La disciplina de Mamá. Capítulo 2

Mamá seguía jugueteando con sus dedos, introduciéndolos en mi boca y esparciendo mi propia corrida, que ella misma había escupido, en mi cara.  Yo encontraba aquello asqueroso y humillante, pero a la vez me sentía relajado, disfrutando del sometimiento a mi madre. Cuando se cansó desató mis manos y me ayudo a levantar. Yo me mire al espejo. Estaba desnudo. En mi cuerpo había algunas manchas de carmín, pero mi cara era lo peor. El maquillaje y el semen se habían mezclado. Mamá me vio observándome en el espejo y me plantó un besó en la boca sensual y lento. Mi lengua respondió tímidamente.

-Vamos. Ve a mi baño y dúchate. – ella me acompaño, dándome de la mano como si fuera un niño pequeño. Con ternura me ayudo a entrar en la ducha. Empecé a lavarme mientras ella me observaba. Cuando terminé ella me ayudo a salir y empezó a secarme. Me trataba como a un niño pequeño. Volvió a acompañarme y me dejó desnudo, sentado en el borde de la cama. –Espera aquí – me dijo. – Mamá también tiene que ducharse. Ni se te ocurra espiarme. – Yo negué con la cabeza.

Tardó unos cinco minutos. Salió del baño en ropa interior. Esta vez era un conjunto negro, liso y sin adornos. Me sonrió mientras se secaba el pelo. Del armario sacó una falda negra y una blusa y se vistió. – Descansa un rato – me dijo. Has tenido una mañana muy intensa y esta tarde tenemos cosas que hacer –una sonrisa volvió a aparecer en su boca. – Yo iré a comprar y prepararé la comida. Puedes quedarte en la habitación de mami. – Una vez vestida mamá me dio un beso y salió por la puerta del cuarto. Cuando ella salió me recosté sobre la cama, desnudo. Mamá tenía razón, había sido una mañana muy intensa. No tardé en quedarme dormido y ni siquiera la oí salir de casa.

(…)

Mamá me despertó. Durante unos segundos me sentí aturdido. Estaba desnudo, en su cama. Al instante recordé todo lo que había pasado. Mamá seguía vestida y me zarandeaba con suavidad.

-Vamos, despierta. Es hora de comer. – Me desperecé y mire a mi madre. Ella me dio un suave beso y me agarro del pene. Este empezó a crecer bajo su mano. Cuando ya estaba duro dejó de besarme- Veo que ya he descubierto la mejor manera de despertarte.

-¿Puedo ir a mi habitación y vestirme?

-No. Te he dicho que a partir de ahora iras vestido como yo te diga. De hecho he tirado la mayoría de tu ropa, solo he guardado algunas prendas por si tenemos que salir de casa. Hace calor, por lo tanto iras desnudo o con braguitas, ¿queda claro?

-Si señora. – se había desecho de mi ropa y me obligaba a ir desnudo por casa. Pero no podía protestar, pues mientras tanto ella seguía acariciando mi polla. Mejor ir desnudo, pensé.

-Quiero controlar cada vez que se te ponga dura esta pollita virgen. – volvió a besarme- Bien. Yo ya he comido. Ahora te toca a ti. A partir de mañana me ayudarás a poner la mesa y a hacer la comida. – Seguía acariciando mi polla. – De hecho me ayudarás en todas las tareas del hogar, ya verás que bien nos lo pasamos. Pero hoy he hecho una excepción.

