Descubriendo a mi vecina Sofía 7

Al día siguiente, martes, nos despertamos casi al mediodía. Mientras Sara se duchaba yo salí a comprar cosas para preparar la comida. Íbamos a comer algo ligero en el bungaló y después  ir a la playa a pasar la tarde. Ambos aún teníamos en la cabeza lo ocurrido la pasada noche y casi parecíamos la pareja que habíamos sido hasta antes de descubrir los engaños de Sara. No parábamos de tocarnos, abrazarnos y besarnos por cualquier motivo. No os creáis que me había olvidado de cómo me había engañado ni que pensaba en perdonarla. Tenía muy claro que lo nuestro estaba acabado pero necesitaba seguir aparentando que todo continuaba igual. Y nosotros habíamos vivido muchas cosas juntos y Sara era una chica espectacular así que no me costaba mucho seguir manteniendo las apariencias. ¿Que había que tocarse, besarse y follar? Pues por mí no quedaría.

Pasamos la tarde en la playa entre siestas en las toallas tiradas en la arena y baños para rebajar la temperatura corporal. Aquel día me abstuve de ir a la playa nudista, ya había visto lo que tenía que ver y la próxima vez que fuera sería acompañado por mi vecina. Aquella noche cenamos en el paseo marítimo y dimos un paseo por la playa desierta a la luz de la luna. Y sí, nos dejamos llevar y follamos en la playa. Cuando volvíamos paseando no nos encontramos con nadie, estaba la playa desierta y nos apeteció darnos un baño desnudos. Al salir, entre juegos, Sara me empujó hasta quedar tumbado en la arena. Ella no tardó en subirse a horcajadas mío y empalarse con mi polla que ya estaba lista para recibirla. Fue un polvo breve pero intenso y cuando acabamos volvimos desnudos hasta cerca de donde nos alojábamos donde nos vestimos hasta llegar a nuestro bungaló.

Nos metimos en la cama pronto ya que al día siguiente teníamos que pasar por el aeropuerto para buscar a la otra pareja que llegaban a media mañana. Me dormí nervioso por ver de nuevo a Sofía y por lo que pasaría los siguientes días en que estaba decidido a dar el todo por el todo con mi vecina.

Al día siguiente nos levantamos temprano y antes de las diez ya estábamos de camino al aeropuerto donde estaba previsto que llegara su vuelo antes de las once. Llegamos sin contratiempos y a su hora prevista anunciaron la llegada de su avión. Poco rato después los vimos aparecer con sus maletas y fuimos a su encuentro. En cuanto nos vieron se acercaron sonrientes y enseguida nos fundimos los cuatro en abrazos y besos como si hiciera tiempo que no nos viéramos.

Cogimos las maletas y nos dirigimos al coche poniéndonos al día de lo que habían hecho esos días y bombardeándonos a preguntas sobre el bungaló, las playas, etc. Por lo visto se les habían hecho largos esos días con su familia, el pensar que podían estar en la playa con nosotros había hecho que contaran cada minuto que les quedaba para coger el avión. Pero por suerte, la espera ya se había acabado y ahora estaban ansiosos por disfrutar y pasarlo bien.

Nos dirigimos a nuestro alojamiento, los acompañamos a recepción para que se registraran y les asignaran su bungaló. Al haber hecho la reserva conjunta les asignaron uno justo al lado del nuestro y hasta allí nos dirigimos con las maletas para que se instalaran. Pero no era esa su intención. Estaban deseosos de sol y playa y quedamos en cambiarnos y que luego ya desharían las maletas. Nos fuimos a cambiar y cuando salimos ya estaban en la puerta esperándonos.

Si Sofía ya lucía espectacular en el día a día, verla allí apenas cubierta por un bikini  y un pareo, hizo que mi polla despertara de su letargo. No sé qué me pasaba con esa chica que era verla y algo se encendía dentro de mí aunque, como en esa ocasión, no llevara nada especialmente provocativo para motivar esa calentura. Las dos chicas se adelantaron y se pusieron a hablar de sus cosas mientras Carlos y yo las seguíamos a corta distancia manteniendo una conversación trivial ya que los dos íbamos más pendientes del espectáculo que teníamos delante. Es que ver a aquellas dos preciosidades en bikini, el contoneo de sus caderas, el bamboleo de sus nalgas…era para ponerse malo.

Llegamos a la playa, pusimos las toallas y enseguida nos quedamos sólo con los bañadores. Sara, supongo que no sabiendo si les podía molestar, no se quitó la parte de arriba. Nos pusimos crema cada uno a su pareja y tomamos el sol un rato. Yo no aguanto mucho quieto bajo el sol y enseguida fui a darme un baño. Al poco se unió a mí Sofía mientras los otros dos parecían que dormitaban en la arena.

-Bueno, ¿qué te parece esto?

-Genial, me moría de ganas de venir. Si lo llego a saber, nos venimos con vosotros el lunes. ¿Y por aquí que tal el tema? ¿Ya habéis hecho de las vuestras?

-Directa al grano. Ya me preguntaba cuánto tardarías en sacar el tema jajaja.

-Es que te conozco, bueno a los dos. Y seguro que alguna habréis hecho, ¿o me equivoco?

-Pues no. La otra noche salimos a tomar algo y acabamos cada uno follando con otro. Fue espectacular. Y anoche lo hicimos aquí en la playa y después volvimos desnudos hasta el bungaló. ¿Qué te parece?

-Que me das una envidia…yo estos días nada de nada, allí en casa no tenemos intimidad y a Carlos le da cosa por si nos oyen.

-Pues lo siento por ti, aunque me temo que nosotros también nos cortaremos ahora un poco. Me da que a Sara le da un poco de cosa que os podáis molestar después de lo que pasó aquella vez y la charla que nos diste. Ya hoy no ha hecho topless así que me imagino que de lo demás ni hablamos.

-No sabía que hacía topless, yo nunca lo he hecho. Pero no me molesta que lo haga y supongo que a Carlos aún menos jajaja. Mientras no te moleste que él la devore con la mirada yo por mí no hay problema.

-Pues deberías probarlo. Es más, deberías probar a hacerlo desnuda. Nosotros hemos ido varias veces a playas nudistas y la sensación es fantástica. Al final ni te das cuenta de que te miran. Total, lo van a hacer igual tanto si estás vestida como desnuda.

-Yo no creo que pudiera, si no me atrevo ni a hacer topless…lo otro ya ni me lo planteo.

-¿Y por qué no te animas? Estás en un sitio que no conoces a nadie, rodeada de amigos y hay confianza. No se me ocurre mejor sitio para probarlo. Y si no te sientes cómoda, pues te lo vuelves a poner y no pasa nada.

