La profesora de matemáticas 3

Nati apareció por el instituto con bastante vergüenza y sensación de humillación. Sentía como si fuera desnuda y todas las miradas se clavaran en ella. Estaba habituada a que la miraran los alumnos con cierta lascivia y disimulo pero ir sin bragas le estaba costando. La misma sensación tuvo al entrar en el seminario de matemáticas, especialmente con un compañero que solía lanzarle indirectas para quedar y que ella rechazaba secamente. También aprovechaba cualquier excusa para acercarse a ella, tocarle un brazo o la cintura. No le gustaba ni físicamente, mayor que ella, ni que parecía que lo sabía todo.  Sintió un escalofrío al pasar por su lado y que le tocara el brazo para saludarla. Se fue para la clase de Alberto y respiró profundo antes de entrar.

–         Buenos días. Ya pasó el fin de semana dejad de hablar de él y centraros en la clase que falta os hace.

Se puso a explicar junto a la pizarra, con movimientos lentos para que no se le moviera la falda. Luego mandó un problema y se sentó en el sillón, donde estaba protegida por la mesa, que era cerrada, pero con las piernas juntas y la sensación de estar mostrando su coño a la clase. Volvió a levantarse con cuidado para corregir el ejercicio.

–         Muy mal, no avanzáis nada.

Su mal genio le jugó una mala pasada y se le cayó el portatizas al suelo, para regocijo de Alberto que sabía cómo iba. Con mucho cuidado se puso en cuclillas de perfil a la clase y pasó su brazo por delante del coño para coger el portatizas y disimular. Alberto desde la segunda fila trató de discernir algo pero sin lograrlo.

En uno de los dos recreos decidió ir a la sala de profesores y se sentó en una de las sillas. Pensó en cruzar las piernas con cuidado pero no se atrevió por miedo a ser vista. Así que colocó apuntes sobre sus muslos y estuvo repasando. Todo el día estuvo pendiente no solo de que no le vieran sino de que no notaran que no llevaba bragas debajo. Pasó mucha vergüenza y además tenía el temor de ver a Alberto en cualquier momento y cómo lo comprobaría. Confiaba en que fuera disimulado ya que a él le convenía guardar el secreto para poder seguir abusando de ella. En el segundo recreo vio a Alberto y le hizo un leve gesto con la mirada. Le siguió con la precaución de no ser vista y fueron a la zona donde se guardaban los utensilios de limpieza, desierta a esa hora.

–         Vamos a veeer.

Le levantó la falda por detrás y sonrió satisfecho.

–         Muy bien, sigue así.

Le dio una palmada en el culo y luego la colocó contra la pared y le levantó la falda por delante, acariciándole la entrada al coño.

–         Que se te oree un poco. No sigo que me caliento y no hay tiempo ni voy a correr riesgos. Espera un poco a que me vaya antes de moverte.

Nati se quedó contra la pared, humillada, y se contuvo las lágrimas. Trató de sobrellevar el resto de la mañana lo mejor que pudo. Nati regresó a casa y observó aliviada que no le seguía Alberto ni que apareció por la tarde. Se relajó tanto como pudo y al menos el martes no tenía tarea.

Alberto había pensado en un principio comunicarse con ella vía teléfono, pero luego pensó que era darle pruebas que llevar si le denunciaba y que teniéndola controlada hasta en su casa no hacía falta.

El miércoles Nati se vistió tal y como le había ordenado Alberto. Se colocó el top con un botón abierto y se recolocó las tetas con las manos, sonrió y se sintió orgullosa de su cuerpo para levantarse la autoestima. Le pareció más fácil de llevar y menos humillante que lo de ir sin bragas. Aún así estuvo incómoda toda la mañana. Alguna vez en verano había ido por comodidad sin sujetador, pero por su propia voluntad y nunca al trabajo. Ese mañana también trató  de no agacharse ni inclinarse y que sus tetas se le escaparan, ni que se las vieran en exceso. Nadie debía de darse cuenta. La clase transcurrió con normalidad y en toda la mañana le citó Alberto, que no quería que Nati se acostumbrara a una hora fija de comprobación y darle así algo de margen de maniobra. La esperó a la salida y la siguió a casa, donde le dio otro sobresalto casi en el portal.

–         Adentro, deprisa.

Alberto comprobó que no les observaba nadie y entró con Nati en el portal.

–         Sube.

