Mi compañera de trabajo 3/3

Andamos un par de manzanas y ya se ve, a mitad de esta acera, el cartel del bar. Empujo a Eva contra la pared, en un recodo del edificio por el que estamos pasando. Le desabrocho un botón de la camisa, le saco las tetas y se las magreo con ambas manos, pellizcándole los pezones. Tiro de ellos hacia arriba y ella se pone de puntillas intentando evitar el tirón. Al final, cuando ya no puede alzarse más, lanza un gemido agónico, compuesto de dolor y gozo y sus ojos se encienden y me miran desbocados.

Le suelto las tetas, ella baja los talones hasta apoyarse de nuevo en sus tacones, suspira y se relaja, yo aprovecho y le meto la mano derecha bajo el pantalón y le cojo el pubis, cubriéndolo entero con mi mano. El dedo corazón está justo en la entrada de la caverna y el gordo apoyado en el clítoris. Le ha pillado por sorpresa y está estirada, pegada cuanto puede a la pared y esperando a ver qué pasa. Aprieto el dedo gordo y lo muevo en círculos aumentando poco a poco la presión, Eva gime y se agarra a la pared, las piernas le tiemblan y están a punto de doblarse. Un principio de orgasmo le viene, emitiendo un chillido medio mudo que no consigue acallar. En ese momento el dedo corazón entra en su vagina, empapada, chorreando un flujo viscoso, el dedo con las paredes se pega y crepita cada vez que se separan, produciendo un ruido tipo glub, clap, entre pastoso y sordo que, sabiendo lo que es, nos excita a los dos aún un poco más.

Eva está entregada, puedo hacer con ella lo que quiera, está totalmente excitada hasta el punto de desinhibirse, solo piensa en obedecerme y en cuando la voy a follar. Se ha convertido en un animal sexual, excitado y absolutamente entregada.

¡Qué gusto!

Saqué la mano, le besé en la boca con fuerza metiendo mi lengua hasta su garganta. Ella me aceptó gustosa y se pegó a mí aún más. Siempre me ha encantado como se acopla a mí, como prevé mis movimientos y se anticipa a ellos recibiéndome siempre con suavidad, sincronizadamente, por muy violenta que sea nuestra pasión. Es como si estuviéramos fundidos en un solo baile siempre improvisado por ambas partes, pero siempre sincronizado, en una compenetración perfecta, se diría que estudiada y mil veces repetida, pero no, surge, sale así, sin más.

Nos separamos, se coloca el pantalón, se mete las tetas y se abrocha la camisa, me mira con ojos febriles, me grita “Te quiero” y echa a andar. Le doy un azote en su nalga izquierda. Aúlla, se vuelve, y me besa abriendo su boca para que se la coma.

Reemprendemos la marcha y entramos en el bar. Al fondo hay un cuarto en el que nos dejan ir a jugar a las cartas, a salvo de ruidos y miradas de extraños. Ignacio y Pepa ya están allí, tienen una copa cada uno y la llevan por la mitad. ¿Cómo habéis tardado tanto? Nada, hemos ido a dejar mi coche camino de mi casa para no tener que volver a la oficina -explica Eva-.

Jose, el camarero/propietario nos trae dos copas –whisky con cola para los señores- y deja una baraja española y los amarracos en la mesa.

Empezamos a bromear con lo mantas que son los demás, repartimos y empezamos a jugar. Al acabarse la segunda copa, Eva y yo vamos ganando 2-0 y el interés por la partida decae. Nos excusamos de la tercera copa y nos vamos. “Nuestra labor de trabajo social por la Comunidad, terminó. Ya os hemos enseñado de más, ahora a practicar vosotros solitos”.

Nos montamos en el coche, son las 10 y tenemos toda la noche por delante. ¿Qué hacemos? –le pregunto-.

Y una vez más, Eva me vuelve a sorprender. Es lo que me encanta de ella. Lo sé todo, la conozco mejor que ella misma, puedo prever hasta lo que va a pedir de comida y sin embargo, de repente me sale con algo que no hubiera imaginado nunca, que no me espero ni de lejos. Ella, con toda naturalidad me dice “Hay un sitio de intercambio de parejas aquí cerca. ¿Me llevas a conocerlo? Pero a mí no me cambias por nadie ¿¡eh!?

