Una historia terrible, pero con final feliz (1 y 2)

Una historia terrible, pero con final feliz. (1.)

Laura, una chica madrileña de unos 22 años estaba preparando las maletas para hacer un emocionante viaje a Zokinia, África, que iba a emprender junto a su novio Alex. Con el objetivo de ver lo que la ONG de un gran hombre estaba realizando allí por los más pobres de aquel país.

Aún vivía con sus padres y estaba terminando su carrera de derecho, le quedaba sólo un año para graduarse y poder empezar a trabajar como abogada o quizás como asesora legal.

Ella era una activista por la causa feminista, y por ello acudía a manifestaciones con reiteración por la igualdad; defendían que la mujer era igual o mejor al hombre en cualquier desempeño laboral o responsabilidad y luchaban por la igualdad final, para que ninguna mujer fuera pagada menos o para evitar la violencia de género. También para erradicar el machismo, ese pensamiento erróneo del hombre, de poseer y cosificar a las mujeres, a querer tenerlas como si fueran objetos de su propiedad.

Sus padres eran de clase alta, sin llegar a ser ricos, por lo tanto, a ella y a sus hermanos nunca les había faltado de nada. Todos tuvieron la oportunidad de ir a la universidad. Su hermana mayor se llamaba Carlota, que a sus 25 años ya se había emancipado y trabajaba como asesora en una empresa de telecomunicaciones.  Y su hermano menor, Lucas, un chico de todavía dieciocho años, no hacía otra cosa que jugar a vídeo juegos, por ello no conseguía ser buen estudiante, pero ya tenía un pequeño negocio en youtube relacionado con los videojuegos y calculaba que cuando tuviera 22 años podría ganar suficiente para buscarse un apartamento, por consiguiente, estaba muy ilusionado y no veía necesario ir a la universidad.

Pero centrémonos en Laura por ahora. Ella votaba al partido político Pedimos por ser el más feminista, con la esperanza de que las mujeres revolucionaran España. Que la hicieran más feminista y igualitaria, aunque fuera a costa de perjudicar a algunos hombres.

Físicamente era alta llegando 1.75 centímetros, con pechitos pequeños del tamaño de peras y esbelta como una modelo, delgada, pero sin llegar a parecer anoréxica; quizás algo de curvas le hubiera venido bien para ser un poco más explosiva, sexualmente hablando, pero con su dieta baja en grasas era prácticamente imposible, además de que, su visión feminista le hacía creer que las curvas eran demasiado superficiales y provocativas y que la inteligencia era lo más importante en una mujer del siglo XXI. Lucía una bonita y lubricada piel canela que había conseguido con algunas horas de sol en la playa. Podría perfectamente haber sido modelo, pero no quería porque lo consideraba un trabajo superficial y no quería ser una mujer florero, quería ser una poderosa e inteligente abogada qué ganara juicios. Tenía unos bonitos ojos azules y un largo cabello castaño, ondulado, que le llegaba hasta su duro culito de gimnasio. Su nariz delgada y sus labios finos la convertían un una mujer sencilla y nada provocativa lo que le evitaba huir de piropos demasiados vulgares en las calles de Madrid, como por ejemplo “tía buena, buenorra, pibonazo, bombón.”

Al  finalizar la preparación de su equipaje bajó las escaleras y se encontró a su madre en la sala de estar con cara de preocupación.

–Laura –Le dijo su madre–, no me agrada nada que vayas a ese país tan pobre. Son musulmanes muy conservadores y machistas. He leído que a los hombres les permiten tener hasta cuatro esposas. La casan apenas siendo preadolescentes en matrimonios de conveniencia. Es deprimente…

–Por eso mamá hacen falta ONG allí, para cambiar aquella lamentable situación. Alex me va a presentar a un hombre que está intentando cambiar ese país.

–Sí, no te falta razón, pero, ¿por qué tienes que ir tú? Eres demasiado joven, termina, por lo menos, tu carrera, antes de salir fuera de la UE.

–Tranquila, no va a ocurrirme nada, Alex me protegerá.