A mitad de tramo la cogió de la mano para que se parase.

–         ¿Aquí? Nos pueden ver los vecinos.

–         Les oiría, tú subirías a casa y yo bajaría. Muy bien, ya he visto que ibas con el escote abierto.

Sin más dilación le abrió el resto de botones y le sobó las tetas a gusto, besándolas y lamiéndolas.

–         De acuerdo. Hasta mañana.

Nati se quedó con las tetas al aire mirando como bajaba y no se atrevió a abrocharse hasta que desapareció de su vista. Subió a pie hasta su piso.

En casa Alberto comprobó que su hermana estaba desarrollando un interés por el sexo. Entre otras cosas se hacía la despistada para tratar de verle en paños menores, como entrar a sabiendas a su cuarto cuando se estaba vistiendo o poniendo el pijama, o entrar al baño cuando se duchaba o meaba. Pensó que podían hacer un juego secreto sin ir a mayores consecuencias. Le gustaba la idea y le parecía morboso. Además su hermana estaba empezando a ponerse muy buena y él sabía que le atraía físicamente, así que pensó que no sería nada difícil que su hermana aceptara. Empezó por hacer lo mismo que ella y hacerse el despistado. Empezó esa noche cuando ella se ponía el pijama.

–         Uy perdón, que dice mamá que si quieres tortilla para cenar.

–         Sí, vuelve la puerta.

–         Perdón, eh, no sabía.

Alberto sonrió por el pasillo. Había visto en ropa interior a su hermana, no era la primera vez, pero desde la última tenía más formados sus encantos, un culito más respingón y unas tetas algo más grandes. Ella se había tapado las tetas al entrar y puesto de perfil, pero no se había enfadado en absoluto, es más parecía divertida. Esa misma noche su hermana le respondió cuando estaba meando. Estaba de medio perfil y no le vio nada, pero no echaba el pestillo a posta. Dedujo que ella tampoco.

–         Perdona, no sabía que estabas meando.

–         Nada, cierra la puerta.

A la salida le estaba sonriendo esperando en la puerta. Notó que le miraba la entrepierna a través del pijama. Ella esperaba que se notara más el paquete que en un pantalón normal.

–         También yo tenía ganas de mear.

–         Pues pasa.

Esa noche por primera vez, Alberto tuvo una erección pensando en su hermana. Se imaginó su cuerpo desnudo, entre su inocencia y su curiosidad pícara,  y la mente le llevó a imaginarse una mamada en su dulce boca. No llegó a correrse pero sí en los días siguientes imaginando el acto sexual completo, como la desvirgaba y hasta como le abría su apretado culito. Su hermana hacía más tiempo que se masturbaba pensando en Alberto.

El viernes por la tarde se fue a visitar a Nati. Aparte de follarla quería seguir sabiendo cosas sobre su vida. Le recibió con una camiseta y para sorpresa de Alberto no llevaba nada más.

–         Se ve que eres tan puta que le has cogido gusto a ir sin nada debajo. Pues como veo que te gusta y además ya iba con la idea lo dejaremos así como esta semana hasta final de curso.

–         ¿Todas las semanas? Pero estoy en mi casa y puedo ir como quiera.

–         Esto me ha convencido, ya venía con la idea y otra más. Alguna vez irás sin bragas ni sujetador, pero ya te diré cuándo. Por ahora, lunes sin bragas para empezar bien la semana y miércoles sin sujetador. La ropa la dejo a tu elección, pero no puede ser un pantalón.

Nati se quitó la camiseta y la lanzó al suelo con rabia.

–         ¿Así quieres que vaya? Pues así voy.

–         Así, así, cómo me conoces. Desnuda te quiero ver. Tranquila, así solo en tu casa no quiero que te detengan por exhibicionista. Bueno, también lo podrían hacer por follarte a un menor.

La agarró y la besó con pasión y recorrió todo su cuerpo con las manos.

–         Saca unas cervezas que quiero hablar antes de follar.

Se desnudó y le esperó sentado con la polla bien tiesa.

–         Bien, siéntate y mientras yo hable me la vas chupando. Solo lo dejas cuando debas responder.

Nati se sintió otra vez humillada y por las situaciones humillantes que le ideaba Alberto. Chuparle la polla y seguir una conversación.

