Descubriendo a mi vecina Sofía

Me llamo Andrés y los hechos que os voy a contar sucedieron un par de años atrás. En esa época yo tenía 27 años y vivía en un bloque de pisos cerca del centro de Madrid. Trabajaba en una empresa de publicidad donde estaba a cargo del departamento de diseño gráfico. Por aquel entonces yo salía con una chica, Sara, de 23 años. Morena, de pelo largo castaño, ojos oscuros y un cuerpo esbelto fruto de su pasión por el gimnasio. Y en el plano sexual era una mujer ardiente y de mentalidad abierta, no le hacía ascos a nada. Trabajaba como dependienta en una tienda de ropa. Llevábamos ya dos años saliendo y de momento la cosa iba viento en popa.

Todo empezó una mañana de finales de agosto. Estaba de vacaciones y volvía del gimnasio cuando me encontré un camión de mudanzas en la puerta de mi bloque. Unos operarios estaban subiendo un sofá por las escaleras mientras una chica intentaba levantar una pesada caja para meterla en el ascensor. Mis ojos instintivamente se dirigieron al espléndido trasero que marcaban las mallas que llevaba puestas. Recobre la compostura y corrí raudo en su auxilio.

-Permíteme que te ayude, esta caja parece pesar como un muerto.

-Sí gracias…he intentado levantarla yo sola pero ya veo que no puedo. De verdad no te importa?

-Que va mujer. Para eso estamos los vecinos, para ayudarnos mutuamente. Venga, coge esa de ahí y así aprovechamos el viaje. A qué planta vamos?

-A la última.

-Anda, entonces vamos a ser vecinos de rellano. Debes de ir al piso que está al lado del mío, es el único vacío de esa planta.

-Vaya, pues que coincidencia pero me alegro. Así ya sé en qué puerta debo llamar cuando tenga que subir una caja pesada jajaja.

-Será un placer. Por cierto, me llamo Andrés.

-Sofía. Encantada.

Mientras salíamos del ascensor y nos dirigíamos a su casa la observé. Era una chica algo más joven que yo (23 años según me contó ella), de 1,70 de altura, media melena rubia, de piel clara y ojos verdes todo fruto de su ascendencia germánica. Su madre era alemana y había conocido al que sería su padre durante unas vacaciones y ya no había regresado a su país. Pese a llevar una camiseta bastante holgada se adivinaban unas buenas formas bajo la tela. Excepto por su culo, claro, que marcaban las mallas que llevaba y que era digno de admiración.

Al llegar al piso, dejamos las cajas y allí me presentó a su pareja. Carlos era un chico de su misma edad, de estatura media y pelo negro. Era bastante atractivo y me pareció un buen tío. Me agradeció la ayuda prestada a su chica y como no tenía ningún plan más para aquel día, me ofrecí a echarles una mano, cosa que aceptaron gustosos. Me pasé el resto de la mañana ayudándoles y entre viaje y viaje Sofía y Carlos me explicaron cómo habían acabado allí. Los dos se conocían desde el instituto donde empezaron a salir juntos. Al acabar los estudios él encontró trabajo como instalador de sistemas de refrigeración y ella como administrativa, alquilaron un piso y se fueron a vivir juntos con apenas veinte años. Pero la crisis les dio de lleno y ambos perdieron su trabajo. Y cuando estaban a punto de darse por vencidos a Carlos le salió un empleo en la capital y aunque eso suponía trasladarse lejos de su hogar y sus familias no lo dudaron. Sofía confiaba en encontrar pronto un empleo para colaborar con un sueldo ya que la vida allí era bastante más cara que en León de dónde ellos venían.

Nos despedimos a la hora de la comida. La tarde pasó sin pena ni gloria hasta pasadas las ocho que fue cuando llegó mi chica. La estuve poniendo al día con el tema de los nuevos vecinos mientras ella se cambiaba de ropa y comentándole el hecho que procedían de su misma ciudad. Me encantaba verla desnudarse y pasear semidesnuda por la habitación y a ella que yo la mirase. Como tantas otras veces me empalmé viéndola así. Debido al calor sólo llevaba un pantalón corto dónde se marcaba mi erección. Me acerqué  y abracé por detrás a Sara, acariciando sus pechos y pegando mi polla  a su culo. Mi boca buscó su cuello y una mano bajó hasta adentrarse dentro de su braguita y empezó a acariciar su sexo que ya estaba húmedo. Sara empezó  a gemir mientras mis dedos se adentraban en ella y su culo empezó a frotarse contra mi polla que ya estaba dura como una piedra. Y en esas estábamos cuando sonó el timbre de la puerta. Nosotros seguimos a lo nuestro pero volvieron a insistir. Nos separamos a regañadientes y fui a ver quién puñetas era.

