Dominando a la profe- 1

Carlos y Rober eran como Zipi y Zape, no solo por las acciones que ideaban y llevaban a cabo, propias de dos adolescentes que aparentaban ser formales, pero que tenían ocurrencias de auténticos cabroncetes.

Carlos rubio y muy guapo, con rasgos de chico de algún país del Este, aunque su madre era española, lo había tenido ella sola por inseminación artificial, así que quién sabe…

Rober era moreno y también gustaba mucho, no solo por su físico, sino también por ser extrovertido y alegre.

Ninguno era muy alto a sus 16 años, algo más alto Carlos que Rober, pero ambos hacían deporte y su físico se beneficiaba de ello, con unos cuerpos bien torneados para su edad.

Laura, les daba clase de matemáticas.

Seguía siendo guapa, a pesar de no ser ya ninguna jovencita, por supuesto que había engordado un poco respecto a cuando era más joven, pero seguía manteniendo la línea y puede decirse que estaba incluso “más buena” que antes. Tenía unos pechos de tamaño medio, todavía firmes y llamativos. Pero lo mejor de su físico era su culo, sin ser grande ni desproporcionado, era rotundo y respingón, vamos que con cualquier ropa que marcara medianamente el cuerpo, no pasaba desapercibido. No es que fuera una mujer cañón, no era de ese tipo, sino más bien de las mujeres digamos normalitas, pero que atraían mucho y con morbo. Además nunca había sido provocativa con su forma de vestir, le gustaba sentirse atractiva sin ir llamando la atención.

Estaba en un buen momento de su vida. No tenía pareja, pero había alcanzado la estabilidad laboral después de algunos años de interinidad. Le gustaba su trabajo de profesora del instituto y se implicaba totalmente para ayudar a los chicos y chicas que tenían problemas. En su intento de tener un trato cercano con ellos y ayudarles, había atendido a sus alumnos en muchas ocasiones más allá del tema estrictamente docente y tanto en el propio instituto como en su casa, donde no había dudado de ofrecerles acudir en caso de necesitarla.

Los chicos eran muy buenos estudiantes, eran inteligentes y estudiaban lo suficiente para sacar buenas notas holgadamente. Laura sabía de sus acciones aparte de los estudios, alguna vez se habían metido en algún lío un poco más gordo en el instituto, pero no eran problemáticos más allá de su cierta fama de gamberretes.

Un día fueron Carlos y Rober quienes se presentaron en su casa al atardecer para pedirle su ayuda. Laura los recibió de forma cordial y franca, como siempre hacía. Le contaron que tenían problemas con sus padres a raíz de cierto incidente y que la situación se estaba volviendo insostenible para ellos, que necesitaban hablar con alguien que pudiera asesorarles sobre cómo mejorar la situación.

A Laura no le extrañó nada la cuestión, muchas veces habían acudido a ella chicos y chicas con casos por el estilo, pero lo que sí le resultó sorprendente fue que le dijeran que, como era viernes, habían dicho a sus padres que iban a quedarse el fin de semana en casa de un amigo, que estaba al tanto de la cuestión, para ver si podían quedarse en casa de Laura y poder tener más tiempo para charlar y tratar de resolver sus problemas. Pese a ello, no supo negarse, tenía sitio libre y no tenía compromisos que atender, más allá de disfrutar de los días libres relajándose.

Así que les dijo que no había problema, que le encantaría hablar con ellos e intentar buscar formas de enfocar de otra forma la cuestión para tratar de ayudar a mejorar la relación con sus padres.

Después de enseñarles un poco la casa, les mostró su habitación, donde tenía un par de camas para posibles invitados y les preguntó si necesitaban algo. Ellos le respondieron que les gustaría poder darse una ducha antes de nada, así que fueron al baño mientras Laura iba a buscarles unas toallas.

Los chicos empezaron a quitarse ropa mientras esperaban por las toallas que iba a traerles Laura, por lo que cuando ella llegó para dárselas Rober que estaba a la puerta para recogerlas ya estaba sin camiseta y Carlos más al fondo seguía quitándose la ropa y ya estaba quedándose solo con su bóxer puesto.

