Luisa, la amiga de mi madre (4)

Al día siguiente, sábado, Paco se levantó temprano y fue a su habitación. Allí estaba tumbada Luisa. Desnuda, tapada por la sábana. Despacito fue apartando la sábana hasta ver completamente su cuerpo desnudo. Estaba bocarriba y sus tetas aún así se veían grandes, ocupando todo su pecho, aplastadas. Sus piernas estaban abiertas y dejaban ver un peludo coño. A Paco se le puso dura, se bajó los calzoncillos y empezó a masturbarse, disfrutando la visión. Había dejado la puerta abierta y oyó cómo la puerta de la habitación de su madre se abría.

Él se detuvo, sujetando su polla y mirando hacia la puerta. En pocos segundos apareció Marisa. Se quedó parada, mirando a su hijo. Ambos se miraban sin decir nada. Se asomó y vio a su amiga durmiendo, destapada. Se puso junto a su hijo y lo besó en la mejilla.

– Buenos días – susurró.

– Hola – Paco empezó a masturbarse de nuevo.

Su madre llevaba una camiseta verde y unas braguitas. Se siguieron mirando mientras el joven se masturbaba.

Marisa pasó su mano por el pecho de su hijo. Acercó la boca y chupó su pezón. Repitió varias veces, sacando la lengua. Su otra mano bajó hasta alcanzar la verga de su hijo, acompañándole en su masturbación. Paco soltó y ahí quedó su madre, haciéndole una paja mientras los dos miraban a Luisa.

El chico giró su cara y buscó la boca de su madre, ella correspondió.

– La verdad es que ayer me quedé con muchas ganas de follarte.

– Deberías haberlo hecho – susurraba Paco.

– Tenía que pensármelo. Hoy lo tengo claro.

Volvieron a besarse y se acercaron hasta la amiga de Marisa. Paco, sin pantalones, se subió en la cama y puso su cara junto al coño de la madura. Acercó un dedo y lo pasó por su clítoris. Despacio. Repitió otra vez y lo acompañó de un beso. Sentía cómo empezaba a humedecerse.

– Buenos días – dijo de nuevo Marisa.

Por respuesta, Paco escuchó una risa.

– Así da gusto que la despierten a una – dijo con voz placentera Luisa.

Paco continuó chupando y empezó a penetrar con su dedo. Marisa tomó el sitio que había cogido el día anterior e hizo lo mismo. Se quitó las bragas y empezó a tocarse viendo la escena.

– ¿No te vas a unir hoy tampoco? – preguntó desde la cama Luisa, mirando al techo y muriendo de placer.

– Hoy sí – respondió la madre de Paco. Se levantó y se quitó la camiseta. Ahí de pie, siguió masturbándose, tocándose los pequeños pechos desnudos. Sus oscuros pezones estaban erectos.

El chico daba placer oral a Luisa mientras Marisa observaba, aprovechando para gozar.

Paco subió dando besos por todo el cuerpo de Luisa y tomándose algo más de tiempo a la altura de sus pechos. Cuando llegó a su cara la besó, mientras ella le acariciaba la polla. Luisa empezó a besar el cuello del chico y a bajar por su pecho.

– Espera – interrumpió Marisa -, quiero probar la polla de mi hijo.

Sin más preámbulos, se echó en la cama y se metió de una toda la polla. Empezó a subir y bajar dejando mucha saliva. La sacaba y la rodeaba con la lengua. Pasaba un lametón por el glande y volvía a engullirla. Al principio, Luisa y Paco la miraban, después pasaron a besarse. Luisa recorría todo su cuerpo con sus manos. Paco se centraba sobre todo en los maduros y enormes pechos.

Bajó una de sus manos y, con ella, empujaba la cabeza de su madre. Luisa bajó a besos por el cuerpo del chico hasta encontrarse con la cabeza de Marisa.

Le sacó la polla y, como si de una competición se tratara, empezó a subir y bajar con su lengua a lo largo de todo el tronco sin dejar de mirar a su amiga. Marisa sonrió y pasó su lengua por el lado contrario al que la pasaba su amiga. Paco miró al techo, presa del éxtasis.

– Parad, parad o me corro.

– Para, Marisa, que te tiene que dar para empalarte – dijo Luisa.

Marisa, llevada por la pasión, seria. Se colocó a horcajadas sobre su hijo y, sujetándose en su amiga, fue penetrándose poco a poco con la polla de su hijo.

Paco sintió poco a poco como entraba dentro de su madre. Alargó sus manos y las pasó por sus pechos, los mismos pechos que le habían dado de mamar hacía años, eran ahora su objeto de placer.

Marisa fue aumentando el ritmo, Paco veía su rostro desencajarse de placer.

– ¡Ah, ah, ah…! – Marisa gemía cada vez más fuerte.

El pene de Paco estaba completamente empapado. Luisa, seguía junto a su amiga, constituyendo su punto de apoyo. Con una mano la sujetaba del culo, ayudándole en sus subidas y bajadas y, con la otra se daba placer. También ella empezó a gemir.

Marisa, más que gemir, ya gritaba, cada vez más rápido, hasta que cayó sobre su hijo. Paco sintió cómo, cuando su madre cayó sobre él, su estómago se llenó de fluidos. Marisa besó a Paco en el pecho y después lo miró, con cara de auténtico amor. Besó su frente y se tumbó a su lado, mirando al techo.

