El viejo mecanico me engrasa y me pone valvulina.

Esta vez fui yo la que di el paso y me presente sola en el taller del viejo mecánico, con la excusa de una revisión que rápidamente entendió el, pues tras abrirme  me lo encontré con un pantalón corto azul marino con camisa desabrochada y las manos dio untadas en grasa pues me dijo que estaba restaurando un viejo coche, y echándome mano a mi chochito, me dijo si era ese el que necesitaba revisión y engrase.

No le importo que las manos no estuviesen limpias del todo pues casi meter los dedos  en sexo tras   mis finitas bragas, respondiéndole que bueno que si le hacia el trabajo doble mejor que mejor.

Me pregunto que donde estaba mi marido y le dije que había venido sola, pero que ahora le llamaba y le decía que estaba en su taller.

Me dio un morreo que me dejo sin aliento casi me hace doblar las rodillas mientras le acaricie su pectoral bajando mi mano con descaro hacia su bulto que resaltaba en aquellos pantalones cortos.

Me miro viciosamente diciendo que veía tenia falta de macho y que con la polla de mi marido no tenía suficiente, por lo que esa tarde antes de llamarlo me iba a dar un buen polvo.

Quise decirle que también venía a lo del coche, cuando me giro sobre el capo  del coche que andaba revisando y con las manos aun medio grasientas me bajo las bragas y me apoyo sobre él, tomo un paño que allí tenia limpiándose las manos antes de quitarme la blusa y el sujetador y echar mano a mis pezones mientras me restregaba en mi trasero su pollon semi rígido.

Note su respiración fuerte en mi nuca, abriendo mis piernas con sus fuertes rodillas y restregando ya su venoso y grueso rabo por los labios de mi sexo.

Se agacho mientras me seguía manteniendo tumbada boca abajo sobre el capo del coche para comerme el culito y meter sus gruesos dedos en mi chocho haciéndome gozar rápidamente.

Mi respiración se disparó manifestando mi estado de celo a la vez que gemía como una perra en celo mientras tomo el teléfono móvil y tomando una foto de su rabo rozando mi trasero se la envió a mi esposo para decirle que lo que me iba hacer.

Fui a girarme pero me sujeto mientras volvió abrir mis piernas y comenzó a penetrarme  sujetándome sobre el capo del coche  y apoyando su pecho sobre mi espalda me susurro a la oído que mi marido venia en camino y cuando llegara me iba  a ver ensartada por su duro rabo o mi coñito lleno de leche depende lo que tardara.

Estaba loca de gusto con aquel pollon venoso dentro y no tarde en correrme mientras el celebraba mi rápido orgasmos  mordiéndome la nuca mientras me daba fuertes estacazos con su enorme rabo.

Temí el coche se cayera semi levantado por un lado pues las estocadas eran fuertes y profundas, levantándome ahora y así como me tenía clavada me echo sobre su cuerpo y me llevo en volandas hasta un sillón de coche que allí había en el suelo, sentándose  mientras me seguía follando.

Sus manos medio grasientas abrazaban mis pechos y pellizcaban mis pezones mientras oirá su respiración y cabalgaba sobre su duro rabo llegando rápidamente mi segundo orgasmos que me sorprendió gratamente por el placer tan intenso que tuve.

Oímos tocar el timbre y pensé ya era mi marido, y tras desclavarme para abrir la puerta llego con el hasta el sillón donde me habida dejado y me estaba follando, diciéndole que había llegado para un mantenimiento del coche y primero le estaba dando a ella uno de bajos y chasis.

Mi marido me dijo, avisa que yo también tengo ganas de fiesta, desvistiéndose rápidamente y mostrando su rabo en su máximo esplendor, ofreciéndome ambos para ir alternado en unas buenas y sabrosas mamadas.

Era impresionante tener cerca el rabo del viejo con esas venas y ese grosor, me hacía solo verlo mojarme y él lo sabía, agachándose también mi marido para ayudarme a comérselo, sobando su enorme cabeza entre nuestros labios mientras él nos sujetaba las cabezas  con ambas manos y animaba a seguir con aquella degustación.

Le dije se tumbara en aquel viejo sillón y le puse mi chochito mojado y empapado en jugos para que se lo comiera mientras me posicione en un 69 y comencé degustar su rabo nuevamente así como sus enormes pelotas, mientras mi marido me cazo por atrás dejando que el viejo viera en primer plano como me taladraba el trasero.

Estaba loca con aquella postura y mi coño resudaba placer en la experta boca del viejo que ahora agarro y acariciaba las pelotas de mi esposo pues este le dijo que le gustaba esos masajes, provocándole en pocos minutos se corriera en mi culito y me lo llenara.

Pensé él iba ahora a follarme nuevamente mi sexo girándome como una muñeca y  a cuatro patas apoyándome sobre mi marido que reposaba sentado y recuperándose, comenzó a meterla por donde me acababa de follar mi esposo, notando que el tamaño me hacía dilatar hasta extremos de casi provocarme una fisura, si bien su maestría y la lubrificación de la nata de mi esposo ayudo a  hacerme gozar olvidando rápidamente el pequeño dolor de aquel enorme pollon entrando y saliendo de mi estrechito culito.

Fueron unos minutos gloriosos donde me saco un orgasmos apoteósico, corriéndose el a la vez, y llenándome todita de su rica nata que aunque ahora no la degustaba, si la sentía caliente y espesa en mis entrañas.

La saco y quede rendida sin apenas fuerza, viendo como mi marido se dirigió mientras volvía a pajearse a chupársela, limpiándole las ultimas gotas que  aun derramaba aquel viejo macho por su semi rígido rabo tras aquella gran corrida.

Cuando me recupere, me invito a su baño para asearme pues me di cuenta tenía un poco de grasa por todo mi cuerpo de los manoseos y roces que había recibido gratamente mientras ellos aun desnudos se tomaron sendas cervezas hablando de aquel rico polvo y lo caliente que era, pues los escuche mientras me aseaba.

Le llamaron y esperaba visita por lo que no demoramos mas nuestras presencia, diciendo que la próxima visita la haría él

triomaduro

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *