La profesora de matemáticas 6

El miércoles Nati se colocó el vestido estampado y miró como le quedaba el escote sin el sujetador y si sus voluptuosas tetas se le movían mucho al andar. Decidió ir despacio y sin movimientos bruscos. Aún así nuevamente se sintió observada e incómoda al entrar al instituto.

Esta vez Alberto la abordó pronto, en un pasillo en el primer recreo. Le bajó los tirantes dejando sus tetas al descubierto, aprovechó para sobarlas y chuparle los pezones. Le dio un beso en los labios y se marchó. Todo sin mediar palabra entre los dos, resignada a su suerte y con la esperanza de que quedaban pocos días de curso y de suplicio.

La siguiente clase era además la de Alberto y eso la había puesto más nerviosa y azorada. Trató de recomponerse y mostrar la firmeza habitual. Además el vestido ya era objeto de comentario en todo el instituto. Dado su nerviosismo se le cayeron al suelo unos papeles de su carpeta, maldijo para sí y con cuidado se inclinó a recogerlos. Se colocó en cuclillas y al agacharse se le salió media teta viéndosele el pezón. Con enorme vergüenza y el rostro colorado se echó la mano para recomponerse el vestido y se puso de pie. Empezando a explicar un problema algo atropelladamente para disimular. La vergüenza le duró toda la clase, que se le hizo eterna, y el resto de la jornada. Toda la clase se dio cuenta pero nadie se atrevió a decir nada y se contuvieron las risas. Nada más salir de clase empezaron las risas, que Nati pudo oír desde el pasillo, y los comentarios.

Todos los chicos, incluido Alberto al que la situación le recordó el sueño en que Nati se quedaba en tetas, se pajearon al llegar a casa recordando el momento. Uniéndose a las fantasías que tenían con ella, muchas de ellas forzarla en la misma clase. Alberto sintió un gran regocijo interno por el momento humillante que sin buscarlo había provocado. En el segundo recreo, “la teta de la Nati” o “de la puta” ya era la comidilla del instituto y motivo de jolgorio para los afortunados que le habían visto media teta, presumiendo ante otros compañeros, envidiosos de no haber presenciado el momento, y dando todo tipo de detalles. Los amigos de Alberto estaban excitados.

–         Sabía yo que era una puta, menuda calientapollas viniendo sin sujetador, habría que ver si llevaba algo debajo.

–         Yo creo que no.

–         Qué teta tan preciosa y que pezón se le ha visto, menuda paja me voy a hacer al llegar a casa.

–         Quien pudiera amasar esas tetas y chuparlas, como un bebé.

–         Y una buena cubana.

–         Aún lo habrá hecho a posta.

–         No creo por la cara que ha puesto.

–         Le gusta provocar y excitar, se va a llevar su merecido un día…

–         Ojalá.

–         Estoy super empalmado.

Entre las chicas, especialmente las que suspendía, también era motivo de crítica y de llamarla zorrón. Llegando la historia incluso a los profesores, para Nati fue humillante tanto en el seminario como en la sala de profesores sentir las miradas socarronas de sus compañeros e incluso lascivas. En especial de su compañero acosador. El mismo director se la cruzó en el pasillo al acabar la jornada y le dijo.

–         Cuide su vestuario para evitar situaciones difíciles.

–         Sí.

Nati agachó la cabeza y se fue apresurada a a casa. El mismo director, un hombre tranquilo y próximo a la jubilación, no había dejado de mirarle el escote mientras le hablaba y el culo cuando se marchaba. Al entrar a casa se desvistió rápidamente y arrojó con rabia el vestido al suelo, congestionada. Alberto se hizo una paja después de comer y estuvo estudiando, pero seguía excitado, y los coqueteos de su hermana Clara no le ayudaban, que divertida, le hacía comentarios sobre el bulto del pantalón. Puso de excusa salir a despejarse un poco después de estudiar y se fue a casa de Nati, que ya no esperaba a nadie a esa hora.

–         ¿No has tenido bastante esta mañana?

–         Ha sido glorioso el espectáculo que has dado en clase, sí. Todo el mundo lo comenta.

–         Contento, ¿eh?

–         Nos ha excitado a todos, hoy las pajas de tus alumnos  van a ir dedicadas a ti sin duda, pero yo tengo la suerte de poder follarte para relajarme.

