Descubriendo a mi vecina Sofía 3

Al día siguiente me desperté temprano. Había quedado con Sofía a las diez para acompañarla a su entrevista de trabajo. Me di una ducha rápida y me dirigí a la cocina para desayunar algo antes de vestirme, aún era pronto. Allí me encontré con Sara que estaba ya acabando de desayunar y se preparaba para irse a trabajar.

-Buenos días cariño le dije mientras le daba un beso.

-Buenos días. ¿Con ganas de pasar un rato con nuestra vecinita?

-Uff…la verdad es que después de lo de ayer no sé cómo va ir la cosa.

-Pues la cosa mejora por momentos jajaja. ¿Te acuerdas que ayer le envié los vídeos que grabaste mientras follábamos?

-Como para no acordarme. La verdad es que tenía mis dudas sobre enviar esos vídeos.

-Pues que no te queden dudas. Mira.

Y me enseñó su móvil dónde figuraban varios mensajes enviados por Sofía a las tantas de la madrugada.

-00,30 Me has dejado a cuadros. Vaya guarrilla que estás hecha tía jajaja menudo polvo te han pegado.

-00,35 Vaya polla que se gasta Andrés…menuda suerte tienes…

-01,00 Joder tía, eso  no se hace. He visto el vídeo como cinco veces ya…y estoy súper cachonda.

El último mensaje era un vídeo enviado a las 2,00. Le di al play y lo que vi hizo que mi polla se despertara de golpe. Sofía estaba en el sofá del salón, supongo que para no despertar a Carlos, totalmente desnuda. Tenía una pierna apoyada en el suelo y la otra subida en el respaldo del sofá mientras una de sus manos jugaba con su teta y la otra se perdía en el interior de sus muslos. Su cara de vicio era tremenda, se notaba que estaba súper cachonda. Su mano amasaba su pecho con lujuria y se pellizcaba su pezón que parecía a punto de reventar. La otra mano frotaba sus labios y su clítoris de forma frenética mientras intentaba ahogar sus gemidos de placer. Pero aún necesitaba más. La mano que jugaba con sus tetas bajo hasta su sexo y abrió sus labios donde inmediatamente entraron dos dedos que iniciaron un mete saca salvaje que hicieron que en poco rato su dueña se corriera entre gemidos ahogados quedando medio desfallecida en el sofá. Al poco se levantó y se acercó hasta dónde había dejado el móvil. Al acercarse se podía apreciar el brillo de sus flujos corriendo por el interior de sus muslos y al agacharse para parar la grabación me obsequió con un primer plano de sus preciosas tetas que brillaban fruto del sudor.

-¿Qué te ha parecido?.

-Tremendo…mira como me ha puesto la polla, la tengo a punto de reventar.

-¿Te has dado cuenta de lo que decía mientras se corría?

-No, me estaba fijando en otras cosas.

Lo volví a poner, puse el volumen al máximo y presté atención. Esta vez sí oí lo que se le escapó mientras se corría.

-¡Me corro Andrés! ¡Lléname con tu leche!

Estaba alucinando. Sofía se había corrido pensando en mí. Sara se rió al ver la cara que se me había quedado, se acercó y cogió su móvil para irse a trabajar no sin antes acariciarme mi polla tiesa.

-Anda, alíviate un poco que haber que va a pensar Sofía como te vea así jajaja. Me dio un beso y se fue.

Y eso hice. Menudo pajote me pegué en honor a mi vecinita. Y el día no había hecho más que empezar.

Me vestí y salí antes de la hora prevista a buscar a Sofía. Justo cuando iba a tocar el timbre se abrió la puerta y me encontré con Carlos.

-Hola Carlos, venía a buscar a Sofía para ir a la entrevista de trabajo.

-Buenas. Se está acabando de arreglar, pasa al salón y espérala dentro. Yo salgo que tengo que hacer unas gestiones antes del lunes que ya empiezo a currar. Oye, muchas gracias por la entrevista. Sofía está muy ilusionada.

-Nada, si la cosa sale bien salimos ganando todos.

-Pues venga, pasa y nos vemos luego. Chao.

