La profesora de matemáticas I

Una suave brisa hacía más agradable la noche pimaveral y ayudaba a disipar los efectos del alcohol.

–         No jodas, no te vayas ahora, es muy pronto.

–         Mañana tengo una comida familiar y quiero estar presentable.

–         Pues nada, tú te lo pierdes.

–         Tío, nos vemos el lunes pues en el insti.

–         Claro.

Alberto se despidió de sus amigos y se encaminó hacia su casa. Al día siguiente era el cumpleaños de su madre y no quería tener resaca. Respiró hondo y se metió las manos en los bolsillos. Algo le hizo girar la vista hacia el interior de un bar de copas. Se detuvo y afinó la vista, entre la gente reconoció a Nati, su profesora de matemáticas del instituto. Había llegado nueva ese año al instituto y a la ciudad, con 27 años de edad. Estaba sola y bebía un cubata. Era una profesora odiada por su carácter altivo e irascible. Sus clases consistían en decir su materia y tratar de ridiculizar a algún alumno que hiciera una pregunta que no le gustara o que no supiera resolver un ejercicio. A todo ello unía una voz chillona y dureza a la hora de calificar.

Era objeto de comentario e insultos por todo ello. También por su físico, que sin ser la mayor belleza sí tenía un rostro agraciado aún con el gesto duro que siempre tenía. Le daba un morbo especial. Medía 1,70 de altura, melena lisa y larga castaña con toques caoba, la piel ligeramente morena, rostro ovalado con grandes ojos negros y labios carnosos. Su cuerpo era delgado y esbelto, con un culo firme bien marcado y unas tetas redondas de buen tamaño. Era conocida como la puta por su comportamiento como profesora. Más de una vez con sus amigos habían fantaseado con ella dando rienda suelta a su imaginación e ideando humillaciones sexuales por su labor docente.

–         Seguro que es capaz de mamar cuatro pollas a la vez.

–         Esos labios carnosos deben hacer unas mamadas estupendas,

–         Yo le reventaba el culo, a cuatro patas le ponía en medio de la clase.

–         En medio de la clase con un bukkake.

–         Gasta un buen par de tetas, mira como se le marcaban en la blusa.

–         Tiene cara de guarra, de gustarle el sexo duro.

Su instinto le hizo entrar mientras recordaba todo aquello y sus sueños eróticos con ella, se acercó a la barra y se pidió una cerveza. Estuvo cinco minutos observando a Nati, tiempo en que ella se pidió otro cubata. Su gesto duro transmitía ahora cierta tristeza, aún así no sintió pena por ella. Aprobaba la asignatura porque se le daba bien, otros amigos suyos necesitaban clases particulares y algunos ni con eso. Llevaba una falda a medio muslo  y una camisa ajustada de manga corto, todo negro. Nati no se había percatado de su presencia y tenía la mirada perdida. Su instinto le hizo acercarse un poco más aunque aún había dos personas entre ellos. A esa distancia pudo ver mejor el sugerente escote de su camisa con varios botones desabrochados. Sintió un hormigueo en su polla.

Tomó un trago largo de la cerveza y se armó de valor para plantarse ante Nati, le pasó por detrás y apareció por el otro lado que había más sitio.

–         Hola.

Nati se giró sorprendida de que alguien le saludara y puso cara de sorpresa y cierta incomodidad al ver a un alumno.

–         ¿Qué haces aquí?

–         Nada, dar una vuelta.

Alberto le aguantaba la mirada y Nati la acabó desviando, le volvió a fijar la vista y dijo.

–         Yo también.

–         ¿Vas sola?

–         ¿Qué te importa?

–         Curiosidad.

Nati le dio un buen trago a la copa y le miró con una expresión menos antipática. Casi parecía aliviada de poder hablar con alguien y esbozó una mínima sonrisa.

–         ¿Tú también vas solo?

–         Me volvía para casa y te he visto desde fuera.

–         ¿Y por qué has entrado?

