La profesora de matemáticas 2

Alberto volvió muy satisfecho a casa, todo había salido según lo planeado y tenía a Nati donde quería. Pensó en lo que iba a gozar de ella lo que quedaba de curso. Le excitaba castigar sexualmente y dominar a una profesora atractiva y que se portaba mal con el alumnado. Siguió regodeándose de los momentos de sexo con ella y recordando cada detalle. No se creía suerte y recordó el primer día que le vio entrar en clase, el impacto por su físico y como se había larvado una antipatía hacia ella.

Pronto se le había aparecido en sus sueños eróticos y su desnudo era tal y como lo había visto en sueños. En el primero estaba sentada en el borde de la mesa hablando y de repente se quedaba en tetas, ella sonreía apurada y vergonzosa, tapándose las tetas con las manos pero éstas crecían de tamaño y se lo impedían, entre primero un grito de aprobación y después risas y burlas.

Al día siguiente en clase Nati siguió comportándose como siempre aunque estuvo incómoda todo el tiempo. De hecho le había costado algo entrar al instituto y sobre todo al departamento de matemáticas. Estaba más sensible y se sentía más observada por su cuerpo. En la clase evitó cruzar la mirada con Alberto. El jueves no tocaba clase pero temía que apareciera al final de la tutoría. Respiró aliviada cuando pudo salir sin más inconveniente. Había salido de una mala relación donde se sentía dominada a su pesar y pasaba a estar controlada y abusada por un alumno. No podía evitar sentir un morbo enfermizo y fantasioso en ser violada por un chico joven bien dotado. Se había mentalizado para dentro de lo humillante de la situación disfrutar lo máximo posible. Eso no evitaría los insultos y vejaciones que ya recibía de Alberto llamándola puta. Esperaba que fuera indulgente con ella si se mostraba complaciente y le proporcionaba placer.

Pero Alberto le estaba esperando a pocos metros del instituto vigilando su salida. Quería disfrutar de su posición ventajosa pero no estirar demasiado la cuerda. La empezó a seguir a distancia con la intención de averiguar dónde vivía, sabía que no podía ser muy lejos del instituto porque venía andando. Aceleró el paso para recortar la distancia. Llegó justo detrás de ella sin que se apercibiera y al ponerse a su altura la saludó.

–         Hola Nati. – Le hizo dar un respingo del susto. – Hay confianza para llamarte por tu nombre ¿verdad?

–         ¿Qué quieres?

–         Saber donde vives. Sé que vives sola y te vendrá bien tener compañía. Es duro estar cada año en un sitio distinto.

–         Sí. – Respondió casi mecánicamente y le había pillado un punto débil.

–         Por eso. ¿Queda mucho?

–         No. Espero que no nos vea nadie del instituto.

Nati abrió la puerta del edificio y vio aliviada que no había nadie en el portal. Subieron en el ascensor hasta el tercer piso donde Alberto le empezó a meter mano. Abrió la puerta de casa y pasaron a un coqueto apartamento. Había un pequeño recibidor, un salón amplio, cocina, baño y un dormitorio.

–         Bonito apartamento. ¿Qué sueles hacer al llegar?

–         Ponerme cómoda y tomar algo. – Eran preguntas cotillas pero a su pesar tenía que responderlas. Sabía que seguiría indagando en su vida.

–         Pues nada, tú haz lo normal que yo te observaré.

–         Aquí está la cocina y en esa puerta el baño.

–         Y ahí supongo que el dormitorio, que me interesa jeje. Aunque te follaré en cualquier lugar de la casa. Es muy morboso follarse a tu profesora en su casa.

Nati le miró y pasó al dormitorio donde se desvistió y se puso una camiseta amplia.

–         ¿Así te quedas habitualmente?

–         Sí, es cómodo.

–         Te gusta ir medio desnuda, me encanta. ¿Y si viene una visita?

–         No suelo tenerlas y me avisan si son amistades de fuera.

–         Tienes amistades y todo con lo mal que te portas.

–         Fuera no soy como en clase.

–         ¿Por qué?

–         Debo tener una autoridad. A una profesora joven y con mi físico le cuesta imponerse.

–         Sí, estas bastante buena. – Sobándole el culo.

–         ¿Y si aún así viniera alguien de improviso le recibes así?

–         Si es una amiga sí, un amigo me pondría algo porque pensaría que quiero follar con él.

–         Jajaja.

–         Si sales así es una invitación a que te follen.

–         ¿Quieres algo? – Le ofreció en la cocina. – Yo meriendo leche y algún dulce.

