La profesora de inglés

aime se levantó del sillón desperezándose de  brazos y piernas. Era lunes por la tarde y empezar la semana siempre le resultaba difícil, sobre todo si por la mañana su jefe decidía desahogarse a gritos con él. Esa jornada había sido particularmente desastrosa. Se había equivocado a la hora de tramitar varios documentos y se había pasado el resto del tiempo tratando de arreglarlo. A la hora de salir se había escabullido para evitar a su superior, mañana tendría tiempo de escuchar sus gritos un poco más. Tras la huida, había vuelto a casa, se había recalentado las sobras de la cena del domingo y se había tumbado en su sillón.

Su horario de trabajo se mezclaba de forma perversa con el de su vida estudiantil, dejándolo sin aliento al tratar de llegar puntual a todos lados. Los lunes tenía clase de inglés tan solo una hora después de salir del trabajo, así que se dirigió a su habitación para cambiarse. Se quitó el traje de la oficina, quedándose solo con los boxers. Estaba dejando la ropa sucia en el cesto,  cuando de pronto se  encontró de repente  frente al espejo. No era muy alto y  no tenía un cuerpo lleno de músculos.  Sus boxers marcaban sus partes  haciendo destacar el tamaño de estas. Recorrió con la mirada su cuerpo de pies a cabeza, al llegar a la cara sus ojos azules le devolvieron la mirada. Tras unos segundos de propia admiración  comenzó a vestirse. Selecciono unos vaqueros ajustados que le marcaban paquete y una camiseta casual. Se puso las zapatillas, cogió las llaves del coche, una chaqueta, la mochila  y se fue por la puerta.

Su viejo coche lo esperaba aparcado en  la esquina. No era un súper deportivo último modelo, pero no le había dado problemas y le había cogido cariño. Se puso el cinturón y arrancó el motor. La academia de inglés a la que estaba apuntado, no estaba lejos pero tampoco lo suficientemente cerca como para ir andando, y menos si salía con el tiempo justo. Tras un cuarto de hora de viaje llegó al edifico. Tuvo suerte y encontró sitio para aparcar en frente de la entrada. Al bajarse del coche miró el móvil y vio, a parte de un sinfín de notificaciones de whatsapp, que había llegado  pronto. Sorprendido de su puntualidad, decidió pasar primero por el cuarto de baño.

Aprovechó para lavarse las manos y  la cara, para después repeinarse en el espejo, una costumbre que  venía de su  añorada adolescencia. Al entrar en el aula casi todos los alumnos habían llegado y charlaban entre ellos. Sus compañeros eran un grupo variopinto de gente de todo tipo de edades y condiciones. Estaba el típico pasota que iba a una de cada cuatro clases, un grupo de dos o tres maduras que se dedicaban a cotillear, la muchacha guapa que era la envidia de todas y el deseo de todos, el empollón con gafas rodeado de gente haciéndole preguntas, una señora que podía estar perfectamente en videos de milfs en internet, unos cuantos repetidores y Jaime,  él que tenía  que ir obligado por que se las pagaba la empresa. Vio un hueco libre junto al grupo que menos solía hablar y se sentó con ellos. Sacó el material de la mochila y esperó.

Al cabo de un par de minutos llegó la profesora. Era una mujer joven de unos treinta años. No destacaba por ser la profesora buenorra por la que todos los alumnos babean, pero a Jaime le parecía que tenía su propio encanto y sensualidad. Al principio del trimestre no se había fijado mucho en ella. Iba sin ganas a clase y se limitaba a responder las preguntas que le hacía y hablar cuando le tocaba. Sin embargo,  últimamente se había descubierto mirándola el culo cuando se agachaba.

Ese día Lucia, que así se llamaba la profesora,  llevaba la melena rubia recogida en una coleta y vestía unos vaqueros ceñidos conjuntados una camisa y un suéter por encima, lo que acentuaba el volumen de sus pequeños pechos.

La clase  transcurrió de forma corriente, corrección de deberes, una explicación rápida de vocabulario…etc. Cuando faltaban media hora para que acabara la clase, la profesora se cansó de su labor y les indicó que hicieran un ejercicio de gramática especialmente largo. A Jaime no le llevo más de diez minutos completar el ejercicio. Sin nada más que hacer y sin intención alguna de que le mandasen más tareas, comenzó a pasear la mirada por la clase. La mayoría seguía enfrascados en terminar. Como  no había nada interesante que ver, intento sacar el móvil del bolsillo.

-Teacher!