Mamá se levantó de la cama y me tendió la mano. Yo le di la mía y la seguí por la casa. Vi un plato de puré de verduras encima de la mesa. Yo lo odiaba. Ella lo sabía. – No me mires con esa cara, comerás todo lo que yo te diga, recuerda. Siéntate en la silla.  – Me senté mientras ella se ponía detrás de mí. – Ahora junta las manos detrás del respaldo de la silla. – Obedecí y note como mi madre me ataba las manos. ¿Cómo pretendía que comería con las manos atadas? Fui a protestar, pero otra vez ella se me adelanto. – Tranquilo. Mamá te dará de comer, como cuando eras pequeño, ya verás que bien nos los pasamos. Mamá cogió el plato y una chuchara y sentó en mi falda. Noté su peso sobre mis rodillas. Hundió la chuchara en el puré y empezó a removerlo. – ¿Se comerá mi niño todo el puré? – Si mami- respondí. Noté como otra vez no era realmente dueño de mí mismo. Ser tratado de aquella manera, desnudo y atado por mi propia madre hacia que tuviera la polla dura como roca. Mamá me puso una cucharada en la boca y yo engullí. No me gustaba nada e hice una mueca de disgusto. – Vamos mi niño. Si te comes todo el puré mamá te dará un postre delicioso. A ver si así te gusta más – Escupió en cuchara llena, mezclando el puré con su saliva y la puso en mi boca de nuevo. Yo trague. El puré seguía sin gustarme, pero que escupiera en mi comida era otra humillación que descubrí que aumentaba lo caliente que estaba. Mamá siguió mezclando el puré con su saliva mientras me daba cucharadas. Lo hacía como si yo fuera un niño pequeño. Un par de veces cayó puré sobre mi pecho, y ella aprovechaba para lamerlo y limpiarme con su boca. Una vez hizo lo mismo con mi pene y di un respingo de placer. El puré se acabó más rápido de lo que yo hubiera deseado. – ¡Muy bien! – exclamó mamá. – ¿Quieres que mamá te lleve al sofá y te dé el postre? – Yo no sabía cuál era el postre, pero afirme sin dudarlo – Si mami.

Mamá se levantó y me desató. Desnudo y cachondo me llevo hasta el sofá. Delante de mí se quitó la blusa y el sostén y se sentó. – Túmbate y pon la cabeza sobre mis muslos – Yo estaba atónito. Por fin veía los pechos de mamá en todo su esplendor. A pesar de su edad aquellos dos globos aún desafiaban la gravedad, aunque ya empezaban a decaer. Sus pezones eran grandes y oscuros. Alrededor de ellos se veían algunas venas azules que se extendían y desaparecían a lo largo del resto del pecho. – Vamos ¿No me has oído?  – Obedecí. Con mi cabeza sobre sus muslos tenía sus pechos a pocos centímetros de mi cabeza. – ¿Quieres tocarlos? Vamos. – Posé mis manos sobre ellos y los acaricié. Hundí suavemente la punta de mis dedos sobre ellos. Los sopese y finalmente empecé a amasarlos. – Bésalos, chúpalos, juega con ellos – dijo mi madre. – Apenas había acabado la frase me abalancé sobre uno de sus pezones y empecé a succionarlo. Pase la lengua por su pezón, lo bese y seguí succionándolo como si mamara de él. Mamá gimió de placer. Después de unos instantes cambié de pecho y seguí con el mismo tratamiento. Mamá estiró el brazo y noté como empezaba a jugar con mis testículos y mi pene. Mamá empezó a pajearme con fuerza. Estuvimos un buen rato así. Oía a mamá gimiendo. – Si mi niño, cómele las tetas a mami,… te gustan mi niño,… si,… como cuando eras un bebé,… eres el bebé de mami. –Sus enormes pechos, su mano pajeándome y su dulce voz hicieron que finalmente no pudiera más y me corrí. El semen empapo mi barriga y su mano.

-Que has hecho pervertido. Te has corrido sin mi permiso. Muy mal. – soltó mi pene y se levantó bruscamente. Yo estuve a punto de caer pero me incorporé. – Tienes que aprender a controlarte, zorra. Ve al baño a limpiarte, dijo, mientras ella misma se secaba las manos con un pañuelo. – cuando estés ve a la habitación pequeña. Correrte sin mi permiso es algo muy grave que merece un castigo.

Me fui para el baño cabizbajo y temeroso del posible castigo. Hice mis necesidades y entré en la ducha. Me lave rápidamente con agua y jabón. Me sequé y me dirigí a la habitación que me había dicho. Era una habitación para invitados. Era pequeña y oscura Solo había una cama individual, sin sabanas, solo el colchón. Además tenía un pequeño armario vacío.

La puerta estaba cerrada y llamé con los nudillos.

-Adelante – Mamá estaba sentada al borde de la cama. Se había quitado la falda, podía ver aún las mismas bragas negras de antes, y se había puesto una camiseta de tirantes blanca. A su lado, sobre la cama descansaban un par trozos de cuerda, un cinturón, unos guantes de látex, un bote de crema y las bragas de color carne sobre que aquella misma mañana mi madre se había corrido dos veces. Suspiré y dije:

-Lo siento… señora.

