Una historia terrible, pero con final feliz. (11-12)

Una historia terrible, pero con final feliz. (11.)

Dos semanas después volvía solamente Alex de Zokinia, con la expresión triste y deprimida de alguien que ha perdido recientemente a un ser muy querido. Y tras recoger su coche lo condujo hasta la casa de la madre de Laura para contarle lo que había ocurrido. Allí se encontraba también Carlota, la bellísima hermana de Laura, más tarde daremos una descripción sobre ella pues era una muñequita de porcelana.

Cuando la madre abrió la puerta y descubrió que su hija no venía con él, enseguida intuyó que algo grave había ocurrido y le entró pánico y un sentimiento extraño de conmiseración.

–Alex ¿Qué ocurre? –Le preguntó justo ante la puerta, expresión preocupada– ­¿Dónde está Laura?

–Por favor… Ana… sentémonos en el sofá, te lo contaré todo.

Un poco más tarde se encontraban Ana, Alex y Carlota sentados en el sofá del salón. Ana y Carlota miraban a Alex impacientemente, esperando a que se decidiera a contarles lo que le había sucedido a Laura.

–Laura me ha dejado… ha conocido allí a… se enamoró del hombre que dirige aquella ONG. No tiene intención de volver, se ha convertido en la tercera esposa de Ismael, así se llama ese tío… maldito sea, y yo que lo admiraba.

–¿La tercera esposa? –Preguntó la madre que no se lo podía creer–, ¡Es una broma de muy mal gusto Alex!

–¡No estoy bromeando, he sido humillado de tal forma que ni siquiera me apetecía venir a contaros lo que ha ocurrido! ¡Ella no quería volver! ¡Ya no me ama! ¡Dice que soy malo en el sexo y que la tengo pequeña!

Carlota se rió estentóreamente, Alex la miró algo ofendido, y empezó a pensar que todas las mujeres eran iguales, unas putas.

–¡Siempre supe que era una puta, mamá, la habéis malcriado! –Se pronunció Carlota, y en su semblante  no se podía apreciar la más mínima tristeza, sino que lucía una serie de sonrisillas y gestos corporales que hablaban por si solos del desprecio y el rencor que sentía por su hermanita pequeña; porque cuando ella era una niña y Laura nació, gran parte de la atención que sus padres le prestaban, fue destinada a la niñita pequeña de la casa, la niña mimada, mientras que a ella le exigían que cuidara de su hermana como si fuera una segunda madre y también  le exigían que fuera muy buena estudiante pero con Laura fueron muy perniciosos y le dejaron elegir su camino y la malcriaban.

–No digas eso de tu hermana, ¡por Dios… Carlota!… Cállate un momento, por favor… ¿Quién es ese hombre? ¿Por qué mi hija aceptaría ser la tercera esposa un hombre? ¿La han obligado?

–No, no la han obligado… No quiero dar detalles… sólo venía a contaros para que lo sepáis. Es muy humillante para mí contar la historia, por lo tanto yo no os la contaré. Me voy… ¡No quiero volver a veros en mi vida! ¿Entendéis? ¡Habéis criado a una puta! ¡Zorra traidora! ¡Guarra!

–¡Tú te la llevaste a ese país tercermundista! ¡Algo de culpa debes de tener! –Gritó Ana–, ¡Le dije que no fuera! ¡Pero nunca me escucha!

La madre de la criatura empezó a llorar ocultando su rostro entre sus brazos, mientras tanto que, Carlota la abrazaba con una expresión en su rostro algo ambigua, que no dejaba ver con claridad si se sentía compungida, o en cambio, le alegraba aquella nueva noticia.

Pero ya intuiréis que seguramente no lo sabía aún ni ella, pues desconocía si Laura era feliz o infeliz con aquel extraño y se preguntó que clase de hombre sería para que su “hermanita del alma”, voluntariamente, aceptara ser un humillante tercer plato. ¿Y quedarse a vivir en un país tan caluroso, tercermundista y además radicalmente musulmán? ¡Ese hombre tenía que ser muy carismático! “¡Maldita zorra feminista!” Pensaba Carlota y se le ocurrió una idea algo extraña…

–Mamá, no te preocupes… Yo misma iré con mi novio a Zokinia para intentar traerla de vuelta… La haré razonar… Es muy tozuda… pero por lo menos lo intentaré.

–Yo también iré –Dijo la madre–, si no estuviera divorciada de tu padre me podría haber acompañado él, pero ¡se tuvo que liar con aquella condenada enfermera!

