La profesora de matemáticas 5

El viernes Nati se sobresaltó cuando vio a Alberto apostado en el portal de su casa.

–         ¿Qué quieres?

–         Vamos al portal un momento. Tranquila que hoy no vengo a follarte sino a proponerte una excursión.

–         ¿Cómo?

–         Sé que te gusta salir al campo y a mi también me gusta. Podemos quedar mañana a la hora que salgas habitualmente.

–         Pues salgo pronto para no pillar calor.

–         Vale, ¿a qué hora?

–         A las ocho y media.

–         ¿Y a dónde vamos?

–         Voy al monte de las peñas y ando por los senderos. Dejo el coche abajo y luego vuelvo a casa en coche.

–         Perfecto. Te espero mañana aquí mismo y ni se te ocurra irte sin mi.

–         No lo haré.

Le dio un morreo y se marchó. Le hacía ilusión poder abusar de ella en el campo, a plena luz del día en un sitio público. En casa no se extrañaron porque sabían que algunos sábados salía a pasear o a andar en bici. A Nati le costó conciliar el sueño pensando en qué le tendría preparado. Albergaba una leve esperanza de tener un fin de semana tranquilo como el anterior. Alberto ya estaba a las 8:20 y Nati bajó cinco minutos después.

–         Es un riesgo que nos vean, a ti se te acabaría el chollo.

–         Ya procuraré que no sea y aunque nos vean el marrón es para ti, estás con un alumno tuyo y menor de edad.

–         ¿Y si nos ven en el coche?

–         Deja de poner excusas. Nadie nos va a ver a esta hora y en el campo tampoco.

–         Ya.

–         Me esconderé si es preciso y no aproveches para huir.

–         Que no joder.

–         Pues vamos de una vez al coche.

Apenas se veía a nadie por la calle a esas horas y rápidamente enfilaron la carretera al monte que distaba cuatro kilómetros.

–         Estás muy guapa con esa ropa de hacer deporte, realza tu culo y tus tetas.

–         Ya.

Nati llevaba un pantalón corto ajustado que efectivamente marcaba su culo respingón y firme. Y un top también ajustado que le marcaba bien las tetas. Durante todo el trayecto Alberto le acarició el muslo.

–         Te voy a poner otra tarea.

–         ¿Qué? – Articuló Nati tras contener el aliento.

–         Vas a comprar un consolador, ¿o ya tienes uno en casa?

–         No me ha hecho falta hasta ahora. – Al momento de decir eso se dio cuenta del error.

–         Pues claro, porque vengo yo a follarte jaja.

–         Lo decía porque hasta hace unas semanas tenía novio.

–         Sí, que te ponía los cuerpos a pesar de venir a follarte, ¿o también ibas tu?

–         Nos alternábamos.

–         Jaja, con cornamenta ibas a verle a que te diera por el culo, con lo que te gusta. – Dijo de modo hiriente.

–         Porque seguro que te hacías dedo entre semana cuando no te follaba.

–         Sí, como tú te haces pajas.

–         Bueno, compra uno de buen tamaño y que esté para esta semana.

Tras una breve subida aparcaron en la zona baja. El monte se dividía en una planicie y en una zona más escarpada.

–         Vamos por este sendero que hay menos gente. – Indicó Alberto.

–         Mejor.

El sendero se internaba rápidamente en una zona boscosa y se iba empinando hasta alcanzar una de las cumbres de los contornos, regresando al mismo sitio por el otro costado.

–         ¿Lo has hecho entero alguna vez? – Preguntó Nati.

–         Sí.

–         Yo una vez.

–         Hoy no lo haremos entero.

Continuaron andando en silencio sin cruzarse con nadie. Con Nati temiendo el momento en que Alberto decidiera intervenir.

–         Vas muy sexy con ese conjunto, te marca bien todas las curvas. ¿No crees?

–         Es cómodo para salir. – Sabiendo que debía de responder.

–         Y también es cómoda la ropa que llevas desde el inicio de curso, falditas, vestidos, blusas con escote, camisetas marcando las tetas… Te cogimos la matrícula desde el primer día Nati puti.

–         Pues sí, es cómoda, y me siento a gusto llevándola.

–         Te sientes a gusto siendo una calientapollas. – Dándole una palmada en el culo. – ¿Cómo quieres que no nos fijemos en ti? Hasta tus compañeros lo hacen.

–         Voy a trabajar.

–         Te gusta exhibirte. ¿No es así?

–         No es como dices.

–         Te gusta, y además marcar diferencias entre yo soy la profesora y vosotros hacéis lo que yo diga sin rechistar, porque además estoy buena. Eres una zorra.

–         Hay que tener cierta autoridad.

–         No sabes llevar una clase que es distinto.

–         Es tu opinión.

–         Coincide con la de todos. Eres profesora porque habrás mamado alguna polla por ahí o a golpe de coño.

Siguieron andando en silencio hasta una fuente donde se refrescaron y donde el camino se empinaba.

–         Quítate el top.

–         ¿Cómo? Estamos al aire libre.

–         Se te orearán las tetas y no te hará raya el moreno. Vamos.

–         ¿Y si viene alguien?

–         No hemos visto a nadie en todo el camino, le oiríamos llegar y te tapas. Por algo he elegido este camino. En tu casa tienes menos apuro a enseñar las tetas y te gusta exhibirte, pues a enseñar las tetas.

Nati, con gesto entre contrariado y resignado se quitó el top para regocijo de Alberto, que disfrutaba humillándola.

–         Ya había notado que ibas sin sujetador, eres unas calientapollas, te gusta exhibirte.

–         Con esto no hace falta, es molesto.

–         Por eso te gusta llevarlo. Um, que maravilla, qué firmes y cómo se mueven cuando andas.

Alberto la abrazó por detrás para sobárselas y luego le sacó varias fotos y un video. Mientras Nati iba temerosa de cruzarse con alguien de esa guisa y no darse cuenta de que venía.

–         ¿A que vas cómoda?

–         No voy mal.

–         Jajaja, ¿lo ves? Vas más fresca.

A mitad de subida había una caseta semiderruída y un mirador con un panel informativo.

–         Bueno, aquí daremos la vuelta, pero antes disfrutaremos del paisaje.

Se acercó a Nati para morrearla y volver a sobarle y lamerle las tetas.

–         Qué bien sienta salir al campo.

Nati se sentó en una piedra a descansar mientras miraba el paisaje.

–         No te lo he dicho pero te queda bien el pelo recogido con la coleta.

–         Es más cómodo para andar.

–         Te lo vas a soltar un momento que te sacaré más fotos. Luego puedes ponértelo como quieras, estás sexy de todas formas.

–         ¿Dónde me pongo? – Dijo incorporándose.

–         No te levantes todavía, estarás mejor para descalzarte.

–         Me clavaré las piedras.

–         Te puedes volver a calzar cuando te quites el pantalón.

–         ¿En bragas aquí?

–         En bragas no, sin nada.

–         Eres un cabrón.

–         Y tu una puta. Cuidado con lo que dices no te haga volver en pelotas.

Alberto sonreía complacido mientras Nati se desnudaba. Ella ya suponía que se la follaría en algún momento pero no esperaba tener que desnudarse en un sitio abierto.

–         Ya. – Dijo Nati.

Alberto le fue dando indicaciones mientras la fotografiaba y grababa con el paisaje de fondo.

–         Así, sonríe, las manos en las rodillas, gírate, pon el culo en pompa, sujétate las tetas, ábrete el coño un poco, de perfil…

Nati estuvo temerosa de que apareciera alguien en cualquier momento o le vieran desde lejos. Esperaba que Alberto le dejara volver vestida.

–         Muy bien. Hemos acabado.

–         ¿Puedo vestirme?

–         Todavía no. No he subido aquí solo para sacarte fotos. Pasa a la caseta.

Nati recogió su ropa y la mochila y pasó a la caseta, que ya no tenía techo y solo conservaba algunos maderos como vigas. Alberto ya le esperaba desnudo de cintura para abajo y con la polla en plena erección. Nati nunca había follado al aire libre y le suponía una incomodidad añadida.

–         A mamar. Nunca mejor dicho jaja, te lo mando como profesora de matemáticas y para que me la chupes, te la vas a tragar enterita.