-Tú lo que quieres es verme las tetas, pillín… jajaja.

-Culpable. Pero yo y media playa que algunos ya te devoran así, sin quitarte nada.

-La verdad es que sí, pero sabes, no sé porque pero no me molesta. Creo que hasta me empieza a gustar. Será por que eres una mala influencia. Lo mismo hasta te enseño las tetas y te doy una alegría…

-Y yo que te lo agradecería…y me encanta ser una mala influencia jajaja.

-Anda, vamos para allá que se estarán preguntando que porque tardamos tanto.

Regresamos junto a nuestras parejas y me tumbé en la toalla. Sofía se acercó a Sara y le dijo algo que no entendí pero no me hizo falta ya que ésta enseguida hecho mano a los tirantes del sujetador del  bikini y se lo quitó ante la atenta mirada de Carlos que no perdía detalle de lo que veía. Y más cuando esparció crema sobre sus pechos y empezó a frotarlos para repartirla. Tan concentrado estaba que no se dio cuenta de lo que hacía su chica.

Sofía se colocó delante de su toalla justo a mi lado y empezó a bajar un tirante del sujetador del bikini mientras la otra mano sujetaba las copas para no mostrar aún sus pechos. Cambió de mano y deslizó el otro tirante quedando sus pechos tapados por las copas que sólo eran retenidas por sus manos. Me miró fijamente y yo a ella ajenos a lo que sucedía a nuestro alrededor. Y entonces sus manos se apartaron llevándose consigo el sujetador y mostrándome aquellas tetas que tantas ganas tenía de volver a ver. Y la cosa no acabó ahí, ya que imitó a Sara y cogió crema para proteger la sensible piel de aquella zona. Se masajeó los pechos esparciendo bien la crema sin apartar la vista de mí y yo de ella.

Cuando acabó, se tumbó en la toalla con las gafas de sol puestas y se dispuso a disfrutar de un día fantástico de sol como si fuera lo que normalmente hacía. Yo me puse un poco de lado para intentar ocultar la erección que me había provocado mi vecina. Poco después fue cuando Carlos se percató de que su chica estaba también en topless pero por suerte supo contenerse y no decir nada. Era la primera vez que veía  a su novia así en público y tenía sentimientos encontrados pero le pudo más la lujuria ya que enseguida giró la cabeza y volvió a devorar con la mirada las tetas de Sara.

Estuve un rato observando a mi vecina. Al principio la noté algo nerviosa pero poco a poco se fue relajando y aceptando con naturalidad la situación. Y eso que no le quitaban ojo de encima, la gente paseaba por la playa y se giraban a mirar aquellas dos bellezas que exhibían sus maravillosos pechos que eran dignos de admirar. De momento la cosa pintaba bien y sólo acabábamos de empezar.

Seguimos un rato más tomando el sol hasta que llegó la hora de comer. Nos vestimos y volvimos a nuestro alojamiento para darnos una ducha, deshacer ellos sus maletas y comer algo en nuestro bungaló. Disfrutamos de una comida relajada entre amigos y pasamos un buen rato, todo regado con una botella de vino que había comprado para esa ocasión el día anterior. A mí me apetecía aprovechar la tarde y quería volver a la playa a pasear un rato pero Carlos dijo que quería echarse un rato, estaba cansado por el madrugón de ese día, y así recuperaba fuerzas para poder salir por la noche. Sara tampoco parecía muy predispuesta y alegó que también quería descansar un rato. Parecía que iba a quedarme sólo pero al final y para mí sorpresa Sofía se apuntó a mi plan.

Cinco minutos más tarde salíamos los dos de camino a la playa, yo con mis bermudas y una camiseta y ella con su bikini y el pareo por encima. Carlos se fue a su bungaló a descansar pero no dudaba que no tardaría Sara en ir a hacerle una visita pero no me importaba, eso me daba tiempo para pasarlo con Sofía e intentar dar un paso más en romper sus barreras. Caminamos hasta la playa que estaba un poco más concurrida que por la mañana y tal como llegamos lo primero que hizo fue quitarse el sujetador con toda la naturalidad del mundo. Paseamos rumbo norte mientras hablábamos de lo que había pasado aquella mañana.

-¿Qué te ha parecido la experiencia de esta mañana?

-Pues al principio estaba algo nerviosa pero luego me he ido tranquilizando y la verdad es que es una sensación agradable poder estar así.

-Confiesa ¿te ha gustado que te miraran?

-Mucho. Ver cómo me miraban al principio me ha molestado y puesto nerviosa pero a medida que pasaba el rato y me he ido acostumbrado lo he encontrado hasta natural y me he ido excitando con la situación. Ahora entiendo un poco el morbo que os dan estas situaciones que buscáis vosotros.

-Bueno, me alegro que te haya gustado la experiencia. Aunque esto no es nada comparado con la sensación de estar desnudo delante de otra gente. Tendrías que probarlo algún día.

-No sé, creo que eso sí me daría más vergüenza y no podría hacerlo. Además, estando Carlos…habrás visto la cara que ha puesto cuando me ha visto con las tetas al aire. Imagínate desnuda…

-Si eso es lo que te preocupa tiene fácil solución. Un poco más adelante hay una playa nudista y Carlos no está. Si quieres llegamos y pruebas y nadie sabrá nada. Será nuestro secreto.

-¿No tienes bastante con verme las tetas que ahora quieres verme desnuda?

-Sabes que nunca me cansaría de mirarte. Pero no lo hago por mí sino por ti, me he dado cuenta del morbo que te provocan las historias que te explico de nosotros y sé que te gustaría probar algunas de las cosas que hacemos. Pues ahora es la oportunidad de hacer realidad una de esas experiencias, exhibirte desnuda. Si ya te ha excitado hacer topless imagina la sensación de mostrarte desnuda delante de desconocidos.

No dijo nada y se quedó pensativa mientras nuestros pasos nos seguían acercando a la playa nudista. Al fin llegamos a la zona de rocas que hacía de límite de las dos playas y los cárteles anunciaban que a partir de allí empezaba la playa nudista. Sofía se quedó contemplando fijamente aquellas señales como si allí estuviera la respuesta a su decisión. Yo no quise forzar nada y esperé su respuesta.

