¿Te has quedado a gusto, hijo mio?

Lo que os voy a narrar sucedió años atrás.

Por aquellas fechas contaba con 20 años y al ser estudiante compartía domicilio con mi madre.

Ella, de 45 años, separada, 1,65 de estatura, morena, pelo corto, de rostro extremadamente dulce y afable, caderas anchas y trasero prominente, aunque no en exceso, y pecho poco voluminoso, se trataba de la clásica ama de casa de vida monótona y con el único “vicio” de devorar cuantas telenovelas o programa de chismorreos salieran en televisión.

Yo, extremadamente delgado, 1,75 estatura, pelo muy corto, de carácter tímido y hogareño, y por dicho carácter o falta de ocasión, virgen, y obviamente con hormonas revolucionadas.

Nuestra vida no podía ser mas normal e incluso aburrida.

Como ya he dicho antes, hace años, un fin de semana como otro cualquiera, me levanté de la cama y tras percatarse mi madre de esa circunstancia, la escuché gritar desde su dormitorio:

–        ¡!!!!Hijo mío¡¡¡¡ No hagas la cama. Quita las sabanas que las voy a lavar.

–        Bueeeeeno…..

Así lo hice, pero al intentar quitar la funda de la almohada, bien por la estrechez de la misma o por algún tipo de atranque, vi que necesitaba su ayuda.

Siendo verano, y sin haber tenido tiempo de vestirme, me encontraba apenas cubierto con el slip, y tras agarrar la dichosa almohada me dirigí al dormitorio de mi madre.

La sorprendí de espaldas a la puerta, haciendo lo propio con las sabanas de su cama, en bragas y sujetador de color blanco impoluto.

Me sentí algo cortado al verla así, ya que, aunque mi madre tampoco se encerraba bajo “siete llaves” para cambiarse de ropa, siempre se había mostrado bastante pudorosa para ese tipo de cosas, por lo que pocas veces la había visto en ropa interior.

De forma totalmente instintiva, y tal vez con la intención de sortear lo que para mi era una situación embarazosa, golpeé a mi madre con la almohada al tiempo que me reía a carcajadas.

Ella se “asustó” al sentirse “agredida” sorpresivamente, pero inmediatamente se unió al “juego” y contraatacó con su propia almohada.

El intercambio de almohadazos en su dormitorio y las carcajadas, finalizaron cuando tras tropezar mi madre con el filo de la cama, cayó cómicamente sobre la misma, y yo, por el impulso del almohadazo fallido, caí sobre ella, de tal forma que quedé embarazosamente tumbado sobre su cuerpo, teniendo en cuenta que ambos estábamos en ropa interior.

Si dejar de reírse, y con rostro inmensamente feliz, como si hiciera años que no se divirtiera tanto con un inocente juego, me besó repetidamente en la frente y en la cara, diciendo, “te quiero mucho hijo mío”.

Instintivamente, quise devolverle aquella muestra de amor maternal, respondiendo a sus tiernos besos con los míos. No obstante, aunque de forma totalmente involuntaria, la excesiva proximidad que manteníamos en aquella posición, provocó que, varias veces, en aquel intercambio de besos, llegara a haber contacto entre nuestros labios, e inexplicablemente, con una prolongación en el tiempo cuando menos “embarazosa”.

Tumbado y abrazado a mi madre en ropa interior, tras lo que inicialmente solo se había tratado de un inocente juego e intercambio de tiernos besos entre nosotros, el contacto y calor de su cuerpo provocó que, de forma totalmente refleja e inconsciente, mi miembro entrara en erección.

Creí morir de vergüenza cuando noté aquella erección tan escandalosa y difícil de explicar, y más cuando, a pesar de mis esfuerzos para deshacer aquel abrazo disimuladamente y evitar que ella pudiera notarlo, conseguí todo lo contrario, al tropezar la “dureza” de mi miembro en el muslo de mi madre.

Noté como me puse colorado como un tomate con el corazón a punto de explotar, deseando que me tragara la tierra.

