Descubriendo a mi vecina Sofía 5

Al día siguiente me desperté casi al mediodía. Sara aún dormía profundamente a mi lado así que me levanté sin hacer ruido y fui al baño a darme una ducha rápida. Salí, me puse unos pantalones cortos y fui  a la cocina a desayunar algo ligero mientras esperaba que despertara Sara. Tenía claro que teníamos que hablar seriamente de lo que había pasado la noche anterior. No entendía porque no me había dicho nada de lo que había pasado entre ellos. A mí no me importaba que se lo hubiera tirado, es más, sería un cínico si no reconociera que me había excitado al verlos  follar. Lo que me molestaba era que me lo ocultase y por lo visto, no era la única cosa que me había ocultado. A saber hasta dónde llegaban sus secretos.

Aún tuve que esperar una hora más a que se despertara la bella durmiente. Salió de la habitación recién duchada y vistiendo como era en ella habitual para estar por casa en verano, sus braguitas y una camiseta larga. Tenía mala cara, se notaba que aún estaba pagando por los excesos etílicos de la pasada noche. Picó algo y fue a sentarse a mi lado en el sofá.

-Estoy fatal cariño. Creo que anoche se me fue la mano.

-No me digas. Se te fue pero bien y en todos los sentidos.

-¿Por qué lo dices? ¿Hice algo que no recuerdo?

-A ver Sara, creo que tenemos que hablar. Estos días han pasado muchas cosas que no entiendo y quiero que me las expliques.

-Me estás asustando Andrés, ¿qué ha pasado?

-Estos días he pasado mucho rato con Sofía y me ha contado algunas cosas que creo que merecen una explicación por tu parte. ¿Por qué no me dijiste que conocías a los vecinos?

-Vaya, te lo ha contado…la verdad es que no te sabría dar un por qué. Coincidimos durante un par de años en el instituto y después me mudé aquí. Supongo que fue por vergüenza. Yo en esa época era un poco…como decirlo…ligera de cascos. No quería que te llevaras una mala impresión mía.

-¿Tan malo fue?

-Ya te digo. Lo recuerdo ahora y no sé cómo pude caer tan bajo. Sexo a raudales, drogas y algún altercado con la ley. Por eso mis padres se mudaron aquí, para alejarme de aquel ambiente. Y al verlos, tuve miedo de que te pudieras enterar. Por eso le pedí que no te contara nada. Ya veo que no me hizo caso.

-Pues no creo que hiciera nada malo, no se lo tengas en cuenta. Y me alegro de que me hayas contado esto. A veces es mejor saber que imaginar. Si supieras la de cosas que me había imaginado…

-¿De verdad que no te importa?

-Me molesta que no hayas tenido la confianza para contármelo. Lo otro, pues errores de juventud. Es tu pasado y los has dejado atrás, eso es lo importante. Bueno, menos lo del sexo jajaja.

-¿No te molesta que fuera un poco puta?

-Me encanta que seas un poco puta. Eso sí, mientras seas mi puta.

Sara se abalanzó sobre mí y me besó con pasión. Estuvimos un rato dándonos el lote y al final, a regañadientes, tuve que separarla de mí. Aún teníamos asuntos pendientes.

-A ver, que aún tenemos cosas que aclarar. El tema de David, el monitor del gimnasio. ¿Desde cuando hemos tenido un trío con él?

-Ah eso…jajaja. Lo siento, no pude evitarlo. Verás, el primer día que fuimos al gimnasio enseguida se nos acercó David a montar su numerito, ya sabes cómo es, pero Sofía no. No se puede negar que el tío está bueno y ella no le quitaba ojo, así que decidí darle un poco de cancha. Quería calentarla  y que se soltara un poco. Luego cuando me preguntó por él, no se me ocurrió otra cosa que decirle que habíamos follado los tres juntos. No pensaba que te fuera a decir nada.

-Pues menudo peso me quitas de encima. Sólo de pensar que estuvieras follando con ese tío me ponía malo.

-Pues puedes estar tranquilo. Sé que no te cae bien y nunca le dejaría ir más allá de unos simples toqueteos. Y eso que dicen que se gasta un pollón de miedo.

-Eso sí que te lo  puedo asegurar y Sofía también jajaja. Y le conté lo que había visto el otro día en la piscina del gimnasio. Oye, de esto ni una sola palabra que se supone que no estaba allí.