Al abrir la puerta, me encontré con mis dos vecinos nuevos. Carlos parecía apurado y Sofía ligeramente ruborizada y lanzaba miradas de refilón a mi entrepierna. Ahí fue cuando me di cuenta de que había abierto la puerta con mi pecho desnudo mostrando mi torso cuidado por el gimnasio y un pantalón corto que marcaba la tremenda erección que me había provocado Sara unos momentos antes. Y la cosa no mejoró cuando apareció Sara preguntando que quién era. Se había vestido como suele hacerlo cuando está por casa. Se había puesto una camiseta de tirantes que le iba un poco larga pero no lo suficiente como para esconder el hecho de que debajo solo llevaba sus braguitas. Sin contar con el hecho de que no llevaba sujetador y se le marcaban de forma exagerada los pezones. A Carlos un poco más y se le salen los ojos y a Sofía los ojos se le iban de mi polla a los pezones de mi chica.

-Buenas vecinos, dije intentando romper aquel silencio incómodo, os presento a mi novia Sara.

Ésta se acercó  y les dio dos besos en la mejilla sin dejar de sonreírles y haciendo el ambiente un poco menos tenso. Yo mientras aproveché para echarle un vistazo a Sofía. Se había cambiado de ropa y ahora lucía un vestido veraniego dónde se adivinaban unos pechos firmes y duros, un vientre liso y unas piernas largas y torneadas.

-Bueno y cuál es el motivo de vuestra visita?

-Ah sí, verás, es que queríamos agradecerte tu ayuda y veníamos a invitarte a cenar el viernes por la noche…bueno a los dos que no sabíamos que tenías pareja dijo Carlos.

-Bueno, por mí no hay problema…tú qué dices cariño?

-Por mi perfecto, no teníamos ningún plan hecho…luego si queréis podemos ir a un bar musical que hay por aquí cerca y así os enseñamos un poco el ambiente que hay por aquí.

-Genial, os parece bien quedar a las diez? Preguntó Carlos.

-Perfecto.

-Pues nos vemos el viernes, no os molestamos más. Hasta luego.

En cuánto cerramos la puerta Sara se abrazó a mí y empezó a acariciarme la polla por encima del pantalón.

-Qué te han parecido los vecinos? Te suenan de algo?

-De nada, pero no es de extrañar. También hace tiempo que salí de allí. Al menos parecen majos y, bueno, hay que reconocer que ella ésta muy buena. Te has dado cuenta de que no te ha quitado ojo de la polla?

-Pues anda que él, un poco más y se le salen los ojos cuando te ha visto así vestida. También lo consideras atractivo?

-Joder y tanto. Me ha puesto súper cachonda ver cómo me comía con la mirada.

-Pues no eres la única…has oído eso?

Nos quedamos en silencio y pudimos escuchar gemidos provenientes del piso de al lado. Se ve  que a nuestros vecinos también se habían calentado con la situación. No habían aguantado más y habían dado rienda suelta a su pasión nomás entrar en su casa.

Sara se desnudó en un santiamén y se arrodilló ante mí. Me bajó el pantalón y empezó a comerse mi polla con auténtica pasión mientras su mano se perdía entre sus piernas. En el piso de al lado continuaban los gemidos de placer, lo que hizo excitar más a mi chica.

-Joder, no aguanto más, fóllame junto a la pared para que nos oigan. Enséñales cómo se folla de verdad…

La cogí por la cintura y la empotré contra la pared. Sus piernas rodearon mi cintura mientras mi polla se abría paso en su coño empezando a penetrarla de forma frenética. Al otro lado los gemidos se sucedían y a buen seguro que debían estar escuchando los nuestros, sobre todo los de Sara que no se estaba cortando un pelo. Al minuto o así sentimos a Carlos avisar de su corrida y algún reproche apagado de Sofía. Nosotros continuamos a los nuestro. Bajé a Sara y le di la vuelta, quedando sus manos apoyadas en la pared y su grupa a mi disposición. La empalé por detrás dando rienda a nuestra pasión. Ahí fue cuando volvimos a escuchar gemidos en el otro piso. Era la voz de Sofía. Parecía que se había quedado a medias y había decidido acabar ella lo que no había podido hacer Carlos.

En mi mente apareció la imagen de Sofía desnuda, con la espalda apoyada en la pared, abierta de piernas y con sus manos frotándose sus pechos y su coño. Abriendo sus labios y frotando su clítoris inflamado. Chupando sus dedos y metiéndolos en su mojado coño. Todo eso me puso a mil, aceleré mi ritmo y seguí follando a Sara de forma salvaje. Sara empezó a gritar anunciándome su inminente orgasmo y cuando éste le llegó, sentí al lado como se corría también Sofía. Esa imagen provocó mi inminente corrida, me saqué la polla y empecé a lanzar mi semen por la espalda y culo de Sara. Caímos los dos rendidos al suelo agotados por el esfuerzo.