No podía comprender como unos simples besos o el calor de aquel contacto me hubiera provocado una erección más que evidente. Pero que hubiera ocurrido con mi propia madre y que ella se hubiera percatado me aterrorizaba hasta límites inimaginables, temiendo que ella reaccionara de forma intempestiva.

Mi madre se percató perfectamente del estado de terror y abochornamiento que me embargaba, en el que solo me faltaba llorar o salir corriendo, (reitero mi carácter tímido en esas fechas. Si aquello me hubiera sucedido con una extraña también me habría avergonzado sumamente, pero que hubiera sucedido con mi propia madre lo convertía en terrorífico), y, aunque en principio se había callado fingiendo no haberse percatado de algo tan sumamente impropio por de parte un hijo, como excitarse abrazado a ella, sonrió abiertamente y me dijo.

–        ja, ja, ja, ja. Hijo mío, no te avergüences de “eso” …. estamos en familia…. soy tu madre…. no pasa nada……. es “normal” ……. la edad……. hormonas……. no tienes que avergonzarte……. no te preocupes……

Aquella actitud de mi madre me tranquilizó, ya que por mucho que lo intentara no lograba encontrar palabras para justificarlela enorme erección de mi miembro, la cual, a pesar del terror, lejos de disminuir, aumentaba de forma alarmante.

De todas formas, no tenía “escapatoria”, si continuaba abrazado a mi madre, la erección se volvía “patente” en contacto con su cuerpo, pero…… si me apartaba…. la erección quedaría completamente visible ante sus ojos.

Ella, sin dejar de sonreír, y notando el “aprieto” en el que me encontraba, volvió a besarme tiernamente, al tiempo que añadió:

–        Te quiero hijo mío…. tranquilo, con tu madre no tienes que avergonzarte de nada…. conmigo no tienes que justificarte, no has hecho nada malo…. Yo también me he sentido muy “a gusto” abrazada a ti….

–        Qué vergüenza mamá, te juro que no sé cómo ha podido sucederme esto…. y para colmo eso no se baja

–        Ja, ja, ja, ja. No pasa nada hijo mío, si quieres………. puedes…. “frotarte” …… “un poco” con mi cuerpo…. y…. te “desfogas” …. ya verás cómo se “baja”.

Ni siquiera comprendí a que se refería con aquella propuesta, ¿frotarme?, ¿con su cuerpo?, sin duda no había entendido lo que decía.

–        ¿Cómo?, ¿a que te refieres mamá?…….

–        Un pequeño “juego” entre nosotros…. no te preocupes… ya verás cómo te “desfogas” sin hacer nada malo. Te quiero hijo mío…. tranquilo, estamos en familia….

Sin haber llegado a asimilar sus palabras, noté como lentamente comenzaba a abrir las piernas, de forma que, mi erección, que hasta entonces “reposaba” sobre uno de sus muslos, entró en contacto con sus inmaculadas bragas blancas.

–        Colócalo sobre mi sexo, hijo mío, y mueve las caderas como si estuvieras haciendo el amor con la chica que mas te guste…… ya veras como con el frotamiento te corres y te desfogas, aunque no nos quitemos “ni” la ropa interior….

Uffff, a pesar de la lencería que separaba mi miembro de su sexo, el calor del mismo provocó que, de forma autómata, mis caderas entraran en movimiento de forma instantánea, frotándome con mi madre de forma evidentemente obscena, sin que mi mente o timidez pudiera evitarlo en absoluto.

Lejos de pensar en “alguna chica” mientras mi polla se restregaba sobre su sexo, mi mente solo tenía cabida para mi madre, sorprendiéndome que aquello lejos de avergonzarme me excitara aún más.

–        ¿Ves?, así hijo mío…… ya verás cómo te corres….

Instintivamente busqué sus labios y la besé introduciendo mi lengua hasta lo más profundo, sin que ella, lejos de rechazar tan obsceno beso, hiciera otra cosa que responder al mismo con pasión.

Alucinaba sin poder comprender como unos simples “almohadazos” o inocentes besos, habían desembocado en aquello, encontrándome unos minutos después tumbado y abrazado sobre mi madre, mientras bombeaba las caderas de la forma más obscena que pudiera imaginarse.