-Tranquilo que no le diré nada. Joder con la mosquita muerta. Yo todo este tiempo aguantando sus tonterías y nada y ella, a las primeras de cambio, pollón al canto. Jo, qué envidia… ¿de verdad no me lo puedo tirar? me dijo con un mohín de pena en su cara.

-Anda y no seas mala, que aún tenemos otra cosa que hablar.

-A ver, dispara.

-¿Me puedes decir por qué estabas anoche en los baños follando con Carlos?

Se lo dije así, de sopetón. Y Sara acusó el golpe. Su sonrisa se borró de su cara, su cara escrutó la mía supongo que buscando alguna señal de mi estado (ira, decepción). Al no ver nada, se levantó y empezó a dar vueltas por el salón como buscando la respuesta a darme. Yo no dije nada, sólo esperé sentado a que se decidiera a hablar. Volvió a sentarse a mi lado, seria.

-De verdad que lo siento. Y créeme cuando te digo que no fue algo premeditado. Surgió sin más.

-Me alegra saber que no saliste pensando en follarte al vecino, es un alivio.

-Mira, tampoco seamos hipócritas. Llevamos varios días jugando a provocarles, a excitarlos, los dos. No te voy a negar que tenía ganas de follarme a Carlos, porque sería mentira. Como las que tienes tú de enterrar tu polla en el coño de Sofía. Que no era el momento, vale. Ni el lugar, de acuerdo. Pero no neguemos la realidad.

-Y no la niego. Ambos sabemos lo que queremos y también el tipo de relación que tenemos. Por eso no entiendo por qué no me dijiste nada anoche ni tampoco esta mañana. Y estoy bastante seguro que si no saco el tema tampoco no me hubieras dicho nada. ¿Me equivoco?

-No lo sé, la verdad. No te voy a engañar. No me arrepiento de lo que hice, pero sí de cómo lo hice. Por eso, seguramente, no te hubiera dicho nada. Quiero hacer las cosas bien hechas, como siempre, de mutuo acuerdo y juntos.

-¿Y entonces  por qué lo hiciste?

-Ya te he dicho que surgió así. Me dejaste muy caliente con el jueguecito de la ducha y después me pasé toda la noche provocando a Carlos. Cada vez estaba más excitada y el alcohol no ayudaba. Y cuando fuimos a bailar…no lo pude evitar. Notar su cuerpo rozando el mío, saber que el empalme que llevaba era ocasionado por mí…fue demasiado para mí. Tenía la necesidad de hacerlo mío. Espero que lo entiendas porque, si hubiera sido al revés, tú hubieras hecho lo mismo.

-Pues te equivocas. ¿Te crees que no me calenté anoche con Sofía? ¿Que no me excité viéndola sin sujetador marcando pezones? Joder, si le metí mano a base de bien…llegué a masturbarla en el reservado mientras vosotros bailabais. Si hubiera querido, me la hubiera follado. Pero me aguanté las ganas. Porque creía que estábamos juntos en esto, pero ya veo que no.

-Espera, espera. ¿Cómo que le metiste mano y la masturbaste? ¿Y cuándo pensabas decírmelo?

-Te lo pensaba contar anoche mientras follábamos los dos, para calentarnos mutuamente, como solemos hacer. Pero claro, alguien no tenía ganas porque ya había tenido su ración de sexo, ¿verdad?

-Joder, joder, joder…lo siento, de verdad. Daría lo que fuera por volver atrás, pero no puedo. ¿Serás capaz de perdonarme?

-Sara, te lo he dicho antes. No me molesta el hecho de que te tiraras al vecino sino que me lo ocultaras. Nuestra relación se basa en la confianza y, ¿cómo voy a confiar en ti si empiezas a ocultarme cosas?

-Te juro que no pienso ocultarte nada más. Quiero que vuelvas a confiar en mí. Y pienso compensarte por lo que te hice ayer.

Se puso en pie y se quitó la camiseta y las braguitas. Se sentó a horcajadas encima de mí y empezó a besarme mientras su pelvis se frotaba contra mi polla que empezaba a hincharse. Ella misma llevó mis manos a sus tetas que empecé a amasar con auténtico frenesí mientras notaba como mi miembro crecía y crecía hasta llegar a su máximo esplendor. Mis pantalones se empezaban a mojar fruto de los fluidos que emanaban de la vagina de mi chica. Intenté levantarme para follármela pero me lo impidió. Me empujó quedándome otra vez sentado en el sofá y ella se agachó para bajarme los pantalones. Aprovechando que tenía mi polla justo a su alcance la agarró con firmeza mientras su lengua la recorría con avidez y su boca lamía mi glande.

