Seduciendo a mi profesora del colegio 2

Tapada los ojos, y a la merced mía me dispuse a disfrutar de su cuerpo. La tiré en la cama como una vulgar puta, sus tetas se movieron tanto que casi chocaron con su cara. Tan perfecto y excitante momento estaba sucediendo en mi departamento. Me recosté junto a ella y mientras la besaba, mis dedos jugaban con su clítoris haciendo que ella gimiera. Fui bajando hacia sus tetas, su aroma, su piel era exquisitamente sabroso, piel suave, delicada, cuidada y con aroma a rosas. Con ambas manos tome de sus tetas y las apreté, logrando un nuevo suspiro en ella, sus pezones ya estaban duros, pasé mi lengua por ellos, los besaba tan delicadamente pero con lujuria. Si tenía la idea de que ella se había puesto implantes, pues definitivamente no era así, eran naturales, los mejores pechos que he chupado en mi vida. Seguí bajando por su abdomen, ella tomaba de mis cabellos y se arqueaba, se movía de un lado a otro, estaba excitada. No baje directo a su coñito, quería deleitarme de la visión que tenía ante mí, así que empecé a besar la parte interna de sus muslos poco a poco acercándome a lo más deseable de su cuerpo, besos, una pequeñas mordidas hasta que por fin llegue a la entrada de su coño. Su olor, el más exquisito, un coñito perfectamente cuidado, depilado en su totalidad (tal vez se depilo por el aniversario pero por pendejo, su esposo, no pudo disfrutar de esa delicia), ya mojado, chorreando de sus jugos vaginales, metí mi lengua, y el sabor de mujer me hizo poner a mil. Debo admitir que me encanta hacer sexo oral, y degustar del manantial que una mujer excitada produce. Tener en mi boca los jugos vaginales de una mujer madura, de la mujer que era producto de miles de pajas en mis épocas de colegio, provocó en mí, un deseo insaciable de hacerla mía. Jugué con su clítoris, le estaba haciendo el mejor sexo oral que ella haya tenido en su vida. Con mis dedos también empecé a jugar, ella se retorcía de placer, gemía cada vez más. Metí un dedo en el interior de su vagina y ella soltó un gran “Aaah!” efectivamente su coño no había sido atendido por mucho tiempo, pues sentía que estaba apretado cuando quise meter otro dedo, no lo hice quería que sintiera que mi pene abra camino por su gruta. Con todo este juego previo ella tuvo su primer orgasmo

–          Aaaaaaaaah ¡

–          ¿Le gusta licenciada?

–          Si Pablito, me estás dando mucho placer

–          Mire Licenciada, toque su coño está muy mojado, está pidiendo que mi polla entre en él, quiere ser penetrado por una polla joven

–          Sí Pablito hazme tuya, por favor, hazme sentir mujer

–          Antes de eso, usted debe probar mi piel, debe probar mi polla, la polla que le va hacer tener los orgasmos más placenteros de su vida. Quiero que me haga una mamada. Licenciada abra la boca.

En ese momento puse mi polla en la boca de ella y WOW! Empezó a chupar como una profesional.

–          Así licenciada, que rico que lo mama, siga así, disfruta de mi pene, que quede bien mojado porque esta noche te voy a partir el coño

–          Mmmm! Mmmmm! Mmm!!

–          Sigue mamando no te detengas

Con la venda aún en sus ojos y yo encima de ella, empecé el movimiento de caderas. Literalmente estaba follando su boca. Intentaba que mi polla entre toda por completa; pero era obvio que le dificultaba tragársela toda. No estaba acostumbrada a tener tanta carne dentro. A pesar de las arcadas que tenía, ella pedía más, quería mucho más. Noté como sus manos se dirigían a mis nalgas, las agarró con fuerza y con un movimiento inesperado, mientras la punta de mi pene estaba en la entrada de su boca, las trajo hacia adelante. Ese movimiento hizo que ella se tragara por completo mi pene, y eso no fue todo; sino que, lo tuvo dentro un par de segundos antes de toser por las arcadas que tenía. Decidí quitarle la venda los ojos y me acosté alado de ella. Sin querer, había despertado un animal en celo, necesitada de una gran verga como la mía.