Otra vez resignada, Nati se despojó de la camiseta y agachó la cabeza, mientras Alberto se reclinaba en el sofá para disfrutar la mamada.

–         Así me gusta, obediente y que sepas lo que hay que hacer sin decírtelo.

Nati se aprestó a montar a Alberto pero éste la detuvo en seco.

–         No te tomes tantas libertades, que he dicho que venía a follarte. Pero antes me voy a comer tus tetas después de lo de esta mañana. Um, que ricas y que cubana me voy a hacer.

Alberto estuvo un buen rato deleitándose con las tetas de Nati.

–         Venga, hazme una cubana.

Alberto le refrotaba la polla por el contorno de las tetas y el canalillo, mientras Nati, sentada, se las apretujaba y trataba de seguirle el ritmo.

–         Um, que maravilla de tetas tienes. Te has ganado un premio por el regalo de esta mañana. Y me pillas que me apetece comerte el coño, te quejarás y todo.

Alberto se deleitó con el jugoso coño de Nati, excitada por comerle la polla, y contento de provocar ese efecto en su profesora, que no tenía más remedio que reconocer la habilidad de Alberto para comerse un coño.

–         Um, que buen alumno. – Dijo, aún a sabiendas de estar siendo violada.

–         Y tu una profesora muy rica.

Esperó a que se corriera y la levantó, dejándola apoyada sobre la mesa en la que hacía unos días le había explicado el problema. Le excitó follarse ahí a su profesora y la penetró rápidamente por detrás con fuertes acometidas que le hacían bambolear las tetas, apoyadas sobre la mesa. Cuando sintió que se iba a correr la llevó a su cama y se colocó encima de ella rematando con una cubana que le hizo correrse copiosamente sobre las tetas, a pesar de la paja anterior. Sonrió satisfecho y le extendió el semen por las tetas. Le hizo limpiarle la polla y la dejó ahí tirada mientras fotografiaba sus tetas embadurnadas de semen.

–         Hasta mañana.

Al día siguiente se le hizo aún más duro volver al instituto después del espectáculo gratis e involuntario que les había ofrecido a sus alumnos. Maldijo su mala suerte y que además había sido en la clase de Alberto, aunque de haber sido en otro se hubiera enterado igual. Ser la comidilla del instituto, la vergüenza de entrar y ser desnudada con la mirada y ser objeto de sonrisas socarronas. Pensó que al menos no tenía ese día clase con Alberto. Suspiró pensando en el viernes y volver a entrar a esa clase. Se puso algo más recatada pero sin exagerar y que se notara más lo del día anterior. Una camisa blanca de manga corta con los dos primeros botones desabrochados y una falda negra entallada justo por encima de la rodilla. Al entrar se mentalizó de ser fuerte. Aún así oyó comentarios y burlas, aparte de las miradas.

–         Mira, hoy va más recatada, no se le escape otra teta.

–         Solo dos botones desabrochados, le falta otro.

–         ¿Llevará hoy sujetador?

–         Pues el culo bien que lo marca.

Sintió que ese incidente había servido para que le tuvieran menos respeto y para liberarse de hacer comentarios con mayor descaro. Pensó que le quedaban los exámenes para vengarse de parte de ellos. Y pocos días de clase. En el seminario ya estaba el profesor acosador que la miró sonriente de arriba abajo.

–         Buenos días, siempre tan sexy Nati.

–         Hola.

–         Me gusta tu escote pero más el de ayer.

–         Pues te vas a quedar con las ganas de verlo.

Salió apresuradamente conteniéndose el darle una bofetada y buscarse más problemas. Durante todo el día notó que las miradas se clavaban más en sus tetas y escote y que le miraban con mayor desparpajo. Acabó la mañana y salió rápidamente a casa. Se empezó a desabrochar la camisa nada más cerrar la puerta y al quitarse el sujetador exclamó agarrándose las tetas.

–         Hijos de puta.

Se quedó en bragas y se puso la camiseta de andar por casa. Por la tarde tenía que volver al instituto a dar tutoría. No le gustaba pero había menos gente y lo podía controlar mejor. La primera en llegar fue una alumna a la que dio pocas esperanzas de aprobar y notó que salía apesadumbrada, lo que le hizo sentir que recuperaba parte de su autoridad como maestra. El siguiente fue un alumno que se fijaba más de lo admisible en su escote.

–         Oye José Luis, deja de mirarme el escote, ¡descarado! ¿quién te crees que eres?

–         Yo…

–         Yo nada, tienes tantas opciones de ver algo como de aprobar, ¡ninguna! La tutoría ha acabado, puedes irte.

El resto de la tutoría transcurrió sin problemas. A última hora entró Alberto.

–         Hola Nati, um, vas un poco más recatada que ayer pero muy guapa.

–         ¿Qué quieres?

–         Tranquila. Mira ese escote es muy sexy pero con un botón más desabrochado estaría mejor, pena que hoy sí lleves sujetador. – Él mismo había ido por detrás mientras hablaba y le amasó las tetas, desabrochado el botón y abierto un poco más la camisa. – Así, muy bien. Hace muy buena tarde, ¿no te apetece dar un paseo?

–         ¿Dónde? – Sabiendo que no podía oponerse.

–         Te espero aquí en el otro lado del río. Cuando te vea venir me iré y tú me sigues. Lo hago por ti para que no nos vean.

–         Qué bien. – Dijo haciendo notar su desagrado.

El instituto estaba junto a un río y este tenía un paseo en sus riberas. Poco después se salía a campos y caminos agrícolas junto a una chopera. Nati lo vio a cierta distancia y cómo se levantaba de un banco y andaba hacia las afueras. Había más gente paseando y rogó que no hubiera más allá del paseo. Cuando estaban ya en un camino agrícola Alberto fue aminorando el paso hasta dejarse alcanzar. Recibió a Nati con una gran sonrisa.

–         Con lo que te gustó follar en el monte al aire libre he pensado que te gustaría repetir.

–         Por favor, que no nos vean.

–         No te preocupes. – Dijo dándole una palmada en el culo. – Ah, que bien que vas con el escote tal como te lo he dejado.

–         Sí.

–         ¿Te ha mirado mucha gente?

–         Sí, me miran sin escote…

–         Es cierto, es que estás muy buena y tienes un par de melones.

–         Gracias.

–         No hay de qué.

–         A un compañero tuyo lo he abroncado en tutoría por mirarme el escote. – Pensó que contarle esa anécdota le relajaría y no se pasaría demasiado con ella.

–         Jajaja, ¿a quién?

–         A José Luis.

–         Ese es un pajillero, no hay más que verle la cara.

–         Se va a quedar con las ganas de verme las tetas.

–         Claro.

Se habían ido adentrando en una chopera, que Alberto había inspeccionado previamente, un lugar apartado, incluso del camino. Nati se sintió más aliviada pero no del todo.

–         Ale, ya puedes desnudarte tranquila.

Nati se empezó a desabrochar los botones de la camisa, se la quitó y la dejó a los pies de un chopo. Continuó desabrochándose la falda y la dejó junto a la camisa. Alberto sonrió satisfecho.

–         De rodillas.

Nati se dispuso, avergonzada, y Alberto se bajó los pantalones sacando una polla erecta que Nati empezó a masajear y chupar. Alberto le agarró de la cabeza mientras con movimientos de pelvis le follaba la boca.

–         Um, um, auf.

Alberto se divertía dejándole unos segundos con la polla hasta la campanilla y sacándosela, momento que Nati aprovechaba para babear y respirar. Cuando se dio por satisfecho se sacó la polla de la boca de su profesora. Le quitó él mismo el sujetador y lo tiró un poco más allá del resto de la ropa riéndose. La colocó de espaldas apoyada en el árbol y le bajó de un tirón las bragas y le abrió las piernas. Nati se temió que empezara a darle por el culo. Pero le metió de modo grosero dos dedos en la vagina y los pasó por una nalga.

–         Si estás mojada puta, te va el rollo de follar al aire libre.

De un empujó le metió la polla hasta el fondo del coño, lo que hizo gritar a Nati.

–         ¡Aaaaah!

–         Así, así.

Alberto la follaba con decisión y veía bambolearse las tetas, que agarró con fuerza y apretó, haciendo que ella emitiera pequeños gemidos de queja. Nati deseó que se corriera para evitar que alguien la viera en esa posición humillante y vergonzosa y que no le penetrara analmente. Estaba de espaldas al río, por lo que podía ver si venía alguien por donde habían llegado pero no la otra orilla, lo que aumentaba su desasosiego. Además Alberto sacó la polla sin haber eyaculado y empezó a amasarle el culo y darle besos en las nalgas. Sintió un escalofrió al notar el glande de Alberto a la entrada de su ano. Ser sodomizada al aire libre. La vez anterior fue en un lugar más apartado en el monte y en una caseta donde estaba más escondida. Le penetró hasta el fondo y se la sacó, disfrutaba de ver el agujero que le dejaba y prolongar la humillación. Nati volvió a sentirse sodomizada y como seguía taladrando su culo con movimientos acompasados.