Entré al salón y me senté en el sofá a esperar a ver si salía Sofía. Poco rato duré sentado. Enseguida vinieron a mi mente las imágenes de ella masturbándose y mi polla empezó a cobrar vida propia. Me levanté intentando huir de esas visiones y me acerqué al aparador a observar fotos familiares de la pareja. En esa pared debió estar Sofía la otra noche escuchándonos follar a Sara y a mí. Joder, joder, joder. Como siguiera así me iban a pillar con un empalme de campeonato. Decidí acercarme al pasillo para avisarla que Carlos me había dejado pasar y ver si le quedaba mucho. Craso error.

Me dirigí convencido al final del pasillo donde sabía que estaba la habitación de matrimonio seguro de encontrarla allí, pero al pasar por una de las habitaciones más pequeñas la vi. Habían adaptado aquella habitación como ropero y allí estaba ella…en ropa interior. Me quedé parado en medio del pasillo mirando al interior de la habitación que tenía la puerta completamente abierta. Mirando cómo se ponía una blusa blanca encima de su sujetador también blanco, se abrochaba los botones y se ajustaba su escote. Mirando cómo se sentaba en una butaca que allí había para colocarse unas medias negras que le llegaban a medio muslo. Mirando cómo se levantaba, cogía una falda negra y, de espaldas a mí mostrándome su precioso culo embutido en unas braguitas blancas, levantando una pierna y luego la otra fue subiendo la falda por sus estilizadas piernas hasta ocultar su ropa interior. Cuando fue a coger la chaqueta a juego con la falda y los zapatos reaccioné y salí pitando de allí antes de que me pillaran. Me recoloqué el paquete como pude y decidí avisarla de mi presencia.

-Sofía, que Carlos me ha dejado entrar. Te estoy esperando en el salón.

-Hola Andrés, sí que has venido pronto. Estaba acabando de arreglarme. Cinco minutos y salgo.

Como si eran diez. Cuanto más tardara más tiempo para que me bajara el empalme. Estuve dando vueltas hasta que apareció algo más de diez minutos más tarde. Por suerte mi polla había perdido parte de su vigor y no marcaba demasiado. Y digo por suerte porque lo primero que hizo Sofía fue acercarse a darme dos besos y de paso abrazarme para darme otra vez las gracias por aquella oportunidad que le había ofrecido. Volver a sentir aquellas tetas apretándose contra mi pecho volvía a amenazar que mi polla volviera a cobrar vida así que procuré separarme rápido.

Cogimos nuestras cosas y fuimos a buscar mi coche. El trayecto fue bastante ameno, aproveché para ir enseñándole los lugares típicos de la ciudad y recomendándole locales dónde ir a comer o tomar algo. Y también para conocernos mejor. Hablamos de nuestros gustos, aficiones…la verdad es que me encontraba muy cómodo con ella, teníamos muchas cosas en común y era una chica muy alegre y simpática y era difícil no congeniar con ella. Y ese exceso de confianza fue lo que me llevó al siguiente percance.

Nos paramos en un semáforo en rojo. Sofía me estaba comentando lo nerviosa que estaba por la entrevista y yo, con toda mi buena fe, quise apoyar mi mano en la suya para darle ánimos y que se tranquilizara. Pero al tener la vista fija en el semáforo pasó lo que tenía que pasar…que fallé.

Mi mano fue a parar a su muslo izquierdo justo donde acababa su falda que se le había subido al tomar asiento en el coche. Los dos nos quedamos callados y como paralizados excepto por mi mano que pareció cobrar vida propia y empezó a acariciar su pierna en trayectoria ascendente arrastrando consigo la falda que fue subiendo hasta dejar al descubierto el muslo que no estaba cubierto por sus medias. Allí mi mano se entretuvo acariciando aquella carne tersa y a la vez suave, sintiendo el calor que emanaba de un poco más arriba en la parte aún oculta y que mi mano deseaba descubrir. Por suerte o desgracia, en aquel momento se puso el semáforo en verde y mi mano abandonó su muslo para aferrar el cambio de marchas.  No dijimos nada ni en ese momento ni en los diez minutos que tardamos en llegar al edificio donde trabajaba. Eso sí, ni yo hice ningún intento por ocultar la erección que me había provocado la situación ni Sofía hizo ningún ademán de bajarse la falda para cubrir sus muslos ni taparse con la chaqueta para ocultar sus pezones que se marcaban en su blusa.

