Historias de la pandemia 3

La hice un gesto con la mano, mejor dicho, el dedo, indicándome si podía sentarme a su lado en la parte de atrás.

Ella se arrimó a la puerta derecha y me hizo una señal con la mano de que tenía el otro asiento libre a mi disposición.

Salí por mi puerta, y entré por la puerta de atrás, sentándome también lo más pegado posible a mi puerta.

Le dije un estúpido,

“Hola”, que denotaba la falta total de dominio que tenía yo de esas situaciones.

“Bueno, ¿y que voy a ver?”, preguntó ella mirándome divertida a la cara.

“Puesss, que quieres ver?, la dije yo siguiendo el juego.

“No, se, me decías que tenías por ahí algo para enseñarme”, me dijo señalándome con mano y ojos a la bragueta.

“Si, bueno, aunque ahora mismo ente los nervios y tal, no sé si me la voy a encontrar”, la dije realmente nervioso.

Yo no es que tuviera un pollón de espanto, pero bueno era grandecito. No para asustar a nadie, pero si para que se sintieran bien rellenas con él.

Aunque realmente ahora mismo estaba un poco ausente.

Me bajé la cremallera del pantalón y me solté el botón. Me bajé el pantalón hasta dejar los slips al aire.

“Preparada?”, la dije.

“Espera, yo voy a cerrar los ojos. Quiero que primero la vea este”, me dijo levantándose el vestido y dejando el coño al aire a la vez que cerraba efectivamente los ojos.

Aquella visión de su coño que además por la postura, aparecía ligeramente abierto hizo que mis músculos isqui y bulbo cavernoso, actuaran como dos resortes, dándole a mi pene todo su esplendor posible.

Mis slips estaban ahora por debajo de los testículos, y entendí que esa no era una buena visión para Nuria, así es que me los bajé también a la altura del pantalón.

“Ya puedes mirar”, la dije, sin hablar muy alto para no despertarla de su trance.

“Guauuu, tenías razón, no debía de perdérmelo”, dijo Nuria con cara de sorpresa al verlo.

“Tócatelo un poco a ver si crece más”, me dijo mientras ella se llevaba instintivamente la mano a su coño.

Empecé a tocármelo sin mucho énfasis, despacio quería que Nuria viera bien como me descapullaba y luego se volvía a cubrir.

Lo hice un rato, hasta que empecé a ver brillo en su coño.

“Ves?, ahora imagino que es tu mano quien me la menea”, la dije dándola muestras de estar ya muy excitado.

Extendió su mano, y me la cogió, empezando a meneármela ella. También lo hacía con calma cada vez que subía la mano apretaba el capullo para que se abriera la uretra, y celebró con alborozo cuando vio que empezaba a salir liquido preseminal. Lo cogía entre las yemas de dos dedos y jugaba a olerlo y lamerlo.

Como no se apartase la iba a pegar un corridón, que iba a tener que cambiarse entera de ropa. Me estaba poniendo malísimo.

“Puedo chupártela un poco?”, me dijo con voz de niña mala.

“Buah, puedes chuparla y comértela entera, aunque no te garantizo que no te inunde la boca”, la dije.

“No será para tanto”, me dijo ella mientras acercaba su boca a mi polla.

Tenía cojones que lo primero que iba a tocar su boca de mi cuerpo era precisamente mi polla.

Mientras veía su lengua acercarse a mi capullo, dije ya está, me corro vivo. Pero aguanté como un campeón.

Su lengua empezó a recorrerme la polla entera, desde el capullo hasta los huevos, por delante, por detrás, por los lados. Sabía lo que hacía.

Con una mano me sujetaba la polla y la otra la tenía en su coño, tocándose. Estaba medio tumbada en el asiento de atrás, y yo empecé a seguir su brazo con mi mano. Si todo salía bien y no me daban un pescozón en el camino, mi mano terminaría en su coño. Y así fue, terminó en su coño, no que me dieran el pescozón.

Para entonces, Nuria ya tenía mi polla metida en su boca, y la succionaba con ganas. Mis dedos empezaron a recorrer su pubis hasta llegar a su raja. Pinchaba algo, fruto de la reciente rasuración. Yo la había visto tanto el primer día por la ventana, como hoy el rato que se había tocado, que sobre todo le gustaba tocarse alrededor del clítoris, no directamente en él.

Ya a esas alturas, habíamos olvidado totalmente que estábamos en el parking de un centro comercial y a nuestro alrededor, salían y entraban gente de los coches. Gracias a las lunas tintadas.

Mis habilidosos dedos se abrieron camino hacia su vagina, para entonces ella ya había quitado la mano para dejarme hacer.

Realmente estaba chorreando. Cogí flujo con dos dedos y se lo restregué por toda la raja. SE me antojaba una operación imposible, pero tenía que intentar hacer un 69, aunque fuera lateral, me sujetaría con los asientos delanteros para no caerme entre los asientos, y seguro que podría llegar. Eso sí no estaba a salvo de alguna tendinitis, o tortícolis o algo así, pero seguro que aquel chochete, merecía la pena.

Me fui bajando como pude hasta llegar a su entrepierna. Nuria, en ese momento, dándose cuenta de mis dificultades para alcanzar mi objetivo, se giró quedando tumbada de espaldas en el asiento, con lo cual el 69, era ahora mucho más fácil. Era como volver a la adolescencia, cuando el coche era nuestro único lugar para poder hacer cochinadas.

Pero allí estábamos mi polla en la boca de Nuria, y mi boca en su coño. Por cierto, pese a haber parido dos veces, no tenía cicatriz alguna en el periné, y su aspecto era maravilloso. Su sabor también era delicioso, totalmente natural, y mira que yo me he comido coños, pero aquel sabía a limpio. Nada más.