-Menudo polvo cariño, creo que empiezan a gustarme nuestros nuevos vecinos.

2

Al día siguiente me desperté al sentir como se arreglaba mi chica para ir al trabajo. Me levanté desnudo como estaba para despedirme de ella y desearle un buen día.

-Joder vaya formas de venir a despedirme, así no dan ganas de irse de casa.

-Qué pasa que no tuviste bastante con lo de ayer?

-Ya sabes que nunca tengo bastante de esto dijo agarrándome mi polla morcillona. Será mejor que me vaya antes que me líes…

Nos dimos un morreo y salió por la puerta. Ya me daba media vuelta para ir a darme una ducha rápida cuando sentí a Sara saludando a alguien.

-Buenos días Sofía, sí que hemos madrugado hoy.

-Hola Sara. Sí, me gusta aprovechar el día. Vas al trabajo?

-Ya ves, qué remedio. Me ha tocado pringar todo agosto. Jo, ayer os pusisteis bien las botas eh pillines…

-Cómo dices?

-Tranquila, que no pasa nada. Si supongo que vosotros también debisteis escucharnos a nosotros. Nos pusimos a cien al escucharos y follamos como hace tiempo que no hacíamos.

-Uff… qué vergüenza.  Lo siento es que no sé qué decir…

-Jajaja pues que te pusiste cachonda perdida al ver el paquete de Andrés jajaja. Si no pasa nada. A mí también me gustó que me mirara tu chico…

-No, no él no…

-Tranquila chica, que vas a explotar de lo roja que te has puesto jajaja…si es una cosa normal nuestros chicos están como un queso y dan ganas de follárselos que nadie es de piedra verdad? A ver, a ti te parece atractivo Andrés?

-Bueno guapo no voy a negar que es…oye, pero tú no te cortas un pelo eh…jajaja.

-Ya verás que no, siempre directa…oye, haces algo esta tarde? Es que acabo antes hoy y si te apetece quedamos y te enseño un poco esto antes de ir al gimnasio.

-Por mí bien. Y ese gimnasio está bien? Quiero apuntarme a uno pero aún no he tenido tiempo de mirarme nada.

-Pues nada, esta tarde te vienes conmigo y te enseño al que vamos nosotros y así ves qué te parece. Pásame el móvil y ya vamos quedando que si no voy a llegar tarde.

-Ok apunta…

Se intercambiaron los móviles y se despidieron. Joder con Sara, no se cortaba un pelo. Toda esta conversación hizo que me empalmase del todo y tuve que pajearme en la ducha para rebajar el calentón. Por segunda vez volvió  a mi mente la imagen de Sofía masturbándose mientras nos oía follar a Sara y a mí y con esa imagen volví a correrme de forma copiosa.

Después de la ducha, me vestí y fui al gimnasio. Cuando volvía me llegó un mensaje de Sara diciéndome que no la esperase para comer, que había quedado con Sofía para comer y conocerse mejor. Luego se pasarían para cambiarse e iba a enseñarle el gimnasio a ver si se animaba a apuntarse. Comí algo ligero y me puse a ver un rato la tele y, como era de esperar, me quedé traspuesto. Me desperté pasadas las cinco y me levanté para ir al baño. Allí estaba cuando sentí que se abría la puerta y entraban en el piso Sara y Sofía.

-Que no tía, que no me importa. Vamos a la habitación y allí te busco algo que te vaya bien.

-Es que con el lío de la mudanza aún tengo cajas por desembalar y seguro que estará en una de ellas.

-Nada no te apures, si más o menos usaremos la misma talla. Andrés!! Estoy en casa!

Iba a contestar pero en el último momento decidí guardar silencio. Sentía curiosidad por escuchar de qué hablaban las chicas y conmigo delante, seguro que se cortaban. Y además, con un poco de suerte, lo mismo podía ver cómo se cambiaba Sofía. Sólo por eso valía la pena correr el riesgo.

-Vaya, parece que no está. Mejor, así estaremos más tranquilas.

Se fueron las dos al dormitorio y empezaron a abrir armarios. Yo aproveché para salir del baño y salir sigilosamente al balcón que compartía salida en el comedor y el dormitorio. Con un poco de suerte a través de la cristalera podría ver lo que sucedía dentro. Me asomé furtivamente y pude ver a las dos chicas sacando prendas deportivas del armario. La puerta del balcón estaba semiabierta y podía escuchar lo que hablaban.

-A ver, yo creo que esto te sentará bien. Pruébatelas a ver que tal.

-Dónde queda el baño?

-Para cambiarte? Anda y no seas mojigata, si estamos en confianza y solas. Yo también voy a aprovechar para cambiarme, a ver si salimos pronto para el gimnasio.