–         Jajaja, leche te aseguro que vas a tomar. Sí, sácame algo. Mejor follar con el estómago lleno.

Nati le preparó el vaso y le supo mal no ver el juego de palabras que sin querer había hecho. Al acabar de merendar le preguntó.

–         ¿Y ahora que sueles hacer?

–         Me distraigo viendo la tele o me pongo al ordenador. Si tengo trabajo me pongo a ello o a preparar la clase del día siguiente.

–         ¿Tienes perfil?

–         Sí, pero con otro nombre, así no me ven mis alumnos.

–         ¿Cuál es? ¿Qué pones? Vamos a verlo.

Nati encendió el portátil y le mostró el perfil en Facebook. Tenía una foto a contraluz de foto de perfil.

–         Um, veamos. Muy interesante.

Alberto estaba mirando un álbum de fotos de las pasadas vacaciones en la República Dominicana con su ex pareja. Salía en varias fotos con bikini.

–         Te favorece el bikini, normal que no quieras que tus alumnos te vean así. En esta se te marcan los pezones al estar mojada y la raja del chocho no porque es peludo. ¿Te follaba bien tu ex? ¿Qué le gustaba?

–         Le gustaba el juego de dominar él.

–         ¿Te dejaba satisfecha?

–         Follaba normal, un poco creído.

–         Jaja, vamos que yo lo hago mejor.

–         Sí. – En parte para complacerle y también era cierto.

–         ¿Tenía una polla como la mía?

–         Más pequeña, normal, la tuya tira a grande.

En ese momento sonó el móvil de Nati.

–         ¿Quién es?

–         Es mi madre, me suele llamar a estas horas.

–         ¿Todos los días?

–         Cada dos o tres.

–         Cógelo y habla con normalidad.

–         Hola mamá … Sí, todo bien … No quiero hablar de ese tema, es pasado y estoy bien, superado… En el trabajo bien, estoy a gusto con los compañeros y en clase la controlo.

La conversación siguió con temas triviales cinco minutos más. Alberto le estaba acariciando los muslos y el estómago.

–         Te ha preguntado por tu ex.

–         Sí.

–         ¿No lo has superado? Si una madre pregunta… Algo hacías el sábado buscando polla por ahí, yo te la di.

–         Puedo salir a buscar sexo y tenerlo perfectamente superado. Y no ser una puta.

–         Eres una puta en clase, ¿sabes? Todo el insti te llama así, la puta, oyes, la puta. Y el sábado me demostraste que fuera de clase eres otro puta, capaz de volver sin bragas a casa después de echar un polvo con el primero que pasa.

–         ¿De verdad me llaman puta? ¿Las chicas también?

–         Todo el mundo. Y además como estás buena razón de más. Quítate la camiseta. ¿Cuántas veces has hecho lo del sábado? ¿Es un picadero esto?

–         Ninguna, rompí hace dos semanas con él. No me respetaba.

–         ¿Por qué?

–         Pensaba que le engañaba al vivir en otra ciudad, es un celoso.

–         Jaja, él también cree que eres una puta.

–         Luego por una amiga me entero que era él quien me engañaba, menudo cabrón. – Nati sabía la inconveniencia de decir aquello, pero no podía evitar desahogarse con Alberto y también satisfacer sus preguntas para que no le humillara.

–         Je, además de puta, cornuda, menuda estás hecha. ¿No le hacías todo lo que te pedía en la cama?

–         Sí.

–         ¿Sí qué?

–         Le complacía en sus deseos siempre.

–         Y eso vas a hacer conmigo.

Alberto le desabrochó el sujetador y con un gesto le conminó a quitarse las bragas. Le encantaba el cuerpo de Nati. Le empezó a besar y sobar las tetas y los muslos, y luego a lamer las tetas y llevar su mano a la entrepierna, buscando el orificio de entrada a la vagina.

–         Te gusta que te chupe las tetas, se te ponen duros los pezones y abajo ya te estás mojando puta.

Sacó su dedo y se lo secó en la cara de Nati, que no pudo negarle nada ni quería contradecirle. Le llevó su polla a su boca y le jaló del pelo para marcar el ritmo de la mamada, le gustaba quedarse con la polla toda metida en la boca unos segundos y provocar que babeara.

–         Los huevos también.

Nati a su pesar le lamió los huevos y tuvo que sacarse algún pelo de la boca.

–         Besitos.

Nati le besó los huevos y la polla, desde el tronco al glande. Alberto le restregó los huevos por la cara. Le cogió de la mano y le hizo sentarse en el brazo del sofá.

–         Me encantan tus tetas y me vas a hacer una rica cubana.

