Del cómo me convertí en la mujer de mi abuelo

El incesto es una barrera que nunca habría pasado a cruzarse por mi cabeza, pero creo que uno nunca sabe los capítulos que te pondrá la vida al frente. En este caso, yo pasé esa barrera con mi abuelo Juan Pablo, y aunque es un secreto que nunca se sabrá en mi familia, me llena de orgullo el haber sido participe de ello.

Mi abuelo por parte de mi padre se llamaba Juan Pablo Valle, un hombre alto, de buen porte y que físicamente se parecía a Pedro Armendáriz Jr., incluso siempre tuvo un bigote que cuidaba con orgullo. Nació en la década de los 40´s en la Ciudad de Monterrey, desde joven edad se integró a la empresa familiar en el sector metalúrgico, por lo que siempre tuvo una vida acomodada y con ciertos lujos. Fue en la década de los 70´s que conoció a mi abuela, Daniela Tinoco, ella tenía 18 años y mi abuelo 35. Los padres de mi abuela no estaban del todo seguros de aceptar su relación, pero terminaron cediendo al ver que los sentimientos de mi abu eran genuinos, y que él le ofrecería una buena vida.

Luego de dos años de relación, se mudaron a una bella casa al norte de la Ciudad de México porque mi abuelo iba a ser el Gerente de la sucursal centro de la empresa familiar; paralelamente fue cuando mi abuela dio a luz a mi padre y a sus dos hermanos. Se diría que esos serían los momentos más felices, pero la vida les daría un duro golpe en el parto de su tercer hijo (mi tío Daniel)… mi abuela falleció de una hemorragia al momento de dar a luz. La familia quedó destrozada, pero mi abuelo tuvo que salir adelante por el bien de sus hijos. Él nunca se volvió a casar o se le conoció una novia, creo que ya no quiso a otra mujer que no fuera mi abuela. Algo interesante, es que todos los en la familia me han llegado a comentar que yo soy una viva imagen de ella.

Disculpen mis modales, me presento: Me llamo Pamela Valle, físicamente mido 1,65mts., soy esbelta, piel clara, ojos color miel y pelo castaño lacio que me llega un poco arriba de la mitad de la espalda. Soy talla 4, o para ser más específicos: mis pechos miden 87 cmts. y los acompañan unos pequeños pezones color capuchino; tengo una cintura de 66 cmts. que van acompañados de un piercing en mi ombligo; y mi cadera es de 92 cmts. que es adornada por un pequeño tatuaje a mi costado derecho de la huella de mi perrito.

La historia que te quiero contar sucedió cuando yo tenia 19 años, y a mi abuelo de setenta y pico de años, le habían detectado un tumor cancerígeno en el cerebro, este era de fase terminal por lo que no se podría dar un tratamiento; le dieron una esperanza de vida de entre 1 a 3 meses. Debido a que no le aplicaron quimioterapia u otro tratamiento muy invasivo, no sufrió estragos físicos: En cambio, el tumor le afectó la memoria a largo plazo, por lo que ya no reconocía a sus hijos, nietos, amigos y demás, por excepción de una persona, a mí. Sí, mi abuelo me reconocía y buscaba que estuviera cerca de él, pero no como su nieta Pamela, sino como mi abuela Daniela. En su mente él había regresado a la década de los 70´s cuando recién se había casado con mi abuela, y aunque me generó cierta sorpresa e incomodidad al principio, no tuve corazón de romperle la ilusión a lo que me acerque a él, le di un beso en la frente mientras le tomaba de la mano y le dije: -Juan Pablo, te quiero mucho, vamos a casa-. La familia entendió mi actuar, hacia años que no veíamos a mi abuelo tan feliz.

Se había decidido que mi abu pasara sus últimos meses de vida en casa ya que queríamos que estuviera lo más feliz posible, por mi parte, me ofrecí a vivir con él para que no se deprimiera de que su “supuesta esposa” (o sea yo) no estuviera lejos de casa y como eran vacaciones de verano, creímos que podría funcionar. Ahora bien, para justificar la enfermera particular que tendríamos, le mencionamos que había sufrido un accidente en coche y sufrió un golpe en la cabeza muy fuerte, con ello justificaríamos los síntomas del tumor que tenía. Por parte de la edad, optamos por hacerle creer que había una recesión económica que lo había sometido a mucho estrés, y aunque él lo dudaba, yo me le abracé y le dije que no me importaba, que así lo quería, a lo que no le dio más importancia y me respondió el abrazo.