Me pilla tan descolocado que tardo en reaccionar. Me mira, se ríe y me dice “Vamos, vemos el ambiente, allí nos podemos meter mano sin reparos y así conocemos algo nuevo. Pero –y me mira muy seria- a mí no me toca nadie que no seas tú ¿vale?”

  • Vamos para allá, dime la dirección.

Llegamos en 15 minutos, aparcamos casi en la puerta, llamamos y entramos. Nos recibió una camarera entrada en años pero de muy buen ver, con unos pechos prominentes dentro de un bikini minúsculo. Como no conocíamos el sitio se ofreció a enseñárnoslo mientras nos explicaba las principales reglas de la casa, que esencialmente se resumen en hacer lo que quieras respetando al prójimo, es decir tienes derecho a intentarlo pero si te dicen que no, te apartas y no insistes.

Nos pedimos dos copas y nos sentamos en un sofá en una esquina desde donde podíamos observar casi todo el local. Había unas 10 parejas, dos de ellas estaban charlando, ellos sentados en los sillones y ellas sentadas en unos “pufs” entre las piernas de ellos. Así, mientras hablaban ellos, desde su posición más elevada, les magreaban las tetas y se las enseñaban a la pareja de enfrente. En la esquina opuesta a la nuestra había tres parejas que no parecían conocerse, ellas estaban desnudas, solo con las braguitas puestas y cada una agarraba la polla del hombre a su derecha. Jugaban a algún tipo de juego en el que cuando una perdía una de las otras le decía a la perdedora la prenda que tenía que pagar. Finalmente a nuestra derecha, había otra pareja que,  como nosotros, estaba observando y mirando en lo que pasaba alrededor.

Esta última pareja se nos acercó y nos propuso sentarse con nosotros y charlar. Miré a Eva y convenimos que adelante, a ver que ofrecían.

Se sentaron enfrente de nosotros, se presentaron como David y María y nos contaron que era la primera vez que venían a un sitio como ese, pero que habían leído mucho sobre estos sitios y que les gustaría iniciarse en ellos. Después de un rato de charla intrascendente, nos contaron que a ellos en particular les gustaba el exhibicionismo y la sumisión. Había una pista de baile en la planta de abajo -en esta pista de baile se supone que puedes hacer cualquier cosa- y nos propusieron bajar juntos. Eran alegres y simpáticos así que aceptamos y nos bajamos con nuestras copas.

Una vez en la pista empezamos a bailar –cada uno con la suya- y a los cinco minutos Eva me hace una señal y al fijarme, veo que María está desnuda. Solo lleva los zapatos de tacón y las medias hasta medio muslo. David se afana en meterle mano, tiene ya dos dedos dentro de su vagina y ella gime sin recato ninguno. Le coge del pelo y la lleva a la habitación de al lado, por el camino le da dos azotes bastante fuertes y ella grita y se queja. Cuando se nos adaptan los ojos a la escasa luz, vemos que estamos en la sala de bdsm. Le pone unas muñequeras en cada mano, le junta ambas manos por encima su cabeza y se las ata a una cadena que cuelga del techo. María queda así, desnuda, atada por los brazos a una cadena del techo dejando indefensa y al aire toda su intimidad.

David va a por un látigo y le empieza a azotar con suavidad pero con contundencia, María gime, se retuerce y protesta pero poco a poco aumentan sus gemidos y desaparecen los gritos y protestas. Su culo y sus pechos están marcados por rayas rojas dejadas por el látigo. Su coño, depilado al 100% muestra unos labios exteriores hinchados por la excitación y totalmente brillantes por los fluidos que salen de entre ellos. Estos fluidos han ido resbalando por sus muslos y están dejando un pequeño charco en el suelo.

Yo meto mi mano bajo pantalón de Eva y le meto un dedo en la vagina, ella gime y me mira. Le miro a los ojos y le digo ¿Te atreves? “Amo, haz conmigo lo que creas conveniente” me contesta. Vuelvo a alucinar pero esta vez no pierdo el tiempo. “Busca un collar, unas muñequeras y unas tobilleras, algún artículo de tortura que te guste, te las pones y vienes”.