Dejamos el coche en el parking del edificio y subimos en el ascensor hasta la planta donde estaba la empresa para la que trabajaba. En el ascensor rompí nuestro silencio para darle consejos sobre cómo abordar la entrevista y al entrevistador, mi jefe Pedro. De camino a su despacho saludé a los pocos compañeros a los que les había tocado trabajar en agosto, que se nos quedaron mirando preguntándose quien sería la chica que me acompañaba.

-Buenas Pedro. Mira, te presento a Sofía. Es la vecina que te comenté que te traería para la entrevista.

-Encantado Sofía, dijo levantándose y dándole dos besos. Bueno, ¿preparada para la entrevista?

-Claro, cuando quieras.

-Bueno, yo os dejo tranquilos. Voy a mi despacho a ponerme un poco al día. Y mucha mierda Sofía le dije guiñándole un ojo y saliendo del despacho.

Fui a buscar un café y allí aguanté estoicamente las chanzas de mis compañeros y las preguntas incisivas sobre quién era la chica con la que había venido. Les conté lo que ya todos sabéis y quedé que, si todo salía bien, luego pasaría a presentársela.

Me fui a mi despacho y me puse sin ganas a revisar proyectos, correos pendientes y las previsiones para los meses venideros. Tuve que esperar más de una hora para saber algo de Sofía, cada minuto que pasaba me temía lo peor. Pero cuando entraron los dos por la puerta de mi despacho supe enseguida que la cosa había ido bien. Lucía una sonrisa de oreja a oreja y, como tenía por costumbre, volvió a abrazarme diciéndome que la habían contratado y dándome repetidamente las gracias.

-Bueno, ya veo que ha ido todo bien. Habéis tardado tanto que había empezado a preocuparme.

-Que va, si es un crack. A los quince minutos ya estaba contratada. Hemos aprovechado el tiempo para conocernos mejor y aprovechar para ponerte verde jajaja.

-Que cabrones jajaja. ¿Y cuando puede empezar?

-Ya tengo todos los papeles. Puedes empezar el lunes si te va  bien a ti Sofía.

-Como si quieres que empiece mañana, estaré encantada.

-No hace falta correr tanto, el lunes ya va bien así éste te ayudará a ponerte al día. Bueno, me voy a trabajar un poco. Bienvenida a la empresa Sofía.

Cuando Pedro se fue, acompañé a Sofía y le presenté al resto de compañeros que estaban allí. La dejé en la cafetería rompiendo el hielo con los que, a partir del lunes, serían también sus compañeros. Yo volví a mi despacho para recoger mis cosas y darle un poco de espacio para que se conocieran mejor. Quince minutos después estaba de vuelta en mi despacho.

-Pensaba que te habías ido sin mí.

-Nunca haría eso. Tenía cosas que hacer. Bueno, ¿qué te han parecido tus compañeros?

-Gente maja. ¿Ya has acabado?

-Sí. Bueno, ahora tenemos algo pendiente tú y yo ¿no? Te recuerdo que me debes una comida y no pienso perdonártela.

-Jajaja…tranquilo que no lo había olvidado. Elige el sitio que yo aún no me conozco esto.

Y así, entra risas y bromas, salimos a la calle a un restaurante cercano donde solía comer habitualmente cuando estaba en la oficina. Cogimos sitio en un lugar tranquilo, pedimos y disfrutamos de la comida. La incomodidad que habíamos tenido en la última fase del viaje en coche había quedado atrás y volvíamos a tener una conversación amena y alegre. Pero por mi mente aún pasaban las imágenes de lo ocurrido allí y no estaba del todo satisfecho con lo que había pasado. Me habían gustado las sensaciones que sentí al tocar su piel, notar el calor de su sexo. Pero no quería que ella se llevara una opinión equivocada de mí, no quería que pensara que me había aprovechado de ella y menos ahora que iba a ser su superior directo. Tenía que hablar con ella sobre ese asunto y aclarar ese malentendido.