Increíblemente, lejos de avergonzarme por actuar así con mi propia madre, aquello me provocaba un placer inmenso, sin que ella, lejos de “molestarse” ante las acometidas de mi polla erecta sobre su sexo, hiciera otra cosa más que sonreír satisfechapor el placer que me estaba proporcionando.

–        ¿A que estas disfrutando hijo mío?, ¿lo estás pasando bien?. ¿a qué te gusta?

–        Uffff, mamá…… que gustazo……. te quiero….

–        Venga…. muévete…… frótate con fuerza…. quiero ver la cara de “tonto” que pones cuando te corres.

–        Ufffff. Mancharé el slip….

–        Si, no te preocupes, ya lo lavaré después….

La dureza de mi polla habría podido desgarrar el slip y sus braguitas, pero aun así me “limité” a cumplir con las reglas del juego, sin intentar penetrarla o acariciar abiertamente sus pechos, como si besarla en la boca o frotar la polla sobre su sexo, sin intentar llegar a mas, se tratara de algo inocente o carente de transcendencia.

Como era de suponer por la ferocidad de mis embestidas, terminé corriéndome entre alaridos de placer, encharcando de semen el slip con tal profusión, que, sin duda, mi madre, como había adelantado, iba a tener que lavarlo.

Ella me abrazó con fuerza mientras sonreía abiertamente, inmensamente feliz por el placer que me había provocado aquel orgasmo.

Tras colmarla de besos “en agradecimiento”, me tumbé a su lado, y habiendo perdido “la timidez” por completo tras haberme corrido entre sus brazos, le dije:

–        ¿Y tú qué?

–        ¿Yo?

–        Tu no te has corrido mamá, eso no es justo….

–        No te preocupes…. estoy mas que satisfecha viendo como has disfrutado, hijo mío. No puedes ni imaginar la cara que has puesto mientras te corrías….

–        Pues ahora quiero ver como te corres tu, mamá.

Mi madre se hizo de “rogar” un rato, pero entre besos y abrazos logré convencerla para que se masturbara.

A su lado y tumbado de perfil, observé como introducía un mano bajo sus bragas blancas.

Deduje que en realidad estaba deseando hacerlo, ya que sus gemidos fueron casi instantáneos.

La vi morderse los labios, al tiempo que contoneaba el cuerpo lascivamente al ritmo de sus propias caricias.

Aproveché la postura para acariciarle por primera vez los pechos, me sorprendió la dureza de los mismos, y más aún que sus pezones reaccionaran a mis caricias irguiéndose de forma evidente bajo el sujetador.

Sus gemidos me provocaban un morbo brutal, sorprendiéndome que se masturbara sin dejar de mirarme a la cara directamente, o que, de vez en cuando, sacara la mano con la que se acariciaba para invitarme a lamérsela y saborear sus jugos.

Su cuerpo pareció entrar en erupción, cuando un enorme orgasmo la “obligó” a revolcarse sobre la cama con los ojos en blanco, hasta quedar boca abajo con la mano bajo sus bragas.

–        Uffff, mamá, nunca imaginé que tuvieras esos orgasmos tan enormes……

–        Si…. Uffff, hacía tiempo que no había disfrutado tanto, hijo mío….

–        Ahora tenemos un “problema” mamá….

–        ¿Un problema?

–        Mira… (Dije señalando mi nueva erección).

–        Ja, ja, ja, ja, ja, Pues hazte una paja, ja ja ja ja.

–        Esto……. Ahora me gustaría……

–        ¿Qué? (Su rostro denotó cierta preocupación, temiendo que aquella complicidad intima entre nosotros, me llevara a desear algo mas).

–        Esto…… follarte de verdad. (Dije con rostro compungido y de no haber roto un plato en la vida).

–        Ahhhh. No. Eso si que no. Soy tu madre…… una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa….

–        Venga mamá……. Mira como me has puesto. Me va a reventar la polla (Dije señalando mi manchado slip a punto de desgarrarse).

–        Que no. Eso no. Que soy tu madre.