–         Ummm, aah, umm.

–         ¿Te gusta eh zorra?

–         Sí, pero prefiero en mi casa.

–         Pues no te preocupes, que mañana me pasaré ya que me lo pides.

–         Vale.

–         Iré a follarte ya que es lo que quieres. ¿Te gusta que te dé por el culo?

–         Sí. – Dijo mintiendo para complacerle.

–         Sabía que te acabaría gustando. Te gusta mi polla.

–         Mucho.

–         Aaah, me corro, me corro en tu culo.

Nati volvió a sentir como un flujo caliente le llegaba hasta las entrañas, nuevamente vejada. Alberto se sacó la polla con parsimonia y con un gesto indicó a Nati que volviera a ponerse de rodillas. Le metió la polla en la boca y cuando la vio limpia y apurando la erección se subió el pantalón.

–         Hasta mañana. No me sigas.

Nati se quedó de rodillas y aturdida como si no se creyera lo que acababa de pasar y fuera solo un mal sueño. Se atusó el pelo y reaccionó rápidamente para que nadie la viera. Se subió las bragas y buscó el sujetador, cerca del árbol, se lo puso y acabó de vestirse. Se sentía sucia y con ganas de darse una ducha. Caminó despacio para no alcanzar a Alberto y aceleró el paso cerca de casa. Echó el pestillo y se desnudó para meterse en la ducha.

Como era su costumbre se metió desnuda en la cama y bastante cansada se durmió rápidamente. Se encontró en clase con Alberto a su lado. Llevaba el vestido estampado y había una gran animación.

–         Y ahora la vais a ver como todos queréis verla, ¡desnuda!

Los alumnos jalearon esas palabras y Alberto le despojó del vestido dejándola en ropa interior. Mientras era objeto de obscenidades y comentarios sobre su cuerpo.

–         Queremos verle esas tetazas.

–         Y el coño.

–         Desnúdala como a una puta.

Nati se tapaba con un brazo las tetas y con la mano la vagina. Alberto la hizo girar.

–         Mirad su culo. – Dándole una palmada.

La volvió a colocar de frente y entre vítores le quitó el sujetador. Nati se sentía muy avergonzada. Ahora tenía una mano en cada teta. Los gritos aumentaban y Alberto le retiró las manos mostrando sus tetas a la clase.

–         Mirad que firmes y grandes.

Alberto se las tocaba y para horror de Nati había varios alumnos que impúdicamente se estaban ya masturbando. Volvió a taparse las tetas y en ese momento Alberto le bajó las bragas. Nati emitió un gemido ahogado. Totalmente desnuda delante de su clase. Intentó taparse el coño pero Alberto la hizo girar para que vieran su culo. Además le abrió los cachetes y los labios vaginales. Colocó el sillón de profesora en medio mientras Nati se tapaba como podía. La sentó y le acercó su polla para una mamada mientras veía como el resto de alumnos la abordaban. Unos le acercaban su polla y otros le manoseaban el cuerpo. Dio un grito y se despertó sobresaltada y sudorosa. La tensión de la situación le había jugado una mala pasada. Se levantó sin dar la luz y fuera por un vaso de agua. Luego se asomó a la ventana del dormitorio entreabierta y vio que todo estaba en calma en el patio de vecinos. Más tranquila volvió a echarse a la cama. Por la mañana se despertó con el recuerdo de la pesadilla y que sabía que esa misma tarde iba a recibir la visita de Alberto.

Alberto se levantó y vio como su hermana Clara había dejado la puerta de su habitación entreabierta mientras se vestía. Alberto la miró con disimulo desde el pasillo viendo su cuerpo desnudo. Le sonrió y le hizo una seña para que entrara. Se dieron un beso en los labios y salió rápidamente. Seguía provocándole a hurtadillas o entraba con libertad a su cuarto o al baño sabiendo que estaba Alberto.

A las siete se presentó en casa de Nati, que iba vestida como de costumbre en su casa. Alberto se sentó en el sofá y se quedó en calzoncillos.