Ella tenía un brillo particular en sus ojos, su mirada angelical y delicada, había cambiado por una de lujuria, morbosidad y anhelo de sexo. Me lanzó un giño picaresco, mientras bajaba a mi pene. Abrí mis piernas para que ella se coloque a gusto en medio de ellas y con mi falo mirando al techo, se lo volvió a meter en la boca. Me estaba haciendo un oral, me la estaba mamando y yo lo gozaba. Lo sacaba y se lo volvía a meter. Cada vez intentaba introducir más centímetros de mi polla, en su boca, lo hacía para darle placer a su macho. Jugaba con su lengua en la cabeza de mi polla, lo lamía desde la base hasta la punta. Me miraba detenidamente, mientras dejaba muy bien lubricado mi pene. Lamió también mis pelotas, se las metió por completas y me las chupaba; sin duda se había desatado el lado sensual de ella y quería sexo, pedía a gritos ser follada. No podía más, la tomé de su cabeza y le propine una tremenda follada a su boca, ella solo gemía y yo gozaba viendo el tremendo espectáculo que mi profesora me daba.

Era hora de cogérmela, darle una follada la cual su esposo era incapaz de hacer. Acostada en mi cama, abierta de piernas pongo mi polla en la entrada de su coño

–          Para Pablito, ponte condón por favor

Ni de chiste me iba a poner condón, la iba a follar a pelo

–          Estoy en mis días fértiles, Pablito. Por favoooooooor!!!

–          Aaaaaaaaaaaaaaaaah!

Gritó, apenas sintió que mi pene entraba en su sexo. No me cabía duda que su coño era virgen por tanto descuido de su esposo.

–          La voy a follar licenciada, le voy a abrir su coño, ¿Siente como mi pene entra en su coño, licenciada?

–          Si mmm Pablito, siento como me vas abriendo por dentro.

–          Entonces licenciada, aún quiere que me ponga condón o prefiere que me la folle así.

–          Quiero que me folles Pablito, así, sin condón. Solo que no termines dentro ¿Si?

–          De acuerdo licenciada, como usted guste.

–          Aaaaah!!! Aaaah!!! mee en-e-encantaaa ¡!! Mmmm dame más mi amor, dame más ¡Eres mi macho! Ahhh!

Llamarme así me hizo prender más y querer hacerle sentir placer

–          Hoy te convertirás en mi mujer, en mi hembra

–          Si mi amor hazme tuya, que rico sentir esa polla joven dentro de mí, me matas, dame más no pares, quiero sentir tus bolas chocando con mi culo

Cumpliendo lo que me pedía, sacaba mi polla y la volvía a meter por completo, mi ritmo fue acelerando cada vez, tenía agarrado las tetas mientras la follaba, los sonidos de mis bolas cuando chocaba con su culo se oía en todo el departamento, sus gritos de placer eran cada vez más fuertes, ella estaba descontrolada, había por fin encontrado su macho que le daba caña hasta que se corra las veces que sea.

–          Ven amor ponte en cuatro que te voy a dar de perrito, eres mi perra que tiene ganas de verga

–          Que rico amor, como me gusta, Aaaaaaaaaaaah!

–          Grita, que se escuche, ahora yo soy tu marido, yo soy quien te llena el coño de polla, yo soy tu hombre, pídeme que te dé más

–          Dame maaaaaaaas! Métemela hasta el fondo, tú eres mi macho, eres mi marido no como el cornudo de mi esposo que por preferir su trabajo ahora otro hombre me está follando aaaaaaaaah!!!!

–          ¡Tóma amor! Tóma mi verga

La imagen que tenía ese momento de su culo me excitaba aún más y deseaba tenerlo para mi, quitarle la virginidad y dejarle un agujero tan abierto que no se pueda sentar en un mes. La tomé por los brazos y seguí follando duro, fuerte y rápido, en cada envestida sentía sus dos nalgas chocar con mi pelvis, ver a mi polla desaparece dentro de su vagina y que salga toda lubricada por sus jugos vaginales, solo me motivaba a seguirla cogiendo, darle más placer, ella gozaba con la cogida que le estaba dando.  (Plas!) le di una palmada en ese culo, que retumbó en toda la habitación Por un momento dejé de moverme y ella instintivamente siguió con el bamboleo de adelante y atrás, metiéndose mi verga hasta el fondo de su coño. Ella se estaba metiendo mi polla, ella me estaba follando a mí, en ese momento mi capacidad de macho dominante la tomó por los cabellos y arqueando un poco su cuerpo la follé rápido y fuerte al mismo tiempo que mi mano se dirigía a su clítoris para darle más placer y hacer que tenga su siguiente orgasmo. Estaba a punto de venirse, pues sus paredes vaginales me apretaban mi polla más y más.