Y ésta llegó al fin. Con un escueto “vamos” empezó a adentrarse en la zona rocosa siguiéndola yo a escasa distancia. Al llegar al otro lado se paró como sin saber que hacer a continuación. Yo de forma natural me quité la camiseta y mis bermudas quedando completamente desnudo delante de ella que no perdió detalle de mis movimientos y se quedó mirando mi polla hasta que pareció despertar de su letargo y empezó a desnudarse. Pareo y bikini fueron desapareciendo quedando como su madre la trajo al mundo. Nunca me cansaría de admirar aquel cuerpo tan esbelto, aquellos pechos firmes y con unos pezones que ya se endurecían fruto de la excitación de la situación, aquellas piernas bien contorneadas  que culminaban en su sexo casi rasurado con sólo una fina línea de pelo alrededor de sus labios que clamaban por ser besados.

Cuando acabé mi escrutinio vi que Sofía me miraba nerviosa como esperando alguna reacción por mi parte.

-Estás preciosa le dije mientras pasaba mi mano derecha por detrás de su espalda apoyándola en su cintura y atrayéndola hacía mí. Y sin darle opción a que se echara atrás empecé a andar arrastrándola conmigo. Eso pareció tranquilizarla y su mano se abrazó a mi cintura y seguimos andando abrazados como si fuéramos una pareja de enamorados.

Enseguida se habituó a la situación. Allí la gente estaba más acostumbrada a estar desnuda y todo era más natural, la gente la miraba porque era un crimen no hacerlo, pero sin el agobio de la otra playa donde la devoraban con la vista y la hacían sentir más incómoda. Era una más y eso la hizo sentir bien, desapareciendo esa sensación de nerviosismo con la que había entrado.

Seguimos andando y cuando nos cansamos, nos sentamos un rato en la arena a descansar. Era como una cría pequeña que ha descubierto un juego nuevo, no paraba de hablar comentando lo que le gustaba aquello, sus sensaciones, comentarios sobre el culo y tetas de esa y aquella y sobre los penes de los hombres que por allí desfilaban. Yo estaba encantado con que todo hubiera salido tan bien y la dejaba disfrutar, haciéndola reír con mis comentarios y recreándome con su compañía. Y en esas estábamos cuando alguien se plantó delante nuestra y llamando nuestra atención. Levanté la vista y me encontré a alguien que pensaba no volvería a ver. Allí estaba Erika.

-Hola Andrés, qué sorpresa verte por aquí.

-Lo mismo digo Erika pero me alegro de volverte a ver dije levantándome y dándole dos besos.

-Y tú supongo que debes ser su pareja. Ya me comentó Andrés que llegabas hoy. Encantada de conocerte, me llamo Erika.

-Igualmente dijo ella levantándose y dándole los besos de rigor. Me llamo Sofía. Cariño dijo recalcando esa palabra, no me habías dicho que habías conocido a una chica tan guapa mientras estaba fuera. Todo esto lo dijo mientras su vista repasa el escultural cuerpo desnudo de la germana.

-Sí te lo he dicho. ¿Recuerdas que ésta mañana te comenté que la otra noche salimos Sara y yo y acabé follando con una chica que acababa de conocer? Pues ella es esa chica.

-Pues sí que tienes buen ojo “cariño”. Perdona que sea tan directa pero eres preciosa y tienes un cuerpo escultural, está claro que debisteis pasar un buen rato juntos.

-Gracias por el cumplido. Tú también eres muy guapa y perdona si soy indiscreta pero ¿eres alemana?

-No pero mi madre sí. He heredado de ella estos rasgos.

-Ah eso lo explica. Tienes mucha suerte de tener un chico así. Ya me comentó Andrés la relación abierta que tenéis, no todos los chicos estarían dispuestos a compartir su chica y menos a verla en brazos de otro.

-Lo sé, soy muy afortunada dijo Sofía mientras me abrazaba por detrás pero esta vez su mano fue a parar encima de mi culo que estrujó a placer.

-Mira, por ahí llega mi marido.

Nos giramos los dos y nos quedamos contemplando como llegaba el marido de Erika. Era más mayor que ella, sobre unos 45 años. Piel morena, cabello castaño claro, ojos de un tono agrisado y un cuerpo atlético y bien cuidado. Pero lo más llamativo era lo que colgaba entre sus piernas. Aquello en reposo era igual de grande que mi polla en erección, algo fuera de lo normal. Enseguida llegó a nuestro lado y Erika hizo las presentaciones.

-Stefan, estos son Sofía y Andrés. Él es el chico con el que me enrollé la otra noche.

-Encantado de conoceros dijo apretándome la mano con vigor y dándole dos besos a una boquiabierta Sofía que no podía apartar la mirada de aquella enorme polla que golpeó sus muslos al acercarse a ella. Él tampoco se cortó un pelo y la repasó de arriba abajo sonriendo a su mujer como aprobando lo que veía.

-Tenía ganas de conocerte, Erika me ha hablado muy bien de ti y eso que no es fácil de contentar. A ver si os pasáis otro día por el pub y nos tomamos algo juntos para conocernos mejor.

-Pues por mí encantado de volver, así le enseño el sitio a Sofía que no lo conoce. Ha llegado hoy.

-Pues no se hable más. Esta noche estaremos fuera pero mañana sin falta nos vemos y nos tomamos algo. ¿Os va bien?

-De fábula contesté. Ya me dijo Erika que el pub era tuyo.

-Sí, tengo varios negocios en la isla. A parte del pub mi empresa es propietaria de varios locales de ocio y hoteles. El complejo de bungalós que hay aquí cerca también es propiedad nuestra.

-Vaya pues qué casualidad, nosotros nos hospedamos ahí.

-Pues espero que todo sea de vuestro agrado.

-De momento estamos encantados, está todo muy bien.

-Me alegro. Bueno, nosotros mejor nos vamos yendo que tenemos que cambiarnos y coger un ferri. Nos vemos mañana.

Los vimos alejarse y al poco rato emprendimos el camino de vuelta para volver al hospedaje. Por el camino le estuve dando detalles de mi encuentro con Erika y explicándole porque ella creía que era mi pareja. A ella le hizo gracia lo sucedido y me dijo entre bromas que no le importaba hacerse pasar por mi novia, que siempre iba de sorpresa en sorpresa y que conmigo no había posibilidad de aburrirse. Y todo esto, andando abrazados y con nuestras manos más cerca del culo que de la cadera. Y sí, por si teníais alguna duda ya iba medio empalmado por toda la situación.

-Así como estás no sé si te vas a poder poner el bañador jajaja.

-Bueno, algo tendré que hacer para que entre. El que no sé cómo lo hará es Stefan, vaya trancazo se gasta el tío.

-Sí, la tiene muy grande, incluso más que tú y mira que tú ya gastas una buena herramienta…

-Gracias por el cumplido. Te ha gustado verle la polla, ¿a qué sí?