–         Saca dos cervezas, sí, una es para ti.

–         Aquí están.

–         Muy bien, desnúdate del todo.

Nati se quitó la camiseta y las bragas antes de sentarse.

–         Así que has tenido problemas con el pajillero.

–         Sí.

–         Seguro que el viejo verde de matemáticas también ha hecho algo.

–         Es otro baboso.

–         Tal como vistes y si vas enseñando…

–         ¿Y qué quieres que haga? Voy vestida como me dices.

–         Tranquila, que he venido en son de paz. – Mientras le posaba la mano en su muslo torneado.

–         Pasé mucha vergüenza cuando se me salió media teta y luego se enteró todo el instituto.

–         Jaja eso fijo, las noticias vuelan. – Alberto apuró el botellín. – Venga ve acabando.

Se reclinó y empezó a comerle las tetas y a besarla, luego bajó a la vagina y empezó a lamerle el clítoris. Nati se relajó y se abrió de piernas para facilitarle la labor mientras acababa la cerveza. Tenía que reconocer que le comía el coño de maravilla.

–         Um, que bien me comes el coño.

–         Luego te quejarás.

Siguió hasta que provocó su corrida, que se tragó con gusto y se encaminaron al dormitorio. Nati se percató con inquietud de que llevaba los dos botellines.

–         ¿Para que los traes?

–         Un juego.

–         Venías en son de paz.

–         Sí, se me acaba de ocurrir. Será divertido.

–         Lo será para ti.

–         Eso mismo. Y si te gusta como buena puta que eres, mejor.

–         Seguro.

–         Túmbate. Así enseñando el chocho, abierta.

Alberto le introdujo todo el cuello del botellín y le empezó a masturbar con él. Nati disimulaba tratando de no poner cara de desagrado pero le parecía degradante.

–         Sube un poco más el culo, sujétate las piernas, así.

–         No. – Dijo Nati instintivamente.

–         Sí.

Alberto cogió el otro botellín sin sacarle el primero, y se lo metió en el culo. Ahora Nati aún se sentía más degradada. Le movió con gesto divertido los dos a la vez.

–         Qué bien vas a salir en la foto. Muy bien. Otra, pero sonríe. Así.

–         ¿Contento?

–         Por supuesto. Ah, te hice un encargo no creas que se me ha olvidado.

–         ¿Cuál?

–         Ah claro, que tienes más de uno. El de comprarte un consolador. Te puede ayudar cuando no esté yo para follarte.

–         Lo compré.

–         Perfecto. ¿Dónde está?

–         En el cajón de la mesilla.

–         Pero si lo tienes sin estrenar.

–         Me lo trajeron ayer.

–         Ah, ¿Qué lo pediste por correo? Te da vergüenza ir a un sex shop.

–         Sí. Es más cómodo.

–         Pues es de buen tamaño, muy bien, te va la marcha, ¿eh pillina?

–         No voy a coger uno pequeño.

–         Te van los pollones, como el mío. Guarra. Es aún más grande que mi polla.

Alberto se había colocado el consolador junto a su polla para comparar el tamaño. Jugueteó con los dos botellines a la vez y se los sacó.

–         No te quejes que mi polla es más gruesa con diferencia.

–         Es humillante que me los metas, hago todo lo que me pides.

–         Si lo prefieres emplearemos estas dos.

Blandió en el aire el consolador y la penetró vaginalmente follándole con cierta dureza. Luego se la sacó y le introdujo el consolador mientras Nati volvía a gemir.

–         Ya te dije que te iba la marcha. Marcha doble.

Le dejó con el consolador metido y acometió perforarle el culo mientras Nati gemía con más fuerza.

–         ¡Dos a la vez no, por favor!

–         Te acabará gustando como que te de por el culo.

–         Aah, ay, aaaaah.

–         Calla, que ya tienes las dos hasta el fondo. Eres una puta.

–         Y tú un cabrón.

–         No te pases o te meteré las dos por el mismo agujero. – Le advirtió mientras le zarandeaba las tetas, que se movían acompasadamente a sus movimientos.

–         Aaay.

–         ¿Es la primera vez que te meten dos a la vez?

–         Siii.

–         ¿Al bobo de tu ex no le gustaba jugar?

–         No, demasiado orgulloso de su polla.

–         Una polla pequeña. A cuatro patas.

