La profesora de matemáticas 7

Clara le había vuelto a descentrar en el estudio que quería hacer por la mañana. Si le hubiera pedido una mamada se la hubiera hecho sin dudarlo. Prefirió no abusar de la inocencia de su hermana pequeña y se fue al baño a masturbarse, viniéndole su hermana a la mente sin quererlo. Finalmente eyaculó y volvió a su cuarto. A mediodía su hermana seguía coqueteando con él cuando no les veía nadie. Se agachó justo delante de él para abrir un cajón, con el culo en pompa marcándose las bragas a escasos centímetros de él. Pensó en que tal vez esa noche pescara algo, cosa que rara vez pasaba si iba con sus amigos, más gamberros que él y menos finos.

A media tarde se decidió y fue al cuarto de Clara mientras sus padres veían la televisión. Llamó a la puerta.

–         Pasa.

Clara esbozó una sonrisa angelical y dejó de atender el ordenador. Alberto cerró la puerta y se encaminó a su hermana. De camino mostró su pene erecto ante la cara de agrado de Clara, que clavó sus ojos en el.

–         Me tienes muy caliente hermanita.

Clara sonrió divertida y algo nerviosa. Mientras Alberto colocó su polla a escasos centímetros del rostro de Clara. Esta abrió lentamente la boca y trató de dominar ese gran trozo de carne. Alberto sintió un escalofrió de sentir su polla en la boca de Clara y la dejó hacer para no atosigarla. Ella se estaba comiendo la polla como si fuera un helado y había hecho avances desde la primera vez.

–         Um, que rica eres, que bien la chupas.

Clara sonrió y siguió su faena. Alternando mamada y paja, le gustaba sentir la dureza de la polla y saber que ella lo provocaba.

–         Cuidado que me vengo.

Sacó su polla y Clara se quedó obediente esperando la corrida, copiosa, sobre su cara. Sonrió y se relamió parte del semen mientras Alberto se la volvió a meter.

–         Gracias hermanita.

Salió de la habitación más relajado mientras Clara se asomó al pasillo y rauda fue a limpiarse, feliz, al baño.

Por la noche la torpeza y rudeza de sus amigos impidió cualquier intento de ligue y se alegró más de haber visitado a su hermana. Regresó a casa y pensó que era justo corresponderla. Entró sigiloso en casa y se desnudó en su cuarto quedándose en calzoncillos, como le gustaba dormir en verano. Con sigilo se encaminó al cuarto de su hermana y abrió con cuidado la puerta sin hace ruido. La cerró muy despacio y observó a su hermana durmiendo plácidamente boca arriba, justo como quería que estuviera para darle la sorpresa. Notó que su polla se endurecía fruto de la excitación. Deslizó suavemente la sábana que cubría a Clara y observó la figura durmiente con un camisón blanco moteado de florecillas. Acarició muy suave un muslo notando la finura de su piel. Le fue subiendo poco a poco el camisón hasta la cintura, dejando ver su coñito peludo, fino y marrón claro. Le deslizó un tirante y le sacó una tetita, repitiendo la acción con el otro. Pensó que tenía una hermana adorable y con un sueño profundo.

Se arrodilló sobre la cama y aspiró el aroma del chochito de Clara. Le introdujo un dedo con cuidado y notó que se revolvía instintivamente sin despertarse. Metió su lengua notando un sabor delicioso, muy suave y despacio. Tras unos lengüetazos Clara se despertó pero se siguió haciendo la dormida. Finalmente dejó de disimular y no pudo evitar gemir suavemente.

–         No te quería molestar, me das tanto gusto. – Susurró sonriente y con la mirada perdida.

–         Te devuelvo lo de antes.

–         Fue un placer, con quien mejor que aprender contigo.

Clara se vino y Alberto recogió sus sabrosos frutos. Guardó parte y besó a su hermana.

–         ¿Te gustan tus corridas?

–         Sí. Me gusta chupar mi dedo después de… jeje.