De repente, la visión de los dos jovencitos semidesnudos le produjo una especie de descarga eléctrica en su zona más íntima que hacía mucho tiempo que no sentía. Se quedó unos segundos paralizada viendo la escena, pero a Rober le debió de extrañar y la sacó de su ensimismamiento preguntándole si le pasaba algo, lo cual la hizo volver en sí y decirle que si necesitaban cualquier otra cosa la avisaran e irse al salón un poco azorada.

Rober se quedó sonriendo, había notado la impresión que verles sin apenas ropa había causado en Laura, y la sensación había sido buena para sus intenciones. Había percibido que a la profesora le gustaba lo que veía, y como se había puesto nerviosa al darse cuenta de que el chico se percataba de lo que sucedía, por eso comentó con Carlos:

–          Esto va muy bien, ¿has visto su reacción al vernos así?

–          Sí, no podía estar tan atento, porque me hacía más el distraído de ella, pero me pareció que no le disgustaba nada– contestó Carlos, también sonriendo. Eso nos viene muy bien, facilitará las cosas.

Laura se había sentado en el salón con una cerveza. Se había puesto bastante nerviosa. Hacía mucho tiempo que no estaba con un hombre y su reacción al ver a los chicos en el baño le daba qué pensar. Eran todavía unos críos, pero atractivos y con un físico juvenil, pero firme y desarrollado a la vez. No podía negarse a sí misma la atracción sexual a pesar de la diferencia de edad, pero al mismo tiempo comprendía que su condición de profesora de ellos hacía que ni siquiera debiera tener esos pensamientos hacia ellos. Era esto lo que le producía mayor tensión. La posibilidad de que sus dos alumnos pudieran notar una atracción física suya hacia ellos, le producía agitación, una mezcla de temor a las consecuencias que eso podría tener y, por qué negárselo, una excitación que la hacía sentirse culpable.

Con estos pensamientos estaba cuando llegaron Rober y Carlos de la ducha. Solo llevaban una toalla a la cintura. Los tenía de nuevo frente a ella exhibiendo sus cuerpos masculinos, pero adolescentes, con una musculatura perfectamente marcada, pero tiernos a la vez. Sintió de nuevo la excitación. Otra vez el cosquilleo entre sus piernas, sus pezones poniéndose duros… Tratando de dominar su nerviosismo les preguntó:

–          ¿Ya habéis terminado?

–          Sí –respondieron ellos, quedándose callados, dejándola sin saber qué decir para romper aquella situación que le provocaba tensión.

–          ¿Queréis ir a vestiros y tomar algo aquí conmigo? – acabó finalmente por decir, para ser casi interrumpida por ellos.

–          Hace calor – comenzó a hablar Carlos – Nos había parecido antes que no te disgustaba nada vernos con poca ropa encima…

Lejos de bajar, la tensión subía. Súbitamente, Laura se enfrentaba a que, lo que eran pensamientos íntimos, se le planteaba ahora por los chicos como una realidad a la que debía enfrentarse. Y todavía no tenía muy claro cómo responder.Se sentía intranquila y al mismo tiempo no quería que los chicos descubrieran lo que estaba sintiendo. Le parecía vergonzoso que pudieran darse cuenta de lo que pensaba su profesora.

–          A nosotros también nos gustaría verte con menos ropa… – continuó Carlos.

Aquellas palabras hicieron cambiar el escenario repentinamente. La mente de Laura que instantes antes trataba de trabajar a toda velocidad y buscar respuestas y salidas se relajó y pasó bruscamente a centrarse en la nueva cuestión.

–          ¿¿Qué?? – intervino Laura, con un tono claramente sorprendido e indignado– ¿Qué quieres decir? Es decir ¿cómo se te ocurre…

–          Tranquila – la interrumpió Rober.

–          ¿Cómo que…

–          Mira Laura, tenemos algo que no creo que quieras que sea del dominio público. Unas fotos tuyas haciendo nudismo en un lugar que parece solitario, supongo que no…

–          Pero ¿cómo habéis podido conseguir esas fotos? –Laura cada vez estaba más nerviosa, indignada y levantaba mucho la voz sin dejar acabar a Rober.