-Sinceramente, me he puesto mala de ver semejante aparato. No podía quitarme de la cabeza como sería tener una cosa así entrando y saliendo de mí.

-¿Te gustaría follártelo?

-Joder, sí. Sólo de pensarlo me pongo cachonda perdida, nunca había visto algo así. Pero nunca va a ocurrir, no podría hacerle una cosa así a Carlos por mucho que lo desee.

-Tú no te preocupes por eso, si a ti te apetece ya veré la manera de hacerlo posible. Además, aquí no necesitas la aprobación de Carlos. Recuerda que aquí eres mi chica y a mí me encanta ver como mi chica disfruta…

-Qué suerte tengo de tener un novio así…

A todo esto, ya habíamos llegado a la zona de las rocas y me senté en una para intentar ponerme las bermudas, pero Sofía me detuvo. Se sentó a mi lado y cogió mi polla con su mano y empezó a meneármela de forma lenta. Aquello sí que no me lo esperaba pero no tenía intención de detenerla y me dediqué a disfrutar de la paja que me estaba haciendo. Sus movimientos eran cada vez más rápidos y toda la excitación acumulada del día y el tener allí a mi lado a Sofía desnuda presagiaban que no iba a tardar mucho en correrme como así fue. Enseguida mi polla estalló y empezó a escupir mi semen que fue cayendo sobre mi vientre y la mano de ella.

-A mí también me gusta ver disfrutar a mi chico. Anda, vamos a lavarnos y volver que aquellos se estarán preguntando dónde estamos.

Nos lavamos, nos vestimos y volvimos a los bungalós. Cada uno se fue al suyo quedando para luego ir a cenar y a tomar algo. Como me imaginé aquellos dos habían pasado también un buen rato ya que Sara aún tenía el pelo húmedo lo que significaba que hacía poco se había vuelto a duchar, pero no me di por enterado. Le dije que habíamos quedado para cenar y salir al pub esa noche y a ella le pareció bien. Media hora antes de la acordada nos arreglamos y salimos en busca de los vecinos. Ellos también estaban listos y fuimos a buscar el coche para ir al centro a cenar allí. Disfrutamos de una buena cena, se vaciaron un par de botellas de vino y conversamos alegremente de lo vivido ese día y lo que pensábamos hacer los próximos días.

El ambiente estaba cada vez más caldeado y aún nos quedaba ir al pub donde caerían algunas rondas más. Era allí donde pensaba intentar una cosa que, si me salía bien, iba a precipitar los acontecimientos. Llegamos y las copas fueron cayendo para ellos, yo no bebí porque tenía que conducir. Y entonces saqué el tema.

-Bueno Carlos, ¿qué te ha parecido que tu chica haya hecho topless hoy en la playa? Tengo entendido que nunca lo había probado.

-Sí ha sido la primera vez. Me ha cogido por sorpresa, no me lo esperaba. Ella es muy vergonzosa para estas cosas y no lo hace nunca. Tampoco te animes mucho que te va a costar volver a verle las tetas jajaja.

-Pues yo no lo tengo tan claro. Creo que le ha gustado y volverá a repetir. Una vez que pruebas no puedes dejarlo.

-Puede ser pero lo dudo, es muy cortada con estas cosas contestó Carlos.

-Pues yo también creo que volverá a probarlo, es una gozada estar con las tetas al aire dijo Sara.

-¿No me ves capaz de volver a hacerlo? Preguntó Sofía con cara de estar empezando a cabrearse.

-Pues no, no te veo capaz, dijo ya bastante achispado por la bebida y sin darse cuenta del enfado de su chica. Estas cosas te dan bastante vergüenza a ti.

-Sabes qué te digo Carlos, creo que estás muy equivocado. Mira si estoy seguro que si quieres hacemos una apuesta a ver quién tiene la razón le dije.

-¿Y qué nos apostamos? Piénsatelo bien porque voy a ganar seguro.

-Pues yo estoy tan seguro de ganar que voy a subir la apuesta. No me conformo con que haga topless. Mañana voy a conseguir que Sofía vaya a una playa nudista y se desnude enterita y quede a la vista de todo el mundo. ¿Cómo lo ves?

-Pues que te has vuelto loco tío, eso no lo hace ni de coña jajaja…venga, ¿qué nos apostamos?

Sofía estaba expectante por ver por dónde iban las cosas y empezaba a entender que todo aquello formaba parte de la promesa que le había hecho aquella tarde en la playa nudista. Sara callaba esperando ver qué pasaba.

-Si ganas como tan seguro estás, Sara y yo nos convertiremos en vuestros esclavos durante el resto de las vacaciones y podrás hacer con nosotros lo que te apetezca dije mientras con la mano hacía un gesto a Sara que iba a protestar. En cambio, si gano yo, a partir del momento en que se desnude en la playa nudista hasta que subamos al avión cambiaremos de pareja. Sofía será mi pareja y Sara la tuya, con todas las consecuencias y sin reproches.

Las dos chicas nos miraban, Sara sin entender nada y Sofía tratando de ocultar la sonrisa que luchaba por salir a relucir en sus labios.

-Anda que no vas fuerte tío…claro que acepto dijo dándome la mano para sellar nuestro pacto. Cómo me lo voy a pasar estos días haciéndoos sufrir jajaja. Después no te quejes eh.

-Y tú tampoco jajaja.

El resto de la velada tuve que aguantar las bromas de Carlos sobre lo que pensaba hacerme hacer esos días, las miradas interrogativas de Sara que no entendía nada y las miradas furtivas y cómplices de Sofía que ya se imaginaba lo que se le avecinaba y parecía esperarlo con ansia aunque intentaba aparentar malestar por el comportamiento de su novio.

Volvimos a los bungalós y nos fuimos a la cama donde me abordó Sara por el tema de la apuesta. La tranquilicé diciéndole que esperara a mañana y que ya vería que pasaba. Y que viendo como la miraba Carlos, ganase o perdiese la apuesta ella seguro que saldría ganando. Eso pareció convencerla y se durmió más tranquila. A mí me costó algo más, ya sabía que la siguiente noche estaría compartiéndola con Sofía.

14

Por la mañana me desperté al sentir el agua de la ducha. Miré la hora y comprobé que apenas había dormido un par de horas. Remoloneé un rato en la cama hasta que apareció Sara envuelta en una toalla y secándose el pelo momento que aproveché para ocupar su lugar bajo el agua e intentar despejarme un poco. Iba a ser un día importante y necesitaba estar lo más lúcido posible.