-Eso está bien, pero igualmente debo castigarte. Creo que he empezado mimándote demasiado. Mañana ya empezaremos tu nueva “educación”, pero esta tarde toca que té castigue. Mamá se levantó con las bragas sucias en la mano, me abrió la boca y las encajono. Con uno de los trozos de cuerda me amordazó. El sabor de los flujos de mamá secos inundó mi lengua. -Ponte contra la pared con las piernas separadas. – Lo hice – inclínate hacía adelante y apoya las manos en la pared. Sin atreverme a girar la cabeza para mirar oí como mamá se levantaba y cogía el cinturón. El primer golpe llegó sin avisar. Mi culo de repente ardió al contacto del cuero. Mis ojos se llenaron de lágrimas y la improvisada mordaza ahogo un de dolor. Sin tiempo para recuperarme llegó el segundo golpe y caí al suelo de rodillas, intentando no llorar. Pensé en rebelarme, pero me acordé los vídeos que mamá había grabado. Recordé su amenaza de mandarlos a Júlia, la chicha que me gustaba, y aguanté.

-¿Acaso tendré que atarte? – Se burló – ¿Oh,… estas llorando como una niña?- Con una mano mamá me recogió el pelo y tiró de él hasta levantarme. Descargó dos golpes más sobre mis nalgas. Me empujó con su cuerpo contra la pared sin dejar de tirarme del pelo. Noté su aliento sobre mi oído y sus pechos contra mi espalda. Dejó caer el cinturón al suelo y rebuscó por debajo de mis piernas hasta agarrarme el pene flácido y los testículos. No apretó con toda su fuerza, pero igualmente dolió. Las bragas sucias de mamá en mi boca me impedían respirar bien del todo. El culo me ardía por los golpes del cinturón. – Sí lloras como una niña tal vez no necesites esto.- Dijo mientras apretaba más fuerte. Soltó mis testículos y tirándome del pelo me tiró sobre la cama. Yo estaba bocabajo y rápidamente ella se puso encima de mí a horcajadas. Acerco su cabeza a mi oído y se apretó contra mí. Otra vez sus pechos se aplastaban contra mi espalda. Notaba su aliento caliente sobre mi nuca. Notaba la fuerza de sus piernas, sujetándome. El dolor fue remitiendo y noté como poco a poco, mi polla volvía a cobrar vida. Aún no estaba dura del todo, pero noté como empezaba a llegar la sangre hasta ella. Me había corrido tres veces aquel día pero aún estaba cachondo. Yo era joven, jamás había estado con una mujer y toda aquello con mamá me estaba volviendo loco. Mamá me estaba iniciando en el sexo y no solo eso, lo estaba haciendo sometiéndome como a un sumiso –El castigo aún no termina, zorra. –  Me dijo en la oreja. Me agarro las manos y empezó a atarme con otro  trozo de cuerda con estas detrás de la espalda. De la mesita de noche cogió una goma y me hizo una coleta en el pelo. – Levanta las rodillas – dijo levantándose. – Separa las piernas. – ¡Mira! Si parece que esta quiere volver a cobrar vida. – Veía como mi polla, aunque no estaba dura del todo, había crecido de tamaño. Yo no podía ver mucho, pues tenía la cara contra el colchón. Agarró el pene. – Cada vez tengo más claro que mi hijito es una puta. ¿Te pone cachondo que mamá te castigue? – Empezó a pajearme otra vez hasta que llegue a tener una buena erección. Después de tres corridas mi pene empezaba a picarme un poco, pero el placer era mucho mayor. Mamá soltó la polla y empezó a ponerse uno de los guantes de látex. Derramó un poco de crema sobre los dedos y empezó a pajearme con el guante. La crema estaba fría y me produjo un escalofrió. Gemí. Mamá paró y volvió a derramar crema en la mano. Esta vez, pero, empezó a esparcirla en la raja del culo. Se demoró deliciosamente en mi ano, masajeándolo con suavidad. Con su mano libre, sin el guante volvió a mi polla. La crema la había lubricado y el picor desapareció, dejando solo paso al placer. El masaje en el culo y la paja me estaban llevando otra a perder todo control sobre mí mismo. De repente noté un dolor, mamá había introducido uno de sus dedos dentro de mi ano. No fue un dolor muy grande y solo había entrado medio dedo. Mi culo, como el resto de mí, también era virgen.

-No,… por favor,… mamá,… señora,… – dije como podía intentando escupir la mordaza.