Nati se acomodó lo mejor que pudo en un banco de piedra y empezó a mamar la polla joven y vigorosa que tenía ante sí. Volvió a sentir contra su voluntad cierta morbosidad de hacerlo al aire libre, como cuando debía desnudarse en el pasillo del instituto. Se decidió a disfrutar de aquella polla mamándola sin importarle lo demás y hacerlo más llevadero.

–         Cómo se ve que te gusta mamar pollas, toda una experta como buena puta que eres.

–         Me gusta tu polla. – Dijo para complacerle. Y en buena parte era cierto, obviando que estaba siendo obligada a ello.

–         Um, así, así.

Alberto le sacó la polla de la boca y le golpeó el rostro con ella. Le gustaba hacerlo y sabía que a Nati le resultaba humillante. La acomodó hacia la pared haciendo que fuera ella quien se sostuviera con los brazos. La penetró con decisión y empezó a bombearla con suavidad y de modo continuado. Nati emitió unos gemidos disfrutando del polvo que le estaba echando su alumno.

–         Te gusta, ¿eh? Zorra.

–         Sí, aaah, sii, um. – Mordiéndose el labio y acompañando con su movimiento de caderas.

–         Te quejarás del polvo, eh, puta.

–         Um, um, aaah.

–         Y en un sitio recogido.

–         Sí, sí.

–         Esto te gustará menos pero puedes seguir moviendo el culo.

Nati se temió lo peor y rápidamente se confirmó, con la polla de Alberto en la entrada del orificio anal. Nati decidió aguantar y no quejarse, para no dar más motivos de disfrute a Alberto y verla humillada.

–         Toma, toma, me follo otra vez tu culo. Le vas a acabar cogiendo el gusto.

Las repetidas veces que le había follado el culo hacía que su esfínter se hubiera ido adaptando al tamaño de su polla.

–         ¿La tengo más grande que tu ex novio?

–         Sí, más grande, y me folla mejor.

–         Jaja, ¿ves como te gusta?

–         Prefiero por el coño.

–         No te preocupes que acabaré ahí, me gusta más correrme en tu coño. Quizá te vayas con un regalo en nueve meses.

–         Eh, ¿lo oyes?

Alberto dejó de bombear sin sacar la polla del culo.

–         Sí. Viene gente.

–         Ay.

–         Tranquila que no haremos ruido y les dejaremos pasar. Aquí no nos ven.

–         Déjame vestirme.

–         Ni de coña, harías ruido al moverte y están cerca.

Alberto miró por un agujero de la pared y una pareja de hombres subían la cuesta en animada conversación. Volvió junto a Nati y para sorpresa y desagrado de ella la volvió a penetrar analmente y le agarró de las tetas.

–         Van subiendo. Como te muevas o hagas algo juro que haré que te follen esos dos a la vez, ¿entiendes?

Nati, con miedo, asintió con la cabeza y Alberto le puso una mano en la boca para corroborar. Dejó pasar un tiempo prudencial y cuando estuvo seguro volvió a sodomizarla y Nati a gemir. Como le había anunciado y previa palmada en el culo, cambió de agujero para correrse en el coño tras un par de embestidas. Se quedó acariciándole las tetas hasta que le hizo limpiarle la polla.  Nati empezó a vestirse cuando vio que lo hacía Alberto.

–         No he dicho que te pongas el top, solo lo de abajo.

–         Pero si me he desnudado, me has follado y he hecho todo lo que decías.

–         Sí. Y lo vas a seguir haciendo.

Aún con todo, el culo le estaba molestando en el camino de vuelta, pero no dijo nada. Por suerte para Nati no se cruzaron con nadie más y pudo colocarse el top al llegar a la zona llana, donde sí se cruzaron con gente o la vieron de lejos, en los caminos que hacían senderos circulares. No era nadie que pudiera conocer del instituto. Montaron en el coche y regresaron, con Nati deseosa de llegar a casa.

–         Me puedes dejar a la entrada, así no corremos riesgos.

–         Mejor.

–         Te he notado incómoda a la vuelta, te tocabas el culo. Jaja.