–          Dame papi dame maaaaaaaaas, me voooy a correeeeeeeeeeeeer

–          Correte mi amor que para eso te estoy follando para que goces

–          Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!!!!!!!!!!! AAaaaaaaaaaaaaah!!!!!!!!

Sentí su orgasmo, sus jugos vaginales bajaban por mis bolas y por la parte interna de los muslos de ella y los míos, ella se sentía desfallecer por los orgasmos que tuvo.

–          Qué rico mi amor, me acabas de sacar el mejor orgasmo de mi vida

–          Licenciada, eso es para que vea la capacidad de un joven macho como lo soy yo.

–          No cabe duda Pablito que eres increíble.

–          Venga, licenciada. Límpieme la polla que la ha dejado escurriendo por sus jugos.

Volvió a meterse mi pene en su boca. Yo solo disfrutaba de la mamada que me daba. La posición que estaba, hacía que sus tetas estén colgadas. No perdí el tiempo para cogerlas y apretarlas. ¡Vaya que tetas tenía! De improviso saqué mi polla.

–          ¿Qué pasa, Pablito? ¿Por qué la sacaste?

–          Licenciada, quiero que me haga una cubana

–          ¿Qué es eso?

¿Cómo? ¿No sabía qué era una cubana? Bueno pues, hoy lo sabrá. Me acomodé, situando mi espalda con el dorso de la cama y le expliqué en lo que consistía. No solo mis manos tenían derecho a disfrutar de sus tetas, también mi pene quería sentirlas.

Inexperta ante la nueva situación, colocó mi pene en el canalillo entre sus senos; para entonces mi pene estaba muy bien lubricado por la mamada que me había acabado de dar y con el propio sudor del momento, no necesitamos poner más lubricante. Al principio, ella solo se dedicaba a acorralar con sus  tetas a mi pene, los movimientos los hacía yo.

–          Licenciada, incline su cabeza, quiero que cada vez que mi pene llegue a su boca, lo chupe como solo usted lo sabe hacer.

Al cabo de un buen rato así, ella empezó a mover sus tetas; sube y baja por mi pene. Me estaba masturbando con sus tetas. Por el sudor normal del momento, mis bolas quedaban pegadas a sus tetas y eso a mí me gustaba, me encantaba sentir que sus tetas choquen con mis pelotas.

–          Licenciada ahora le toca que usted me folle a mí, póngase encima, va a cabalgar como una potra

–          Métemelo papi

–          Tú te lo vas a meter, yo voy a disfrutar de tus tetas como se mueven cuando cabalgas mi polla

Rápidamente se colocó encima de mí. De verdad quería que mi polla estuviese dentro de su intimidad. Agarró mi pene y se lo puso en la entrada de su coño. Fue bajando despacio y yo sentía lo caliente de su vagina, era una sensación maravillosa, tuve que controlarme para no venirme dentro de ella. Debía aguantar un poco más antes de que eso pasara; pero indudablemente esa noche la dejaría preñada.

–          Aaaah! Que delicia amor, no me había sentido tan llena desde hace mucho tiempo, eres mi hombre

–          Calla! Y sigue saltando

Ella siguió subiendo y bajando mientras yo le cogía las tetas, le agarraba el culo para darle más duro. Ella tuvo su tercer orgasmo. Sin sacar mi polla de su coño me levanté, la cargué y así nos dirigimos de vuelta a la sala. En esa posición, no le quedaba más que apretar con sus piernas para no caerse. Eso hacía que mi pene quedase dentro de su apretada vagina. Durante el camino nos besábamos muy apasionadamente. Ella mantenía agarrada con sus manos en mi cuello y yo agarraba fuertemente sus nalgas. Cogía de su culo, la levantaba y la hacía caer, metiéndose mi polla hasta el fondo.

Llegamos hasta el sillón de la sala, y sin cambiar de posición, ella siguió cabalgando. Sus ojos puestos en blanco, me hacía saber que estaba gozando mi polla.

–          ¡Cabrón que rico!

¿Cabrón? Jajaja… no había escuchado decir esa palabra en mi vida a mi licenciada.

–          Así que cabrón ¿eh?, Vas a ver lo que este cabrón te puede hacer

El límite entre estudiante y profesora que había, por los años de colegio, se había roto. Ahora solo éramos dos personas teniendo el sexo. Ella era mi hembra y yo su macho.