–         Me ha parecido buena idea. – Tras unos segundos de duda. – ¿Y tú?

–         Necesitaba que me diera el aire.

Alberto intuyó la debilidad de Nati en ese momento y decidió aprovecharla. Puso su cara más comprensiva. Volvió a mirar su escote y sintió que el pene le aumentaba de tamaño.

–         Es tu primer año aquí, ¿qué tal en la ciudad?

Nati se quedó pensativa y miró al techo antes de responder.

–         Vivo sola y estoy más centrada en las clases que en la vida social. – Casi sin saber por qué le estaba contando todo eso a un alumno. – Además… se ha juntado ahora…. – Dejó sin acabar la frase.

–         ¿Qué? ¿Qué se ha juntado?

–         No hemos podido mantener una relación a distancia con mi pareja, es un celoso de mierda y se cree que aquí me estoy tirando a uno distinto cada día.

–         Estás muy bien, honestamente.

Otra vez sonrió muy levemente. Alberto le acarició la mano y ella no le rechazó. Para su sorpresa, Nati se levantó del asiento y le abrazó casi a punto de llorar. Le susurró al oído.

–         Necesitaba desahogarme con alguien.

–         Nada, no te preocupes.

Alberto aprovechó para apretarse más y Nati pudo sentir la fuerte erección de él. Sintió que necesitaba hacer algo que dejara atrás su pena y se sintió bien por provocar esa reacción. La mano de Alberto bajó de la espalda al culo de Nati y ella siguió dejándole y además le sorprendió todavía más posando la suya en la bragueta. Alberto se sentía como en uno de sus sueños con ella y le parecía irreal, no se creía lo que estaba pasando ni que aquella fuera la implacable maestra que les martirizaba.

–         Vamos. – Volvió a susurrarle al oído.

Le cogió de la mano como si fuera a escaparse y le llevó al baño femenino. No había nadie en el lavabo y pasaron rápidamente al retrete. Solo una vez echado el pestillo, con una polla que ya sentía a reventar, Alberto besó a Nati. Pudo notar el alcohol en su aliento pero no le importó. No era la primera chica que besaba pero sí la primera claramente mayor y estaba un poco impresionado por ello. Por su parte Nati hacía tiempo que no estaba con alguien de esa edad y se sintió especialmente excitada. Aprovechó para meterle la lengua casi hasta la campanilla. Alberto era un chico bien plantado y con un cuerpo más formado de lo habitual para su edad, 16 años, en otoño haría 17. Pegó su cuerpo al de Nati y esta ya con descaro le agarró bien el paquete.

–         A ver que tenemos aquí. – Dijo provocativa.

–         Ahora lo verás. ¿Y aquí?

Clavó su vista en el escote y le palpó las tetas por encima de la camisa, Nati notó que se erizaban sus pezones, Alberto lentamente le desabrochó los botones, quería disfrutar cada momento al máximo, le abrió la camisa y llevaba debajo un sujetador del mismo color. A Alberto le gustó el contraste con el color de su piel. Ella misma se quitó la camisa y pasó a desabrochar el pantalón de Alberto que bajó hasta los tobillos. Bajo el calzoncillo era notoria la erección y lo palpó por la tela con cara de viciosa. Alberto detuvo su mano cuando se iba a meter bajo el calzoncillo y le quitó el sujetador. Las dos tetas se le ofrecían espléndidas y planamente apetecibles, con los pezones duros, Alberto las palpó, acarició y lamió a placer, provocando los primeros gemidos leves de Nati. Antes de mostrar su polla desbrochó la falda. Unas piernas delgadas y torneadas se le ofrecieron a la vista, Alberto las acarició y clavó su vista en la vagina, las transparencias de las bragas dejaban intuir una vulva jugosa, puso su mano encima y a continuación se bajó el calzoncillo. Una polla enhiesta en forma de platano se mostró vigorosa ante la mirada de satisfacción y cierta sorpresa de Nati, que no se esperaba a un alumno tan dotado. Se sentó en el tape de la taza y la agarró con agrado, primero observándola y después la acarició y pajeó suavemente, notando su dureza.