Nati se metió rápidamente en la ducha al llegar a casa, prestándole atención especial a su trasero. Mientras Alberto por la tarde acabó masturbándose viendo lo que había grabado por la mañana. Por la noche salió con sus amigos para que no sospecharan nada por dos semanas sin salir. Volvió pronto con la excusa de que el domingo quería estudiar, ya que los exámenes finales estaban cerca, solo quedaba una semana de clase. En las dos últimas la asistencia era voluntaria y eran de repaso y estudio. Sus amigos le despidieron entre risas por su disciplina de estudio.

–         Así vas a follar sin salir de casa.

–         Pareces un monje.

Alberto se fue a casa riéndose de la ignorancia de sus amigos sobre su vida sexual. Por la tarde estaba estudiando en su cuarto y los demás sabían que no había que molestarle hasta que acabara. Su hermana Clara se deslizó en silencio y abrió la puerta.

–         Hola, ¿estudias mucho?

–         He de hacerlo hermanita.

–         También hay que descansar y relajarse. – Dicho esto y con su sonrisa más seductora se quitó el top mostrando sus tetas.

–         No, Clara, ahora no por favor.

–         Mamá y papá están en el salón y no van a venir por aquí hasta que te vean que sales. Es el momento ideal.

–         ¿Qué quieres hacer?

–         Primero esto. – Dijo besándole. – Y luego hacerte una mamada.

–         ¿Cómo?

–         Ya te he hecho una paja y aprendo rápido, soy buena alumna ¿recuerdas? Y no solo en el instituto. – Clara se puso en cuclillas a su lado en plan mimosa acariciándole el muslo y luego la entrepierna. – Venga, porfi, si te la noto bien dura, ¿qué tienes ahí debajo?

–         Esto, ya la conoces.

Alberto cedió a la tentación y se sacó la polla ante la cara de agrado de Clara. Giró la silla y se bajó los calzoncillos hasta los tobillos para estar más cómodo. Clara acertó a besar la polla y los huevos y un torpe intento de introducirse el glande.

–         Tranquila, deja que te diga y no me muerdas la polla.

–         Perdón.

–         Mira pon así los labios – haciendo el gesto – y trata de metértela poco a poco empieza solo por darle lametones, conoce su sabor.

–         Sí.

Clara escuchó con atención y empezó por lamerle la polla.

–         Así muy bien, todo el tronco de arriba abajo. ¿Te gusta?

Clara asintió sonriente y pasó a la segunda tarea de metérsela en la boca, tarea que le parecía imposible viendo el tamaño. Empezó a chupar solo el glande.

–         Muy bien, intenta un poco más, oh, qué labios tienes, vas a hacer grandes mamadas. ¿Te gusta comerte una polla?

Clara volvió a asentir y poco a poco alcanzó la mitad dentro de su boca.

–         Me voy a correr, te saco la polla.

Clara negó con la cabeza y le agarró la polla con la mano con fuerza, lo que aceleró la eyaculación. Echó la cabeza para atrás sacándose la polla mientras la mitad de la corrida se iba al suelo. Tosió un poco pero recuperó rápidamente la sonrisa. Se le veía contenta.

–         ¿Ves? Ya te decía. Soltamos demasiado semen, no te lo puedes tragar todo y menos la primera vez, te atragantas.

–         Ya conocía el sabor de tu semen y quería probarlo y sentir como sale directamente.

–         ¿Y te gusta?

–         Mucho.

–         ¿Y saborear una polla?

–         Igual. Me gusta tenerla y sentir como se endurece.

–         Aprendes muy rápido. Tienes razón en lo de ser buena alumna en todo. Anda vístete antes de que nos pillen.

Clara se fue tan sigilosa como había llegado, no antes de limpiar con un pañuelo de papel los restos de semen en el suelo. Mientras Alberto se quedó con una sonrisa tonta en el rostro.

Nati, escarmentada y deseosa de complacer a Alberto para que no le maltratara más, se puso el vestido estampado sin nada más. Iba muy sexy y causó sensación y comentarios entre los alumnos e incluso los profesores, estos con más disimulo, pero también la desnudaron con la mirada. Nati se sentía desnuda cuando se sentía observada y sabiendo que no llevaba bragas. Entró en la clase de Alberto e hizo una advertencia.

–         Buenos días. Sabéis que esta es la última semana del curso, qué pena que no lo hayáis sabido aprovechar la mayoría, tenéis difícil aprobar. Es por eso que os recomiendo venir a las clases de repaso de cara al examen final. Os vendrá bien.