Y cuando me disponía a sacar el tema sonó su móvil. Era Sara. Estuvieron diez minutos conversando alegremente explicándole lo bien que le había ido la entrevista y quedando para después para ir al gimnasio juntas. Cuando colgó el momento de sacar el tema del coche se había esfumado. Pedimos la cuenta ya que con el buen rollo se nos había ido el tiempo y llevábamos allí dentro más de dos horas.

-Venga, vamos a buscar el coche que te llevo a casa.

-Si no te importa, acércame a algún centro comercial que esté cerca. Quiero comprarme algo de ropa para el trabajo, ya sabes para no desentonar mucho con las demás. Luego ya volveré en taxi.

-De eso ni hablar. Mira, te voy a llevar a un centro que está un poco más lejos pero allí hay un local donde trabaja Sara y tienen ropa a buen precio. Y así de paso la recojo cuando acabe y tú no tienes que  volver en un taxi cargada de paquetes. ¿Qué te parece?

-Por mi genial. De verdad, te estas portando fenomenal conmigo y no sé cómo agradecerte todo lo que estás haciendo por mí.

-No hay nada que agradecer, tonta. Si en el fondo soy un egoísta, esto lo hago por ganarme puntos con Sara. A ver si esta noche me da las gracias por portarme tan bien…le dije guiñándole un ojo.

-Jajaja…vaya pillo que estás hecho. Ya me imagino que tipo de recompensa esperas jajaja. Ya le diré que se porte bien contigo…

-Se agradece, todas las recomendaciones son buenas jajaja.

Y así, entre bromas y chanzas, emprendimos el viaje a la tienda donde trabajaba Sara.

6

Llegamos al centro comercial media hora más tarde ya que, por suerte, a esas horas no había mucho tráfico. Guié a Sofía entre los locales hasta llegar a la tienda donde trabajaba Sara. Cuando entramos, tal como esperaba por la temprana hora que era de la tarde y siendo agosto, la tienda estaba vacía. Enseguida se nos acercó una chica para ofrecernos su ayuda pero enseguida me reconoció.

-Andrés, cuánto tiempo. ¿Qué haces por aquí a estas horas? Sara ha salido un momento a buscar unos cafés pero enseguida vuelve.

-Hola Alicia. Ya hacía tiempo que no venía. Ya sabes, los horarios que no nos cuadran. Hoy está tranquila la cosa, ¿no? Mira, te presento a una amiga Sofía. La he acompañado porque quería mirarse algunas cosas y he pensado que Sara la podía ayudar. Aunque tú también me vales eh…

-Hombre, gracias por la confianza jajaja. Encantada Sofía dijo dándole dos besos. Cuidado con este bribón que con esa cara de no haber roto nunca un plato te engatusa de unas maneras…

-Ya me voy dando cuenta ya…jajaja.

-Bueno guapa, dime qué buscas dijo mientras cogía del brazo a Sofía y se perdían en el interior de la tienda.

En éstas que sentí que se abrían las puertas de la tienda, me giré y allí estaba Sara. Le cogí los cafés y le di un pico.

-¿Qué haces por aquí?

-He venido con Sofía. Quería comprarse ropa para el trabajo nuevo y  he pensado en traértela para que le eches una mano.

-O las dos jajaja…tú lo que quieres es que le vuelva a meter mano pillín…

-Pues no lo había pensado, pero estaría bien. Y no creo que a ti te moleste…¿me equivoco?

-Ni una pizca jajaja. ¿Dónde está?

-Está por ahí dentro con Alicia.

-Ufff pues voy corriendo que ésta es capaz de cualquier cosa…a saber si no la ha metido ya en un probador a meterle mano jajaja.

-Y la creo capaz. Aún me acuerdo de la última vez que participó en nuestros juegos.

-Y ella también se acuerda, alguna vez me ha dicho que haber cuando la volvemos a invitar. Sabes, si te portas bien, igual te dejo que juegues un rato hoy…

-Pues entonces prometo portarme bien jajaja.