A Nati le parecía otra postura humillante, como la de abrir sus piernas y mostrar sus dos agujeros a disposición de su alumno. Algo aliviada momentáneamente se giró, aún con el consolador en el coño. Alberto, lujurioso, mostró el agujero dilatado que se le mostraba y lo penetró sin piedad. Entre las quejas de Nati le agarró las tetas que se le bamboleaban.

–         Toma, toma.

–         Ay, aaah.

–         Aaaaaah.

Alberto eyaculó y nuevamente Nati sintió el semen caliente dentro de su esfínter. Empezaba sino a acostumbrarse sí a tolerarlo un poco mejor. Alberto la desmontó y le dio una palmada en el culo.

–         Muy bien Nati. Así me gusta.

–         Me dejas baldada.

–         Y satisfecha, no lo niegues.

–         Ay, sí, me has dejado bueno el culo.

–         Jaja, no te muevas aún. – Parando la intención de Nati que lentamente se giraba. – Me limpiarás así la polla. No has tenido aún el gusto de comerme la polla.

Nati no se acostumbraba a mamar una polla que acababa de salir de su culo Alberto se hincó de rodillas delante de Nati sobre la cama y le puso la polla en la boca. Asegurándose de tenerla bien limpia y sujetarle la cabeza con la mano, ante la resignación de Nati.

–         Acompáñame, nos daremos una ducha juntos. Es otra de mis fantasías y pienso cumplir todas.

Esa última frase inquietó a Nati sobre qué le esperaba todavía.

–         Eres un depravado.

–         Y tú una puta, vamos.

Por el pasillo le preguntó mientras Alberto le sobaba el culo.

–         ¿Por qué me haces limpiarte la polla si te duchas luego?

–         Porque tú me la limpias mejor y además te gusta. ¿O no te gusta?

–         No me gusta si viene de follar un culo.

–         Jajaja, pues te tendrás que acostumbrar como a lo demás.

Alberto manejó la alcachofa de la ducha, enjabonando y pasando la esponja a Nati, a la vez que sus manos por su mojado cuerpo.

–         Te quejarás y todo.

–         Ahora no.

–         No sé por qué no se me ha ocurrido antes, lo haré a partir de ahora.

–         Pásame el champú.

–         Te espero afuera, yo te secaré.

Alberto la secó, ya vestido, y le dio un beso en los labios.

–         A mi no me da asco ni después de limpiarme la polla de tu culo.

Alberto se marchó, y Nati, algo confundida se fue a la cama.

Alberto durmió satisfecho y el sábado decidió dedicar su tiempo a estudiar por la mañana. Había quedado con sus amigos por la noche. No quería que le preguntaran por qué quedaba menos con ellos. Tampoco se olvidaba de la dulce Clara. Se despertó regodeándose de lo acontecido en casa de Nati la tarde anterior. También recordó la primera vez que la asaltó en sueños, al principio de curso, y cómo ahora en la vida real la tenía a su disposición. Se sentía muy contento. El sueño fue en el mismo instituto, vio a Nati por el pasillo y se lanzó a besarla y meterle mano. Consiguió sacarle una teta a lo que ella, sorprendida, ofreció poca resistencia y la siguió besando. Se sacó la polla y ahí mismo se la ofreció para que le hiciera una mamada. Mientras la gente pasaba como si nada ocurriera. Su pene adquirió un buen tamaño y estuvo un poco más en la cama para que no se le notara la erección. Sobre todo su hermana Clara, que seguro se lo hubiera hecho notar luego en privado o le miraría a hurtadillas riéndose. Su hermana estaba en el pasillo y le saludó sonriente. Se le acercó y le susurró al oído.

–         Me hago dedo pensando en ti.

Soltó una risita al final y siguió a su hermano al baño. Desde la puerta entreabierta observó como meaba, procurando no ser descubierta fisgando por su madre, ya levantada. Otra vez en el pasillo le susurró.

–         Un poco antes y me hubieras podido ver a mi.

Alberto le acarició el culo por encima del camisón y ella el paquete, notando como se endurecía mientras se reía por lo bajo. Alberto entró a vestirse antes de que su aviesa hermana le jugara una mala pasada. Parecía decidida a tenerle caliente todo el día. Clara se fue a la ducha y se dirigió al cuarto de su hermano, con el pelo mojado, la piel brillante y una toalla cubriéndole. Le sonrió desde la puerta y se marchó.

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