Mi compañera de trabajo 1/3

Una tarde de Junio, en el despacho terminando algunos temas menores, recibo una llamada “hola Luis, me gustaría hablar contigo sobre mis funciones, ¿puedo pasar a verte en 15 minutos?”. Es una compañera de la oficina que ha venido de la filial en Alicante hace unas semanas. Nos conocemos de haber trabajado juntos en Alicante pero ahora nuestro jefe común la ha traído a Madrid. Lleva ya un par de meses en Madrid y como no trabaja en mi misma oficina no nos hemos visto.

 

Le digo que adelante, pero que poco le puedo decir, no está en mi área. Termino un par de cosas y mientras la espero recupero mi memoria. Debe tener unos 35 años, bajita y delgada aunque con buenas curvas. Con andar sensual y… a mí la verdad es que me gustaba mucho. Tuvimos una intensa relación hasta que se echó novio y lo último que sabía es que se casaba en un par de semanas.

 

De pronto llamaron a la puerta y ella se asomó, iba subida en un par de tacones de 12cm con un pantalón blanco muy fino, una camisa roja y encima una chaqueta abierta. Estaba espectacular y me sonrió de esa manera que siempre me había cautivado.

 

Le di dos besos sujetándola por los hombros, ella me abrazo y al hacerlo, rozo sus pechos contra mi. Tranquilo me dije.

 

Nos sentamos, yo a un lado de la mesa y ella al otro y empezamos a hablar. Ella quería saber cual podría ser su futuro en la nueva división en la que había entrado. Analizamos las razones de su cambio desde Alicante y, poco a poco, fuimos pasando a temas más personales, recordando nuestro tiempo juntos.

 

Yo estaba cada vez más excitado y ella no paraba de mandarme señales que yo entendía como provocadoras. Así que, en un momento dado, le dije “¿y si nos vamos a tomar algo los dos?” Ella sonrió y dijo, creí no me lo ibas a proponer nunca.

 

Vale – le dije- pero ates quiero que vayas al baño y vuelvas sin ropa interior. Me miró sopesando la propuesta, sonrió y salió hacia el baño. A los dos minutos volvió y dejó sus bragas y el sujetador encima de mi mesa. Yo la observé detenidamente. El pantalón prieto marcaba sus nalgas y temblaba al moverse, un triángulo negro se podía adivinar en su entrepierna al no estar ya la braguita blanca que lo ocultaba hasta ese momento. La camisa roja marcaba descaradamente sus pezones que estaban empujándola hacia fuera sin recato.

 

Había entrado a la primera a uno de nuestros juegos favoritos de sumisión/exhibicionismo en el que yo mando, ella obedece y los dos disfrutamos con el morbo de la situación, preparando lo que vendrá después.

 

Vámonos -dice- antes de que nos vean y nos pillen. Ven, acompáñame. Recojo sus bragas y sujetador de mi mesa y salgo, me vuelvo a mirarla y la veo venir hacia mí, con sus tetas moviéndose bajo la blusa y ella intentado cubrirlas con la americana blanca, en el pantalón la mancha oscura de su vello púbico. Se pone roja, acelera y pasa de largo, la veo taconear mientras sus nalgas saltan de izquierda a derecha dando un leve color sonrosado al pantalón.

 

Nos metemos en el ascensor y le desabrocho un botón más de la camisa, intenta protestar pero, mientras le sujeto los brazos con una mano, le meto mi dedo gordo en la boca. Ella gime y chupa como una posesa. Sé que ya está excitada y hará todo lo que le diga.

continuará…

El Narrador

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