente, cuando al fin vuelvo a la realidad habían pasado mas de 2 horas, rápidamente regreso a casa y al ingresar por la puerta de calle,  me encuentro con Máximo acomodándose la camisa

–  gracias chaval por la follada, así que tu abuela tiene demencia o alzahimer?- la pregunta me dejo de piedra

– bueno igual no es importante, no te pongas así- me dijo – se que querías que me pasara a tu abuela por la piedra y lo hice 3 veces –

– pero que mierda – dije

– el problema fue que te fuiste muy rápido, mañana te puedes quedar incluso puedes entrar al cuarto para  que veas de cerca –

-oye…ahora esta durmiendo no la despierte, ya se despertará sola sin recordar nada, lo sé, ya lo he hecho antes –

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