–         Yo a veces pruebo mi semen.

–         Me gustó el sabor de tu semen.

–         Joder. Estoy empalmado otra vez.

–         Trae. – Se ofreció Clara.

–         No, no, tranquila, me voy a pajear. Quítate el camisón.

Clara lo hizo sin titubeos. Alberto se había puesto de pie y se pajeaba delante de su hermana. Ella miraba entre curiosa y pícara sin perder detalle.

–         Um, me gusta ver cómo te pajeas delante de mi.

–         Y a mi, me da mucho morbo.

Se acercó a su hermana y se corrió sobre sus tetas. Ante la divertida expresión de ella. Dio dos golpecitos con su polla en la mejilla de Clara. Él mismo se rebañó con el dedo las últimas gotas de semen y se subió el calzoncillo. Mientras Clara volvía a probar el semen de su hermano.

–         Mira cómo me has puesto. – Dijo divertida.

–         Ya te limpio.

–         En la mesilla hay pañuelos, ya lo hago yo anda, vete.

Alberto volvió a su cuarto más relajado. Antes de dormirse se deleitó recordando el cuerpo de su hermana. Pensó lo diferente que resultaba el sexo con ella, dulce, frente a la rudeza con la que trataba a Nati.

Saludó por la mañana a Clara, que le dedicó una sonrisa especial y se mordió el labio. Llevaba un pantalón muy corto que dejaba ver unos muslos finos y torneados en su esplendor. Llevaba una camiseta de tirantes que dejaba bambolear sus incipientes tetas en cada movimiento y con un buen escote. Alberto pensó lo bien que disimulaba dándole a todo un aire de inocencia. Apareció por su cuarto tras salir Alberto de la ducha cuando todavía tenía puesta la toalla. Sonrió y se abrió la toalla mientras se vestía delante de ella.

–         Me gusta más cuando está tiesa.

–         Hay que ver lo bien que disimulas, con ese aire de niña buena e inocente.

–         Soy tu hermana pequeña.

–         Ya no tan pequeña.

–         Es nuestro secreto. – Se levantó la camiseta enseñando las tetas y se fue – Voy a ducharme. Un día me gustaría hacerlo contigo.

Alberto pensó en las dulces mamadas de su hermana, que estaban muy bien. Pero necesitaba algo más duro para desfogarse y quien mejor que Nati, que además había tenido descanso el sábado. Por la tarde se fue a su casa y esperó que estuviera en casa. A Nati se le estropeó la tarde nada más verle en el interfono.

–         Hola Nati, saca unas cervezas, que hace calor.

Se sentó en el sofá y le indicó con un gesto que viniera.

–         Me voy a poner cómodo.

Se desnudó y le echó un trago a la cerveza.

–         ¿No te pones cómoda?

Nati le entendió a la primera y se despojó de la camiseta mostrando sus voluptuosas tetas y se quitó las bragas, quedando una vez más desnuda delante de su alumno. Se sentó junto a él y esperó a ver cómo la humillaba esa tarde.

–         Ayer te di día libre. ¿Follaste con otro? Como eres puta lo entendería.

–         No.

–         No sales ya.

–         No.

–         Te veo muy seria.

Le dio un leve golpe en una teta y la besó en los labios, metiéndole mano por los muslos y buscando la entrada a su vagina.

–         Pillina, te veo mojada. Necesitas polla otra vez. – Nati no dijo nada – Responde. – Dijo con tono autoritario.

–         Sí, necesito tu polla.

–         Así me gusta. ¿Y que más?

–         Que me folles duro.

–         ¡Muy bien! ¿Ves que fácil es?

–         Sí.

Sin esperar más empezó a chuparle la polla con fruición. Alberto se levantó y le refrotó la polla por la cara.

–         Los huevos también.

Nati le besó y succionó los huevos. Se le metió un pelo en la boca y se lo sacó, provocando la risa burlona de Alberto. Resuelto el incidente Nati siguió mamando una polla que a su pesar, le gustaba. Había pensado el ofrecerse voluntariamente para follar con Alberto, intentando no ser humillada, pero pensaba que Alberto redoblaría el tratarla mal y llamarla puta.