Ya instalados en su enorme casa, mi papá y mis tíos irían diariamente, pero se tendrían que retirar en la tarde, ya que ellos se hacían pasar por amigos y colaboradores de la empresa para convivir durante las mañanas como si dieran informes o simplemente hacerse compañía. En las noches ya solamente nos quedábamos la enfermera en un cuarto en la planta baja, mi abuelo en la habitación principal y yo en un cuarto junto al suyo que se conectaba por el baño. Le dije en privado a mi abuelo que en el choque su hígado había sufrido golpes, lo que provocó que generar ciertas sustancias que me podrían infectar en caso de tener coito, y aunque no le gusto la idea, lo acató con tal de protegerme (o a su esposa, que veía en mí).

La primer semana pasó. Teníamos la costumbre de que la enfermera nos hiciera el desayuno en la mañana, revisara a mi abuelo y se retirara. En las tardes platicaba con uno de sus visitantes (mi papá o mis tíos). Finalmente en las noches cenábamos, veíamos una película de antaño o leíamos algo en la biblioteca hasta que la enfermera lo ayudara a bañarse y preparase para dormir. Por mi parte para no sacarlo de su burbuja imaginaria, siempre usaba los vestidos floreados y color pastel de mi abuela, flats o unos tacones ligeramente altos como de maestra de secundaria (que sorprendentemente me quedaban a medida) y terminaba con dos cosas muy importantes: el anillo de matrimonio de mi abuela, y el perfume que ella usaba. Mi abuelo siempre lo compraba, imagino que así la tenia presente en su mente.

Algo que les tengo que confesar que tal vez me hacía participe en querer cometer incesto, fue que siempre era detallista conmigo, mucho muy detallista conmigo (bueno, no conmigo, sino con mi abuela… ustedes entienden). Todas las mañanas, me regalaba una flor que cortaba de su balcón, un chocolate que no sé de dónde sacaba, o una carta que escribía de su propia mano con infinidad de cosas bellas: De lo hermosa que era, de lo dichoso que era él de casarse conmigo (ush, no yo, sino mi abuela)… y demás cosas. El chiste es que esas cursilerías me empezaban a hacer efecto, parte de mí, dejaba de verlo como el abuelo, y lo convertía en un “protector”, alguien que moría por pasar un segundo más conmigo, y no de manera sexual.

Es aquí donde se pone interesante el relato. Al termino de la segunda semana, empezaba a jugar con él, a buscarlo, de manera física. En las comidas, por debajo de la mesa solía recorrer con mi pierna y hacer contacto con las suyas; cuando leíamos en la biblioteca, me colocaba boca-abajo en la alfombra frente al sillón que estuviese para que viera mi cuerpo, y al ser un vestido, siempre podría ver mi escote o mis pantis; al ver películas, me le recargaba al hombro y él tocaba mi mano o me abrazaba por la cintura; y tal vez lo más osado que hacia, era escabullirme en pijama a su cuarto para estar encamados juntos mientras me decía cosas tan lindas. Fue en la tercera semana de hacer esto que al visitarlo a su cuarto en la madrugada, mi abuelo me sorprendió con lo que me diría:

-¡Daniela me muero!

-¡Abuelo no, cómo crees!

-¿Abuelo?, ¿por qué me dices así amor? Soy tu esposo.

-Perdón Juan Pablo, perdón, amor, marido, mi Juan marido… me sorprendió tu… ¿por qué dices que te mueres Juan Pablo Valle? (Saqué mi lado toxico yo creo jajaja).

-Bueno, no físicamente, pero… Daniela, quiero tener relaciones contigo, te veo, y me dan ganas de ello, además siento como si no lo hubiera hecho en décadas, por favor Daniela, déjame tener relaciones contigo.

-Pero, Juan, te dijeron que no era posible (estaba doblemente sorprendida: por un lado, mi abuelo me pedía tener sexo; segundo, su léxico nunca usó palabras como coger, sexo, hacerme su puta o demás, era muy respetuoso hasta para pedir… eso jajaja).