Todos entendieron que debían ir a clase si querían aprobar la asignatura, ahora o en septiembre, lugar al que la mayoría irían y ya les fastidiaba un verano de estudio. Los amigos de Alberto lo comentaron a la salida.

–         Esta zorra nos va a hacer venir a sabiendas de que nos va a catear.

–         Yo vendré solo por verla con ese vestido, um, me la follaría ahí mismo.

–         Toma y yo. Que par de tetas le salen por el escote.

–         ¿No dices nada Alberto?

–         Es una puta. – Dijo mientras recordaba las veces que se la había follado.

En el segundo recreo la abordó cuando acababa de salir del seminario.

–         Señorita Nati, quiero comentarle una cosa. – Dijo disimulando.

Nati puso gesto de fastidio, habitual en ella con o sin abuso, y entró en el seminario. Alberto dejó a posta la puerta solo entornada.

–         Cierra, ¿o quieres que nos vean?

–         Es para disimular, si cierro pueden creer que hacemos cosas guarras. – Respondió burlón.

–         Cierra, por favor.

–         Vale. – Dijo condescendiente.

–         Venga, hazlo rápido.

–         Tranquila. Qué sexy estás con ese vestido. ¿Has visto cómo te miran todos? Si supieras los comentarios que hacen de ti. Los chicos quieren follarte en la misma clase y para las chicas eres una calientapollas. Una puta para todos, resumiendo.

–         Tú me has obligado.

–         Eh, que el vestido lo compraste tú por algo.

–         Sí.

–         Y eso que no saben que no llevas bragas jaja. Putón.

Nati se sintió humillada por los comentarios que además confirmaban sus sospechas de las reacciones que provocaría el vestido. Mientras temía que entrara un compañero, o peor, el profesor que le acosaba. Con parsimonia Alberto se acercó y la besó en los labios. Cuando acabó le levantó la falda del vestido durante unos segundos que a Nati se le hicieron interminables. Le miró con gesto de superioridad mientras sonreía.

–         Así sí, ¿ves lo fácil que es?

Le soltó el vestido y salió por la puerta. Nati respiró aliviada y salió del seminario antes de que volviera ningún compañero. Pero Alberto no se conformó, estaba muy caliente entre el recuerdo de la dulce mamada de su hermana y lo sexy que iba Nati con ese vestido. Decidió presentarse en su casa esa misma tarde. Lo único que le fastidiaba del fin de curso es que seguramente Nati no estaría en ese instituto para follársela a placer el año que viene como lo hacía ahora, y pensó que debía aprovechar esos días. Llamó al timbre y le agradó el tono de sorpresa negativa que notó en su voz. Nati le recibió en bragas y camiseta, como estaba siempre en su casa.

–         Hola Nati, hace calor, saca una cerveza anda.

Por el pasillo le fue sobando el culo a placer y se sentó en el sofá.

–         Ah, que guapa y sexy estabas con ese vestido. Póntelo otra vez pero sin nada debajo.

–         Aquí la tienes. – Nati le dio un botellín y dejó otro para ella en la mesa mientras se iba a cambiar.

–         Mientras esté yo en casa me tendrás que pedir permiso si quieres tomar algo, ¿has oído zorra?

–         Sí, perdona no volverá a pasar. – Nati una vez más trataba de no enfadarle. Regresó con el vestido.

–         Por esta vez pase, pero mereces un pequeño castigo. – Dio un buen trago a la cerveza.

–         ¿Cuál?

–         Ponte reclinada sobre mis rodillas.

Nati se imaginó el castigo y Alberto sabía que le resultaba vejatorio. Alberto le subió el vestido dejando al aire su culo firme y redondo, empezando a azotarla con poca fuerza.

–         Debes obedecerme en todo lo que te diga.

–         Sí.

–         Bien, puedes beberte la cerveza y siéntate a mi lado.

–         Sí, ya voy.

–         Enseña las tetas.

Nati se bajó los tirantes del vestido, enseñándole una vez más sus contundentes tetas, que sobó y lamió a placer. Mientras Nati se bebía la cerveza y notaba que se le endurecían los pezones.

–         No hay duda de que eres una puta, siempre se te ponen duros los pezones.