Tras despedirse de su madre con unos cariñosos besos en las mejillas, salió de casa por la puerta principal, en principio de buen humor. A la entrada le estaba esperando su novio, un treintañero con gafas,  no demasiado atractivo, pero tampoco feo, de cabello negro, piel blanca, ojos marrones, muy delgado y con cara de buena persona. No veía mucho sin sus gafas.

Él, a sus 32 años, trabajaba como abogado en una importante agencia y disponía de un par de semanas trimestrales para viajar por el mundo. Le encantaba ir a África, continente extremadamente exótico y variado. Había cortado con su exnovia 15 años mayor que Laura para iniciar una nueva relación con ella, pues, para él, era la mujer más bella, valiente e inteligente, que había conocido en toda su vida.

Ya mantenían relaciones sexuales, pero el sexo era su Talón de Aquiles; es decir, Laura disfrutaba del sexo con Alex, a veces… pero… no siempre conseguía llegar al orgasmo debido a que su novio la tenía algo pequeña y sufría a veces de una irritante eyaculación precoz. Ella le decía que el tamaño no le importaba y que el sexo no era lo más importante en una relación. ¿Dónde iba elle a conocer a un hombre como él? Aunque no fuera muy guapo, pues era normalito, pero, con un gran poder económico, amable y solidario ¿Qué más podía pedir?

Si tenía que fingir algunos orgasmos de vez en cuando para no hacerle daño, lo haría, y así lo hacía. Siempre podía auto complacerse en el servicio cundo él se quedara dormido, viendo una porno con el móvil en una web. Pero ella no entendía por qué motivo siempre se decantaba por vídeos donde el actor la tuviera grande, si para ella el tamaño no era lo más importante y se sentía culpable por ello, como si estuviera cometiendo alta traición.

Alex condujo su coche deportivo hacia el aeropuerto con precaución, pues, no le gustaba acelerar, ya que, no quería sufrir un trágico accidente. ¿Cómo volvería a mirar a los padres de ella a la sus ojos, si propiciara que le pasara algo a su maravillosa hija?

–Acelera un poco Alex, que llegamos tarde. –Le sugirió Laura.

–No cariño, no… Más vale prevenir… Descuida… Llegaremos a tiempo… Tú tranquilita, que vamos bien.

–Siempre eres demasiado precavido…, –Le dijo ella con una sonrisilla encantadora, sus ojos azules brillaban ante un sol centelleante–. Vas a ser un estupendo padre.

–¡Ah!, jaja, ¿Es eso una proposición de matrimonio?

–Jaja, no, no…, déjame por lo menos terminar mi carrera, antes de pensar en algo tan serio.

–El tema lo has sacado tú, jeje… Bueno ya estamos llegando.

Llegaron al aeropuerto y tras dejar el coche en el garaje y tramitar los papeles para que lo almacenaran hasta su regreso,  se dirigieron hacia la cola de embarque.

Se colocaron detrás de un hombre y dos mujeres de piel negra. El hombre se encontrba muy gordo y las mujeres eran regordetas también, pero no tanto como él.

–Disculpe –Se manifestó Alex- ¿Es ésta la cola para el avión con rumbo a Zokinia?

–Sí –Respondió el hombre, mirando a Laura, en vez de a Alex, la recorría de arriba abajo con lascivos ojos,  soplando, lo cual le molestó bastante a Alex, pero no protestó por no armar un follón.

–¿Es su primera esposa? –Preguntó el negrito.

–¿Primera esposa? No, aún no… sólo es mi novia.

–Felicidades, es una mujer preciosa. En Zokinia están todas gordas. Éstas, son mis esposas, Alcalua y Alacanina. Saludar queridas.

Las gorditas saludaron con unas sonrisillas amarillas que ponía en duda la higiene dental de su país. Laura al contemplar la escena se arrepintió.

–Alex, tenemos que hablar un momento.

–¿De qué? –Preguntó él, algo preocupado, pues ya conocía los cambios de opinión que eran habituales en ella.

–¿Por qué ir a un país tan desagradable? Podríamos ir mejor a una playa caribeña.