–         Ya puedes empezar, um, que bien la chupas. Me gusta tu pelo. – Dijo acariciándoselo. – Bien, quiero saber más cosas sobre tu vida sexual y tus gustos, para complacerte más. – Explicó con cinismo. – Y yo te contaré cosas mías. Ah, cuando tu hables podrías incorporarte si quieres pero deberás hacerme una paja a la vez que hablas, ¿entiendes?

–         Pues claro que entiendo. No es difícil.

–         Para ti claro que no. Eres puta.

–         Como te decía, me halaga que digas que follo bien, porque realmente perdí la virginidad contigo. Sueños eróticos aparte. Donde tu aparecías desde el principio de curso. ¿Te gusta que aparecieras en mis sueños?

–         Sí.

–         Cómo me alegra, bien se ve que disfrutas cuando te follo. ¿Qué te parece mi polla?

–         Muy rica para follar, me da mucho placer y me gusta chuparla.

–         Eres toda una puta y corruptora de menores. – Dijo mientras le sobaba el culo. – Pues sí, deberías estar orgullosa de que fueras la primera mujer con la que follé. Confieso que estaba un poco nervioso, estar delante de una mujer guapa, mayor que tú y cachonda, que espera que le folles bien e irse contenta a casa. Las siguientes veces ya he estado más tranquilo y seguro. Pero no fuiste la primera chica con la que tuve sexo. Con 13 años besé a la primera chica, una compañera de clase rubia bastante guapa a la que luego he perdido la pista. Fue la primera chica a la que vi las tetas, me costó convencerla, era algo mojigata en el fondo y no quiso ni verme la polla cuando se lo ofrecí, ¿tu crees?

–         Pues ella se lo perdió.

–         Ni me dejó tocarle las tetas, se fue corriendo. Fue con otra compañera de clase, esta era castaña y casi tan guapa, pero era más lanzada, me dejó tocarlas y chuparlas y me pidió a cambio verme la polla, me la acarició y tuve que decirle que me iba a correr para que parara. Otro día esa misma chica me hizo la primera paja hasta que me corrí y me hizo la primera mamada también, algo torpe pero luego lo hacía bien. Luego me enteré que se la chupó a unos cuantos más y por eso debió de aprender tan rápido. ¿Tú a que edad y cuándo hiciste esto?

–         Yo me desarrollé rápido físicamente y tenía muchos chicos alrededor. Fue con tu misma edad y con un chico del colegio, bastante guapo, nos besamos. Fue también el primero que me vio desnuda y al que se la mamé.

–         ¿Y aprendiste rápido?

–         La primera vez me dio un poco de cosa, no sabía si me gustaría y si me cabría. Sobre todo le di lametones más que tragarla, la puntita y poco más. Luego ya cogí práctica y me gusta sentir una buena polla en mi boca

–         Sigue pajeándome, no pares. ¿Y desde cuando te masturbas? Yo desde los 12.

–         Yo los 11, las chicas nos desarrollamos antes.

–         Sigue, ¿no te desvirgó ese? ¿quién fue al afortunado?

–         Me insistió mucho pero yo no quería y a los 15 años lo dejamos.

–         Je, eras una estrecha.

–         Los tíos todos pensáis igual. Me desvirgaron con 16 años en unas fiestas, fue un chico con el que estuve año y medio. Un año mayor que yo. Me dijo que había estado con otras chicas pero creo que fue un farol o estuvo muy torpe, no me hizo disfrutar nada, no se enteró de algo hasta el tercer polvo que echamos y porque me procuré yo información y le guiaba. No me gustó que se hiciera el chulito y le dejé poco después.

–         ¿Y el culo? Joder, todavía no he follado ninguno, salvo en sueños, a ti te he dado por el culo en sueños ¿sabes? Y me costaba meterla.

–         ¿No te he dicho bastante?

–         ¿No recuerdas que me debes de contar todo? ¿Qué cojones pasa con tu culo? – Dándole una sonora zurra. – ¿Eh? – Otra zurra.

–         Ay, no me gusta hablar y ya te dije por qué, mi novio anterior.

–         Ah, fue ese.

–         Pues sí, hostia, estuvimos tres años y le costó un año convencerme.

–         Solo hace dos que te abrieron el ojal.

–         Sí, y tampoco me gustó nada la primera vez, pero a él le encantaba y mientras yo le dije que no el cabrón se iba de putas que se dejaban.

–         Jaja.

–         Pero si tu eres otra puta. Al final le dejaste.