Desayunamos comentando lo acontecido la noche anterior y expectantes por lo que podía pasar ese día. Por primera vez desde que había empezado el juego morboso con los vecinos notaba nerviosa a Sara, supongo que porque era la primera vez que ella no controlaba la situación y no sabía lo que iba a pasar. Nos vestimos y fuimos a buscar a nuestros vecinos para ir de nuevo a la playa, aunque esta vez iba a ser a una nudista.

Tuvimos que esperar todavía un rato hasta que salieron los dos. Él con una gran sonrisa, todavía confiado en su seguro éxito y disfrutando por adelantado de los castigos que pensaba infringirnos a nosotros dos y ella nerviosa y aún molesta por la actitud de su pareja. Aunque no se me escapó una mirada cómplice que me dirigió cuando nos reunimos lo que me confirmó que estaba deseando lo que iba a ocurrir.

Nos encaminamos a la playa a la que llegamos poco rato después. Sabía que no había vuelta atrás pero aun así le ofrecí una última oportunidad.

-Bueno, pues ya hemos llegado. Ésta es la última oportunidad para echarte atrás y renunciar a la apuesta.

-¿Ya te estás rajando? Yo estoy seguro que voy a ganar y no me voy a echar atrás. ¿Tienes miedo de las cosas que te pueda ordenar hacer?

-Ni hablar, si yo lo decía por ti. Pues nada, la suerte ya está echada. Vamos para allá.

Lideré el camino y nos encaminamos a la playa nudista. Enseguida llegamos a las rocas divisorias de las dos playas y nos quedamos mirando los cuatro. Yo continué andando hasta llegar a la otra zona y sin darme la vuelta para ver si me seguían o no me quité las bermudas y la camiseta quedando totalmente desnudo. Metí la ropa en la bolsa y entonces me di la vuelta para ver que hacían aquellos tres. Sara seguía mi ejemplo y con toda la naturalidad del mundo se despojó de las dos piezas del bikini y el pareo quedando también desnuda.

Carlos no dudó en disfrutar de la visión de su desnudez aunque yo ya sabía que la tenía más que vista pero no era el momento ni el lugar para sacarlo a relucir. Ahora sólo quedaban ellos dos vestidos. Sofía se quitó el pareo y dudó antes de desabrocharse el sujetador del bikini pero no pasó de ahí. Carlos sonreía satisfecho seguro de su victoria observando cómo, a pesar de haber llegado más lejos de lo que había esperado y hablado con ella como me contó después, no se acaba de desnudar. Pero su sonrisa se congeló cuando vio como ella fijaba su mirada en él, sus manos aferraban los bordes de la braguita del bikini y la deslizaba por sus estilizadas piernas dejándola caer a sus pies. Se agachó a cogerlas sin doblar las piernas dándome un primer plano de su maravilloso trasero y de los labios de su coño que ya relucían por la humedad que emanaba de allí.

-Eso te pasa por no confiar en mí le dijo Sofía dejando relucir el malestar que sentía contra su pareja por la actitud de él. Y ahora lo vas a pagar. Ven aquí cariño me dijo. Yo me acerqué a mi nueva novia y ésta me plantó un beso en los labios, pegó su cuerpo al mío y abrazándome por detrás y dejando su mano reposando encima de mi nalga me invitó a adentrarnos en la playa nudista dejando atrás a una alucinada Sara y a un boquiabierto Carlos que aún no daba crédito a lo que había pasado y no era consciente de su derrota.

Nos adentramos en la playa hasta encontrar un lugar tranquilo donde dejar nuestras cosas, estiramos las toallas y esperamos a ver si aparecían aquellos dos. Tardaron un rato en aparecer. Sara cogía de la mano, casi arrastraba, a un cabizbajo y desnudo Carlos. Se tumbaron en sus toallas y se instaló un tenso silencio entre los cuatro.

-Como estés mucho rato así te vas a quemar le dije a Sara. Deberías pedirle a tu chico que te eche un poco de crema antes de que sea demasiado tarde ¿no crees?

-Tienes razón. ¿Te importaría echarme un poco de crema Carlos? Le dijo alargándole el envase.

Él cogió el pote de la crema y se quedó mirando a Sara y luego a nosotros dos como no acabando de entender la situación. Sara volvió a coger la crema y fue echándose crema en su vientre, sus muslos y encima de sus dos pechos.

-Cariño, ¿me ayudas a esparcir la crema?

Carlos abrió los ojos como platos y, mientras lanzaba furtivas miradas hacia mi posición, alargó su mano hasta su muslo empezando a repartir la crema pierna abajo alejándose de su sexo. Repitió la operación con la otra pierna pero ahora se envalentonó un poco más viendo que no le decía nada hasta casi rozar su pubis. No quiso forzar más y pasó a su vientre donde volvió a esparcir la crema pero siempre quedando en zonas más o menos respetables. Le quedaba una zona más y ésta iba a ser difícil para él de evitar tocar zonas comprometidas ya que la crema la había depositado Sara justo encima de sus dos pezones. Él no se decidía a dar el paso y ella le ayudó cogiendo sus manos y depositándolas cada una encima de cada pecho. Me miró y yo le hice un gesto de adelante.

No necesitó más. Sus manos empezaron a acariciar sus tetas esparciendo la crema y dándole un masaje sensual que enseguida hizo que sus pezones se endurecieran. Ya rotas las barreras Sara se echó un último chorro de crema, éste justamente encima de su pubis. Enseguida sus manos bajaron y empezaron a repartir la crema rozando su raja y masajeando su clítoris hasta que Sara no aguantó más y se corrió ahogando en todo momento sus gemidos para no montar un espectáculo en medio de la playa. Con las manos de Carlos aún en su bajo vientre ella se alzó y le plantó un apasionado beso que enseguida fue correspondido por él.

Sara se dio la vuelta y le dijo que aún tenía faena por hacer. Él se lanzó presuroso a cumplir su tarea echando crema sobre sus piernas, espalda y nalgas y empezando un erótico masaje fue repartiendo la crema por su cuerpo. No creo que haga falta decir que a estas alturas Carlos tenía la polla completamente tiesa y la refregaba constantemente contra ella aumentando la excitación de ambos. La tensión parecía haberse esfumado y ya podría concentrarme en mi chica. Cuando me giré ella estaba me estaba alargando el pote de la crema y con una sonrisa en su boca.

-Ya sabes lo que tienes que hacer.