Mientras Sofía dudaba Sara  empezó a despojarse de su ropa quedándose en braguitas. Sofía pareció resignarse y empezó a desnudarse. Se despojó de su camiseta de tirantes, se desabrochó sus shorts que dejó deslizar por sus largas piernas y se quedó en ropa interior. Sara se la quedó mirando y se acercó a ella.

-Irás más cómoda si te quitas esto le dijo mientras hábilmente le desabrochaba el sujetador liberando sus tetas a las que no quitaba ojo desde mi escondite. Eran un pelín más grandes que las de mi chica, tenía unas areolas rosaditas y grandes y unos pezones oscuros que contrastaban con la blancura de su piel. A Sara también debieron gustarle porque no dudó en tocárselas.

-Ostia tía, menudas tetas te gastas. Y naturales por lo que veo, mientras no dejaba de acariciarlas. Debes tener a Carlos bien contento con este par jajaja.

-Pues nunca se ha quejado la verdad…pero oye tú no te cortes eh…

-Y no lo hago jajaja…si quieres puedes tocar las mías y así estamos en paz. Venga, si no me importa le dijo cogiendo su mano y llevándola hasta su propia teta. Qué te parecen?

-Hace mucho que no toco unas que no sean las mías… son suaves y firmes…uff pero tu pezón está bien durito guarrilla.

-Pues anda que los tuyos… estás toda cachonda eh…seguro que hasta te has mojado ahí abajo… le dijo mientras sin cortarse un pelo bajó su mano hasta introducirla dentro de la braguita de Sofía. Ya te digo, estás empapada bonita.

Sofía dio un respingo cuando notó que la mano llegaba a su sexo pero no hizo ademán de apartar la mano. Sara envalentonada empezó a mover su mano acariciando el coño de su nueva amiga que parecía disfrutar del trato que ésta le dispensaba. Yo no daba crédito a lo que estaba viendo, tenía un empalme mayúsculo pero al estar en el balcón no podía hacer gran cosa por miedo a que me vieran. Sofía empezó a gemir y su mano buscaba algo dónde agarrarse para no caerse del gusto que tenía.

Sara se percató de ello, la giró y la dejó caer encima de la cama. Se acercó a Sofía que la esperaba con la mirada llena de deseo. Pero esta vez no se iba a conformar con meterle la mano dentro de sus braguitas. Las agarró por los bordes y se las fue bajando con la colaboración de Sofía que levantó su culito para facilitar la tarea. Sara se quedó contemplando a su presa desnuda y yo aproveché para observar el coño de mi vecina. Lo llevaba recortado, solo tenía una franja de vello rubio alrededor de su rajita y se podía apreciar la humedad que emanaba de su interior. Sin más preámbulos, Sara empezó a besarle la parte interior de sus muslos subiendo sin prisa pero sin pausa hasta llegar a su coño. Sofía la estaba esperando. Cuando notó su lengua recorriendo sus labios sus manos sujetaron la cabeza de Sara para que no pudiera escapar. Como si ella quisiera…

Los gemidos de Sofía se escuchaban claramente desde donde estaba yo escondido, espectador de lujo de aquel espectáculo lésbico. La lengua de Sara lamía con avidez sus labios hasta llegar a su clítoris que chupeteó sin descanso mientras  dos sus dedos penetraban el interior de su vagina sin tregua. Sofía se arqueaba en la cama muerta de placer. Sus manos dejaron la cabeza de mi chica, segura ya de que no iba a ir a ningún lado, y empezó a acariciarse las tetas de forma frenética. Sara mordisqueó su clítoris y un tercer dedo se coló en un interior. Esto ya fue demasiado para Sofía que  exhaló un gemido largo que anunciaba que se acaba de correr.

Sara se separó lentamente del coño que acababa de comerse, se acercó a sus labios y se fundieron en un tórrido morreo. Mientras Sofía se recuperaba Sara se quitó las bragas.

-Joder tía mira como me las has dejado, están empapadas…venga vamos a vestirnos que tenemos que ir al gimnasio y Andrés estará al caer. Como te pille así te va a dar polla hasta mañana jajaja. Toma, te presto también unas braguitas que esas no te las puedes poner.

Se vistieron entre risas con unas mallas y unos tops ajustados que marcaban de forma exagerada los pezones a ambas y se fueron al gimnasio.

Sentir la puerta cerrarse y ya estaba yo desnudo en la cama, una mano en mi polla y la otra sujetando las braguitas de Sofía, que había recuperado del cesto de la ropa sucia, embriagándome con el olor de su sexo. Me corrí de forma salvaje. Estaba tumbado en la cama recuperándome un poco cuando sonó un mensaje en mi móvil. Era Sara.

-Espero que hayas disfrutado con el espectáculo!!

quispiam

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