–         A tu cama.

La dispuso boca abajo y Nati se temió otra penetración anal cuando empezó a sobarle y lamerle el culo. Sin embargo le dio la vuelta y la penetró vaginalmente con decisión. Las tetas se le bamboleaban y de vez en cuando Alberto se reclinaba para besarla el cuello y los labios. Le sacó la polla y se la llevó a la boca. Pasó a sobar y lamerle las tetas con fruición, llegando a morderle los pezones y provocando algún chillido ahogado. Aún con todo sus pezones se endurecieron. Le refrotó la polla por el canalillo y por las tetas, amasándose la polla con las tetas de Nati, le encantaba sentir la suavidad de esas tetas aprisionando su polla. Nati colaboró en sujetarse las tetas y hacerle la cubana, a su pesar, también le gustaba sentir la dureza de esa polla entre sus tetas.

–         Um, te gusta mi polla en tus tetas, ¿eh puta?

–         Sí, me gusta mucho, tiesa.

–         Ya se ve, tienes los pezones bien duros y luego te quejas.

–         Me pones cachonda. – Dijo dejándose llevar.

La volvió a penetrar haciendo llegar su polla hasta el fondo y a buen ritmo, corriéndose dentro del coño de su profesora de matemáticas. Cosa que también le encantaba. Dejar su semen en cualquier parte de su cuerpo. Nati sintió el esperma caliente derramándose por su interior y respiró aliviada pensando que por un día se libraba de ser sodomizada. Le limpió la polla como era costumbre. Mientras Alberto le cerraba los labios vaginales.

–         Que no se te escape nada. Ahí con el coño abierto y chorreando semen como una puta. Ahí, bien limpia. Y ahora a la ducha.

En la ducha Nati trató de limpiarse el interior de la vagina pero Alberto se lo impidió con un manotazo.

–         He dicho que te lo guardes dentro.

–         Vale.

Se le quedó observando el coño.

–         ¿Te masturbas con el agua de la ducha? – A Nati le dio una extraña vergüenza después de todo lo que tenía que aguantar y estar duchándose juntos. – Responde. – Dándole en una teta.

–         Ay. No me des por favor. Sí, sí que me masturbo y  más aún, me gusta y me corro en la ducha. – Respondió totalmente sincera, no por agradarle.

–         Jaja. Ya está. Pero yo te follo mejor.

–         Sí, una polla es una polla.

Alberto salió de la ducha y se secó.

–         Con lo que sé que te gusta y hoy no te he dado por el culo, no te preocupes, mañana lo haré. Y otra cosa.

–         ¿Qué?

–         Mañana y el miércoles llevarás ese vestido estampado, como ha tenido tanto éxito… jaja.

Nati aprovechó y se quedó en la ducha, limpiándose bien la vagina. Tomó fruta para cenar y se metió temprano a la cama. Pensando que mañana debía ir sin bragas al instituto, suspiró y pensó que era la última semana de clases antes de los exámenes, pero ella misma les había indicado que debían ir. Pensó que en otros casos haría que hubiera menos gente en el instituto. Cuando Alberto llegó a casa su hermana le recibió con una gran sonrisa.

Nati entró con aplomo, todo el que podía, en clase de Alberto y echó un vistazo general. Unas miradas entre ellos sin atreverse a más delataron que sus alumnos recordaban bien ese vestido. Los más optimistas esperaban otro espectáculo parecido o verle unas bragas que no llevaba.

–          Buenos días. Me alegra que hayáis venido todos, es el primer paso para aprobar, como vuestro trabajo todo el curso. Estas clases las dedicaremos a repasar y responder dudas.

La clase siguió en silencio y Nati expuso un problema en la pizarra. Eligió un alumno a sabiendas que no iba a ser capaz de resolverlo. Reprendiéndole por ello. Al final de la clase Alberto se rezagó y le dijo en voz baja al pasar junto a ella.