Sara partió en busca de las chicas y yo me puse a mirar los estantes de ropa, deambulando por la tienda. Al cabo de un rato llegué a la zona de los probadores donde Alicia iba trayendo conjuntos que dejaba al lado del probador. Intuí que Sofía y Sara debían estar dentro. Sólo imaginarlo hizo que mi pene reaccionara. Me acerqué a la pila de ropa pendiente de probar y eran todo trajes y blusas de vestir. Necesitaba distraerme para no pensar en lo que pasaba en el interior del probador así que volví  a pasear por la tienda. Llegué a la zona donde exhibían vestidos de noche y enseguida uno captó mi atención. Un vestido negro de tirantes, con escote en uve, que llegaba a la altura de la rodilla pero con una generosa apertura lateral. Supe al instante que quería ver a Sofía dentro de ese vestido.

Lo cogí y lo deposité en la pila de ropa. Alicia lo vio y sonrió. La siguiente vez que se abrió la cortina, salió Sara y se quedó mirando el vestido. Me miró y le susurré que era un regalo. Ella comprendió enseguida y le dijo a Sofía que esperara un momento que enseguida volvía. Tardó poco en volver con un conjunto de lencería negro. Me guiñó un ojo y me dijo que ella también quería hacerle un regalo. Se adentró en el probador pero no acabó de cerrar la cortina, dejándola un palmo abierta. Suficiente como para que a través de los espejos interiores del probador  ver lo que sucedía dentro perfectamente.

-¿Y esto? No recuerdo haberlo cogido dijo Sofía señalando el vestido.

-No, esto es un regalo de Andrés. Y éste  es mío dijo mostrándole la lencería.

-Es demasiado, no lo puedo aceptar empezó a protestar.

-Anda, no seas tonta. Te queremos hacer un regalo y ya está. Además, pruébatelo y después te quejas lo que quieras.

-Bueno, pero sólo me lo pruebo.

Se quitó la blusa y la falda que se había estado probando quedando en ropa interior. Mientras ella echaba sus manos detrás de su espalda para desabrocharse el sujetador, mi chica aprovechó para, agarrando los laterales de sus braguitas, bajárselas lentamente. Desde mi posición, al estar Sofía de espaldas, tuve una visión perfecta de su espalda perfecta y su culo firme. Alicia, que estaba de pie al lado del probador, se sentó a mi lado y se percató del espectáculo que estaba viendo.

-Ay pillín, estás hecho todo un voyeur… jajaja.

Sofía se dio la vuelta y me ofreció un primer plano de sus pechos y de su sexo. Sara se arrodilló y procedió a colocarle un tanga negro de encaje. Lo fue subiendo siguiendo el contorno de sus estilizadas piernas llegando a la altura de su sexo y antes de proceder a cubrirlo con la tela le dio un lametazo de abajo arriba que hizo vibrar a Sofía. Mi polla palpitaba debajo de mis pantalones y más cuando, sin esperarlo, Alicia puso su mano encima y empezó a masajearlo siguiendo su contorno.

Sara se puso en pie y antes de colocarle el sujetador lamió sus pezones que ya se veían duros fruto de la excitación. Sofía sujetó las copas mientras Sara se colocó a su espalda y antes de abrochárselo  volvió a acariciar sus pechos por encima de la tela mientras su boca lamía el cuello indefenso de Sofía. Yo tenía la polla a punto de reventar. Alicia, no teniendo suficiente con acariciarla por encima de la tela, desabrochó el pantalón y bajando el bóxer liberó mi miembro. Lo sujetó y empezó a masturbarme. Aquello no me pareció justo así que alargué mi mano y, recordando lo que había pasado esa mañana en el coche, empecé a acariciar su muslo por su cara interna subiendo su falda en mi camino hacia su coño.