–         ¿Te gusta, eh? – Alberto estaba orgulloso de su polla y de la acogida que había tenido en Nati.

–         Sí. – Dijo sonriente.

Escupió en su polla y le pajeó. Sin poder aguantarse más se introdujo la polla en la boca, adaptándose a su tamaño, mientras Alberto sintió que un escalofrío de placer le recorría el cuerpo. Nunca le habían hecho una mamada y se la estaba haciendo su profesora de matemáticas como si fuese una fantasía. Pensó que el apodo de puta le iba bien viendo esas otras habilidades. Se permitió el lujo de ponerle la mano en la cabeza y marcar el ritmo. No se conformaba con la mamada y quería verla totalmente desnuda y follarla. Con habilidad había sacado el móvil del bolsillo y sacó alguna foto de la mamada. Nati no pareció darse cuenta o darle importancia entre su estado de embriaguez y excitación.

–         Ponte de pie.

Nati obedeció y Alberto se colocó en su lugar y lentamente le bajó las bragas, aspirando el olor que salía del coño de su profesora, le hizo girarse y admiró la tersura de su culo sobándolo a placer. Volvió a tener su coño enfrente, tenía vello de color marrón claro y tenía depilada la zona del monte de Venus, formando una especie de óvalo peludo su coño, con un vello ligeramente rasurado. Los jugos eran visibles y Alberto le introdujo un dedo en aquella cavidad, probó el pringoso néctar y se atrevió a meter su lengua en el interior, provocando exhalaciones y pequeños gemidos. Nati estaba cada vez más impaciente por tener dentro esa polla y Alberto estaba deseoso de perder su virginidad. Se levantó y la besó con lujuria, deslizó su lengua por el cuello mientras ella cerraba los ojos y se mordía el labio.

La recostó en la pared y con enorme satisfacción la penetró lentamente, Nati sonreía satisfecha, y Alberto llegó hasta el fondo de un coño que le había acogido con facilidad, sintiendo su humedad y flexibilidad de adaptarse a su polla. Empezó el mete saca y le agarró con una mano del culo, mientras Nati se mordía el labio y emitía gemidos entrecortados y ahogados de placer. Dada su inexperiencia y excitación sintió que se iba a correr pronto, después del primer orgasmo de Nati que le había pringado la polla. La sacó de la acogedora y húmeda cavidad y con un gesto Nati se sentó dispuesta a recibir la corrida abriendo receptiva la boca. Alberto no se creía haberse follado a su odiada profesora de matemáticas y correrse en su boquita. Con dos sacudidas empezó a eyacular una gran cantidad de semen que apuntó hacia la boca de Nati, aunque el primer chorro le cayó a la mejilla y la nariz. Ella misma lo recogió con la mano y acabó tragándoselo una vez finalizada la corrida. Se rió de una manera un poco nerviosa como si se tuviera que avergonzar del buen rato que acababa de pasar. Alberto ofreció su polla y Nati limpió con su lengua los restos de semen, saboreando nuevamente la polla de su alumno. Alberto había seguido sacando fotos de todo el proceso y con disimulo guardó el móvil mientras se vestía. Entremedias había cogido las bragas de Nati.

–         Me gustaría tener un recuerdo de esta noche.

–         Jiji quédatelas si quieres.

–         Gracias. – Dijo mientras las aspiraba, el olor de los flujos de Nati era todavía evidente y estaban humedecidas.

A Albertó le excitó mucho el quedarse con las bragas de recuerdo y pensar que tendría que volver a casa sin nada bajo la falda. A Nati en ese momento le pareció divertido y excitante también para ella ir sabiendo que iba sin nada debajo, más fresca iré pensó. Alberto volvió casi flotando a casa recordando gozoso cada momento y en la cama antes de dormir. Nati salió del bar con la mayor naturalidad posible y durmió mucho más relajada de lo que había salido.