Y vaya si lo hice. Estuve disfrutando de su maravilloso cuerpo mientras le ponía crema provocándole dos orgasmos, uno masajeando la parte delantera de su cuerpo y otro cuando se dio la vuelta para echarle crema por la espalda y accidentalmente se colaron dos de mis dedos en su interior. Durante el proceso vi como Carlos nos observaba pero parecía que empezaba a aceptar la situación o como mínimo se resignaba a ella. Al fin y al cabo él tampoco podría quejarse y supongo que empezaba a darse cuenta de los beneficios que comportaba el haber perdido la apuesta.

Nos tumbamos en las toallas y disfrutamos de una mañana de playa relajada dónde incluso pude echar una par de cabezadas y recuperar algo del sueño atrasado. Al mediodía recogimos nuestras cosas para ir a comer algo y volvimos a los bungalós cada uno junto a su nueva pareja al menos por esa semana. Cuando llegamos a las puertas yo propuse que Carlos y yo recogiéramos nuestras cosas y cambiáramos de bungaló para estar cada uno con su chica. Él dudó un poco pero ante la respuesta positiva de las chicas no le quedó más opción que no protestar. Media hora más tarde ya estábamos todos instalados de nuevo.

Comimos todos juntos y decidimos pasar aquella tarde visitando varios lugares que quedaban en la otra punta de la isla. Nos arreglamos porque pensábamos volver ya de noche y cogimos el coche para desplazarnos allí. Pasamos toda la tarde haciendo turismo y disfrutando del buen tiempo y de la grata compañía. Yo me pasé toda la tarde andando abrazado a Sofía, dándonos picos como si fuéramos una pareja de enamorados y metiéndonos mano cada vez que podíamos. Y los otros no se quedaban atrás.

Al caer la noche buscamos un restaurante en la zona costera para cenar. Allí la cosa ya empezó a caldearse entre nosotros dos y nos estuvimos acariciando bajo el amparo de la mesa del restaurante. Ni que decir tiene que ambos salimos de allí con una calentura fuera de lo normal y estábamos deseando volver para culminar lo que llevábamos tanto tiempo deseando. Pero la noche aún era joven y el día anterior le había prometido a Stefan que nos pasaríamos por su pub para tomar algo juntos y hacía allí nos dirigimos.

A Carlos y Sofía les encantó el local nomás entrar. Buscamos un reservado y aún no nos habíamos acabado de sentar cuando hicieron acto de presencia la pareja de alemanes. Hice las presentaciones de rigor y nos sentamos todos juntos. Sofía quedó situada entre Stefan y yo, Erika a mi lado y Sara y Carlos al otro lado de la germana quedando justo enfrente nuestro. Enseguida vinieron a atendernos y el alcohol acabó de desinhibir el ambiente. Pronto se integraron en nuestro grupo y cualquiera hubiera dicho que nos acabábamos de conocer, parecíamos amigos de toda la vida.

Incluso cuando le comenté a qué me dedicaba, Stefan me pidió una tarjeta porque estaba interesado en promocionar sus negocios de cara al verano próximo y quería hablar con mis jefes para tratar la cuestión. Sofía, a todo esto, al girar la conversación al tema de los negocios se fue desentendiendo de la charla centrándose en cosas más agradables al menos para ella, o sea, en el paquete de Stefan.  A mí no me pasó desapercibido su súbito silencio y sus furtivas miradas a la entrepierna del alemán. Yo ya sabía que había quedado gratamente sorprendida el otro día cuando la vio en la playa nudista y vi una oportunidad de dar un paso más, quizá definitivo, para que Sofía dejara atrás las ataduras que se había autoimpuesto.

-Cariño, estás muy callada le dije cogiendo la mano más cercana a Stefan y acercándola a mi boca para besarla tiernamente.

-Nada, sólo estoy un poco cansada me contestó dándose cuenta de que la había pillado infraganti.

-Tranquila que pronto nos iremos le dije mientras acompañaba su mano dejándola encima de la polla de Stefan. Él ni se sorprendió ni hizo ningún gesto de rechazo, es más, continuó preguntándome sobre los servicios que ofrecíamos como si allí no pasara nada. Sofía me miró y le devolví una sonrisa cómplice mientras contestaba a las preguntas de él. Me devolvió la sonrisa aceptando el juego y su mano empezó a moverse frotando su miembro por encima del pantalón. Yo, por mi parte, dejé caer mi mano encima de su muslo y lo empecé a acariciar subiendo la tela del vestido hasta casi dejar a la vista su ropa interior. El bulto en el pantalón de Stefan era más que evidente y la mano de Sofía no daba abasto para abarcar tanta carne.

El alemán, excitado por el toqueteo de mi vecina y por la visión de los muslos casi desnudos de ella, alargó su mano y empezó a acariciar el otro muslo rozándose nuestras manos cuando coincidíamos en llegar a la altura de su sexo. Yo iba a tener toda la noche para disfrutar de aquel manjar así que decidí ceder mi lugar y, apartando la tela de la braguita a un lado, invité a nuestro nuevo amigo para que disfrutara del coño de Sofía. Su mano se adentró rápidamente y después de acariciar toda la extensión de su raja se enfrascó en un masaje frenético sobre su inflamado clítoris.

Yo aparté mi mano para dejarlos disfrutar en paz y la utilicé para coger mi copa y aplacar mi boca sedienta. Y con todo el disimulo del mundo moví la otra mano hasta posarla encima del muslo de Erika que mantuvo la compostura y siguió charlando como si nada con Sara y Carlos. Dirigí mi mano por el interior de su muslo hasta alcanzar la tela de sus braguitas que aparté rápidamente para acariciar su sexo sin ropa de por medio. Acaricié sus labios hasta llegar a la entrada de su gruta que ya estaba húmeda. Repetí mi movimiento descendente varias veces hasta que colé dentro dos dedos que entraron con suma facilidad. Empecé a mover rítmicamente mis dedos mientras con la palma frotaba su endurecido clítoris cosa que hizo que casi se delatase al escapársele un gemido.

Pero no hacía falta disimular. Cuando levanté la vista para ver si Sara se había percatado de algo vi que su cara también estaba desencajada de placer al igual que la de Carlos. Por lo visto ya hacía un rato que la mano de Erika se había perdido entre los muslos de  Sara y ésta a su vez estaba acariciando a su nuevo novio provocándole tal placer que era ajeno al resto de toqueteos entre los demás.