–         Segundo recreo junto al salón de actos.

El salón de actos estaba junto a un pasillo ancho del que salían otros dos más estrechos, un lugar demasiado visible pensaba Nati. Alberto le esperaba y se encaminó, para su alivio a uno de los pasillos laterales. Nada más llegar la besó y le metió la mano bajo el vestido buscando el culo y la vagina.

–         Um, te pone cachonda, vas mojada.

Alberto le bajó los tirantes del vestido y le desabrochó el sujetador.

–         ¿Qué haces? Nos pueden ver. – Dijo nerviosa.

–         Tranquila. – Respondió mientras le amasaba las tetas.

A su pesar  se le endurecieron los pezones y miraba con el rabillo del ojo no viniera nadie.

–         Bien. Tienes que ir hasta el final del pasillo y volver.

–         Devuélveme el sujetador.

–         ¿Estás loca? Así no tiene gracia. Tienes que ir con las tetas al aire.

–         Cabrón, me pueden ver ahí.

–         Ten cuidado. – Dándole un manotazo en una teta. – El tiempo corre. Hasta el final y asomándote, no vale quedarse en la esquina.

Nati, avergonzada, avanzó por el pasillo rezando para que no viniera nadie. Tuvo suerte y pudo hacer el paseo sin ser vista. Alberto le esperaba con el sujetador en la mano. Nati lo recogió y se lo puso, recolocándose el vestido.

–         Un momento.

Alberto la volvió a besar y luego le levantó la falda dándole un azote en el culo mientras se reía.

El martes Nati estaba en el departamento a mitad del primer recreo. Desgraciadamente para ella también estaba el profesor que la venía acosando todo el curso. Llevaba una falda negra y una blusa blanca de manga corta. El compañero la miró con descaro y se acercó a ella cuando estaba inclinada sobre la mesa para recoger unos papeles. Le colocó su paquete pegado a su culo y las manos en las tetas con firmeza. Nati se revolvió y le dio una bofetada.

–         ¡Cerdo!

–         Jajaja, que ganas tenía, no te enfades.

–         Te voy a denunciar.

–         ¿Por esto? ¿Después de enseñar una teta en clase? ¿Quién te va a tomar en serio? Calientapollas.

–         Cerdo.

–         No dirás nada y lo sabes, acaba el curso, no seguirás y te irás a otro lado a poner cachondos a tus alumnos. Además, me llevo bien con el director, que… creo que te dijo algo ¿verdad?

Nati guardó silencio y salió enfurecida del seminario. Trató de sobrellevar el resto de la mañana lo mejor que pudo. Por suerte para ella no coincidió con su acosador en el segundo recreo. Pero por la tarde tenía tutoría y temió que Alberto le visitara. Era ya última hora y no había aparecido pero temía que le esperara afuera. Como así sucedió.

–         A los baños.

Nati le siguió resignada y entraron en el baño de hombres, desierto. Nada más echar el pestillo Alberto la empezó a besar y sobar las tetas.

–         Um, que guapa estás con esa blusa y esa falda.

–         Gracias.

Alberto le empezó a desabrochar la blusa y Nati colaboró en hacer lo mismo con la falda.

–         Te veo con ganas, te gusta follarte a un alumno en los baños ¿eh?

–         Sí, sí que me gusta.

–         Pues vas a recibir lo que deseas, una buena polla.

Alberto se bajó el calzoncillo dejando libre su polla enhiesta que saltó como un resorte. Nati no pudo evitar sonreír y sentada en la taza empezó a chuparla con fruición. Buscaba acabar rápido, no le gustaba el sitio y quería irse a casa a descansar tranquila. Alberto le sacó la polla y la dispuso de pie frente a él, hurgándole con un dedo en el coño y metiéndole la lengua.

–         Estás mojada, siempre que te follo lo estás, eres una puta.