–         Sí. Y me sigue sin gustar a pesar de que ya me he acostumbrado. Me resultaba humillante como lo hacía, lo odiaba, pero no le podía decir que no.

–         Pues te tendrás que acostumbrar porque yo estoy deseoso. Lo haré con cuidado, que tú estás cumpliendo. Vamos a tu cuarto.

Ya de pie Nati le rogó.

–         Por favor, haré todo lo que quieras, pero por el culo no, por favor.

–         Harás lo que yo quiera de todas formas.

–         Te lo ruego.

–         ¿Quieres que le diga a ese compañero tuyo que te puede follar cómo y cuándo quiera?

–         Noooo. – Con un hilo de voz.

–         Seguro que está pensando en tu culo.

–         Prefiero que seas tú.

–         Eso está mejor. Tienes un culo precioso y lo tengo que aprovechar.

La tumbó boca arriba y le colocó un cojín bajo el estómago para elevarle el trasero. Alberto se entretuvo masajeando, besando y lamiendo las nalgas a placer.

–         Qué bien tu chochito y culito, así para mí.

Nati trató de relajarse y no pensar en experiencias pasadas. Bastante humillante le resultaba pensar que un alumno iba a darle por el culo en su propia cama. Alberto le iba abriendo las nalgas comprobando el orificio anal.

–         Algo se ve que te lo han follado, se abre algo. Bueno, empezaré por el coño.

Se la metió lentamente y disfrutando otra vez de la humillación que le suponía. No quiso excitarse demasiado y correrse así que le folló despacio. Finalmente y con cierta emoción de penetrar un culo por primera vez, colocó su glande junto al ano. Nati cerró los ojos. Metió un poco y Nati notó que se le iba la poca dignidad que le quedaba, de siempre le había parecido algo humillante. Ni siquiera si era ella quien se la encasquetaba como su ex novio le había solicitado a veces. Le era humillante tener que meterse ella una polla en el culo. Alberto cumplió su palabra y fue despacio, disfrutaba viendo la dilatación y el agujero sonrosado que le iba dejando y sabía lo humillante que le resultaba a Nati, era completar su venganza. Ya había conseguido meterle la mitad.

–         Ay, ay, aaay, me haces daño.

–         Nada paro un poco.

–         Aaah.

–         Estoy seguro que tu novio te la metió hasta el fondo ¿no? No te quejes tanto. Responde. – Le metió bruscamente la mitad de la polla.

–         Aaaaay, sí, el cabrón me la metió entera, no me desgarres así por favor.

–         Pues no te quejes tanto, puta.

–         Ya tienes lo que querías.

–         Sí, Tú nos das por culo en clase y yo ahora te lo devuelvo, estamos en paz. Te follo y doy por el culo a la puta de la profesora de matemáticas y en su cama. Y te la voy a meter hasta el fondo. Hoy mismo, no me importa si te parto el culo por la mitad y no puedes sentarte en un mes. ¿Oyes, puta?

–         Por favor, hazlo con cuidado, ay, despacio.

A Alberto le excitaban los lamentos y quejas de Nati, verla vulnerable y a su disposición, muy diferente de la actitud autoritaria que tenía en clase. Siguió empujando pacientemente ya sin sacarla hasta que se la metió toda. Unos cuantos empujones más y Alberto cumplió su sueño de correrse en el culo de su profesora, que lo recibió como otra humillación añadida. Momento en que Nati se vio definitivamente derrotada y humillada.  Ni le importó que le sacara fotos de la polla dentro de su culo y del agujero que le había dejado y del que rezumaba semen.

–         Otro día me la limpiarás, pero has cumplido y soy generoso.

Alberto fue al baño y Nati se quedó inmóvil en la cama, conteniendo el llanto, no quería darle la satisfacción de verla llorar. Otros días había disfrutado aún siendo un abuso, pero ese día no. Trató de hacerse a la idea de que no sería la última vez y tratar de disfrutarlo al menos por humillante que fuera.

–         Tienes fiesta este fin de semana, te lo has ganado. El lunes ya sabes.

–         Cabrón. Hijo puta. – Susurró.

Estuvo llorando en la cama e hizo acopio de fuerzas para levantarse. Le escocía el culo y se sentía sucia. Se dio una larga ducha y pomada. Cambió las sábanas y se fue a dormir desnuda como era su costumbre.