Mientras seguía atacando el coño de Erika volví a fijar mi vista en Sofía y Stefan. Su mano descansaba sobre el tremendo bulto de su pantalón mientras ella, con sus piernas bien abiertas y medio ladeada para facilitarle la faena a él, ahogaba los gemidos que delataban que acababa de correrse. Él siguió acariciándola pero de forma más sosegada alargando su estado de placer. Mis movimientos se intensificaron buscando el estallido de placer de Erika que seguía enfrascada arremetiendo contra el coño de Sara. Ésta no tardó en correrse parando de masturbar a Carlos que extrañado la miró y empezó a darse cuenta de que algo raro pasaba allí al verla con las mejillas encendidas, sus piernas semiabiertas y la mano de Erika entre ellas. Y justo en ese momento se vino Erika lanzando un profundo suspiro y regando mis dedos con su gran corrida. Si le quedaba alguna duda de lo que allí había pasado se le aclararon cuando vio aparecer mi mano de debajo de la mesa y meterme los dedos en la boca saboreando los jugos del coño de la alemana.

Sofía y Stefan ya recuperados de su sesión de toqueteos nos miraban cómplices mientras Erika se acercaba y me besaba agradeciéndome el placer recibido. Más efusiva fue Sara que no dudó en darle un morreo en toda regla para estupor de Carlos que aún estaba atando cabos. Todos nos reímos cómplices de lo que allí había pasado. Las chicas se levantaron para ir al baño a adecentarse un poco dejándonos solos.

-Menuda situación, chicos. Yo no sé vosotros, pero yo me he quedado con un calentón del copón.

-Pues yo igual dijo Stefan. No me atrevo ni a levantarme para no provocar un escándalo jajaja. Menudo coñito tiene tu chica, estoy deseando probarlo.

-¿Y tú qué Carlos? ¿Empalmado también?

-Ya te digo, me duelen hasta los huevos. ¿O sea que tú también le has metido mano a Sofía? Pues mira que no me he enterado de nada.

-Estabas demasiado ocupado con la sobada que te estaba dando Sara le dije yo. Yo no sé vosotros pero yo me he quedado con ganas de más. ¿Te parece Stefan que cuando vengan las chicas vayamos a enseñarles la habitación de arriba? Con un poco de suerte lo mismo conseguimos que nos rebajen un poco la tensión por aquí abajo.

-Por mí perfecto dijo Stefan. ¿Tú crees que podré follarme alguna?

-Bueno, si van tan calientes como nosotros creo que no habrá problemas. Es más, lo estarán deseando. Y si no me equivoco deben de estar ahora en el baño repartiéndose quien le toca a quien.

-¿Tú crees? Preguntó un alucinado Carlos.

-No tardaremos en saberlo. Por ahí vienen las chicas.

Cuando llegaron a nuestro lado venían las tres sonriendo y antes de que Stefan pudiera sugerir nada su mujer le recordó que todavía no nos habían enseñado el resto del local. Y ante un alucinado Carlos que no se creía lo que pasaba nos levantamos y seguimos a Stefan que nos fue mostrando el resto del local y dirigiéndose a las escaleras que llevaban al piso superior. Sofía se quedó más rezagada y yo me acerqué a ella para tener un rato de intimidad ante lo que se avecinaba.

-¿Nerviosa?

-Un poco pero me puede más la excitación. Supongo que tú estarás más acostumbrado a este tipo de situaciones.

-No te creas. Todo esto es también nuevo para mí nunca habíamos llegado a estos extremos pero lo estoy deseando. ¿Ya habéis elegido compañero de juegos?

-Puede ser…pronto lo descubrirás…pero pase lo que pase no te me pongas celoso ¿eh?

-Ni tú tampoco jajaja. Ahora en serio, lo único que quiero es que disfrutes.

-Qué suerte he tenido con este novio que me he echado me dijo besándome.

A todo esto llegamos a la habitación donde había disfrutado con Erika de un polvo espectacular la otra noche. Entramos y nos observamos expectantes a ver quién hacía el primer movimiento. No tuvimos que esperar mucho ya que, como me había imaginado, algo ya habían acordado las chicas en el baño y Erika que era la más lanzada abrió el fuego acercándose a mí, juntando sus labios con los míos y sus manos buscando el cierre de mis pantalones para deshacerse de ellos. Las otras dos no tardaron en abalanzarse sobre sus presas, Sara con Carlos y Sofía con Stefan. No puedo negar que sentí un ramalazo de decepción al no haber sido escogido por mi vecina ya que me había hecho la ilusión de poder compartir esa noche con ella por primera vez pero me conformé imaginando que a partir de ese día tendría muchas más oportunidades.

Nuestros pantalones cayeron al suelo y nuestras parejas se arrodillaron ante nosotros con la intención de llevarnos al éxtasis con sus bocas. Enseguida sentí la lengua de Erika recorrer toda la longitud de mi polla que ya estaba a tope, como sus labios besaban mi capullo y como su boca intentaba tragarse aquel trozo de carne que ya había probado apenas unos días antes. Con mi mano en su cabeza, acariciándola y acompañándola en sus movimientos de vaivén, observé a sus dos compañeras. Sara tragaba por completo la polla de un entregado Carlos que ni en sus más fogosas fantasías hubiera imaginado encontrarse en una situación así. Sin embargo ella no estaba totalmente pendiente de él ya que pude ver que lanzaba furtivas miradas al miembro de Stefan que era la primera vez que veía y seguro estaría deseosa de probar. Y Sofía…ésta no podía dar crédito a lo que intentaba meterse en la boca. Había palpado antes su polla y ya se imaginaba que era enorme pero el tenerla delante superó todas sus expectativas. Su boca apenas podía engullir la mitad de su polla y con su mano pajeaba el resto de su miembro mientras sus ojos no se apartaban de los ojos de Stefan que disfrutaba complacido del trato que le estaban dando.

Las chicas siguieron exprimiéndonos con sus bocas durante un buen rato hasta que sin previo aviso Erika se despegó de mí lo que provocó que las otras la imitaran. Yo no entendía que pasaba y los otros tampoco pero antes de que pudiéramos reprochar nada las chicas se movieron cambiando de pareja. Erika se arrodilló ante Carlos y empezó a comerse su polla con ganas mientras Sara se abalanzaba sobre el pollón de Stefan y conseguía meterse algo más que Sofía en su boca. Y por mi parte pude ver como mi Sofía se arrodillaba ante mí y empezaba a hacerme una mamada espectacular. Igual que había hecho antes con el alemán Sofía engullía mi polla sin apartar la vista de la mía y esto junto al trabajo previo que había hecho Erika hacía que mi polla estuviera a punto de reventar. Y no era el único ya que a mi lado pude sentir como Carlos explotaba dentro de la boca de Erika que se tragó sin problemas su corrida. Stefan aguantaba como podía las acometidas de Sara que utilizaba todas sus armas para vaciar los huevos de él pero no aguantó mucho más y sacó su miembro para disparar sus chorros sobre la cara de ella que esperaba expectante semejante regada. Ver todo esto hizo que mi orgasmo fuera inminente y avisé a Sofía que sin dejar de tragar bajó con sus manos los tirantes del vestido dejando al descubierto sus tetas desnudas, se la sacó de su boca y siguió masturbándome provocando que acabara explotando llenando sus pechos con mi leche.