–          Digamos que tenemos conocimientos informáticos suficientes para acceder a información que crees que está protegida.

–          Así que a eso habíais venido realmente. ¿Os habéis creído que por haber robado esas fotos privadas vais a poder chantajearme? Pero ¿qué os proponíais conseguir de mí? Eso que habéis hecho es un delito, los que tenéis que estar preocupados sois vosotros… –

–          Ya te he dicho que tranquila Laura –volvía a intervenir Rober sin dejarla casi terminar de hablar–. Ya sabemos que es un delito, pero tú también sabrás que con nuestra edad no corremos mucho riesgo. Sin embargo no creo que tú quieras que esas fotos vayan a circular por el instituto y se hagan públicas en general por ahí. No pareces una mujer a la que le gustara que eso sucediera. Aunque a nosotros nos castiguen de algún modo, a ti no te solucionaría el daño causado.

Laura comenzó a darse cuenta de que estaba entre la espada y la pared. Rober tenía bastante razón y la idea de que unas imágenes suyas tan privadas –maldita sea, ¿por qué se le había ocurrido guardarlas?, la única vez en su vida que había hecho nudismo con aquel chico que le gustaba tanto, para nada… y encima se le ocurría guardar las fotos, pero ¿quién iba a pensar que se las iban a sustraer en su correo electrónico protegidas por la contraseña y todo?– era horrible. Ella era una chica muy formal y pudorosa, no podía imaginarse que esas fotos suyas circularan por ahí, entre el resto de profesores, sus alumnos… Estaba en un gran aprieto y no se le ocurría cómo salir de él, aunque trataba de buscar argumentos para defenderse. De momento lo único que se le ocurrió decir fue preguntarles a los chicos qué se proponían conseguir.

–          Ya te lo decíamos –tomó la palabra ahora Carlos– queremos verte con menos ropa, es decir con ninguna ropa, vamos que tendrás que desnudarte, como nosotros.

Acabó de decir quitándose la toalla y quedando totalmente desnudo sin ningún problema, todo lo contrario de Laura que cada vez estaba más nerviosa. Ver a Carlos completamente desnudo no hacía que pudiera pensar mejor para buscar una salida a la situación creada. Su atractivo físico, juvenil y musculado –sabía de la fama como jugador de fútbol que tenía Carlos en el instituto y se notaba que era deportista, aunque fuese tan joven su musculatura ya se apreciaba bien marcada en sus piernas, abdominales… aunque sin ser exagerada– que ya podía apreciar antes, mostraba ahora su sexo. No estaba empalmado, pero se apreciaba que ya no era ningún niño, su pene no parecía nada pequeño y no caía totalmente flácido, sino con cierta tensión, aunque sin llegar a estar horizontal ni mucho menos. A Laura ver así a Carlos le producía una tensión sexual que, añadida a la de su problemática situación, le causaba más confusión para poder dar una respuesta adecuada a lo que le planteaban sus alumnos.

–          Por Dios chicos… –comenzó por fin a decir– Carlos por Dios. No puedo hacer eso, soy vuestra profesora ¿cómo voy a desnudarme para vosotros? Por favor…

Rober y Carlos se miraron con una ligera sonrisa de triunfo. Se daban cuenta de que ya tenían a Laura en sus redes.

–          Pues tendrás que elegir –le dijo Carlos– o desnudarte para nosotros o que todo el mundo vea tus fotos desnuda, pero tienes que decidirlo ya, ya llevamos mucho tiempo dándole vueltas y sabes qué te conviene más.

Laura se daba cuenta de que no tenía salida, no quería que las fotos se hicieran públicas y sabía que no tenía gran cosa para amenazar a los chicos. Tendría que acceder a lo que le pedían. Realmente ya la habían visto desnuda en las fotos, no era lo mismo, pero solo era quitarse la ropa y acabaría con esto. Así que accedió.

–          De acuerdo, me quitaré la ropa y acabaremos con esto.

Continuará…

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