–No remuevas la costra de tu herida mamá. No es necesario que vengas… Yo iré con Ethan que es un tío fuerte, culturista, él me protegerá y si es necesario la traeremos a la fuerza. Todo huele a que el hombre ese es un gran manipulador. Alex… No entiendo por qué no quieres contarnos nada de lo que ha sucedido, ¿Qué ha pasado para que no quieras contarlo?

–¡Es humillante para mí, ahora mismo voy a comprar un saco de barritas proteínicas y unas pesas! ¡No volveré a ser un pelele! ¡Seré un matón!

–¡Dices sólo tonterías! –Gritó la madre enfurecida como una leona a la que le han quitado un cachorro–. ¿Qué pasó? ¡¿Qué mierda pasó?! ¡Cuéntalooooooo!

–Pasó que ese hombre es un psicópata y me humilló de tal manera delante de Laura que ella sintió desprecio por mí. Ya no hay nada que hacer, todo está perdido, tu hija está perdida… déjalo. No quiero contarlo… sólo quiero morir…

–¡O lo cuentas o te rompo los dientes a puñetazos! –Le gritó Ana enfurecida, enseñándole los puños.

Alex la miró asustado y cabreado hasta el punto que llegó a lamentar haberse tomado la molestia de venir a informarla. “¡Y así me lo pagas!” –Pensó Alex mientras miraba a una harpía algo deteriorada por la edad que estaba apunto descargar su agresividad sobre él, que no tenía culpa de nada.

Y sí lo hizo, se abalanzó sobre él y empezó a darle tal cantidad de puñetazos en la cabeza, sobre sus hombros y sus brazos, que Alex por poco ve a Dios, mientras tanto el pobre se cubría con las manos, mientras que Carlota de moría de risa. Alex se deshizo como pudo de los golpes de su exsuegra y salió corriendo como huyendo de una serpiente venenosa. Pasó por la puerta sin decir adiós, se subió a su coche y grito…

–¡Condenada familia! ¡Yo os maldigo!

Aceleró su coche y ya no se le volvió a ver más, nunca más. Al cabo de unas semanas, pidió el traslado y se fue a vivir a otra ciudad, pues no podía soportar la idea de encontrarse con algún miembro de esa maldita familia del demonio.

Final del capítulo.

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Una historia terrible, pero con final feliz. (12.)

Unos pocos días más tarde, se vuelve a repetir una escena que ocurrió al principio de esta historia. Carlota preparaba las maletas para irse a Zokinia en busca de su “queridísima hermana”. Sólo era un sarcasmo, porque en realidad la odiaba con tanta intensidad que, sabiendo que ella era muy promiscua, (pues defendía la igualdad, igualdad que demostraba comportándose como un hombre promiscuo, pero Carlota pensaba que no era otra cosa que una zorra fácil de llevar a un hotel.) Carlota hubiera deseado que le contagiaran algo a ella como por ejemplo, herpes genital, como castigo por su frialdad ante el amor.

En cambio, Carlota, romántica en gran medida, a sus 25 años aún conservaba su virginidad; sí, lo era; tenía su himen intacto pues no se había metido nada por ahí, como prueba de su pureza, para el amor de su vida, que la amaría por ello el resto de su vida y envejecerían felizmente juntos. No se había metido ningún plátano, como hacían las zorras sin principios como su condenada hermana medio hippy.

El novio, Ethan, se mataba a pajas o se conformaba con besos y abrazos fuertes. Porque ya sabía que Carlota, a la cual deseaba con locura, no tenía intención, ni de casarse con él, ni de perder su virginidad con él, ¿Entonces por qué diablos estaba con él? “Las mujeres a veces son irracionales y no hay quien las entienda” Pensaba Ethan. Y le echaba en cara a Carlota que no hubiera puesto en su Facebook “Tengo una relación.” Ni tampoco había subido ninguna fotografía de Ethan, él tan sólo era el fantasma que le hacía las fotos  en sus numerosos viajes; y eso le parecía lamentable, le decía que no lo amaba. ¿O quizás no le agradaba la idea de casarse con un hombre de profesión basurero? “Sí… soy basurero, ¿Qué pasa? Ser basurero es tan respetable como cualquier otra profesión. ¿O no?” Le decía  Ethan a sus amigos. Y sus amigos le decían, pues no. “No es lo mismo, al menos para las mujeres, ellas siempre fantasearan con un futbolista, millonario, un actor o un cantante famoso.”