Nati se apretujo las tetas en torno a la polla de Alberto que le restregaba la polla por sus tersas tetas. Satisfecho le dio un leve empujón que le hizo caerse hacia atrás. La puso a su gusto y la penetró vaginalmente follándola a un ritmo pausado. Disfrutando de cada momento, mientras Nati se veía sometida y a merced de su alumno.

–         Um, así, así, te follo en tu propia casa. Vendrá siempre que quiera a echarte un polvo profesora buenorra.

–         Um, um.

–         Puedes gritar, no te cortes, sé que eres una puta que disfrutas cada vez que te follan.

–         Aaah, ay, aaah.

Nati pensó que era mejor relajarse que reprimir sus gemidos de placer. La paradoja era que Alberto la estaba chantajeando sexualmente y no podía dejar de disfrutar. Le estaba gustando aquella polla joven y vigorosa. Alberto se sacó la polla y le derramó el semen sobre las tetas y a continuación se lo extendió. Luego con ella tumbada le acercó la polla a la boca para acabar la faena. Una vez acabada se vistió mientras Nati seguía tumbada en el sofá. Como siempre Alberto había sacado fotos y así aumentaba el material de chantaje y de recuerdo.

–         Muy bien, sigue así. Nos vemos mañana en clase.

Nati se quedó tumbada diez minutos sin hacer nada y finalmente se levantó para ir a darse una ducha. Al día siguiente tuvo uno de los días más duros con su clase, Alberto sospechó que era consecuencia de la revelación que le había hecho sobre su apodo de la puta.

–         Nunca había visto una clase que trabaje menos. Es de vergüenza.

Alberto pensó que no había mejor forma de iniciar el fin de semana que ir a follarse a Nati a su casa. Llamó al interfono y a Nati le dio un vuelco el corazón al verlo, luego trató de relajarse y disfrutar la nueva violación que iba a recibir. Pensó que sin el chantaje y si se dieran las circunstancias, se lo follaría, le gustaba como follaba pero la situación era humillante para ella.

–         Hola Nati.

–         Pasa rápido, que no te vean.

–         Pues es verdad que vas siempre así medio desnuda. Me tienes confianza que sales así sin nada más.

–         Me vas a obligar a desnudarme enseguida.

–         Jajaja, pues es verdad, ya puedes ir haciéndolo. Si te encanta que venga a follarte y sin moverte de casa, Nati puti. Tu casa ya es nuestro picadero.

–         Ya.

–         ¿Qué estabas haciendo? ¿Tenías planes de fin de semana?

–         Estaba planchando, déjame desenchufarla.

–         Claro, claro. ¿Y el finde? ¿Querías salir otra vez a buscar polla?

–         No.

–         Claro, ya me tienes a mi.

–         Mañana iba a ir al monte.

–         Ah, eres andarina, qué buena idea. Se me acaba de ocurrir que algún día podemos ir juntos por ahí, de excursión, donde tu quieras. ¿No te importa, verdad?

–         No.

–         ¿Seguro?

–         Tampoco puedo decir otra cosa.

–         Es cierto.

–         Saca un par de cervezas y nos sentamos, yo mientras me despeloto.

–         Toma. – Nati regresó y se sentó a su lado ya desnuda.

–         Gracias, que bien que ya vienes en pelotas. Debes de reconocer que te gusta follar conmigo, se te nota en la cara de viciosa que pones.

–         Sí, me gusta como me follas.

–         Pero esta mañana has estado más borde de lo habitual, creo que es por lo que te dije que te llaman la puta. ¿No te gusta?

–         No.

–         Te parece injusto.

–         Sí y sexista.

–         ¿Y te parece justo como nos tratas? Nos humillas en clase, no ayudas a los que les cuesta la asignatura… Hasta las chicas te llaman puta. Y ahora fuera de clase veo que también eres una puta.

–         Yooo…

–         ¿Tú qué?

–         De algún modo me he de hacer respetar, soy joven, los chicos estás más interesados en mis tetas que en las matemáticas.

–         Normal, estás buena.

–         No es fácil llegar a un sitio nuevo y no conocer a nadie. Me siento sola.

–         Y además tu novio te ha dejado. Ni dejándole que te dé por el culo te quiere de novia.

–         Ojalá me hubiera quedado en casa ese sábado.

–         Una cosa, saliste a buscar polla y yo te la di.

–         ¡Pero luego te has aprovechado!

–         No iba a perder esta ocasión. Y además bien que disfrutas follando.

–         Me humillas, me insultas y me follas.

–         Jajaja, ¿ya no dices que te violo?