La señora que se sentaba en la mesa de delante tenía la mano levantada y reclama ayuda con una duda que la había surgido. La profesora se acercó a la mesa y se colocó en paralela a esta. Para leer el origen de la duda tuvo que agacharse. Durante ese pequeño instante, con todo el disimulo que le fue posible, estuvo contemplando  a escasos dos metros de su  sitio, el trasero en pompa de su profesora. Cuando más estaba disfrutando de las vistas, ella terminó la explicación y al incorporarse sus ojos se encontraron durante unas décimas de segundo. Avergonzado apartó rápidamente la vista, esperando que no lo hubiese pillado. En los últimos minutos de la clase, mientras apuntaban los deberes para el día siguiente y recogían, no pudo evitar de nuevo la tentación  y se dedicó a observarla más sutilmente. Se fijaba en  el rubio de su pelo, en la forma de sus labios al pronunciar perfectamente los números de las páginas donde se encontraban los deberes, en la curva que producían sus tetas en los laterales del jersey, en su vientre plano y su cintura de avispa. Al levantarse para marcharse se dio cuenta de que su mente no era lo única que había disfrutado de las miradas.  Se tapó como pudo con la chaqueta y salió volando por la puerta dirección al baño.

Entró en el baño, afortunadamente vacío, se acercó al lavabo y se lavó la cara con agua fría.  Creyéndose a salvo se relajó esperando que se le bajase la erección.

-¿Te encuentras bien?

Lucía se encontraba asomada a la puerta con cara de preocupación.

-¿Te he visto salir corriendo y he pensado que podría ocurrirte algo?

-No, estoy bien.- Contesto al segundo mientras intentaba disimular su ya persistente erección, rojo de vergüenza.

-Buena, también quería decirte que te has ido antes de que os dijese que tenéis que escribir una redacción sobre estudiar inglés. ¿Seguro que estas bien?

-Sí  tranquila, gracias por venir a decírmelo.

-De nada, me voy que yo aquí se supone que no puedo entrar.  ¡Hasta luego!

Según se giraba para marcharse, Jaime la agarró del brazo y apartando toda lógica de su mente, la besó. De forma distinta a lo que Jaime esperaba, no hubo ninguna muestra de sorpresa o rechazo por parte de la profesora. Se quedó perplejo y ella aprovecho para tomar las riendas. Cuando se despejaron todas las dudas de sus pensamientos,  poco a poco se fueron pegando hasta que ambos pudieron sentir sobre su cuerpo la figura del otro.  Tras un largo  beso se dieron cuenta de que estaban en medio del baño y cualquiera podría pillarles. Rápidamente se metieron en una de las cabinas. El espacio era tan pequeño que casi no cabían.  Continuaron comiéndose los labios, pero ahora bajo el abrigo de su nuevo refugio sus manos no se quedaron quietas. Jaime la agarró fuertemente las nalgas y la atrajo hacia su cuerpo para que notara su erección en el vientre.  Sabiéndose culpable de la dureza que sentía contra ella, en cuanto pudo librase de placentero abrazó se arrodilló y le ayudó a bajarse los pantalones. Le dejó los pantalones por los tobillos y le empezó a sobar la polla por encima del bóxer. jaime desesperado ante la tardanza de ella, se bajó los calzones y sin darle tiempo a su arrodillada amiga de deleitarse la vista, se la agarró con la mano y  la dirigió hacia su boca. Ella, lejos de quejarse por la rudeza, fue rauda, se la metió hasta la mitad, y con una mano se la agarro para volver a controlar el ritmo. Comenzó a chupársela lentamente, sacándosela entera y besándola  para volvérsela a meter cada vez más profundo en la garganta. Jaime desde arriba veía como su polla relucía brillante cuando salía de aquella cueva, y como desaparecía  cuando la profesora volvía a buscar a su presa. La mamada era tan placentera, que parecía  como si ambos fueran actores de renombre  en una peli porno, pero para Jaime eso fue demasiado. Sin poder  hacer nada para remediarlo, cuando la profesora aumento el ritmo, la agarró de la cabeza y dejo que una onda de gusto y éxtasis  le recorriera de  pies a cabeza mientras eyaculaba  en su garganta.