-Lo sé Daniela, pero… cada vez me siento peor, creo que hay algo mal conmigo y tal vez no vaya a sobrevivir, cada vez me siento más cansado, más débil… sin vida, y si eso pasa, quisiera tenerlo todo contigo para soportar la eternidad sin volver a tenerte (mi abuelo miraba a la nada mientras contenía las lagrimas y tensaba sus manos con las sabanas).

– Por favor amor, no digas… eso (empezaba a sacar unas lagrimas al verlo sufrir así).

En ese momento me pegó del todo la situación, el cáncer no lo deprimió ni lo hizo miserable, fue el vivir una vida sin la mujer que amaba. No era una enfermedad lo que lo deprimía, sino que era consiente que ya no iba a tenerme (bueno, a su esposa Daniela), y quería hacer el tiempo valer. Veía a mi abuelo frente a mí, y honestamente nunca lo vi tan feliz, hasta que me “convertí” en mi abuela, pero ahora que él era consiente que moría, quería el afecto que no puede dar otra persona, más que la de tu pareja, de tu alma gemela. Escondí mi cara en su pecho para que no me viera llorar, a lo que el se disculpó por incomodarme y me dejó ir a mi cuarto. Esa noche no dejé de repasar el asunto en mi cabeza.

A la mañana siguiente, sentada a la orilla de la cama, mi cabeza daba vueltas. Por un lado sabía que con un “acostón”, haría a mi abuelo el hombre más feliz, pero, por otro lado, no sé si podría vivir con haber cometido incesto con él. Agaché mi cabeza y empecé a llorar y seguí así hasta el mediodía. Para cuando me quite las lagrimas con un pañuelo, vi en mi mano el anillo de matrimonio de la abuela en mi dedo, ¡era bellísimo!, veía el cuarto y las fotos de mis abuelos como pareja, él sí que la amaba, y yo lo sentía al verlo como me trataba, y su cambiar de estado de animo con só﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽ animo con soía 187 ñlólo verme. Estaba decidido, esa noche mi abuelo tendría a la que fue la mujer de su vida.

Me duche, me peiné con una diadema vino acolchada y busqué qué ponerme para la cena ya que quería sorprenderlo. De mi ropa, sólo usé un combinado de bra y panti color blanco; calcé unas medias largas tejidas color gris, me coloqué unas botas chelsea al tobillo sin tacón color café y un vestido de manga larga color vino entallado que llegaba 5 dedos arriba de mi rodilla. Me puse perfume y fui a cenar con quien sería mi pareja sexual esa noche. Mi abuelo.

-Hola amor, ¿ya estas cenando sin mí? (mientras estaba a la puerta del comedor).

-Sí Daniela, no sabía si debía darte espacio por faltarte el respeto ayer, perdona (sin verme a la cara).

Caminé a la alacena donde estaban los platos, y con la excusa de que no alcanzaba nada en la alacena alta le pedí ayuda, él me miró y se sorprendió que estaba de espaldas dejando que viera mis nalgas, y como me estiraba, el vestido también, dejando ver el final de mis medias y parte de mis piernas desnudas. Mi abuelo a su ritmo se acercó detrás de mí, me iba a alcanzar los platos, pero en ese lapso yo le restregué mi trasero junto a su pene, mientras tomaba sus manos para postrarlas en mis caderas.

-Juan Pablo amor, ¿no quieres que pasemos al cuarto y nos olvidemos del postre?

-Sí Daniela, sí quiero, mucho, desde la primera vez que te vi.

-Entonces vamos (lo tomé de la mano y fuimos la biblioteca, ahí no nos molestaría la enfermera por un rato).

En el lugar había una pequeña mesa de madera, lo senté en una silla y yo me monté en la orilla de la mesa viéndolo de frente mientras él me colocaba las manos en la cadera, yo le tocaba la cara y jugaba con su cabello.

-Escúchame Juan Pablo, soy tu mujer, y que no te quepa la menor duda de que quiero hacerte feliz hasta el resto de nuestras vidas. Si tú quieres tomarme y hacerme tuya, aquí estoy para ti.