DE aquella idílica situación solo me importunaba el lugar donde estábamos. Me imaginaba en cualquier momento a un vigilante del centro golpeando el cristal de la ventanilla a ver que hacíamos. Pero afortunadamente no ocurrió. Y seguimos con nuestro sexo oral. Estuve aguantando lo que pude sin correrme en la boca de Nuria, cosa que no era fácil, ya que la comía muy bien, pero yo no hacía ningún intento de follarla la boca para no incrementar el efecto.

Por el contrario, estaba decidido a intentar que ella tuviera un corridón de campeonato. Por ello no me centraba en lamerle el clítoris, si no más bien masajear su alrededor, como la había visto hacer a ella. Por otra parte, dos dedos ya se adentraban en su vagina en un movimiento lento de mete y saca.

Cuando la oí empezar a gemir, cambié mi dedo en torno a su clítoris por mi lengua, y con los dedos que tenía dentro de su coño empecé a masajearla también la zona interior del clítoris. Eso lo había visto y aprendido en una película porno, solo esperaba que el resultado fuera el mismo ya que no lo había hecho antes nunca.

Aparentemente no la disgustaba, los jadeos o gemidos eran cada vez mayores. Estuve tentado en varias ocasiones viéndola ya cachonda perdida, en ponerme sobre ella y follarla, pero no quise romper el momento, y seguí con lo que hacíamos.

Sus OHHH! OHHH!, Sí, si, si, se iban sucediendo e incrementando en la medida que yo incrementaba también mi presión sobre su clítoris desde dentro.



Nuria no tardó mucho en entrar en una situación de jadeo continuo, lo que me indicó que estaba muy próxima a correrse. También había bajado su dedicación a mi polla hasta el punto de soltarla, y ponerse una mano en la boca, y empezar a gemir con más fuerza. La otra mano mía libre la deslicé por debajo de su vestido hasta que llegué a su sujetador, sorteándolo por debajo y empezando a acariciarla uno de los pezones.

Empezó a levantar las caderas del asiento, primero lentamente, respondiendo a cada caricia mía tanto interna como externa. Luego fue incrementando le arqueo de caderas seguidos con fuertes temblores que la hacían gritar y moverse más de la cuenta. Pero aquello ya era imparable. Botaba sobre el asiento a la vez que se tapaba la boca con fuerza para que no se oyeran fuera sus gritos. Yo seguía dándola caña, esperando que tuviera un orgasmo que recordara un buen tiempo.

Y tanto que lo iba a tener, no sé el tiempo que lo recordaría, pero empezó a convulsionarse como no lo había visto hacer nunca a la vez que empezó a salirle del coño flujo en madejas primero poca cantidad, pero luego un buen chorro, que puso todo el asiento del coche y mi ropa perdidita.

Se tapó la cara con las dos manos y después de un buen rato para tranquilizarse, empezó a decir sin parar,

“Dios mío, que he hecho; Dios mío, que he hecho; Dios mío, que he hecho;”

“No has hecho nada, cariño, al margen de pasar un buen rato, espero”, la dije al oído.

“Dios mío; Dios mío; Dios mío; Es mejor que cuando era una quinceañera. Vaya orgasmazo, pero te he puesto perdido a ti y al coche”, me dijo.

No pude más y mis labios buscaron los suyos. Nos fundimos en un profundo beso, mientras que ella buscaba de nuevo mi polla con sus manos, para terminar la paja. Yo con dos meneitos que me diera, me iba a correr como un cerdo.

En cuanto que Nuria noto que me iba a correr, se la metió en la boca y continuo el trabajo bucal. Inevitablemente toda mi leche fue para su boca. Aun con la boca llena de semen, siguió mamándola como si quisiera ordeñarla hasta la última gota.

Cuando ya se dio por satisfecha, se incorporó me enseñó la boca llena de mi leche y se la tragó. No pude por más que volver a comerla otra vez el morro.

Estuvimos un ratito, hasta que ella miró el reloj.

“Ufff, llevamos casi una hora. Tenemos que irnos.”, dijo Nuria.

“Si, si claro. Te acerco al menos hasta las inmediaciones de casa”, la dije limpiándome con un pañuelito de papel, subiéndome los calzoncillos y pantalones, y saltando al asiento de delante.

“Espero, Nuria, que haya merecido la pena”, la dije.

“Samuel, ha sido increíble. Nunca le había sido infiel a mi marido, y aun no me explico como he hecho lo que hemos hecho hoy. Pero no me arrepiento. Todo lo contrario. No sé si llegaremos a tener sexo total. No sé si estoy mentalmente preparada, pero como lo de hoy….. jo, ya lo estoy deseando”, me decía Nuria mientras yo salía del parking, sin querer ver si alguien nos miraba o no.

“Claro que para mí sería un honor, y verdadero placer tener sexo total contigo, pero entiendo tus dudas y tus recelos, y con repetir lo de hoy, me doy más que por satisfecho”, la dije yo lo más cortésmente que pude, cuando en realidad tenía ganas de decirla, Me muero por follarte.

La dejé a escasos metros de su casa.

Ya saliendo del coche, me dijo,

“Y ahora que? Los juegos de exhibición en comparación con lo de hoy…..”.

“Bueno yo por mi repetía mañana, o dentro de un rato, pero bueno, cuando tú quieras. Me dejas una nota de cuando puedes, yo miraré todos los días”, la dije.

Tirándome un beso desde la calle cerró la puerta y se fue.

Joder, pensé mientras la vi yendo hacia su casa meneando el culo, sin tanga. Tiene que ser una autentica máquina de follar.

Amocalabozo

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