–Pero cariño, me gustaría conocer al hombre, tan importante, que dirige esa ONG. Si no quieres ir, no vengas. Iré yo solo.

–De eso nada. Iré contigo hasta el fin del mundo. Lo último que me gustaría es que volvieras de ese país con dos o tres esposas.

–O cuatro, jajaja.

–¿Cuatro? ¿En serio? ¿Tantas necesitas? –expresó enojada.

–Sólo bromeaba, cariño. Ya sabes que siempre es mejor la calidad a la cantidad, y yo te amo con toda mi alma. –Le dijo mientras la abrazaba, y luego la besó en la boca apasionadamente.

El negro contemplaba la escena con incredulidad y expresión envidiosa. Se preguntaba, cómo puede ser que un hombre tan flaco, tan débil, tan enclenque, pudiera permitirse tan bella mujer y pensó que le hubiera gustado tenerla de tercera esposa. Sería su preferida, y, la embarazaría unas catorce veces. Ya babeaba imaginándolo, pero, no, eso no iba a suceder, y mucho menos con una feminista; pues eran sociedades antagonistas, que nada tenían en común; un amor imposible; el Islán más conservador contra el progresismo moderno feminista. Entonces supo que eso nunca pasaría y se conformó con darle un azote en el culo.

“¡Plaaz!”

–¡Ah! –Gritó Laura.

–¿Qué te pasa cariño? –Le preguntó Alex.

–Alguien me ha tocado el culo –susurró ella avergonzada e irritada.

–¿Quién?

–¡Quién va a ser! ¡El gordo!

–¿Por qué iba él a hacer algo así? Si tiene esposas. ¿Estás segura de que ha sido él?

–¡No lo he visto, pero… aquí no hay nadie más!

El gordo negro susurró algo a una de sus esposas y la mujer dijo:

–Perdone, señorita. –He sido yo– usted tenía una avispa en el culo y le he dado un azote para espantarla, perdóneme, no era mi intención… asustarla ¿Le ha molestado?

-Eéeh… un poco…, pero si fue así…, en fin…, gracias.

Laura estuvo de muy mal humor toda la media hora que tuvieron que esperar hasta subir al avión. Cuando llegaron por fin a sus asientos, no se lo podía creer. Les tocó sentarse justo al lado de esa extraña familia, justo en la otra fila. Su mal humor aumentaba cada vez más y ya se había arrepentido de todo, de haber ido con Alex. ¿Cómo había sido tan estúpida? ¿Por qué no había hecho caso a su madre? ¿A qué clase de mierda de país se dirigían?

Final del capítulo.

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Una historia terrible, pero con final feliz. (2.)

Laura estuvo durmiendo tres horas sentada en su asiento junto a la ventanilla. Su novio le había permitido coger ese asiento porque el hombre de antes, según le dijo ella, le acosaba con la mirada.

Se despertó por unas inaplazables necesidades de orinar. Por lo tanto, se levantó y fue caminando lentamente hasta el servicio. Allí pudo comprobar que estaba afortunadamente disponible, lo que le alegró bastante; pero, lamentablemente,  con las prisas por orinar se le olvidó bloquear la puerta.

Se sentó, y cuando estaba orinando vio que se abría la puerta y entraban las dos negras esposas gorditas de la cola de embarque.

–¡Está ocupado! –Exclamó ella, alterada, avergonzada y asustada— Váyanse, por favor. ¡Qué vergüenza!

–La puerta estaba abierta. –Contestó una de ellas.

–Sí, con las prisas se me olvidó cerrarla. –Se excusó Laura-. Bueno, ya he terminado, –dijo mientras se levantaba y se subía su tanguita. Se dispuso a intentar salir con la  cabeza mirando al suelo. Pero sólo consiguió pasar por una de las mujeres que se sentó en el WC y se puso a orinar. ¿Os lo podéis creer? La otra mujer negra, tan gorda ella, le impedía salir y no hacía nada por apartarse. Qué lamentable situación.

– ¿Me dejas salir, por favor? –Preguntó Laura nuevamente avergonzada.

– En nuestro país –dijo la mujer que impedía el paso- es común compartir los servicios. No seas tímida… jijiji… estamos entre mujeres.

–Ya, ya… pero… yo he terminado y quiero salir.

Laura no podía creerse lo que le estaba sucediendo, era todo tan ridículo, tan absurdo, que hubiera deseado nunca haber conocido a Alex para que esa situación tan lamentable nunca hubiera acontecido.

–Espera, antes nos gustaría proponerte algo.

– ¿Qué? ¿Qué queréis? ¿Dinero? –Preguntó Laura, asustada, temiendo que le fueran a robar.

–¡No!, dinero no. –Respondió la otra mujer que ya se había levantado del WC y se acercó a Laura acorralándola.

–Entonces, ¿Qué? ¿Qué pasa? Me estáis asustando. Me está entrando claustrofobia. ¡Voy a empezar a chillar como no me dejéis salir!

–Tranquila, no te vamos a hacer nada. –Dijo la gorda que obstaculizaba la puerta.

–Quiero que veas esta foto, mírala.

Laura se giró para mirar lo que quería mostrarle la negra que había usado el WC. Era una fotografía hecha con una cámara de rebelado instantáneo. Cuando cogió la fotografía, para ver que era, se le cayó al suelo del espanto. ¡Dios santo! ¡Qué visión! Lo que vislumbró la dejó helada, petrificada y temblorosa. Le pareció ver en ella a estas dos mujeres posando para la foto, ambas en ropa interior blanca, sonriendo con sus dientes amarillos. Rodeando a una gran masa de carne y piel negra que estaba unida a una gran anaconda negra que caía hacia abajo como una catarata, de terribles proporciones.

–¡Qué coño es esto! –Gritó Laura horrorizada– ¡Azafata… socorro… ayuda!

–Tranquila, tranquila –Dijo la mujer que obstaculizaba la puerta–, solamente queríamos mostrarte esta foto, mírala bien. –transmitió recogiendo la foto del suelo.

Laura la volvió a mirar asustadísima y para comprobar que la masa negra que vio era en realidad el marido de ellas y la anaconda negra, su descomunal falo. De hecho, era el pene más grande que había visto en su vida y estaba sin empalmar. Laura pensó. ¡Dios mío! Cómo puede existir un pene tan gordo y tan largo. ¿Cómo será esa monstruosidad erecta? Entonces por un momento le vino a la mente la imagen del minúsculo pene de su querido Alex y luego contempló más de cerca aquella monstruosidad; aquella cosa, aquella serpiente negra; no podía ser real. La foto tenía que estar retocada, no era posible. Por un momento, Laura, fue transportada inconscientemente a un mundo de fantasías, de sueños prohibidos, imaginándose a ella en la foto desnuda junto a esas dos esposas y aquel monstruo sobándola con lujuria y abrazándola con sus tres brazos, pero rápidamente se despertó.

– ¡Dejarme salir, joder. Dejarme salir!

–Jum, está claro que no sabes que se siente al ser perforada por un pene como el que acabas de ver. –Manifestó la del WC.

–Hemos venido a hablarte porque a nuestro marido le gustaría que fueras su tercera esposa.

–¡¿Qué?! ¿¡Estáis locas?! ¡Dejarme salir! ¡Dejarme salir!

–¿Entonces? ¿No estás interesada? –Preguntó la que obstaculizaba la salida.

–¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! ¡SOY FEMINISTA, NO QUIERO SER LA TERCERA ESPOSA DE UN GORDO Y ENCIMA NEGRO!

–¡Serás racista!

–¡Me gustan los blancos, eso no es ser racista! Son preferencias…

–Mira… esto no ha acabado aquí. –Expresó la de la puerta–. Hemos venido con buenas intenciones y nos has insultado… nos has insultado… Nos has insul…

 

Entonces la azafata abrió la puerta y dijo. ¿Qué ocurre aquí? Acto seguido, las gordas salieron corriendo como si nada fuera con ellas, tirando al suelo a la azafata al atropellarla. Laura lloraba de terror e impotencia.

Final del capítulo.

Temptationxxx

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