Con una erección de caballo y su cuerpo pegado al mío, mi mente solo pensaba en una cosa, en poseerla. Intenté despojarle de las bragas, ante lo que mi madre optó por levantarse de la cama y salir corriendo sin parar de reír nerviosamente.

Un imaginario espectador que hubiese visto a mi madre correr en ropa interior por el pasillo, perseguida por su propio hijo con el slip abultado y encharcado de semen, habría alucinado por completo.

La alcancé en el salón. Cerré la puerta para evitar que volviera a escapar. Sus carcajadas retumbaban con fuerza mientras correteaba dándose a la fuga, usando las sillas como “escudo” para evitar mis acometidas y algún que otro azote en el culo.

Por fin pude abrazarla y “obligarla” a tumbarse en el sofá. Sus intentos por evitar que le arrancara las bragas se fueron diluyendo, hasta que por fin pude contemplar su negro sexo peludo y recortado en forma de triángulo.

Me deshice del slip, logrando que, por una vez, mi madre, dejara de reír clavando los ojos en la enorme erección de mi polla.

Tumbada en el sofá, a unos metros de su hijo con la polla dura como el acero y la mirada clavada en su sexo, cerró instintivamente las piernas en un ultimo intento de evitar ser penetrada.

Me tumbé sobre ella y la besé. Poco a poco sus “no, no, no…” se transformaron en  gemidos. De forma imperceptible sus piernas fueron despejando el camino hasta ofrecerse abiertamente a ser penetrada.

La punta de mi polla notó la humedad de su palpitante coño. Cuando los primeros centímetros de mi miembro penetraron en su interior, noté que mas que húmeda, se encontraba encharcada por completo, lo que facilitó que, de un único empujón, la penetrara hasta la misma base de los cojones.

Me mantuve sin embestir unos segundos, saboreando el calor húmedo de su sexo envolviendo mi polla.

Mi madre me miraba con los ojos abiertos al máximo, a la “expectativa” del inicio del repicar de mis caderas, sintiéndose empalada por mi miembro hasta lo más profundo.

Comencé a follarla, al tiempo que un “shuiss, shuisss ,shuis” húmedo y obsceno, brotaba de su coño a cada embestida de mis caderas.

Estaba siendo desvirgado por mi propia madre. La estaba follando. Y aquel sonido húmedo me provocaba un morbo enorme. No cabía la más minima duda de su excitación y de que estaba gozando como una loca siendo penetrada por su hijo.

Hubiera sido completamente inútil fingir falta de deseo, cuando de su coño ardiente brotaban aquellos sonidos tan húmedos, o sus pezones se mostrarán tan erectos, por lo que ni siquiera intentó morderse los labios y gimió de forma obscena desde el primer pollazo, abriéndose de piernas cuanto pudo para sentirse mas penetrada.

–        Fóllame hijo mío. Fóllame. No pares.

–        Que rica que estas, mamá.

–        Me matas de gusto

–        Y tu a mi, mamá.

–        Dame fuerte, ni se te ocurra correrte todavía, pero fóllame fuerte….

Ni siquiera pensé en cambiar de postura. La simple idea de sacar mi polla de su coño por un instante me provocaba ansiedad. De todas formas, me habría sido imposible, ya que me abrazaba con una fuerza inaudita.

Incrementé el ritmo de las embestidas y supe por su rostro desencajado que iba a correrse en cualquier momento.

Sentí como me arañaba la espalda, y como su cuerpo se convulsionaba, cuando el orgasmo la alcanzó de lleno.

–        Me has matado de gusto, hijo mío. No te corras dentro de mi. Córrete pronto, pero dentro de mi no.

Hubiera deseado penetrarla eternamente, pero tanto placer tenia que explotar irremediablemente.

Apenas unos segundos antes, saqué la polla, y, si bien los primeros chorros de semen cayeron sobre su pecho, las últimas embestidas se proyectaron con tal fuerza que alcanzaron su rostro.

Jamás podré olvidar la imagen de mi madre, la cual, tras encajar mis chorros de semen, con un ojo cerrado por encontrarse empapado de leche, me preguntó…….. ¿te has quedado a gusto, hijo mío?.

luis20grxx

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