Volvió a ponerse a horcajadas, cogió con su mano mi polla y lentamente se la fue clavando hasta enterrarla por completo en su húmedo coño. Se dejó caer hacía mí, poniendo sus manos en mis hombros y empezó a cabalgarme, primero lentamente y luego subiendo el ritmo hasta convertirse en un sube baja salvaje. Mis manos se aferraron a sus nalgas para colaborar en sus frenéticas arremetidas mientras mi boca devoraba sus tetas que me había plantado en mi cara hambrienta. Estaba claro que no íbamos a durar mucho con esa intensidad por eso no me extrañó sentir al poco como mi polla palpitaba anunciando mi inminente corrida. Intenté quitarla de encima de mí pero sus intenciones eran otras y siguió montándome sin bajar el ritmo. No pude aguantar más y mi polla empezó a escupir mi semen en su interior. Aún estaba descargándome en su interior cuando noté como ella alcanzaba su orgasmo y se dejaba caer sobre mi pecho, exhausta.

Estuvimos un rato así, sentados el uno encima del otro y con nuestros sexos aún acoplados. Ella se salió de encima de mí y se dejó caer a mi lado, apoyando su cabeza en mi hombro. Yo pasé mi brazo por su espalda atrayéndola hacía mí. Había sido un polvo bestial, pero una vez pasado el éxtasis mi cabeza volvía a recobrar su lucidez y empezaba a cuestionarme si no habría utilizado el sexo para evitar seguir hablando de un tema que evidentemente la incomodaba.

Era una pregunta para la que no tenía respuesta. Solo quedaba esperar y ver como evolucionaban las cosas. Tenía que intentar averiguar si todo lo que me había dicho era verdad o algo para salir del paso y acallar mis dudas.

El resto del fin de semana fue como aquella mañana. Sara estaba dispuesta a hacerse perdonar y su manera de intentar compensarme era a base de sexo. Perdí la cuenta de las veces que follamos.

La noche del domingo estaba exhausto y con mi polla en carne viva después de tanto trajín. Me fui a dormir pronto ya que al día siguiente me tocaba volver a trabajar y volver a ver a Sofía. Estaba nervioso, era la primera vez que iba a verla después del viernes  y no sabía cómo iba a reaccionar. Pero tenía claro que no pensaba desistir en mi empeño y más ahora, después de lo que había pasado entre Sara y Carlos. Pero también tenía claro que no pensaba utilizar lo que Carlos había hecho como medida de presión. Quería que ella se entregara, que ella deseara lo que iba a pasar. Y la verdad, no tenía ni idea de cómo iba a hacerlo.

10

La mañana llegó y volvimos a la rutina diaria. Ducha, desayuno, vestirse y salir rápido para intentar evitar el atasco de cada mañana que al final siempre acabas pillando. Pero aquella mañana tenía un nuevo incentivo, Sofía. Iba a ser el primero de muchos días en que íbamos a compartir casi toda la jornada.

Me despedí de Sara que empezaba más tarde y salí de casa con una mezcla de sentimientos. Por un lado contento de compartir el día con ella y por otro nervioso por ver si sacaba el tema de lo que había pasado entre nosotros el viernes. Cuando salí la encontré esperándome en el rellano. Me saludó con dos besos y empezó a hablar del fin de semana que había pasado con sus padres y de lo nerviosa que estaba por empezar en un trabajo nuevo. Enseguida nos enfrascamos en una amena conversación que duró todo el viaje y casi sin darme cuenta ya estábamos en la oficina.

Fue un alivio ver que se comportaba como siempre. Mi temor a que sintiera rechazo o vergüenza por lo que había pasado y lo pagara tratándome de forma fría y distante parecía que estaba descartado.

Pasamos buena parte de la mañana juntos en mi despacho, poniéndola al día de sus quehaceres. La verdad es que enseguida demostró lo acertado de haberla contratado ya que lo absorbía todo con enorme facilidad y enseguida pudo empezar a valerse por sí misma. Sus nervios ya habían pasado al olvido.

Y con sus compañeros, la integración fue total. A algunos ya los conocía del día de la entrevista pero a los que no, enseguida se los ganó con su habitual desparpajo y su carácter abierto y extrovertido.

