El cambio de vida de Ana (4)

En la parte anterior, la número 3 del relato, se me olvidó precisar que la mordaza que Rana utiliza para amordazarme cuando llevo la nariz vendada es de tipo abierto, por lo que puedo respirar sin problemas. Dicho esto, continúo con la noche que pasé con Andrea y Rana. 

Rana le contestó a Andrea, que así se llamaba la dependienta de la tienda de lencería, que no había ningún problema en que fuera a la casa, pero que necesitaba en torno a 30 minutos para que yo me pudiera preparar. 

La preparación que Rana tenía pensada para mí, fue la siguiente: 

Me llevó al baño, me desnudó por completo, salvo por el ojo que, como siempre, iba tapado con el parche, me ayudó a darme una breve ducha, me volvió a poner algo de calzado, en este caso unas botas de 20 cm de tacón y un poco de plataforma y también un collar al que añadió una correa y sacó la bolsa con cocaína. 

Puso tres rayas, Rana se metió dos de ellas y la otra me la metí yo, esta vez ya sin titubear y con muchas ganas, pues, poco a poco, notaba que la necesitaba cada vez más. 

De ahí, volvimos Rana y yo a bajar al salón, Rana tirando de la correa del collar y, cuando ya me senté en el salón, en uno de los sofás de cuero, me puso Rana las esposas negras para que no pudiera quitarme nada de lo que llevaba y se fue a la cocina y trajo bebidas energéticas; me dio una de ellas para que me la bebiera y me dijo que necesitaba meterme energía para lo que iba a pasar a continuación. 

Sonó el timbre y Rana me pidió que fuera a abrir la puerta, era Andrea, que, aparte de la poca ropa que llevaba en la tienda, había añadido a su vestuario un abrigo largo de cuero negro. 

Andrea pasó al salón, tras besar en los labios a Rana y estuvimos un rato hablando, para conocer a Andrea un poco más antes de pasar a la acción. 

Nos comentó Andrea que tenía dos sueños en su vida, uno de ellos era operarse las tetas, que, aunque eran enormes y naturales, siempre había querido tenerlas algo más grandes y, por otro lado, algo que también quería hacerse, pero nunca se había atrevido, era raparse al 0 y llevar afeitada la cabeza. 

Rana entonces escribió por el móvil a Pilar, la cirujana que había conocido yo el día anterior y le dijo que se pasara por la casa porque tenía una consulta que hacerle sobre una posible cirugía. 

Aproximadamente 20 minutos después sonó el timbre, fui a abrir la puerta y apareció Pilar. 

Llevaba la típica ropa de médico, toda negra, lo que hacía un buen contraste con todas sus pecas y su pelo anaranjado. 

Cuando llegó, le pidió a Andrea que se desnudara completamente pero que se dejara las botas; primero le metió los dedos en su coño, para ver cómo lo tenía y después le estuvo sobando las tetas un buen rato, algo que hizo que yo me excitara aún más y que deseara ser Andrea en ese momento. 

Cuando acabó el examen médico, Pilar le dijo a Andrea que no habría problema, en principio en aumentar sus tetas, que en una primera fase se podría poner en torno a 700CC en cada teta y, después, ya veríamos de aumentar aún más. 

Le dijo también que le encantaría aprovechar para ponerle algún piercing en su coño, a lo que Andrea dijo que se lo iba a pensar pero que la idea le ponía muy cachonda. 

Antes de irse, Rana le pidió a Pilar que me tapara completamente los ojos, ya que era hora de empezar a jugar y prefería que yo los tuviera bien vendados para que no pudiera ver nada de lo que iba a pasar.



Pilar así lo hizo y me puso primero un parche en el ojo izquierdo, después una venda de crepé que tapó con esparadrapo para que no se cayera y, finalmente, una venda negra. 

Mi nivel de excitación fue aumentando según iba notando cada capa de vendaje sobre mis ojos. 

Escuché como Rana le decía a Pilar que al día siguiente nos íbamos a ver en la clínica, para empezar a hablar de los tratamientos, modificaciones y operaciones que me iban a hacer. 

Eso fue lo último que pude oír, ya que después Rana me puso tapones en los dos oídos y ya no pude oír nada más. 

Eso sí, lo que sentí fue la lengua de Andrea en mi coño, porque me lo empezó a lamer y a chupar, de la excitación que llevaba, tardé muy poco en correrme. 

Pero aquello fue un no parar, entre Rana y Andrea, estuvieron las dos turnándose con mi coño y con todo mi cuerpo, mancha incluida, durante lo que supuse fueron varias horas. 

En una de esas, a Andrea le entraron ganas de hacer pis, pero Rana me puso una mordaza tipo dental, que me dejaba abierta la boca y le dijo a Andrea que podía mearse en mi boca. 

Esa fue la primera de muchas lluvias doradas que recibí; fue una sensación extraña, pero la verdad, me excitó mucho. 

De repente noté que podía volver a oír y pude escuchar como Andrea le decía a Rana que, eran ya casi las 4 de la mañana y que, al día siguiente tenía que madrugar para ir a la tienda, que había disfrutado mucho pero que se tenía que ir. 

Sentí como Rana me esposaba, esta vez a lo que parecía una lámpara, para que no pudiera moverme de donde estaba mientras acompañaba a Andrea a la salida. 

Tras unos minutos, noté que Rana volvía, me quitó las esposas y me sujetó de la correa para que subiéramos a su habitación. 

Una vez allí, me dejó desnuda completamente, salvó por el vendaje de los ojos, me metió una pastilla en la boca, que, al parecer, era para dormir, me besó en los labios y me dijo que tratara de descansar, pues el día siguiente iba a ser aún más intenso. 

Lo que ocurrió al día siguiente, lo contaré en el siguiente capítulo. 

Alfonso Suarez

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