Luisa, la amiga de mi madre (6)

Alguien llamó al timbre y fue Luisa quien abrió.

– Hola, ¿está Paco?

–  Tú debes de ser Sergio – dijo sonriendo la madura.

– Sí, soy yo – respondió cortado el joven.

– Pasa, pasa – Luisa lo invitó a pasar.

El chico pasó delante. Ella lo miraba de arriba abajo desde atrás, contenta con la elección de Paco.

– ¡Paco! – gritó Luisa.

Enseguida, Paco salió de su habitación.

– Hola, Sergio, pasa.

El chico siguió a su amigo y ambos entraron en su habitación. Tal y como habían quedado, Paco puso un juego de fútbol y ambos empezaron a jugar. Al rato, Sergio preguntó.

– Oye, Paco, esa no es tu madre, ¿no?

– No, es una amiga que está pasando unos días aquí.

– Ah…

Hubo un silencio algo incómodo, sobre todo para Sergio.

– ¿Te pone? – Paco sonrió, malicioso.

– ¿Qué? – no esperaba esa pregunta de un chico con el que no tenía mucha confianza.

– La verdad es que, desde que está aquí, me tengo que hacer una o dos pajas al día. Es una cachonda.

– ¿En serio? – Sergio prestaba menos atención al juego.

– Sí. Muchas noches la escucho darse caña, ahora está durmiendo aquí, en mi habitación, y mira lo que encontré el otro día – paró el juego y se dirigió a la mesilla. Abrió el cajón y sacó un consolador extra grande.

– ¡La virgen! – exclamó Sergio.

Paco lo olió.

– ¿Quieres probar a qué huele el coño de una madura? – Paco quería calentar a su amigo, y lo estaba consiguiendo.

Cuando el chaval se levantó a oler, una eminente protuberancia se marcaba en sus pantalones, a la altura de la entrepierna. Agarró el consolador y aspiró aire profundamente. Ambos sonrieron.

– ¿Te gustaría follártela?

– ¿Perdona?

– ¿Te gustaría? – repitió Paco.

– Hombre, por gustarme…

– Ven – Paco se dirigió a la puerta, abrió y salió. Su amigo lo siguió.

Salieron y vieron a Luisa sentada en el sofá. Llevaba una camisa de manga corta y una falda hasta medio muslo. A diferencia de otras veces, sí llevaba sujetador. Iba calzada con tacones altos.

– ¿Estás preparada? – preguntó el chico de la casa.

– Por supuesto – respondió la madura.

Sergio estaba extrañado. Paco se acercó y la besó, sentándose a su lado. La madura le correspondió y ambos estuvieron así unos segundos, ignorando la presencia del otro joven, que estaba alucinando. Paco bajó su lengua por el escote.

– Bueno, ¿no querías follártela? ¿Por qué no empiezas por comerle el coño?

Sergio, sin pensárselo un momento, se tiró al suelo, de rodillas y subió la falda de Luisa. La miró como pidiendo permiso. Luisa se rió.

– Hazme feliz – le dijo sonriendo.

El chico apartó un poco las bragas y metió su lengua en la húmeda vagina de la madura. Paco, mientras, tiró de la camisa de ella, arrancando los botones y sacó sus pechos por encima del sujetador. Besó sus pezones mientras Sergio seguía con el cunnilingus.

Paco se levantó y se quitó los pantalones, dejando ver una polla muy dura. Luisa gemía, sujetando la cabeza del chaval que le comía el coño, ayudándose de sus dedos.

Paco se unió poniendo la polla junto a la cabeza de la madura. Esta, sin pensárselo, la engulló de un golpe. Los dos chicos juntaron sus manos sobre el clítoris de la mujer. Ella no paraba de chupar la polla de Paco y acariciaba sus testículos con una de sus manos.

Sergio se incorporó para desnudarse y Luisa se giró y se colocó a cuatro patas sobre el sofá. Volvió a introducirse el pene de Paco en la boca. El chico, agarró la cabeza de la madura y la folló, metiendo y sacando rápidamente su polla.

Sergio, ya desnudo, mostraba una polla que, aunque era un poco más corta que la de Paco, era más gorda. Luisa dejó la polla de su anfitrión para deleitarse con la nueva incorporación. Se relamió.

Paco dejó sitio a su amigo y la madura chupó su glande. Seguí a cuatro patas, así que, mientras esta pasaba su lengua viciosamente de arriba abajo, por la polla de Sergio, Paco aprovechó y la penetró lentamente. Sumida en el placer, Luisa introdujo tan sólo el glande en su boca y, en esa posición, masturbó al chico, sin sacárselo.

Los envites de Paco continuaban y Sergio mostraba una expresión de extremo placer ante la paja que le estaba haciendo la madura.

– ¿Ves como tienes que venir de vez en cuando a mi casa? Si aquí nos lo pasamos bien.

– Ya te digo.

Luisa se sacó la polla de la boca y gimió más fuerte que antes. Sergio se agachó y la besó. Paco se puso junto a los dos.

Sergio iba a ponerse detrás de la madura pero esta se levantó.

– Siéntate – ordenó.

Sergio se sentó y, de espaldas a él, Luisa fue empotrándose poco a poco en su polla. Una vez la tuvo dentro, empezó a cabalgarlo.

Delante de ellos, Paco admiraba la escena, masturbándose. Para nada se arrepentía de haber llevado a aquel chaval a su casa.

Luisa gemía, presa del placer que le daba pensar en los dos jóvenes que la estaban follando.

Paco se acercó y siguió con su paja, tocando los pechos de la madura y pellizcando sus pezones. Bajó su mano y la pasó por su clítoris, acariciándolo. Luisa subió los brazos, agarrándose la cabeza.

– ¡Oh, Dios! Me vais a matar.

Sergio, excitado por el comentario, aumentó el ritmo y un sonoro chapoteó sonó a cada penetración desde ese momento.

Luisa se dejó caer sobre la polla, aún dura del chico. Los tres descansaron un momento.

– Tengo una sorpresa para vosotros – dijo sonriente.

Los chicos se miraron.

– Nunca me han dado por detrás, pero ya que vosotros habéis cumplido una de mis fantasías, voy a permitiros ser los primeros.

– ¿Y cómo…? – se aventuró a preguntar Paco.

– Ven aquí – Luisa se levantó y lo besó. Lo empujó y cayó sobre el sofá.

Estando los dos jóvenes sentados delante suyo, ella se dio la vuelta y se inclinó, mostrándoles su culo en todo su esplendor. Se metió un dedo en la boca y lo chupó. Lo llevó a su culo y fue introduciéndolo poco a poco. Repitió, añadiendo dedos hasta que entraban y salían sin mucha dificultad tres.

Fue el sofá y colocó sus pies a los lados de las caderas de Paco, dándole la espalda. Fue bajando lentamente y, agarrando la polla del chaval, la introdujo en su ano sin mucho esfuerzo. Se echó sobre al chico y se abrió de piernas.

Sergio se levantó y, aceptando la invitación, la penetró por la vagina

Ambos chicos empezaron lentamente y fueron subiendo la intensidad. Los flujos de Luisa resbalaban de su vagina y contribuían a lubricar la penetración anal que estaba llevando a cabo Paco.

Las tetas de Luisa subían y bajaban y la madura, con la boca abierta de par en par, disfrutaba de la mejor follada con diferencia de su vida.

– Espera, que hay para los dos.

Luisa se levantó y se colocó en la misma posición, pero en esta ocasión, dando la espalda a Sergio. Se introdujo el pene de Paco en el coño e inclinándose un poco hacia delante, invitó a Sergio a entrar en su ano.

Los dos chicos bombeaban rápido. Luisa besaba apasionadamente a Paco mientras era penetrada a dos bandas. Sus pechos, con los pezones erectos rozaban continuamente el pecho del joven, que disfrutaba como nunca.

Luisa agarró el culo de Sergio, echando el brazo hacia atrás y Paco sintió como, una vez más, el coño de la madura emitía húmedos y calientes flujos sobre su polla.

Sergio, con una mirada de absoluta perversión, penetró con todas sus fuerzas a la madura y se mantuvo así unos segundos, con la cabeza alta y los ojos cerrados. La penetración de Paco seguía, más rápida que antes.

Sergio sacó la polla y un chorro de esperma se deslizó lentamente hacia fuera.

Luisa, que ya se había corrido dos veces esa tarde, desmontó y se puso de rodillas ante Paco. Agarró su polla y la masturbó todo lo rápido que pudo.

– Ya viene – dijo en un suspiro de placer Paco.

Luisa se la metió en la boca y sintió cómo se llenaba de fluidos masculinos. En un momento, la madura chorreaba semen por la boca y por el culo.

Se levantó y se pasó la mano por la boca, limpiándose los restos.

Sergio, extasiado, se había sentado en el sillón y miraba la escena.

– Gracias, chicos, por cumplir una de mis fantasías – dijo con aire tierno la madura.

Los chicos se miraron y rieron. Ellos le tenían que dar las gracias por las mejor experiencia sexual de su vida.

Gafoso

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