–         Me violas. – Se reprimió el llamarle cerdo en el último momento.

–         Va a ser así hasta final de curso, tú cumple tu parte y yo cumpliré la mía. Y claro está, venía a follarte. Hoy lo haré en tu cama.

A Nati le pareció un nuevo capítulo en el proceso de humillación y vejación. Pero resignada se levantó y se marchó a su dormitorio. Estaba en penumbra y contaba con un amplio armario y una cama de matrimonio.

–         Ah, buena cama tienes para follar ¿eh? Lo tienes todo pensado.

–         Es cómoda y sí nunca se sabe si puedes traer a alguien.

–         ¿Te ha follado alguien ahí?

–         Mi ex novio cuando ha podido venir.

–         Eres una presumida. – Alberto estuvo mirando el interior del armario.

–         Me gusta ir bien arreglada. – Recuperando parte de su aplomo.

–         De calientapollas. – Dándole una sonora palmada en el culo. – De rodillas.

Hizo un gesto con la mano y a continuación le ofreció su polla. Nati le acarició la polla, la besó como sabía que le gustaba, la lamió de arriba abajo y se la engullió. Le gustaba especialmente esa postura de dominio sobre la puta de su profesora y de humillación para ella.

–         Muy bien, ah, ah, qué bien la chupas.

Le agarró la cabeza y marcó el ritmo de la mamada. Disfrutó metiéndole la polla por entero y aguantando unos segundos antes de sacarla y haciendo que la polla se le marcara en los carrillos.

–         Tus labios sí que son buenos para mamar pollas, carnosos.

Se sacó la polla y le dio dos cachetadas con ella en la cara, le dio la mano para levantarse.

–         A la cama, túmbate.

Nati obedeció sumisa y abrió las piernas esperando la penetración. Por el contrario, Alberto le acarició, besó y lamió la cara interna de los muslos aproximándose cada vez más a la vagina. Observó que ya estaba lubricada.

–         Te gusta mamar pollas y que te calienten. Estás otra vez mojada, puta.

Le introdujo un dedo y le hizo estremecerse, lo sacó y lo chupó. A continuación empezó a comerle el coño buscándole el clítoris y dándole suaves mordiscos. Nati se relajó y disfrutó del momento, pensando que su alumno sabía comerse bien un coño. Instintivamente le agarró de la cabeza deseando que siguiera.

–         Aaaaah. – Exhaló sonriendo. – Eres un alumno aplicado.

–         Bien que te ha gustado que no querías que me fuera. Luego dirás que te violo.

Nati quedó un poco avergonzada volviendo a la realidad de estar a merced de su alumno. Alberto la penetró con decisión lentamente y la folló a un ritmo pasado. Se detuvo con la polla dentro y le sobó y chupó las tetas tersas de su profesora. A su vez deseosa de alcanzar un nuevo orgasmo y seguir siendo follada.

–         No te obligo a dejar que te folle. Tú misma lo harás voluntariamente.

Se tumbó boca arriba y dispuso su polla para que Nati le montara y cabalgara. Ella misma se introdujo la polla hasta el fondo y se echó el pelo hacia atrás antes de continuar el polvo.

–         Muy bien, Nati, follas muy bien.

Alberto estaba como en una fantasía, siendo follado por la morbosa profesora de matemáticas, en su propia cama. Se incorporó para besarla y volvió a tumbarla en la cama. Se masturbó y derramó una copiosa y humillante corrida sobre el rostro de Nati. Por las veces que se lo había hecho pasar mal.

–         Ni te muevas.

Le sacó varias fotos y le extendió el semen por la cara. Finalmente le obligó a limpiarle la polla. Sin el alcohol a Nati le pareció más humillante que cuando se corrió en su cara en el bar.

–         He de admitir que te estás portando muy bien, mejor de lo que creía, creo que porque eres tan puta que lo disfrutas.

–         Y qué me queda.

–         Jajaja.

Alberto estuvo el sábado con sus amigos y trataron de ligar con chicas de su edad. No consiguió nada en claro y aparte estaba pensando en Nati y en nuevas formas de humillarla. Ya le fastidiaba bastante que sus amigos no pudieran gozarla como hacía él. El domingo pensó que sobre las 7 de la tarde estaría en casa y más sabiendo ahora que apenas tenía amistades. Efectivamente estaba en casa y se resignó a ver lo que pasaba. Nada más entrar, Alberto la morreó y sobó las tetas primero por encima de la camiseta y luego por debajo.

–         Si no llevas sujetador, ¿me esperabas? Jaja.

–         Para casa es más cómodo.