-Voy a follarte el culito con mis dedos, putita. Tranquila, solo serán dos o tres. Verás cómo te gustará, zorra. Esto es más un premio que un castigo. Pronto te follare con cosas más grandes y veras como disfrutas. –Mamá introdujo su dedo más hondo y empezó a moverlo en círculos. – Vamos a abrir este culito virgen. De hecho perderás la virginidad anal que la real mucho más pronto. Antes de dejar que me folles te follare yo antes. – Dejó de masturbarme y me agarró de la coleta y tiro con fuerza de mi pelo. Yo estaba con las manos atadas detrás de la espalda y con su fuerza levantó mi cara de la almohada. Mientras seguía follándome el culo con un dedo, que ya había introducido hasta el fondo. – No disfrutes tanto, recuerda que estoy castigándote. – Se burló. Tenía a razón, a pesar de podía parecer una locura yo estaba disfrutando de aquella experiencia.

Me soltó el pelo y mi cara cayo otra vez sobre él colchón. Otra vez empezó a pajearme mientras introducía otro dedo en mi ano. Me penetraba con dos dedos haciéndolos entrar y salir con fuerza. El dolor y la humillación luchaban con el placer que aquello me estaba dando.

-¿No té irás a correr?, eres un zorra – Mamá me tiró bruscamente del pelo de nuevo. Dejó de follarme el culo y con fuerza me puso de rodillas al borde de la cama. Seguía tirándome del pelo. Me miró a los ojos y me escupió en la cara y me retiró la mordaza. – ¿Quieres que mami siga follándote el culito? Suplica puta.

-Yo,… – Tarde en responder un segundo. Mamá me dio una bofetada. El golpe me dolió tanto en el orgullo como en la cara. Pero me trague el orgullo y me dejé ir del todo. Si quería. Quería que mamá me follara el culo con sus dedos, si, quería ser la puta de mi madre, no podía pensar en otra cosa. – Si, por favor.

-Como mínimo eres una putita educada. – Con otro tirón de pelo mamá volvió a tumbarme en la cama, esta vez bocarriba. Las manos, atadas detrás de la espalda, se me clavaban en la espalda. Ella me separó las piernas y me hizo levantar un poco el culo. De golpe volvió a clavar sus dos dedos en mi ano, moviéndolos como si me follara de verdad mientras me pajeaba. Se había incorporado de rodillas y me miraba a los ojos. De vez en cuando me escupía por todo el cuerpo, en la polla, en la barriga, en el pecho y en la cara. Yo intentaba abrir la boca para recibir su saliva como si fuera un sorbo de agua en el desierto. Jugaba de nuevo con mi límite y ralentizaba el ritmo de la paja cuando veía que estaba a punto de llegar a él. Soltaba mi pene y me esparcía la saliva por el cuerpo, introducía sus dedos en mi boca y volvía a coger la polla. Me tenía todo al borde del orgasmo sin llegar a él de manera perfecta y en ese momento tuve un instante de lucidez. Cuando estábamos en el sofá mamá me había hecho correr queriendo, meneándome la polla con un ritmo frenético y olvidando el control que ahora me estaba aplicando. Mamá me había querido castigar y había buscado la excusa perfecta. Me daba igual. Cualquier castigo o premio que me diera aquella mujer me parecía algo merecido. En apenas unas horas mamá había empezado a convertirme en un hombre un sumiso. En apenas unas horas yo había empezado a considerar aquella mujer que me dio la vida no solo como a mi madre, sino como a mi dueña y señora, mi ama, mi diosa,… Noté como un tercer dedo entraba en mi culo. Una mueca de dolor cruzo mi semblante y solté un quejido por la boca. Pero en lugar de quejarme o pedirle a mi madre que parará oí mi propia voz que decía:

-Si mamá. Follame el culo. Hazme lo que quieras. Soy tuyo, soy tuya. Te quiero mamá. – Mientras decía esto le miraba a los ojos, completamente entregado a ella. Desde que era un niño pequeño no le había dicho que la quería. Tampoco en la semana que llevábamos conviviendo. En aquel momento ella me beso. Fue un beso tierno, casi maternal si no fuera por su lengua dentro de mi boca. Yo apenas lo pude responder, concentrado en las sensaciones que me provocaba, pues a pesar del beso ella seguía penetrando mi culo con tres dedos y pajeándome.