Al día siguiente seguía todavía en una nube y absorto. La paja antes de la ducha no le había bajado el subidón que aún tenía. Su hermana pequeña le hizo la burla en la comida por el cumpleaños de su madre. Su hermanita cumplía 14 años en verano y estaba desarrollando unos incipientes encantos. Era delgada y castaña, tez clara y ojos azules. Tenían una relación de confianza y en ocasiones se habían visto en ropa interior sin el menor problema. Clara había empezado a fijarse disimuladamente en el bulto bajo los calzoncillos de su hermano y este en las tetas de ella.

–         ¿Qué? ¿Pensando en alguna chica? ¿Quién te va a querer a ti? Jeje.

–         No, esto, estaba solo distraído.

–         Clara, deja a tu hermano. – Dijo su madre.

La madre de Alberto tenía 41 años y su hija era muy parecida a ella físicamente, tenía un rostro redondo muy agradable, como su carácter, mientras que Alberto había salido físicamente a su padre.

Durante todo el día Alberto pensó si debía decírselo a sus amigos o no, matarían por saberlo y se morirían de envidia, pensó finalmente que por ahora era mejor que no supieran nada. Incluso pagarían por poder follársela.

Nati se levantó algo resacosa y con un recuerdo algo confuso de lo sucedido la noche anterior, poco a poco fueron apareciendo en su mente más claros los detalles de lo acontecido. Se sintió primero avergonzada y temerosa de lo sucedido aún reconociendo que había sido placentero y que necesitaba algo así. La ducha le ayudó a relajarse y hasta se masturbó pensando en momentos placenteros de la noche anterior. Se imaginaba en plan dominante sobre Alberto, para algo era ella la profesora. Se tranquilizó y pensó que había sido un rollo de una noche sin mayores consecuencias. Se mentalizó para que no le afectara en el instituto a la hora de dar clase.

El lunes precisamente tenía la primera clase con el grupo de Alberto. Entró en clase con la frialdad habitual y al llegar a la mesa miró hacia los pupitres. Buscó a Alberto con disimulo y no notó nada raro. Pensó que quizá él tendría un recuerdo confuso del sábado. La clase siguió con Nati dejando en ridículo a una chica por no saber resolver un problema. Era costumbre suya ir llamando por orden de lista para salir a la pizarra.

–         Vas para atrás como los cangrejos. Ya puedes estudiar en verano que este curso no lo sacas.

La chica volvió cabizbaja a su sitio.

–         ¡Y es una advertencia para todos!

El martes por la tarde tenía hora de tutoría. Sabía que tenía el horario completo. Sus amigos hacían la broma de que al pedir hora te respondían que estaba muy solicitada.

–         Como no va a estar solicitada con lo puta que es.

–         Seguro que se folla a más de uno.

–         A quien se habrá follado es a más de uno para que le dejen dar clase.

–         Esta ha tragado muchas pollas.

–         Hasta se habrá dejado dar por el culo.

La vio desde otro punto del pasillo cerrar la puerta del departamento de matemáticas. No había nadie en el pasillo. Se acercó a paso ligero para abordarla y se la encontró de frente cuando se giraba para marcharse. Encontrarse a Alberto le sorprendió y no pudo evitar que se le notara. Trató de recomponerse.

–         La hora de tutoría ha acabado. Pide hora. – Dijo autoritaria.

–         El sábado empleabas otro tono más agradable, yo diría que disfrutaste.

–         Baja el tono, nos pueden oír.

–         Están en clase de idiomas.

–         Y salen ahora.

–         Emplean la parte baja no esta. Te interesa hablar. Puedo esperar a tener cita y tiempo para mandar fotos de lo del sábado.

Nati palideció viendo que se confirmaban sus peores temores. Nuevamente hizo un esfuerzo por mantenerse firme.

–         Eres un cerdo.