–         Y más de zorra como tú. Quítate ya la camiseta, quiero ver tus tetas bien erguidas, de verdad que las puedes lucir sin sujetador y no se te caen. Um, me encantan.

Siguió besándolas y lamiendo a placer, en el recibidor y sentados en el sofá.

–         Sabía que estarías en casa.

–         ¿Por?

–         Tú misma me dijiste que no tienes amistades aquí. ¿Quién lo querría ser?

–         Es difícil en un sitio nuevo, sóla y con el trabajo de preparar las clases.

–         Menos mal que preparas las clases con lo mal que lo haces. Aquí nadie querría ser tu amigo, solo lo sería si dejaras que te follara. Muchas pollas tendrías que chupar para ganarte amigos. Y a golpe de coño y hasta poner el culo, nunca mejor dicho jaja.

–         Donde vivía antes sí tenía amigas.

Llevó la mano a la vagina por encima de las bragas negras.

–         Ya estás mojada otra vez, te pone todo esto, menuda puta.

–         Pasa siempre a una mujer si la andan excitando. Quieras o no.

–         Poco cuesta contigo. Ponte así sobre mis rodillas, que has sido una niña mala en clase.

Se levantó para desnudarse y ya así dispuso a Nati tumbada sobre sus rodillas. Empezó a sobare el culo, a amasar sus cachetes.

–         ¿Reconoces que te has portado mal?

–         Sí. – Nati pensó que no tenía otra que seguirle la corriente.

–         ¿Y  qué has hecho mal?

–         No me he portado bien con mis alumnos.

–         Ah.

En ese momento le bajó las bragas hasta las rodillas y le dio una zurra que le hizo dar un respingo.

–         Ay.

–         ¿Y qué has hecho mal?

–         Me comporto mal con ellos, no les explico bien.

–         Pues mereces un castigo, ¿no crees?

–         Sí, merezco un castigo.

–         ¿Y qué más?

–         Visto de modo provocativo para calentarles. – Le costó decirlo pero quería complacerle.

–         Unos azotes no te vendrán mal.

No demasiado fuertes pero le dio unos azotes que le pudo el trasero ligeramente colorado. Nati se sentía muy humillada en esa postura y teniendo que decir eso sobre sus clases, casi más que cuando se la follaba. Notó con espanto que Alberto se fijaba en su ano y trataba de meterle el dedo meñique.

–         Estoy comprobando cuanto te han metido la polla en el culo, poco por lo que veo, tenías razón y eso está bien, que no me mientas. Arreglaremos ese problema otro día.

Nati respiró aliviada a la vez que preocupada por ese otro día y que querría hacerle.

–         Hazme una cubana y chúpamela, altérnalo.

Nati obedeció sumisa y con sus grandes tetas acogió la gran polla de Alberto. Lo alternaba con la mamada que sabía que le gustaba, como si fuera un helado y metérsela toda.

–         Túmbate.

Alberto se colocó a horcajadas sobre ella y siguió follándole las tetas y amasándolas con poco cuidado. Y llevando su polla a la boca para follarla también. Sin olvidarse de sacar fotos ni de la azotaina ni de esto.

–         Um, que ricas tetas tienes. Estás como para follarte todo el día. No faltarían voluntarios para hacerlo.

Con la polla en su boca le daba leves bofetadas y se reía en tono burlón. Hasta que se corrió en la boca y la primera corrida le fue directamente a la garganta.

–         Toma, por hoy es suficiente castigo, pero todavía te queda, todavía te queda. Hasta final de curso.

Nati tosió algo después de tragarse todo, como sabía que debía de hacer.

–         Qué bruto, me has hecho atragantarme.

–         No te quejes. Te voy a empezar a poner tareas.

–         ¿Cómo?

–         Lo que oyes, deberás apañártelas para no levantar sospechas.

–         Ya.

–         Ya ha llegado el buen tiempo, ¿no crees? Hay que ir fresco para no tener calor.

–         ¿Qué quieres?

–         Mañana te vas a poner esa camisa blanca de manga corta y esa faldita negra con vuelo. La que no te llega a las rodillas.

–         Vale.

–         Irás sin bragas.

–         ¿Cómo?

–         Pues como lo que eres, una puta, ya sabes lo que hay si no lo haces. En cualquier momento del día lo comprobaré personalmente, así que obedece.

–         Joder.

–         No se te ocurra ponerte medias o similar. Y el miércoles, que pasado no tenemos clase, irás con el top rojo sin sujetador y ábrete algún botón, que se vea algo de escote. Todo el instituto tiene que ver lo tersas que tienes las tetas.

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