-Yo también te quiero mi niño. Eres mío. Te convertiré en mi putita, en el niño de mamá. – Su voz era ronca. Entonces paró. Se levantó de la cama y se quitó el guante. Tirándome del pelo me puso de rodillas al borde de la cama, aunque esta vez con algo menos de violencia. Despacio, se quitó la camiseta. Pude volver a ver aquellas dos enormes tetas. Deslizo sus manos por las bragas y lentamente las bajo. De repente apareció una enorme mata de pelo negro. Brillaba, empapado por la excitación. Por fin mamá me regalaba la visión de su coño. Se sentó al borde de la cama y con fuerza me apretó contra su sexo. Me vi inundado de sensaciones. El olor y el sabor eran algo más delicioso que nada que hubiera podido imaginar. Lamía con inexperiencia y torpeza, con entusiasmo y una sed que no se apagaba. Los pelos me hacían cosquillas, me entraban en la boca empapados de mi saliva y del sudor y los flujos vaginales de mamá. Trague algunos, intentando no toser para prolongar aquel placer. Ella gemía quedamente, – Si mi niño. Cómele el coño a mamá. Estuvimos un buen rato así hasta el cuerpo de mamá se tensó para relajarse después. A mi boca llego una nueva ola de humedad de su orgasmo y yo bebí ávidamente.

Mamá se levantó y me desató. Me levantó con ternura y empezó a besarme. – Tócame mi niño. – Mis manos empezaron a recorrer sus muslos, su culo, sus pechos. – Eres preciosa mamá, eres mi diosa. – Mi pene, aún duro, se rozaba con su vientre y los pelos del coño. Las manos de mamá también me tocaban, apretaban con fuerza mis nalgas, pellizcaban mis huevos, mis pezones. Sin dejarnos de besar y tocar, mamá y yo nos tumbamos en la cama. Estuvimos así un buen rato hasta que mamá se separó de mí y se levantó de la cama. Observé aquel cuerpo redondo, blando pero fuerte. Mi mano se fue hasta mi polla. Estaba demasiado caliente y necesita desahogo y empecé con un rápido sube y baja. Mamá me abofeteo dos veces, rápidamente – No, no, no,… – Yo solté mi pene y baje la vista, sumiso. – Veo que aún tengo que mantener a mi putita atada – Yo no contesté. Seguía con la mirada gacha, sentado sobre la cama. Mamá volvió a agarrarme de las manos y me las ató detrás de la espalda. Cogió de nuevo sus bragas sucias y me las puso en la boca, aunque esta vez sin amordazarme. Mientras me agarraba con fuerza de mi indefensa y erecta polla dijo. – Estoy sedienta, vamos a la cocina. Yo la seguí como pude, con la polla firmemente agarrada por su mano y mis manos atadas. Podía ver su redondo culo perlado de gotas de sudor bamboleándose delante de mí. Llegamos a la cocina y mamá soltó mi polla para abrir la nevera, sacar una botella de agua y dar un largo trago. En aquel momento me di cuenta que de la sed que yo también tenía. Con las bragas en la boca no podía hablar, pero me mamá, como leyéndome el pensamiento dijo.- ¿Tiene mi niño sed? – Yo afirmé con la cabeza. – Ven aquí que mamá te dará de agüita. – Ella dio un sorbo, que aguantó en su boca y me quito las bragas de la mía. Acercó sus labios y a mi boca y dejo caer el agua directamente. Aquella manera de darme agua era terriblemente excitante, de la misma manera en la que me había dado de comer antes. Después puso directamente la botella en mi boca y me forzó a beber. Rápidamente me ahogue y atragante, empecé a toser y cayó agua por todo el suelo formando algunos pequeños charcos. – Mira que torpe es mi niño, ahora tendrás que limpiarlo. – Me hizo caer de rodillas y me indico que empezara a chupar el agua del suelo. Yo empecé a lamer. – Muy bien mi niño repetía ella.