–         Te conviene ser complaciente conmigo. Abre esa puerta y hablamos.

Nati obedeció viéndose acorralada y pensó que podría negociar y ganar tiempo. Alberto le dio una palmada en el culo al entrar y Nati se giró con gesto de enfado pero se contuvo. Llevaba una camisa roja de maga larga y una falda negra con medias oscuras. Sin decir palabra Alberto se acercó con su móvil y le fue enseñando algunas fotos del sábado donde se le reconocía con toda claridad a ella pero no a Alberto. Se veía cuando le hizo la mamada, una de frente sonriente y desnuda, otra siendo follada donde se veía la polla entrar en su coño y la última rebañándose los restos de semen. Nati no pudo evitar primero ruborizarse y después se quedó pálida. Se recompuso y no quiso mostrarse vencida ante su alumno aunque comprendió que estaba a su merced.

–         ¿Qué pretendes? Te aprovechaste de que estaba bebida, casi podría decir que abusaste de mi.

–         Para el carro, bien que gemías de placer y bien que me mamabas la polla con cara de puta. Hasta me dejaste ir con tus bragas.

–         No lo habría hecho en condiciones normales.

–         Mira, diré que me sedujiste y que abusaste de un menor y acabar con tu carrera de profesora. ¿Qué te crees? – Nati agachó la cabeza. – Ja, a mucha gente del insti le gustaría ver estas fotos, ¿no crees? – Nati siguió en silencio. – Responde.

–         Sí.

–         Pero podemos llegar a un acuerdo.

–         Dime.

–         Bien, nos vamos entendiendo. Tú haces lo que te vaya proponiendo, si no quieres ya sabes qué pasará con las fotos, yo a cambio dejo esto en total secreto, no se lo digo ni a mis amigos. Figúrate lo que sería para ellos poder tenerte a su disposición. Si lo supieran no tendría otra opción que dejar que participaran. Como ves, yo sacrifico mi amistad con ellos.

–         Menudo sacrificio.

–         Te puede follar uno y te pueden follar cuatro. – Nati volvió a callar. – ¿Crees que se callarían? Cada día vendría más gente a follarte. Estoy seguro que hasta profesores lo harían encantados. ¿O no ves cómo te miran? Mucha gente querría bajarte los humos y darte una lección. ¿Estamos? – Tendiéndole la mano.

–         Sí. – Nati aceptó a regañadientes y sabiéndose sin opción, solo minimizar daños.

–         Sales muy favorecida en las fotos. – Dijo en tono burlón. – Ve desnudándote.

–         ¿Cómo? ¿Aquí?

–         Echa la llave y corre la cortina si tienes vergüenza. Da la luz para que se te vea bien.

Nati hizo lo que le acababa de decir y empezó a desnudarse con cara de circunstancias.

–         Muy bien, además nos conviene que nadie sospeche. No me trates distinto de los demás en clase, quedaría raro.

Llevaba lencería de color rojo.

–         Um, te favorece también ese color, como el negro el otro día. La ropa interior roja es de putas como tú. Venga, quítatela ya.

Nati se sintió especialmente humillada no ya por verse obligada a desnudarse delante de un alumno, sino a tener que hacerlo en el mismísimo departamento de matemáticas.

–         Perfecto, ahora sonríe y abre un poco las piernas, así, cógete las tetas con las manos, muy bien. Ahora ábrete el coño con las manos, muy bien. Métete un dedo. Gírate ahora y pon el culo en pompa, gira que se te vea la cara, ah muy bien. Abre las piernas, que se te vea bien el coño.

Alberto se acercó y le sobó el culo, luego le introdujo un dedo en la vagina.

–         Je, si estás mojada, te gusta ser tratada como lo que eres, te pone cachonda.

Se bajó los pantalones y pasó a sobarle las tetas, con su polla pegada a los cachetes del frío culo de Nati. La besó en los labios y le supieron mejor que el sábado sin el aliento a alcohol.