Pero Carlota, siendo muy ambiciosa, reservaba su virginidad para un hombre realmente especial, sensible e inteligente, alguien que se hubiera hecho rico con su talento, quizás un arquitecto o un escritor, no Ethan, que era un auténtico bruto, y tonto en grado sumo,  pues pensaba que los japoneses vivían en otro planeta y que la mejor manera que tiene de morir un hombre es de un infarto al corazón mientras follaba.

A Carlota todas esas incoherencias le parecían absurdas y buscaba un sustituto siempre que podía, ya que no le gustaba estar sola, y sentía que los mejores hombres nunca estaban solteros.

Por eso se conformaba con Ethan, quizá para no sentirse sola, quizás estaba biológicamente programada para ello, como quizás su hermana fuera una zorra por naturaleza. Esto era su Talón de Aquiles, no soportaba no tener novio.

Pasemos ahora a hacer una descripción física de esa muñequita. Su cabello, liso, era castaño muy oscuro y brillante por las mascarillas que usaba, se apreciaba su lozanía en él y que ella sabía cuidarlo. Como dijimos antes era una muñeca de porcelana cubierta por una piel canela muy brillante.

Si su hermana Laura destacaba por su estilizado cuerpo de modelo, en cambio Carlota destacaba por su dulce y angelical rostro, con cabeza ovalada, ojos seductores, boquita sugerente.

La naturaleza había sido muy generosa con ella dotándola de un rostro casi perfecto sin ningún tipo de defecto apreciable a simple vista, proporción aurea, nariz de justa largura y altura; eso, acompañado de unos ojazos, color celeste, grandes como los de una asiática, pero un poco más oblongos, que hipnotizaban a cualquier hombre y a algunas mujeres, en cuanto a las heterosexuales, era por parte de ellas, admirada y envidiada.

Su sonrisa lucía perfecta y extremadamente blanca, sus labios algo más gruesos y rellenos que los de Laura, que sólo usaba el color rosa para resaltarlos, su hermana prefería el rojo. Con ese rostro a Ethan le hubiera encantado que se la chupara, que le hiciera una felación, una mamada, pero ella se negó diciéndole que eso era de putas, y es que en realidad ella nunca se metió nada en su boquita que no fuera comida o un cepillo de dientes.

Su piel color canela cubría ese rostro de piel extremadamente bien hidratada por carísimas cremas, pues si su hermana se gastaba su dinero en cervezas para estar con sus amigos en bares, ella lo hacía en ropas de marcas, como Lacoste, pues, le encantaba ser pija, para resaltar que era una mujer respetable y con principios.

De estatura era un poco más bajita que Laura, pero su cuerpo, sus curvas eran de infarto, tenía un buen culo con forma de melocotón, las curvas y contornos de su piernas resultaban sugerentes y provocativas, todo eso acompañado con unos senos un poco más grandes que los de Laura y más redondos.

A Carlota lo recogió Ethan en coche en la puerta del edificio de apartamentos donde vivía con un par de amigas. Conducía hasta el aeropuerto. Si Alex conducía con mucha precaución, él en cambio aceleraba temerariamente.

–¡Dios mío! –Gritaba Carlota– ¡Desacelera un poco Ethan! ¿Quieres que nos matemos?

–No pasa nada, cielo… yo controlo… he conducido mucho más rápido que a esta velocidad. Guouu ¿A qué es una pasada? ¿No sientes la adrenalina?

–¡Siento miedo! –Respondió llevándose su mano derecha a su pecho.

–Mira… mira a ese idiota…  –Indicó con el dedo al borde de la carretera– haciendo autostop… jajaja vaya pringado… ¡Desgraciado! –Le gritó Ethan al hombre anciano que estaba haciendo autostop.

–Pobre hombre… ¡No seas cruel!

–Perdona cariño, tan sólo era una broma para hacerte olvidar el miedo. Ya estamos llegando.

–No tiene gracia que te rías de la gente humilde que no puede permitirse tener un coche.

–Tienes razón… no ha estado nada bien… quizás algún día le pida perdón si lo vuelvo a ver.

–Ya claro… –Carlota no le creía. Era un caso perdido este Ethan, no le habían enseñado a respetar a las personas, le faltaba educación.

–Ya llegamos.

Llegaron al aeropuerto, pero esta vez Ethan decidió dejar su coche en el aparcamiento exterior, que era gratuito.

Final del capítulo.

Temptationxxx

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