En el probador, Sara seguía besando el cuello de Sofía y una de sus manos acariciaba sus pechos. La otra bajó por su vientre liso y se adentró en el interior del tanga acariciando su sexo. Los gemidos empezaron a escaparse de su boca incapaz de resistirse al placer. Yo también estaba disfrutando de lo lindo, la paja que me estaba haciendo Alicia me estaba matando y como siguiera así no iba a tardar en correrme. Decidí igualar las cosas. Mi mano alcanzó su coño, frotando por encima de la tela, notando la humedad que desprendía. Ella abrió más las piernas y mi mano se coló por el lateral de la braguita. Enseguida noté su clítoris inflamado que comencé a acariciar sin descanso. Ahora ella también gemía y aflojó un poco el ritmo de su paja.

Dentro, Sara debía estar penetrando con sus dedos la vagina de Sofía por la cara de vicio que ésta ponía. Sus manos buscaban a su espalda el cuerpo de mi chica para acariciarla y devolverle algo del placer que estaba recibiendo. Estaba al límite y su orgasmo estaba próximo. Como el nuestro. Mis dedos se adentraron en el interior del coño de Alicia y empezaron un mete saca que hizo que casi se olvidara de mi polla. Y entonces estalló Sofía. Con un gemido largo se corrió y se dejó caer encima de Sara que sacó sus dedos de dentro del tanga. Sin dudarlo se los llevó a su boca y bebió sus jugos que no parecieron disgustarle. Y a Sofía tampoco, ya que no dudó en girarse hacía ella y plantarle un morreo cargado de pasión.

El espectáculo dentro se había acabado y podían salir en cualquier momento, así que nos separamos y adecentamos como buenamente pudimos quedándonos con el calentón. Sofía, ya más recuperada, se probó el vestido mientras Sara le comentaba entre risas que ahora la lencería no podía devolverla por el estado en que se encontraba. La verdad es que el vestido le quedaba genial y mejor lo pude observar cuando salió del probador para enseñármelo y darme las gracias por el regalo. Con otro de sus abrazos. Lo que acabábamos de vivir, el olor a sexo que desprendía, sus pezones clavándose en mi pecho…si esta vez no notó mi erección clavada en su pubis fue un milagro.

Ella volvió al probador a quitarse el vestido.

-Alicia, recuerda que hay que revisar el material que ha llegado esta mañana en el almacén. Ahora que no hay nadie aprovecha. Y tú Andrés, pórtate bien y échale una mano dijo guiñándome un ojo.

Mensaje recibido. Nos fuimos los dos al almacén y nomás cerrar la puerta nos abalanzamos el uno sobre el otro comiéndonos la boca con lujuria mientras nuestras manos buscaban el cuerpo del otro. Nos adentramos tambaleándonos en el interior del almacén hasta llegar a su zona central dónde había una mesa. Empuje a Alicia sobre ella dejando su espalda apoyada en la madera. Subí su falda hasta su cintura y le quité sin ningún miramiento su braguita que estaba impregnada de sus jugos. Mi lengua recorrió su rajita hasta alcanzar su abultado clítoris que lamí con frenesí. Ella no se cortaba un pelo y gemía de placer mientras sus manos aferraban mi cabeza forzándome a seguir saboreando aquel dulce manjar. Le metí dos dedos que se deslizaron en su interior con suma facilidad gracias a lo empapada que estaba.

Y ahí fue cuando me pareció oír la puerta del almacén que se abría con sumo cuidado. Sin dejar de lado lo que estaba haciendo miré de refilón y vi entre las estanterías  la cara de Sofía que no daba crédito a lo que veía. Eso me calentó más si eso era posible. Los dos dedos se convirtieron en tres y tanto estos como mi lengua arreciaron sus acometidas provocando el primer orgasmo de Alicia que gritó a los cuatro vientos. Sin darle tiempo a recuperarse, me bajé de un tirón el pantalón y el bóxer liberando mi miembro. Lo acerqué a su vagina y esperé un rato para que mi vecina voyeur pudiera darle un buen vistazo a mis 19 cm de polla. Y entonces se la clavé de un golpe. El gemido de placer de Alicia fue antológico y por poco provocó que me corriera en ese instante. Se la volví a sacar del todo y otra vez se la clavé hasta el fondo. Aquello era una gozada.