Si me hubieran dicho una semana antes que estaría en una habitación eyaculando sobre las tetas de mi querida vecina mientras otras dos parejas hacían lo mismo a mi lado no me lo hubiera creído. Y lo mejor era que era sólo el inicio. Mientras aún disfrutaba de mi reciente corrida vi como las chicas empezaban a quitarse la ropa quedando completamente desnudas ante nosotros. Erika que era la que llevaba la voz cantante se acercó a Carlos y empezó a despojarle de la ropa que le quedaba mientras le comía la boca. Sara siguió su ejemplo con Stefan y Sofía me miraba esperando mi reacción con una sonrisa en su preciosa boca.

No la hice esperar. Mis prendas volaron y mi boca buscó la suya que la recibió con ansia mientras nuestras manos recorrían el cuerpo del otro con frenesí. Nos fuimos desplazando hasta dejarnos caer sobre el sofá que había allí. Mi boca abandonó la suya para ir bajando besando a su paso su cuello, sus tetas, su vientre hasta llegar a su pubis que recorrió con deleite lamiendo su raja y haciéndola vibrar de placer. Mis dedos abrieron sus labios y mi lengua se adentró en ella lamiendo todo lo que encontraba a su paso mientras sus manos se aferraban a mi cabeza apretándome contra su sexo y sus piernas se abrían al máximo para facilitarme la faena. Seguí lamiendo mientras mis dedos alcanzaban su clítoris y lo acariciaban frenéticamente, con la otra mano recogía sus fluidos que emanaban abundantemente de su interior lubricando mis dedos que buscaron su entrada trasera adentrándose con cierta dificultad por aquella puerta que me había confesado que hacía tiempo que no abría.

Fue sentir mis dedos abriéndose paso en su culo y estalló en un orgasmo apoteósico que gritó a los cuatro vientos. Me senté a su lado besándola esperando que se recuperara para seguir disfrutando. Apenas pude contemplar como Erika cabalgaba a un Carlos que estaba tendido en el suelo y que le faltaban manos para tocar a la preciosa germana que estaba encima de él y a una Sara que gritaba enloquecida mientras estaba tendida sobre la cama a cuatro patas siendo empalada por la enorme polla de Stefan. Sentí como su mano aferraba mi polla, acariciándola, comprobando su dureza. Estaba dura como una piedra y lista para volver al ataque. Se sentó encima de mí a horcajadas dejando mi polla presa entre mi vientre y el suyo empezando a moverse como si me follara mientras nuestras bocas se juntaban y mis manos se aferraban a sus firmes pechos.

No necesitábamos muchos preámbulos, ambos estábamos a mil. Alzó su cadera y se dejó caer sobre mi polla que la recibió con alegría adentrándose en su gruta con suma facilidad y llenándola por completo. Se quedó quieta mirándome, sintiendo mi polla clavada en su interior, acostumbrándose a ella. Y empezó a montarme como una salvaje amazona. Sus manos se aferraron a mis hombros para dar más impulso a sus arremetidas dejando sus tetas a la altura de mi boca que no dudé en lamer y besar sus duros pezones mientras mis manos aferraban sus nalgas acompañando sus vaivenes.

Sofía me cabalgaba de forma frenética, a un ritmo vertiginoso y no tardó en llegar a su clímax dejándose caer sobre mi cuerpo. Abrazada como la tenía, la volteé hasta dejarla reposar en el sofá aun con mi miembro en su interior que seguía con ganas de más. Empecé a penetrarla de forma lenta y suave hasta que noté que su cuerpo pedía más y me dispuse a complacerla. Mis embates aumentaron de intensidad y mi polla entraba y salía de su ardiente coño sin descanso mientras Sofía aprisionaba su cuerpo contra el mío enlazando sus piernas sobre mi culo y sus manos sobre mis hombros clavándome sus uñas en la piel de mi espalda. Nuestras caras permanecían a escasos centímetros la una de la otra y fugazmente se fusionaban en apasionados morreos que hacían subir la temperatura de ambos.

Nuestros cuerpos mantuvieron su particular batalla en busca del placer mutuo durante otros diez placenteros minutos hasta que nuestro orgasmo anunció su llegada. Intenté salirme de su interior pero sus piernas se aferraron con fuerza y ya sin escapatoria exploté descargándome en su interior llenándola con mi leche y provocando que ella alcanzara su segundo orgasmo con mi polla y el cuarto de la noche. Me dejé caer a su lado exhausto y nos quedamos abrazados.

Entonces me di cuenta que la habitación estaba en silencio. Levanté la vista y vi que los otros hacía un rato que habían acabado y que, aun recuperándose, habían estado observando nuestro polvo. Pero no eran miradas de reproche más bien de complicidad, alguna de envidia. Allí no había recriminaciones posibles al fin y al cabo aquella noche todos habíamos compartido a nuestras parejas. A medida que nos fuimos recobrando del esfuerzo realizado nos aseamos un poco y empezamos a vestirnos, era tarde y nuestros  cuerpos necesitaban un descanso con urgencia. Salimos las tres parejas juntas comentando lo pasado y deseando volver a repetirlo. Nos intercambiamos los teléfonos con Stefan y Erika prometiendo que si regresábamos a la isla volver a quedar y nos encaminamos al coche.

Poco rato después llegamos a los bungalós. Era bien entrada la madrugada y nos despedimos yendo Carlos y Sara al suyo y Sofía y yo al nuestro como si fuera lo habitual. Fuimos directamente al dormitorio donde nos desvestimos volviendo a quedar desnudos el uno frente al otro. Nuestros cuerpos tardaron poco en volver a unirse. Nuestras bocas recorriendo el cuerpo del otro, nuestras manos acariciaron cada porción de piel del otro, hasta que al final nuestros sexos volvieron a unirse en un polvo que fue algo más que eso, esta vez estábamos haciendo el amor. Nuestras miradas no se despegaron, los movimientos más cadenciosos, sin prisas, buscando alargar aquel momento lo máximo posible hasta que volvimos a alcanzar un orgasmo los dos a la vez pero esta vez menos explosivo pero igual de placentero. Nos quedamos los dos dormidos casi al instante, desnudos, abrazados.

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