Por su parte Alberto volvió muy satisfecho a casa y estuvo toda la noche regodeándose recordando hasta que se quedó dormido. Sin olvidar el juego que se llevaba con su dulce hermanita. El sábado mientras sus amigos trataban de ligar él estaba casi ausente, se dio cuenta y trató de seguirles el ritmo para que le preguntaran nada.

Nati hizo el domingo una excursión con el coche por algunos pueblos cercanos, tratando de relajarse. El lunes por la mañana maldijo a Alberto al recordar que debía ir otra vez sin bragas. Eligió una falda más entallada que le llegaba hasta casi las rodillas. Suspiró y salió de casa Solo Alberto se dio cuenta del cuidado que Nati volvía a tener al sentarse y se regocijó interiormente. Nati trató de acostumbrarse a ir sin bragas o sujetador, según el día, y a dejar de imaginarse que los demás le veían desnuda, pero le costaba. Le resultaba humillante a su orgullo. Acabada la jornada escolar Alberto esperó a Nati y cuando le vio se encaminó a la zona del gimnasio. Nati que había estado nerviosa toda la mañana esperando el momento de la revisión le siguió resignada y con fastidio.

–         Eh.

Alberto le hizo una seña en un recoveco del pasillo. La besó en los labios y le miró sonriendo triunfal.

–         Bien pensado una falda entalladita en vez de una con vuelo, menos problemas y además realza tu culo.

–         Es una falda, como me dijiste. – Dijo secamente.

–         Tranquila, no te digo nada. ¿Qué tal llevas el culo? ¿Te molesta al sentarte? – Preguntó burlón.

–         Bien.

–         Me alegra.

Alberto desabrochó la falda y bajó la cremallera, la sostuvo unos segundos viendo el gesto de estupor de Nati y la dejó caer al suelo.

–         Al ser entallada no tengo otro modo de comprobar. – Dijo con retranca. – Muy bien. Ya nos veremos.

Le dio una palmada en el desnudo trasero y se marchó. Nati tardó uno segundos en reaccionar y rogó que no apareciera nadie. Se sintió indefensa y débil ahí en un rincón del pasillo junto a una columna, con el coño y el culo al aire. Se subió la falda, respiró hondo y salió con aire resuelto del instituto.

El miércoles Nati se puso una camiseta negra que le mantenía sus voluptuosas tetas en su lugar sin marcar demasiado. Le parecía humillante ir marcando los pezones y que supieran los demás que no llevaba sujetador, pensaba que eso podía llevarles a suponer que tampoco llevaba bragas y le atormentaba esa idea. Dio gracias por tener unas tetas tersas y firmes. Alberto también lo agradecía cuando las disfrutaba a placer. Volvió a llevarla al mismo sitio al final de las clases y Nati se quedó esperando el humillante momento de la comprobación. Alberto le besó como hacía siempre en esas comprobaciones y le palpó las tetas por encima de la camiseta empleando toda la amplitud de su mano para abarcarlas.

–         Um, yo diría que sí. – Nati suspiró aliviada pensando que ya había acabado. – Si llevaras una camisa basta con desabrochar, con una camiseta no.

–         Es lo mismo, mete la mano por debajo. – Nati quería evitar la sensación de verse desnuda y humillada.

–         No. – Aún así le metió las manos por la parte inferior de la camiseta hasta palpar las tetas.

–         ¿No te vale así?

En un gesto desesperado Nati se subió la camiseta todo lo que pudo hasta el cuello para enseñar sus sabrosas tetas. Desnudarse en casa era humillante, y más ser violada en su misma casa, pero en un sitio público le era casi insoportable. No aguantaría ser descubierta y las consecuencias y escarnio público. Alberto sonrió maliciosamente.

–         Quítate la camiseta.

En ese momento se oyeron unos pasos y Nati puso gesto de terror. Se arrebujó junto a la columna y Alberto le hizo un gesto de calma con las manos. Se separó de ella por si debía disimular. Un bedel cruzó por el pasillo perpendicular y se alejó.

–         Tranquila que ya ha pasado.

–         Un día nos van a pillar.

–         Ya me cuido de que no sea así. A esta hora no vienen por aquí. – Nati frunció el ceño. – Venga, ya.

Nati, con gesto contrariado, algo que excitaba especialmente a Alberto, se quitó por fin la camiseta. Alberto sonrió satisfecho y se las amasó y chupó brevemente.

–         Me encantan tus tetas. Ya puedes vestirte.