Nati no podía evitar sentir un gran placer cada vez que Alberto le comía el coño, por humillante que fuera su posición. Lo deseaba cuando iba a abusar de ella. Le sujetó la cabeza con una mano mientras gemía suavemente.

–         Qué puta eres. Quita esa mano, zorra.

Nati obedeció sin dejar de gemir y estando deseoso de que completara su acción metiéndosela. A Alberto le gustaba hacer todo eso y doblegarla mentalmente para luego castigarla. Sabía que le provocaba una contradicción interna.

–         Toma polla que es lo que quieres.

Se la metió de un empujón e hizo gemir más fuerte a Nati.

–         Aaaaaaah.

–         Te van a oír puta.

–         Ummm, um, ah, aaah.

–         Dije ayer que te la metería por el culo, que te tocaba.

–         Por favor, fóllame el coño, córrete dentro.

–         A ver puta, aquí se hace lo que yo quiero. Date la vuelta.

Alberto le dio un azote en cada nalga y jugó con abrirle los cachetes.

–         Con el agujero que te estoy dejando no te puedes quejar, toma.

–         Aaaaaay.

A pesar de estar hostigado por la polla de Alberto, su esfínter sintió la dura penetración de un golpe.

–         Au, ay, aaah.

–         Jaja ¿Dónde querías que me corriera?

–         En aah mi coño.

Alberto sacó la polla y se la metió en el coño y tras un par de embestidas derramó su semen en el coño de su profesora.

–         ¿Contenta?

–         Sí.

Nati se sentía sucia y sudorosa, aún le dolía el culo al moverse. Se sentó en la taza y le limpió la polla.

–         Así me gusta, sumisa y sin que te tenga que decir nada.

–         Um, um.

–         Vas soltando semen guarra, ciérrate el coño, quiero que te lo lleves a casa. Que vayas por la calle con mi leche. ¿O eres tan puta que no te importa que te vean chorreando lefa por la pierna?

–         No, no.

Nati fue algo avergonzada por la calle a pesar de que no era la primera vez que iba con semen de Alberto en su interior. Notó algunas miradas lascivas como de costumbre. Llegó a casa y se dio una larga ducha. Al día siguiente le tocaba ir sin sujetador.

En el primer recreo Alberto fue al seminario y esperó a que saliera Nati.

–         Donde el martes en el segundo.

Nati fue con cierta angustia dada la petición del otro día.

–         Bien, dame tus bragas.

–         ¿Cómo?

–         El martes me diste el sujetador y hoy me das las bragas, vamos.

Nati se descalzó y se las dio de mala gana. Alberto aspiró el olor que emanaban.

–         Um, están mojadas, como sueles ir tu siempre, eres una puta. Estás cachonda a cualquier hora. Siempre.

–         ¿Te las vas a quedar?

–         No sería mala idea pero te las devuelvo como el sujetador el otro día si haces lo que digo.

–         ¿El qué?

Alberto le quitó el vestido estampado mientras Nati sentía una gran vergüenza y pensaba que ahí se quedaba la cosa.

–         Haz como el otro día, vas hasta el pasillo y vuelves.

–         Pero…

–         Por tu casa te gusta ir desnuda.

–         Pero es mi casa y llevo bragas y camiseta.

–         Si quieres que te lo devuelva. – Blandiendo su ropa.

Totalmente avergonzada Nati avanzó cautelosa por el pasillo hasta la esquina y volvió aliviada. Alberto no dijo nada y le devolvió las bragas y el vestido.

Ese día aún no había eyaculado y por la tarde fue a la habitación de su hermana. Clara le recibió con una gran sonrisa.

–         Hola Clara, ¿haces algo?

–         Hola, no.

–         Te propongo un trato. Si me haces una paja yo de noche te comeré el coño.

A Clara se le iluminó el rostro mientras asentía, deseosa de volver a ver y sentir esa polla.

–         Quiero ver si sabes hacer una paja.

–         Creo que sí.