Me dejé de juegos y empecé a penetrarla cada vez más rápido. Mis manos sujetaban sus caderas para que no se escapara mi presa mientras sus piernas se aferraban a mi espalda para evitar mi huida. Como si quisiera. De vez en cuando echaba fugaces vistazos a la estantería y vi que mi vecina no perdía detalle de lo que allí pasaba. Seguí empalando a Alicia cada vez más rápido, nuestros gemidos debían de oírse hasta dentro de la tienda y nuestro clímax se acercaba de forma vertiginosa. Alicia me gritó que ya estaba cerca, yo seguí embistiéndola y al minuto se corrió de forma escandalosa. Sus contracciones vaginales hicieron el resto y le llené el coño con mi esperma.

Me apoyé en la mesa para recuperar el aliento mientras Alicia se levantaba y su boca buscaba la mía para agradecerme el placer que acababa de brindarle. Nos arreglamos la ropa y abrimos la ventana para que se ventilara un poco la habitación. Detrás de las estanterías no había ni rastro de mi vecina. Salimos y comprobamos con alivio que por suerte no había entrado ningún cliente durante nuestra sesión de sexo desenfrenado. Buscamos a las chicas y las encontramos en la zona de los probadores metiendo en bolsas la ropa que había decidido comprar Sofía.

Nadie dijo nada, sólo Sara me guiñó un ojo cómplice de nuestras fechorías. Cogimos las bolsas y fuimos a caja. Tal como le había prometido, Sara y yo nos hicimos cargo del vestido y la lencería pese a las tímidas protestas de Sofía. Como aún quedaba algo de tiempo antes de que pudiera salir Sara, fuimos a tomar un café. Nos sentamos en una terraza a la sombra y me quedé mirando a Sofía que evitaba mi mirada. No quería incomodarla más así que empecé a sacar temas triviales para relajar el ambiente. Al poco ya volvíamos a disfrutar de un ambiente ameno y relajado entre los dos.

Cuando salió Sara del trabajo fuimos los tres a buscar el coche y nos dirigimos a casa. Las chicas fueron a cambiarse para ir al gimnasio y yo aproveché para darme una ducha rápida. Cuando salí Sofía ya había vuelto de su casa después de dejar las bolsas y cambiarse y las  escuché hablando en el salón.

-Ya te vale tía…mira que mandarme al almacén.

-Anda que sé que te ha gustado lo que has visto.

-Si no te digo que no…pero se avisa. ¿Y no te importa que Andrés vaya follándose a las tías así como así?

-Mujer, que la cosa no funciona así. ¿Te acuerdas que te dije que habíamos hecho tríos? Pues adivina quién era nuestra compañera de juegos…

-¿No me jodas que era Alicia?

-Pues claro. Hay confianza y por eso le he animado a que se divirtiera un poco. Él haría lo mismo por mí.

-Tía, me dejas sin palabras. Nunca había conocido a ninguna pareja como vosotros. No sé si escandalizarme o sentir envidia.

-Oye, envidia ninguna. Que si tú quieres también de lo dejo un rato. Que ganas no te faltan jajaja.

-No me tientes tía que no me vendría mal un polvazo así jajaja. Pero ya te dije que no pienso volver a mi vida anterior y quiero a Carlos, así que te lo agradezco pero no.

-Bueno, como quieras. Sigo creyendo que acabarás follando con Andrés pero respeto tu decisión. Y como te prometí, no intentaré nada con Carlos. Sólo haré lo que tú hagas, así que estoy segura que acabaré follándomelo.

-Muy convencida te veo pero estás equivocada. Anda, vístete ya que ya vamos tarde como siempre.

Recogieron sus bolsas y salieron hacía el gimnasio. Me vestí y me senté en el sofá  a ver la tele. Pero mi cabeza no dejaba de darle vueltas a todo lo que había sucedido en los últimos días. Las cosas iban muy deprisa y no sabía cómo iba a acabar aquello, pero tenía claro que Sara no pensaba dar su brazo a torcer. Ya había masturbado dos veces a Sofía y no pensaba parar hasta que Sofía follara conmigo. ¿Pero cuál era su motivo? ¿Ganar la apuesta e incluir Sofía en nuestros juegos o es que se había encoñado con Carlos?

Y al día siguiente era la cena en casa de los vecinos.

quispiam

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