Unos segundos después, la situación había cambiado dentro de la cabina. La profesora seguía arrodillada en el suelo. Se había tragado la mayor parte, pero se había atragantado al final y tosía levemente. Jaime se encontraba de pie junto ella, y sin creérselo ni el mismo, su pene seguía completamente duro. Se sorprendió dado que esto nunca le había pasado, pero no pretendía desaprovechar la oportunidad. Vio que la profesora volvía a respirar normal y la cogió de los brazos para incorporarla.  Lucía creía haber terminado la faena pero se encontró con que su mano seguía meneando su duro miembro. La humedad en sus bragas la recordó que aún no había llegado su turno.   Cuando Jaime se aseguró de que su entrepierna estaba en buenas manos, entre caricias y besos empezó a desvestir a la profe. Primero la quito el suéter y la camisa, dejando a la vista un sujetador de encaje negro. Resistió la tentación de arrancárselo y devorar esas pequeñas tetas. Continuó bajando, los vaqueros  fueron la siguiente prenda que cayó. Como había imaginado las bragas iban a juego con el sujetador. Se  intentó alejar para contemplar a la sexi profesora en lencería. Sin embargo no pudo contemplarla mucho tiempo, ya que ella lo tenía agarrado por la polla y lo atraía hacia sí. Volvió a fijarse en sus pechos, y ahora sí,  sin quedarse con las ganas, desabrochó el sujetador y los estrujo entre sus dedos. Eran del tamaño perfecto, lo justo para que cupiesen en las palmas de sus manos. Sus pezones eran resortes rosados que lo retaban apuntando hacia él. Aceptando el desafío, por turnos fue saboreando, lamiendo cada pezón. Lucia gemía con el tratamiento, seguía pajeandolo con  una mano, la otra la tenía ocupada acariciándose el coño por encima de las bragas. Jaime se dio cuenta y tras dar un débil mordisco al pezón izquierdo a modo de despedida, bajo hasta el riachuelo que se estaba formando. La profesora se mosqueo por tener que soltar su polla, pero pronto vio sus intenciones y se abrió de piernas. El la quito las bragas para acto seguido sumergir su rostro en aquella fuente. La situación en el baño había dado la vuelta.  Ahora el alumno era el arrodillado, que pasaba su lengua por toda la extensión de la raja, y la profesora desde arriba entre sus pechos, veía como aquel hombre se centraba en lamer su sensible clítoris. Con el aumento de placer, la profesora comenzó un movimiento de caderas. Acabando de correrse con un temblor, una pérdida de fuerza y casi un desmayo. Jaime tuvo que sostenerla por las piernas.

Habiendo acabado el segundo round ambos se besaron, no con pasión sino con ternura mientras trataban de recuperar el aliento. Deseoso y con más energía que su maestra, la dio la vuelta y la hizo apoyarse en la tapa del retrete. Poniéndose detrás, con la polla apuntando al lugar donde quería encajar, la penetró. Se quedó quieto unos segundos para disfrutar del calor y las sensaciones que llegaban a su cerebro desde su miembro. Comenzó un  lento bombeo mientras sus dedos recorrían la piel de la espalda de la mujer en busca de una fuente de tracción. La encontraron en los hombros de la profesora y una vez bien sujeto comenzó a aumentar el ritmo. Jaime no se lo creía, hacia unos instantes había estado mirándola el culo  en clase y ahora se la estaba follando en aquel baño. Volvió aumentar el ritmo y sus manos pasaron a agarrar las tetas de las seño. Lucia gemía sin preocuparse del lugar donde se encontraba, disfrutando las embestidas de aquella polla mientras se frotaba el clítoris con una mano. La velocidad de ambos hizo que estuvieran a punto de alcanzar su límite. Si alguien hubiera entrado en el baño en ese momento podría haber oído perfectamente los gemidos de la profesora  y el morboso ruido que hacían sus cuerpos al chocar con cada penetración.

-¡Me corro!-avisó Jaime.

-¡Dentro no!-se apuró a contestar Lucia entre gemidos.

Sin tiempo que perder se la saco del coño y eyaculó sobre las nalgas de la profesora.

Estuvieron un rato en esa posición. En cuanto recupero las fuerzas, Lucía cogió un trozo de papel para limpiarse apresuradamente, se vistió y sin mediar palabra se marchó. Jaime sorprendido, pensó que la habrían entrado remordimientos al pasarse la excitación. Se vistió también y salió por la puerta.

En cuanto salió por la puerta se acordó de donde se encontraba. Junto la puerta del servicio de hombres había dos mujeres. La tía buena de su clase, Jenny y la milf, Lourdes. Lo estaban mirando con una sonrisa pícara y burlona.

-¡Adiós!- atinó a decir.

-Hasta la próxima clase- contestaron ellas al unisonó.

La clase de hoy había tenido sorpresas y dejaba algunas puertas abiertas.

Gracias por leerlo, espero que les guste. Opinen y háganme saber si  quieren que haga de este el primer capítulo de una nueva serie.

Alvar

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