Al mediodía salimos los dos juntos para compartir la comida. Fuimos al mismo restaurante del otro día y pudimos sentarnos en el mismo sitio. Pedimos y mientras esperábamos la comida fue cuando me sorprendió sacando el tema de lo sucedido el viernes.

-Andrés, creo que tenemos que hablar de lo que ocurrió el otro día. Al ver que me disponía a hablar me acalló con la mano y prosiguió.

-Por favor, déjame hablar. Desde que te conocí, bueno a los dos, hemos entrado en una espiral dónde cada día vamos un poco más allá hasta llegar a lo que sucedió el viernes. No sé si echarle la culpa al alcohol o al morbo de todos estos días, pero la cosa es que no puede volver a pasar. Yo quiero a Carlos y no quiero engañarle, no se merece que lo trate así. Por eso te ruego que respetes mi decisión y acabes con todo este juego de insinuaciones y toqueteos. Bueno los dos, que Sara también tiene su parte de culpa. ¿Qué dices?

-Pues que me has cogido por sorpresa. No me esperaba esto. Sabes que nunca he provocado esta situación y que las cosas han ido surgiendo de forma natural, nunca te he obligado a nada y, es más, estaba seguro que te gustaba y lo disfrutabas. Por eso no entiendo esta reacción. ¿Ha pasado algo éste fin de semana?

-No voy a negar que me ha gustado todo lo que ha pasado, sería negar lo evidente. Como negar que me atraes como yo te atraigo a ti. Pero tengo pareja y lo quiero. Si seguimos por éste camino sé lo que va a pasar, conoces mi pasado y no quiero abrir esa puerta. Él no se lo merece. Y sí, ha pasado algo. Nos discutimos.

-Vaya lo siento. ¿Y eso es lo que ha motivado tu decisión?

-Algo ha tenido que ver, está claro. Mira, no tengo porque darte explicaciones, pero confío en ti y te lo voy a contar para que entiendas mi decisión. Carlos estaba muy alterado cuando llegamos a casa. Enseguida que entramos quiso saber si había pasado algo entre nosotros, lo que evidentemente le negué. No sé porque se le había metido entre ceja y ceja que entre nosotros había pasado algo, pero intuyo que Sara algo tendrá que ver. ¿Me equivoco?

-Me temo que no.

-Pues eso. Me costó lo mío convencerle que entre nosotros no había pasado nada. ¿Cómo no podía haber pasado nada si me pasé toda la noche seduciéndote? Si casi te metí las tetas en la cara, por dios. Pero claro, él sí podía follar a Sara con la mirada que no le quitó ojo en toda la noche. Pero claro, no es lo mismo. Lo suyo era involuntario y lo mío ya era provocar y encima delante de él. Vamos que tuvo un ataque de celos de los que marcan época.

-Joder, nunca me imaginé que Carlos fuera así.

-Y no lo es. Bueno, no siempre. Alguna vez hemos tenido algún encontronazo por ese motivo pero nunca de este calibre. La cosa es que se siente amenazado por ti y creo que, si por él fuera, no tendría que haber aceptado este trabajo. No creo que le guste que pasemos tanto tiempo juntos. Y es por eso que no quiero forzar más la situación y darle más motivos para que desconfíe de mí. Por eso te vuelvo a pedir que me des espacio y respetes mi deseo de parar todo esto que está sucediendo.

-Bueno, como te he dicho, ni yo ni Sara te hemos forzado nunca a hacer nada que tú no quisieras. Y si ésta es tu decisión y tu deseo ten claro que lo voy a respetar. Y Sara también. No te preocupes que ya me ocuparé de hablar con ella. Al menos podremos seguir siendo amigos ¿no?

-Eso no lo dudes. Nos habéis recibido con los brazos abiertos y nos habéis ayudado un montón desde que hemos llegado y eso no puedo olvidarlo. Os lo agradezco un montón.

-Bueno, es un alivio. No me gustaría perder una secretaria tan competente a las primeras de cambio…

-No será para tanto, jajaja.

-Anda, vamos a darnos prisa que vamos a llegar tarde.

Acabamos la comida y volvimos al trabajo. El resto de la jornada pasó sin más contratiempos y llegó la hora de volver a casa. Regresamos juntos en mi coche y nos despedimos en el rellano. Ella iba a cambiarse para ir al gimnasio dónde había quedado con Sara. A mí no me apetecía, la verdad es que mi ánimo había sufrido un duro revés por la conversación mantenida durante la comida. Por un lado no quería molestar a Sofía forzando las cosas y no respetando su voluntad. Pero por el otro me cabreaba la actitud de Carlos, no entendía cómo podía ser tan falso e hipócrita. Él había hecho algo infinitamente peor y no era quién para recriminarle nada a Sofía. Y estaba ahí, dándole vueltas a la cabeza a todo esto, cuando sentí al vecino abriendo la puerta de su piso.

No lo dudé. Me levanté y fui en su busca. Las chicas aún tardarían en volver del gimnasio y tenía tiempo de tener una charla con el vecino para intentar aclarar las cosas. Llamé a su puerta y se sorprendió al verme allí.

-Hola Andrés. ¿Qué tal va todo? Sofía no está, creo que ha ido al gimnasio con Sara.

-Ya lo sé. En realidad quería hablar contigo. ¿Puedo pasar?

-Sí claro, adelante. ¿Quieres una cerveza?

-No te diré que no.

Nos sentamos en el sofá y disfrutamos un momento de las cervezas frías antes de afrontar lo que verdaderamente me había traído allí.

-Mira Carlos, hoy he venido porque quiero hablar contigo de un tema un poco complicado. Es sobre Sofía.

-¿Pasa algo con ella? ¿No le ha ido bien en el trabajo?

-No tranquilo, no tiene nada que ver con eso. Hoy he visto a Sofía un poco triste y después de insistirle me ha contado que habíais discutido este fin de semana. Y sí, me ha contado el motivo de vuestra discusión. Y antes de que te enfades, tengo que decirte varias cosas. Lo primero es que he venido a espaldas suyas, ella no sabe nada y te agradecería que no le contaras nada. La segunda es que te puedo asegurar que entre nosotros no ha pasado nada de nada. Entre nosotros hay muy buen rollo y hay mucha complicidad pero de ahí no pasa la cosa y siento si te he dado una impresión equivocada.

-A ver, no es que pensara que había algo entre vosotros. Pero, no sé, pasáis tanto tiempo juntos…y luego el vestido y la lencería que le comprasteis….no sé, me entraron dudas. Y luego viene el viernes y la veo quitándose el sujetador y saliendo de esa guisa por ahí…cuando no la encontré en el pub se me giró la cabeza, la verdad. Bueno, y luego está lo vuestro. Que algo me contó Sofía de vuestra relación…

-¿Te refieres a nuestra vida sexual? Jajaja pero que a nosotros nos guste practicar cosas nuevas no significa que nos vayamos acostando con el primero que pasa y vayamos rompiendo parejas.

-Pues es un alivio saberlo. No veas la de cosas que se me habían pasado por la cabeza…

-Normal pero puedes estar tranquilo que entre nosotros no ha pasado nada. Y cuida a tu chica, que bellezas así cuesta de encontrar jajaja.

-Es guapa, ¿verdad?

-Ya te digo. Como Sara que no creas que no me he fijado en como la miras eh …

-Lo siento, no pretendía…

-Oye, que no pasa nada. Si me halaga que la gente se fije en mi chica, me llena de orgullo saber que los demás envidian la suerte que tengo de estar con una chica así.

-Visto así…

-Claro que sí. Y tú también deberías de sentirte orgulloso de poder mostrar una mujer así, seguro que eres la envidia de mucha gente.

-Supongo que sí jajaja. Oye muchas gracias por haber venido. Esta charla me ha quitado un gran peso de encima y siento haber malpensado de ti. Lo siento, de verdad.

-Nada, no pasa nada. Y ahora mejor me voy antes que me pillen las chicas aquí. Recuerda que nunca he estado aquí. Y un consejo de amigo, discúlpate  y trata de compensarle el disgusto de la otra noche.

-Lo haré, no te preocupes. Y gracias.

Me fui a casa antes de que llegaran las chicas. Aún tardaron un rato en volver ya que habían parado a tomar algo al salir del gimnasio. Como adiviné por su cara al entrar  era evidente que Sofía también había tenido una charla con ella. Estuvimos hablando durante la cena y acordamos darles espacio, dejar pasar el tiempo para ver por dónde iban las cosas. Estoy seguro que a ella, en el fondo, no debía agradarle mucho esto. Pero no tenía otra opción si de verdad pensaba recuperar mi confianza como me había confiado el otro día.

Y yo, para qué mentir, tampoco pensaba darme por vencido. Había vislumbrado a la verdadera Sofía y pensaba sacarla a relucir. El tiempo corría a mi favor.

quispiam

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