Cuando llevaba un pequeño rato así mamá puso su pie donde yo tenía la boca. – ¿Por qué no sigues por mi pie, cariño? – Yo me abalancé contra aquellos pies besándolos, lamiéndolos notando el sabor del sudor de mamá. Pase de un pie a otro y fui subiendo por las pantorrillas, por las rodillas, por los muslos hasta que llegue al coño de mamá, que empecé a lamer, buscando aquel botón que tanto placer había proporcionado a mi madre cuando yo lo había lamido. Mamá se reía. – Que travieso es mi niño. – decía mientras con ambas manos me acercaba más a su sexo. Estuve un buen rato así, de rodillas mientras le comía el coño y ella, de pie, gemía e iba apretando mi cara contra su cuerpo. Me separó de su cara y me levantó, besándome de nuevo y restregando su cuerpo contra el mío. Con una mano empezó a masturbarse con los dedos mientras con la otra mano me pajeaba. Restregaba mi polla contra  su coño peludo. De vez en cuando sacaba los dedos de su vagina para ponérmelos en la boca. –Siente el sabor de mamá. – Decía mientras yo lamía con avidez aquellos dedos. – Estaba a punto de correrme pero no lo quería hacer sin permiso.

-Mamá,… no aguantaré mucho.

-Shhhh, córrete mi niño, córrete en el coñito peludo de mamá. – Su palabras estaban entrecortadas y su respiración alterada. Ella también estaba terriblemente excitada. Siguió pajeándome contra su coño sin llegarse a introducir mi polla.

-¡Me voy! –Susurré. Mamá encaró perfectamente mi polla para que el semen quedara pegado entre los pelos de su vagina. Mi corrida no fue abundante. Apenas era media tarde y era la cuarta del día. Una sensación de alivio llegó después del orgasmo, pero no lo pude disfrutar demasiado. Mamá se había sentado en una silla y me había vuelto a poner de rodillas enfrente de su coño. En primer plano pude ver como empezaba a jugar con mi semen, a introducírselo en la vagina, a recogerlo de su poblado matojo con sus dedos para ponérmelos en la boca. Aunque me daba un poco de asco mi propio semen solo pude que saborear aquella mezcla de flujos de mujer y mi corrida. Pude ver como acariciaba frenéticamente su clítoris para finalmente, llegar al orgasmo. Otra vez pasó sus húmedos dedos por mi boca, esta vez con más suavidad y cariño y finalmente se relajó sobre la silla. Yo deje caer mi cabeza sobre sus muslos y así nos quedamos en silencio, durante unos minutos. Finalmente mamá me levantó y empezó a besarme con ternura, sin importarle que mi boca estuviera manchada de nuestras corridas mezcladas. Me desató.

-Ha sido un buen castigo, aunque creo que he sido demasiado benevolente y has disfrutado demasiado. – me acariciaba el pelo mientras hablaba.- A partir de ahora y a no ser que te diga lo contrario iremos a la habitación de pequeña siempre que te castigue. La llamaremos la habitación de castigo ¿Entendido?

-Si señora.

-Ah, y no esperes que todos los castigos acaben igual. En el futuro no seré tan buena. – Yo no conteste. – Ahora vamos lavarnos cariño. – Me llevó hasta su cuarto y nos duchamos, esta vez, juntos. Mamá me enjabonó y froto con fuerza. Otra vez me trataba como a un niño pequeño. Una vez nos secamos mamá se vistió delante de mí. Se puso  unas bragas y sostén blancos y los cubrió con una de sus batas de tirantes.

-Ahora vamos a vestirte a ti. Vamos a la habitación de Alicia. – Otra vez pretendía ponerme ropa de mi hermana. – Creo que un día de estos nos iremos de compras a la ciudad. Necesitó “material escolar” para tu nueva educación y ya que estamos te comprare braguitas. No podemos usar siempre la ropa de tu hermana. ¿Qué crees que diría tu hermana si se enterara? ¿Qué crees que diría si le enseñamos los vídeos que te he hecho está mañana?

– Yo,… – De repente me imaginé la cara de mi hermana viéndome vestido con su ropa interior, maquillado mientras me pajeaba. Una ola de temor y vergüenza me invadió. Mamá sonreía sin decir nada. Llegamos a la habitación de mi hermana y mamá desplegó toda la ropa interior que había en los cajones sobre la cama. No era mucha.

-Tu hermana no dejó aquí demasiada ropa, pero creo encontraremos algunas cosas por aquí que valdrán por el momento. – Había algunos tangas, braguitas de algodón de diversos colores,… mamá rebusco unos segundos y cogió unas braguitas blancas con lunares rojos. Eran algo infantiles. Ella misma me las puso, acariciando mi pene en el proceso. Cogió algunas prendas más y guiñándome un ojo dijo. – Estas para jugar esta noche.

gurujav01

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