– Esto aún quiere guerra – dijo Luisa viendo la polla aún dura y muy mojada de Paco. Lo cogió de las manos y lo atrajo hacia sí. Lo besó y se levantó de la cama. Fue a los pies de Luisa y, mirándola, puso el culo en pompa. Paco no se hizo de rogar y se colocó detrás. Así, mirando los dos a Marisa, la penetró con fuerza.

Marisa seguía tumbada y, eventualmente, miraba a su amiga y a su hijo, mientras éste la penetraba.

Paco agarraba las tetas de Luisa desde detrás y pellizcaba sus pezones, sin dejar de montarla. Su cara era el reflejo del placer que le estaban dando. Paco aceleró hasta terminar dentro de la madura. Ambos cerraron los ojos y disfrutaron el momento.

Paco la sacó y se tumbó junto a su madre. Luisa lo imitó y, así, abrazado a dos mujeres desnudas, en una cama, empezó aquel sábado.

– Oye, Paco, quería comentarte una cosa – dijo Luisa a Paco en el salón, después de comer -. Hay una fantasía que siempre he querido cumplir y nunca he podido realizar.

Marisa estaba en la cocina fregando los platos. Luisa llevaba un vestido negro.

– Dime – Paco se sobaba la polla, esperando una proposición para ese momento.

– Verás… Siempre he soñado con ser poseída por dos hombres a la vez.

Paco dejó de tocarse y la miró serio.

– Me preguntaba si tal vez tendrías algún amigo que quisiera…

La pregunta pilló desprevenido a Paco, que miró a otro lado.

– Vaya, pues ahora mismo no caigo… ¿Tienes alguna preferencia?

– Lo que sea, quiero sentir dos pollas en mí – Luisa le hablaba con voz viciosa -, pero a ser posible, no le digas nada a tu madre, me da un poco de vergüenza.

– Bueno, creo que puedo hacer algo por ti – respondió Paco con una sonrisa.

– Gracias – con una sonrisa, Luisa bajó su cabeza hasta la entrepierna del chico y pasó su mano sobre la bragueta. Notó como la polla crecía -. Ahora voy a hacer algo por ti.

Bajó despacio la bragueta y desabrochó el botón del pantalón. Paco pasó la mano por la espalda de la madura hasta su culo.

Luisa hurgó y extrajo el pene del joven, chupando la punta con su lengua. El líquido preseminal aparecía en la punta. Rodeó varias veces el capullo con su lengua. Paco había llegado con su mano hasta abajo del vestido y la metió debajo. Dio con sus bragas.

Luisa, sintiendo los intentos del joven, se colocó inclinada de rodillas en el sofá para facilitarle la tarea y engulló completamente el pene del chaval.

Paco introdujo su mano en las bragas de la madura hasta sentir su húmedo coño. Metió su dedo corazón despacio y la sacó después. Repitió mientras la amiga de su madre se la chupaba.

– ¿No habéis tenido suficiente esta mañana? – decía riéndose Marisa desde la puerta de la cocina.

– Ven aquí, Marisa, aún no sabes cómo he enseñado a tu hijo a comer el coño – Luisa la miró y volvió a la faena.

Marisa se acercó al sofá y se sentó junto a su hijo, que seguía masturbando a la madura. Lo cogió de la barbilla y le dio un pico.

– ¿Me vas a comer el coño?

– Sí, sí… – contestó gimiendo Paco.

Marisa se quitó los pantalones y las bragas. Besó a su hijo, esta vez con lengua y se puso de pie en el sofá. Con cuidado de no pisar a su amiga, colocó sus piernas a ambos lados de su hijo y acercó su coño a la boca.

Paco sacó su lengua y chupó el clítoris de su madre. La escuchó gemir. Subió su mano libre y la agarró del culo, acercándola más hacia sí. Repitió el gesto, amasando el culo de su madre. Marisa agarró la cabeza de su hijo incrustándola entre sus piernas. Luisa seguía con la mamada y la mano de Paco seguía masturbándola.

El joven, aprovechando su posición e inclinando más la cabeza pudo meter un poco la punta de la lengua en la vagina de su madre. Sintió como sus dedos se clavaban en su cabeza.

– Joder, hijo, cómo me estás poniendo.

Paco sentía lo caliente que estaba su madre en sus labios. Sentía el líquido en toda su cara. Estaba a punto de correrse. Dio más velocidad a su dedo y Luisa levantó la cabeza para gemir. Cada vez sentía más húmedo su coño.

Justo cuando iba a correrse, enterró la polla de Paco en su boca, obteniendo toda su leche a la par que empapaba sus bragas en fluidos.

Marisa no se había percatado de la corrida de sus compañeros de juegos, sumida como estaba en el placer.

Luisa se levantó del sofá mientras Paco continuaba dando satisfacción a su madre. Se acercó por detrás a esta y besó sus cachetes mientras subía sus manos hasta los pechos de su amiga.

Sintió los pezones duros a través de la camiseta y los pellizcó, esto fue demasiado.

Tras un largo gemido, Paco sintió como su boca se inundaba de fluidos de su madre y la presión sobre su cabeza disminuía.

– Aaaaah… Qué bien… – Marisa bajó del sofá y se despidió de su hijo y su amiga dándoles un pico a cada uno. Recogió sus pantalones y sus bragas y salió.

– Recuerda lo que te he dicho – susurró Luisa a su joven amante. Le guiñó un ojo, lo besó y salió.

Paco quedó sentado en el sofá con la polla flácida, mojada por la saliva de Luisa.

Gafoso

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