–         Me gusta como me las chupas.

–         Jaja, ahora tú me vas a chupar lo que ya sabes.

Sumisa, le desabrochó la bragueta y le bajó los calzoncillos, empezando a chuparle la polla.

–         Um, que bien la chupas, si dieras igual de bien las clases. – Acompasando la mamada con su mano en la cabeza de ella – No está bien que suspendas a tanta gente, no enseñas bien.

–         Glof, glof, umm.

–         Bueno vamos a tu cuarto y ponte bien el vestido.

Apuró el botellín y siguió tras Nati. Se tumbó desnudo en la cama y Nati se quedó expectante de pie enfrente de él.

–         Te vas a quitar muy despacio el vestido, seduciéndome, nada de poner mala cara.

Nati obedeció, amagando con quitarse el tirante o enseñando el muslo mientras sonreía provocativa.

–         Lo haces muy bien y estás más guapa que cuando te enfadas, mira como tengo la polla – señalándosela – aunque me pone mucho follarte cuando pones mala cara jaja.

Nati se giró y se subió la falda un instante mostrando el culo, volvió a ponerse de frente y dejó caer lentamente un tirante y luego otro, enseñando sus firmes tetas, sujetándoselas y llegando a lamerse un pezón con cara lasciva. Finalmente dejó caer el vestido quedando desnuda, se giró y puso el culo en pompa, volvió de frente y se abrió los labios vaginales. Alberto aplaudió.

–         Muy bien. Ven aquí que me has calentado aún mas. – Acarició su cuerpo y la besó. – Como recompensa voy a dejar que me folles.

Nati, que también se había calentado con el baile, se insertó la polla sin dudarlo y le cabalgó a gusto, empezando a gemir rápidamente y a disfrutar del polvo.

–         Te gusta follar conmigo, eh zorra.

–         Sí, sí, aaaah, me gusta mucho, umm ah aaah.

–         Así así puta.

En ese momento a Nati ni le molestaron los insultos sino que aumentó los esfuerzos. Se había mentalizado en disfrutar de esa polla y no en pensar que la estaban violando. Empezaba a cogerle gusto a seducir a un alumno, como aquel primer día en el bar. Alberto disfrutaba y se dejaba hacer, gozoso de conseguir que su profesora le follara.

–         Qué bien follas, te gusta mi polla ¿eh?

–         Mucho.

–         Sé que te gusta otra cosa, meterte tú misma la polla en el culo.

Nati paró en seco, cortándole el gusto. Prefirió no responder sabiendo que no serviría de nada, y se giró para colocarse la polla en su ano, mientras Alberto disfrutaba la humillación. Se metió parte y reanudó a cabalgar, con menos gusto que antes pero resignada.

–         Toda. – Ordenó Alberto. – Ya sabes que te cabe.

–         Sí.

Nati hizo un esfuerzo y doliéndole más en su orgullo que en el culo, se la hundió toda, quedando inmóvil, momento que Alberto aprovechó para manosearle el culo.

–         ¿A qué esperas? Folla y hasta el fondo.

Para Nati era humillante tener que ser ella la que marcara el ritmo de la enculada y tener que metérsela hasta el fondo. Tenía el pelo desmadejado y sudaba. Deseaba que Alberto se corriera rápidamente y acabara la vejación. No tardó en correrse y Nati sintió una buena corrida hasta sus entrañas. No sabía si era peor que se corriera en el coño o en el culo. Quedó algo desmadejada y cansada sin atreverse a quitarse la polla hasta recibir instrucciones. Mientras Alberto había sacado fotos y quería prolongar la sensación victoriosa hasta que empezara a decaer la erección. El mismo se sacó la polla y sacó otra foto del culo abierto y con esperma de Nati, que se recostó en la cama. Puso cara de asco cuando Alberto le obligó a limpiarle la polla.

–         No pongas esa cara, que viene de tu culo jaja. ¿No te importa que me duche, verdad?

Alberto había acabado sudoroso también y no quería irse así a casa, pringado. Nati ni se movió de la cama, derrotada, conteniendo las lágrimas. Había sido humillante tener que ser ella la que se enculara a sí misma. Cuando se fue Alberto fue al baño y se dio una larga ducha.

baltrex

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*


Esto sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.