En dos minutos está de vuelta, tiene un collar negro de perra al cuello, con una argolla en el frente, a la altura de la nuez para enganchar ahí la correa. Se ha colocado dos tobilleras y dos muñequeras negras que tienen también argollas para sujetarlas, trae además dos cadenas cortas, una larga, una fusta y una bola con correa. Me excita enormemente verla con toda esa parafernalia en las manos ofreciéndomela y ofreciéndose.

Cojo una cadena corta, le pido que cruce los brazos a su espalda, le engancho una muñequera con la otra y con la cadena tiro de los brazos hacia arriba, sujetándola a la argolla del collar. Así, con las manos a la espalda, los brazos algo forzados hacia arriba y tirando del cuello hacia atrás, la mantiene erguida, con los hombros hacia atrás lo que hace que el pecho venga hacia el frente y muestre sus tetas con sus enhiestos pezones lanzados hacia adelante.

Cojo la bola se la introduzco en la boca y le ato la correa por detrás de la nuca. Le pellizco un pezón y gime, le doy un azote y se tambalea, las piernas le fallan de excitación. Me mira y me empieza a hacer señas para que mire hacia la esquina.

Mientras ataba a Eva, David ha soltado a María y la ha llevado a una especie de caballete, le ha hecho doblarse sobre el mismo y le ha atado las manos a las patas por un lado y las piernas abiertas también atadas a las patas por el otro lado. María está así, doblada en dos sobre el caballete. Mientras tanto David le ha dado unos buenos azotes y tiene todo el culo rojo, por la postura tiene la vulva al aire y los labios mayores abiertos, los fluidos internos gotean sobre el suelo. David ha cogido un consolador y se lo ha introducido por la vagina, María ha gritado de placer y ha empezado a mover su cintura con la limitada capacidad de movimientos que le dejan sus extremidades atadas, David sigue subiendo y bajando el aparato dentro de María, hasta que se corre sin poder contenerse, soltando una explosión de líquido que empapa el suelo. David, le atiza un par de azotes, fuertes, duros, a los que María casi ni reacciona, está agotada y sobrepasada por la excitación. David retoma el consolador y lo empieza a mover alrededor del ano de María. Al principio ésta no responde pero conforme David empieza a apretar y la punta se introduce en su ano, María reacciona y grita a pleno pulmón “No David, por ahí no” “¡No seas cabrón, mi culo nooo!”

He cogido a Eva y la he atado a la cadena colgante del techo por el cuello, sigue con la bola en la boca y las manos a la espalda. Le he desabrochado la camisa y bajado los pantalones hasta los pies. Le doy con la fusta en los pechos y gime, le pellico los pezones y se retuerce como puede. Un par de fustazos suaves en el culo, “relincha” le digo y le doy otro fustazo “Hiiiaaaaaa” relincha Eva. Le doy con la fusta en la vulva y gime y aúlla, le meto un dedo y empieza a gemir y a mover la pelvis. Otra vez le digo, “Hiiiaaaaaa”, “Hiiiaaaaaa”. Dos azotes “Hiiiaaaaaa” y empieza a correrse, se le doblan las piernas y queda colgando del cuello, otro azote, pellizco en el clítoris y se desarma, explota en un orgasmo brutal en el que salpìca todo y lanza un gemido preagónico, que se junta con los alaridos de María que ya tiene medio consolador metido en el culo y que no para de llorar y gritarle a David que es un hijo puta. David le mete su poya en la boca y sigue moviendo el consolador en su ano, María empieza a gemir poco a poco y al final se funde con David en una corrida conjunta, David sigue bombeando y ella no deja caer ni una gota. Cuando se retira David, se queda sobre el caballete como desmayada. David le extrae el consolador del culo y lo vuelve a meter, pero María no protesta, no puede más.

Desato a Eva y la llevo a la butaca donde están nuestras copas, ella se hace un ovillo y desnuda como está de acurruca contra mí. Yo le abrazo, le beso y la tapo con una toalla que había cogido del vestuario. David trae a María que ya está más recuperada y se sientan enfrente. Le doy de beber a Eva, la beso y la miro embelesado. ¡Qué pedazo de mujer! Y se va casar con otro. ¡ Vaya mierda!

No sé si os habréis dado cuenta aún pero, ni aunque yo mismo me lo quiera reconocer, hace 15 años que estoy enamorado de Eva ¡Y no se me pasa! Ni, por supuesto, quiero que se me pase. Es lo mejor de mi vida.

El Narrador

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