A Alberto le daba mucho morbo que su hermana le pajeara, sentir la finura de su mano dando placer a su polla. Tenía las manos pequeñas y apenas abarcaba el grosor de su polla, lo que les hizo reír.

–         Que polla más grande tienes.

Clara manejaba con soltura la mano y empezaba a conocer los gustos de su hermano. Como acariciarle los huevos con la punta de los dedos de la otra mano.

–         Lo haces muy bien, aprendes rápido.

–         Claro, con quien mejor que contigo. – Dijo sonriendo.

–         ¿Qué harás con la corrida?

–         Me la tragaré.

–         Un 10.

Alberto dio un paso atrás para quitarse la mano de Clara, que se dispuso expectante a recibir su primera corrida en la cara y con la boca abierta. Alberto remató y sintió un enorme placer de eyacular en el angelical y dulce rostro de su hermana pequeña. El semen se extendió por su rostro y se tragó el que cayó en su boca. Le había gustado recibir el semen caliente sobre su cara. Se lo recogió con la mano el resto. Su hermano le recogió parte del semen con su polla y se la metió en la boca.

–         Para acabar tienes que dejar la polla de tu amante bien limpia.

–         Um.

–         Cuando te comas una polla mira a los ojos.

–         Um. – Volviendo a asentir.

–         ¿Te ha gustado? – Recogiéndose la polla.

–         Mucho. Pero eres un guarro, voy a lavarme la cara.

–         Esta noche ya sabes.

Clara salió de su cuarto y con disimulo fue al baño, donde aprovechó para masturbarse. Esa promesa le hizo estar con un gusanillo el resto de la tarde y cuando se metió en la cama. A Alberto también le excitaba la idea y tuvo que disimular la erección hasta que se fue a dormir. Pasada la medianoche se fue al cuarto de Clara con sigilo. Esta le saludó al entrar con la mano y hablaron entre susurros.

–         Hola, te estaba esperando.

–         No te habías dormido.

–         No. ¿Cómo iba a hacerlo? Me tienes cachonda. Me he tenido que masturbar en el baño.

–         Jeje.

–         Y tú estás igual, que en la cena estabas empalmado.

–         En que cosas te fijas hermanita.

–         En las bonitas.

–         Tú sí que eres bonita. – Dijo mientras se inclinaba a besar con ternura sus dulces labios.

–         ¿Me enseñas también a besar?

–         A todo. – Mientras volvía a  besarla.

–         ¿A qué venías también?

–         A comerte el chochito.

–         Eso me gusta mucho.

Se destapó y se subió el camisón. Dejando a disposición de Alberto su tierno chochito.

–         Desnúdate del todo mejor.

–         Como abusas de mi.

Se quitó sin dudar el camisón y se preparó relajada a disfrutar del cunnilingus. Le encantaba el juego morboso de jugar con su hermano y hacerse más inocente de lo que era en realidad.

–         Sabes más de lo que dices.

–         Sí, pero me gusta jugar.

–         Y a mí.

Hundió su cabeza y empezó a besar y lamer la cara interna de los muslos, prosiguiendo por el ombligo y bajando poco a poco a su objetivo final. Notaba las reacciones de Clara antes incluso de trabajar su coñito.

–         Qué coño tan bonito tienes.

Se lo empezó a lamer suave y lentamente, mordisqueando muy suave y buscándole el clítoris. También le introdujo un dedo con cuidado. Su hermana contenía los gemidos de placer.

–         Sin miedo, yo me lo meto más profundo.

Poco después su hermana eyaculaba y Alberto se lo tragaba bien a gusto. Guardó parte para su hermana y la besó.

–         Qué rica tu corrida.

–         Puedes correrte otra vez, no me importa.

–         Qué buena eres. Pero no te voy a manchar, trae un pañuelo.

Alberto se masturbó delante de su hermana desnuda y no tardó en correrse. Le mostró el semen a Clara y esta se llevó parte a la boca.

–         Lechecita para dormir. – Dijo riendo.

–         Eso es.

–         Trae que te la limpio.

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