La tomé por su cintura y de un salto cambiamos de posición. Llevé sus piernas hasta mis hombros, en esa posición la iba a partir en dos

–          Auch! Pablito, estás muy adentro, me duele

–          Ahora te aguantas perra, por decirme así, te partiré tu matriz

–          Aaaaah!!! Aaaah!! Es muy profundo, ¡detente!

–          Nada de detenerse perra, te dije que te iba a partir y te voy a partir

Sentía que mi glande chocaba realmente con su matriz. Al principio ella sentía dolor, pero después de unos minutos así, nuevamente tenía sus ojos en blanco, demostrando un gran placer. En esa posición, mis bolas chocaban completamente con la entrada de ese culito virgen, con ese agujerito tan chiquito que sería un deleite estrenarlo y dejarlo abierto por completo. Sentía como de nuevo su cuerpo se tensaba ante la embestida, era señal que estaba a punto de tener otro orgasmo y yo también estaba a punto de correrme.

–          ¡Me voy a correr perra!

–          ¡No lo hagas dentro por Dios! Adentro ¡NO!

–          Donde quieres que te termine

–          ¡En cualquier otra parte menos adentro!

–          Entonces ven, ponte de rodillas

Inmediatamente ella se colocó de rodillas ante mí. De alguna manera se imaginaba mis intenciones. Al principio pensé correrme en sus tetas, en esas tremendas tetas que tenía. Pero mi idea fue mucho mejor. Tomé de su cabellera y dirigí mi pene a su boca. Me iba a correr en su boca, ya no aguantaba más y con unas dos mamadas que ella medio, toda mi descarga fue a parar directamente a su estómago. Ella entró por un momento en desesperación, sentía que se ahogaba, y quiso apartarme de ella. A pesar de su forcejeo, y de clavarme sus uñas en mis piernas, yo era más fuerte, y no permití que mi verga saliera de su boca. Sus ojos se habían llenado de lágrimas por la desesperación; pero la imagen que observaba desde mi punto de vista era la más excitante. Toda su boca abierta para cubrir mi pene, y con un poco de semen saliendo por sus comisuras labiales, había logrado que se trague mi corrida. Cuando mi pene dejó de latir por la eyaculación, lo saqué. Salió flácido, escurriendo algunas gotas de semen. Ella quedó con la boca abierta y pude observar que todavía tenía semen en su boca.

–          ¡Trágatelo!

Ella mirándome fijamente, como queriéndome decir algo, no sé si con un tinte de ira; pero, después de pensarlo un poco, lo hizo. Tragó el poco de semen que había quedado. No me importaba si accedía, de igual forma el resto de mi corrida ya se lo había tragado. En un instante pensé que se había enojado y que de un momento a otro diría que se marchaba; pero, no era así. Me fijé que su mano derecha estaba en su coño. La puta de mi licenciada se había estado masturbando mientras me corría en su boca y que no solo eso, sino que había tenido su orgasmo, porque había una mancha oscura  en la alfombra, justo bajo su vagina.

–          Perdón licenciada, no quise hacerle daño. Pero estaba tan exit…

–          No te preocupes Pablito. La verdad es que me ha gustado el sabor de tu semen. ¿Quieres una cerveza?

Esa respuesta me dejó helado. La vi incorporarse mientras me sonreía  y se relamía los labios. ¡Vaya puta que había descubierto! Mientras ella se dirigía a la congeladora, yo me acomodaba en el confort del sillón, había quedado agotado. Observaba con detenimiento el mover de sus curvas y el danzar de un lado al otro de su culo. No me lo podía creer que me la había follado. Tanto tiempo soñando este momento que por fin se había hecho realidad. Al darse la vuelta, me fijé nuevamente en sus senos, que delicia de tetas tenía; una cintura bien torneada, unas piernas perfectas y ese coñito, que brillaba por los jugos vaginales de todos los orgasmos que tuvo aquella noche. Lo que me sorprendió fue que solo tomó una cerveza

–          ¿Licenciada usted no va a toma algo?

–          No Pablito, esta cerveza es para ti. Quiero que mi macho se recupere, aún tenemos tiempo para más. Además, yo ya tengo con que entretenerme…

Ni bien acabó de decir eso, se colocó de rodillas entre mis piernas y en un abrir y cerrar de ojos, empezó a mamar mi verga, otra vez.

Suleiman

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