A Nati le molestó que sus pezones se endurecieran ante las atenciones de Alberto. Odiaba la sensación de ser forzada y excitarse aunque tratara de hacerse a ella. En casa aún podía pero fuera trataba de evitarlo y mostrar cierta dignidad. Alberto también dio cuenta y se sintió satisfecho. Nati también empezaba a encontrar cierta morbosidad placentera en estar semidesnuda en un sitio público con un alumno. Sensación que trataba de evitar sin poder impedirlo.

Esa misma noche soñó que estaba dando clase totalmente desnuda pero solo Alberto parecía darse cuenta y se reía. Mientras ella se sentía avergonzada. Se prometió a si misma estar lista y no equivocarse y tener que contárselo a Alberto en alguna de sus preguntas. Sería demasiado humillante a su intimidad. Alberto se encaminó el jueves a casa de Nati. Esta se quitó la camiseta por el pasillo como solía hacer en cada visita.

–         Todavía no te voy a follar, he venido antes por otro asunto.

Nati, con cierta expectación se agachó a recoger la camiseta, mientras solo unas bragas le evitaban el desnudo integral de su voluptuoso cuerpo.

–         ¿Qué?

–         Bueno, es igual, me podrás explicar el problema igual y será más morboso que lo hagas desnuda. Quítate las bragas ya puta, que más da.

–         A ver si te aclaras. – Mientras ahora sí se quedaba totalmente desnuda delante de su alumno.

–         Mañana me toca resolver un problema en clase y quiero asegurarme de hacerlo bien.

Nati tenía esa costumbre y de hacerlo por orden de lista. Algo que angustiaba a casi todos sus alumnos cuando se aproximaba su turno y motivo de odio hacia ella. Acrecentado por la humillación en clase que venía si no se resolvía correctamente. Nati cogió su carpeta de clase y corrió una silla.

–         Ven.

–         Con una silla bastará, siéntate encima de mí.

Alberto se quedó en calzoncillos y sintió la agradable sensación de tener a Nati sentada en sus muslos desnuda y sentir la suavidad de su piel. Acarició sus torneados muslos mientras le iba explicando el problema.

–         Um, me cuesta un poco concentrarme contigo desnuda, es que eres tan puta.

–         ¿Repito algo?

–         No, no, te sigo.

Nati acabó de resolverlo y a Alberto le pareció particularmente excitante la situación. Tener a su profesora de matemáticas desnuda explicándole un problema en su propia casa y a su disposición. Sintió muy dura su polla, como queriendo romper la tela del calzoncillo.

–         ¿Alguna duda?

–         Ninguna, no era tan difícil el problema. Ah, mañana no te pases en clase, que no sospechen. Y si explicaras así de calmada en clase otro gallo te cantaría.

Nati se quedó ligeramente pensativa, sin embargo nada cambió en sus clases posteriores. Alberto la empezó a besar primero el cuello y luego los labios, acariciándole el estómago, los muslos y las tetas. Nati se dejaba hacer expectante de cuál sería el siguiente deseo de su alumno, se atusó el pelo y se lo echó hacia atrás.

–         Hoy te has portado bien, me conformo con que me la chupes y te lo tragues todo.

Nati se reclinó en el suelo y le sacó la polla del calzoncillo que saltó como un resorte. A su pesar le excitó el quitarle el calzoncillo y ver esa polla gorda y joven. Empezó a chuparla al gusto de Alberto y sintió cierto placer de disfrutar mamando aquella polla.

–         Con razón te llaman puta, aaaah, que bien la chupas.

Poco después recibió una gran chorretada con la polla dentro de su boca, directa al estómago, el resto de la corrida la fue recibiendo.

–         Enseña mi lechecita antes de tragártela. – A Nati le pareció degradante pero obedeció, mostrando el semen en su lengua. – Sonríe, que bien se nota que disfrutas mamándome la polla. Así mejor, no tienes por qué disimular. Que buena foto.

Nati se tragó el resto de la corrida, limpió la polla de los últimos restos de semen y acabada la faena se quedó inmóvil en el suelo.

–         Te gusta el sabor de mi semen ¿eh?

–         Sí, me gusta mucho.

–         Como buena puta. Suerte tienes de poder mamar una polla como la mía.

–         Sí.

–         Y de que te folle. – Nati quedó en silencio. – ¿Sí o no?

–         Sí, sí, claro, no sabía que tenía que responder.

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