El cambio de vida de Ana (5)

Apenas habían pasado unas tres horas desde que me había acostado tras la noche de sexo con Andrea y Rana, en la que, entre otras cosas, había probado mi primera lluvia dorada, cuando pude oír a Rana que me decía que era hora de despertarse y de desayunar, porque el de hoy iba a ser un día muy largo. 

Y vaya si lo fue, aunque también fue muy excitante, todo hay que decirlo. 

Lo primero fue el desayuno, como yo no podía ver nada, porque el vendaje que Pilar me había hecho, estaba aún puesto, Rana me tuvo que ayudar un poco a comer, aunque, sí que es cierto que, poco a poco, me estaba ya acostumbrando a no poder casi ver. 

De ahí pasé con Rana a la ducha, en la que, aparte de ducharnos, Rana me quitó la venda negra, pero añadió un antifaz, de modo que pudiera pasar más desapercibido el vendaje. 

Rana me ayudó a vestirme, pues, al no poder ver, necesitaba también algo de ayuda para hacerlo. 

Sólo me puso unos pantalones muy cortos de cuero, como los que llevaba Andrea, pero aún más cortos y un top de cuero, muy escotado que apenas cubría mis tetas. Las botas eran las que llevaba la noche anterior. No llevaba medias, por lo que la mancha iba plenamente visible. 

La primera parada del día fue a un gimnasio, que era también una de las empresas que tenía la familia de Rana y que contaba, por un lado, con el gimnasio en sí y, por otro, por una zona de SPA, depilación y demás. 

Al llegar allí, Rana me desnudó completamente y me ayudó a tumbarme en lo que parecía una camilla de masaje. 

Yo no podía ver nada porque, por supuesto, el vendaje de ojos seguía allí, salvo por el antifaz, que noté como me lo quitaba Rana. 

Pude escuchar como Rana le pedía a alguien, supongo que, a la chica del SPA, que me depilara entera y que también tenía carta blanca para hacer lo que quisiera con sus manos. 

De nuevo volví a sentir que Rana me tapaba los oídos, para que ya me relajara y, después, empecé a sentir las manos de la chica del SPA. 

Me puso una especie de máscara de red en la cara, por encima del vendaje de los ojos y, después, noté como iba poniendo capas de venda por encima de toda la máscara, dejando sólo espacio en la nariz y en la boca para que pudiera respirar. Pude notar sobre todo que, en los ojos, había cierto peso, pues fue donde más capas de vendaje había.



Después de eso, tras algo de tiempo, indeterminado por las circunstancias, sentí como algo trajinaba en mi coño, era una maquinilla que estaba rasurándolo completamente para dejarlo sin un solo pelo. 

Noté, segundos después como aplicaban algo frío en el coño y como una cuchilla seguía trajinando por ahí, para dejarlo todo libre de pelo. 

Al acabar en el coño, noté que ponían cosas en las piernas, eran bandas de cera, para depilar también las piernas, aunque primero pude notar como aplicaban algo en la zona de la mancha, supongo que para cubrirla y que no sufriera esa zona tan especial. 

De ahí pasaron a los brazos y a las axilas, que también se quedaron, como días más tarde pude comprobar, sin un solo pelo. 

Finalmente, noté como alguien, supongo que la chica del SPA, metía sus dedos en mi coño, que estaba ya chorreando, lo que me hizo casi gritar del placer que sentía, por lo que, enseguida, noté como alguien aplicaba una capa de venda en mi boca, para que no pudiera decir nada ni tampoco gritar, así como algo más de peso, de venda, en los ojos, supongo que como castigo por haber gritado. 

Volví a sentir que me introducían cosas en el coño, pero esta vez, no eran dedos, era algo eléctrico, que vibraba, parecía una especie de micrófono, pero claro, no veía nada, así que no sé muy bien lo que era, pero sí que hizo que me corriera en poco tiempo. 

Al acabar la sesión de Spa, fui notando como me iban quitando los vendajes, hasta volver a quedarme en la situación inicial, es decir, con el vendaje de Pilar de la noche anterior y el antifaz negro. 

Rana me acompañó a los vestuarios, me volvió a vestir, pero, esta vez, aún más extremo, en la parte de abajo, sólo unas bragas negras de cuero negro, que no tapaban casi nada y, arriba, el mismo top de antes, muy escotado. 

Las botas eran las mismas que las que llevaba por la mañana. 

Finalmente, fuimos de vuelta al coche y Rana me dijo que la siguiente parada del día era ir a la clínica de Pilar y que iba a haber alguna sorpresa que me iba a excitar. 

Pero eso lo contaré en el siguiente capítulo… 

Alfonso Suarez

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