–         Y los pezones bien duros. ¿Te pone desnudarte delante de un alumno? – Nati calló. – No voy a repetirte que tienes que responder cuando te haga una pregunta.

–         Sí, me pone cachonda.

–         Lo sabía y además lo reconoces. Y también sé que te gusta chupar pollas y que lo haces muy bien, mucho mejor que dar clase. De rodillas.

Nati volvió a sentirse humillada y sintió que era distinto sin los vapores del alcohol. Aún así no pudo evitar admirar la polla de su abusador, la agarró con la mano y la acarició para metérsela en la boca. Alberto disfrutaba de la mamada y de humillar a Nati siendo ella consciente de ello, le jaló del pelo y le marcó el ritmo de la mamada.

–         Si te echan de profesora podrías dedicarte a puta, no te faltarían clientes.

Sacó la polla de la boca de Nati y le cacheteó la cara con ella.

–         Toma polla, como nos haces en clase. Hay gente que lo pasa mal por tu culpa, no sabes enseñar nada. Yo tengo la suerte de que se me da bien. Otros ni con clases particulares aprueban. Disfrutas cateando. Levántate.

La recostó sobre una mesa y Nati sintió el frío del panel en sus tetas, le abrió un poco las piernas y disfrutó el momento de follarse a su profesora de matemáticas. Humillarla follándosela por detrás y siendo ella consciente de todo lo que pasaba. Colocó su pene a la entrada de la vagina y de un solo empujón se la metió hasta el fondo con gesto de triunfo en el rostro.

–         Aaaaay, bruto.

–         Toma, toma.

Follándola con dureza y rapidez. Le gustaba sacar casi la polla por entero y hundirla con fuerza hasta el fondo. Le agarró de las tetas y de vez en cuando le daba cachetadas en el culo. Nati no pudo evitar empezar a gemir de placer nuevamente aunque se sentía humillada, ni disimular.

–         Te gusta que te follen como una puta, ¿eh?

–         Sí.

–         Pues me voy a correr dentro que seguro que te encanta la leche calentita. Ya me correré otro día en tu cara que también te gusta. Semen en la cara como las putas, y en tu coño peludo.

–         Ah, ah.

–         Siento como te corres puta, luego me limpiarás la polla.

Alberto notó que se venía y le hundió la polla todo lo que pudo. Nati se sintió nuevamente humillada al notar la corrida de su alumno en su interior, tuvo que contener las lágrimas. Recordó que afortunadamente seguía tomando un tratamiento anticonceptivo por su relación anterior. Alberto se quedó recostado sobre ella un poco más.

–         A lo mejor te vas con un recuerdo de aquí jaja. No te muevas.

Albertó fotografió el coño del que se veía salir un semen viscoso. Le cerró los labios vaginales y comentó.

–         Que no se te escape nada y ahora de rodillas a limpiármela. No voy a ir pringoso a casa.

Nati saboreó a su pesar una mezcla de semen y sus propios fluidos que no le pareció tan desagradable como pensaba. Recordó que a su anterior pareja le gustaba correrse en su cara y hacerle tragar el semen. Le gustaba jugar un papel dominante y a ella cumplir sus fantasías.

–         Muy bien, por lo que veo te gusta mi polla.

–         Sí, es bonita.

–         Jajja, y grande. No esperabas a un alumno con una polla así. Me gustan tus bragas rojas así que me las quedo para la colección. Volverás a casa sin bragas, como una puta. El sábado bien que te gustó. Y me cojo tu número de teléfono – mientras ya vestido metía mano en su bolso – así te tengo localizada a cualquier hora. Voy saliendo muñeca, que no nos vean juntos.

Nati salió una vez vestida y se arregló como pudo. Con un pañuelo de papel se limpió el coño lo mejor que pudo para que no se le resbalara el semen por el muslo. Llegó a casa y se fue inmediatamente a ducharse donde rompió a llorar.

baltrex

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*


Esto sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.