Subí mis piernas al descansamanos de su silla y le di una vista de mis pantaletas blancas, me levante un poco para subir el vestido y quitarme ese pedazo de tela para mostrarle mi vagina. Mi abuelo no daba crédito a lo que pasaba, supongo que mi abuela no era tan aventada como yo, pero mi hombre se incorporó y en vez de bajarse los pantalones (que era lo que estaba segura que haría), me comenzó a besar apasionadamente… me encantó, era tan tierno, no quería hacerme el sexo, quería hacerme el amor. Me decía cosas lindas al oído, y yo le empecé a abrir el cierre del pantalón para sacar su pene y empezar a jugar con el, no lo tomen a mal, sí soy algo libidinosa, pero me preocupaba que la enfermera nos fuera a interrumpir así que me apuré. Algo raro sucedía, buscaba parar el pene de mi abu, pero no daba signos de vida. Intenté con la mano, luego con mi boca e inclusive lo coloque entre mis nalgas por unos minutos mientras gemía un poco y nada. Al voltear a verlo, él no sabía por qué no podía levantarse su aparato, se puso triste de nuevo a punto de lagrimas y lo abracé. Le dije que no se preocupara, que tal vez era algo temporal por su accidente, inmediatamente lo bese en la boca tiernamente, nos vestimos y lo lleve con la enfermera para su baño.

Esa misma noche me escabullí en su habitación, abrí la cortina del balcón para que entrara la luz de la luna, con ese tono azul en el cuarto lo desperté con unos besos, él me sonrió e inmediatamente se sorprendió al verme vestida con la misma panti blanca y una blusa de lycra negra pegada a mi cuerpo que trasparentaba mis pezones ya que no llevaba bra. No le di tiempo de reaccionar ya que le desenvolví de las sabanas mientras hacia el ademan de que no dijera nada, caminé cerca del balcón para que se iluminara mi cuerpo. Frente a él me quite las pantaletas para que pudiera ver que llevaba mi mano a mi vagina y pasaba los dedos por mi vello púbico, tomé la panti del suelo y me la puse de pulsera, me subí a la cama y le bajé tanto el pantalón como el bóxer por debajo de las rodillas, me monté sobre él y lo comencé a besar por toda la cara.

Pasaron unos minutos y sentía su pene engrosarse ligeramente, incluso mostraba ya liquido preseminal, pero por desgracia todavía se mostraba algo flácido, antes de que mi abu dijera algo, me quité la panti de la mano y lo enrolle en su falo para que tuviera cierta elevación. Tomé su pene con mi mano y lo empecé a pasar por mi vulva para que se llenara de mis fluidos, me monté sobre él de tal manera que presionaba su pene con mis labios vaginales, me movía de atrás hacia delante, y con la panti generaba algo de agarre para que su prepucio se moviera al vaivén de mi cadera. Para calentar aún más a mi abuelo me bajé la camisa y la deje como faja mostrándole las tetas, pero sin quitármela para que no viera mi tatuaje, le tomé las manos, me las lleve a las tetas y empecé a acelerar el movimiento de caderas mientras gemía: Mmm.. siií… huuuuummm… dame más… iññññññhhh… que rico…

A mi abuelo empezó se le empezó a mover la pierna y gemía de placer, estaba a punto de eyacular, me puse entre sus rodillas y empecé a mamar su pene mientras hacía contacto visual con él… su semen cae en mi boca y saco la lengua para mostrarle a mi abu el momento en que trago todo. Me volví a poner la blusa, vestí y limpié lo más que pude con mi panti el órgano de mi abuelo (para que la enfermera no sospechara tanto al bañarlo). Me puse a su lado, él me abrazó y a los pocos minutos se durmió, lo cual fue mi señal para ir a mi cuarto.

Una semana más paso y veía a mi abuelo más cansado, el doctor confirmó en su visita programada lo peor, no pasarían ni 72 horas para su partida. La familia y yo teníamos roto el corazón, pero  lo consentíamos más: Mis tíos y mi padre le traían regalos y comentaban los sueños a futuro; por mi parte, me volvía más cariñosa con él, me arreglaba más y quería hacerle algo especial. Todas las noches desde que intentamos hacer el amor dormía con él en el mismo cuarto como su esposa, pero esa noche le pedí que tuviéramos una cena romántica en la casa, con la “intención de formar una familia”, se le iluminó la cara y me abrazó.

A la mañana siguiente me levanté temprano para ir a mi casa, tomé algo de ropa intima sexy, fui a la farmacia por una pastilla de emergencia y viagra para ayudar a mi amante con su problemita de gravedad. De vuelta en la casa de mi abuelo tomé una ducha, rasuré mi zona intima, dejando el un triangulo invertido entre mis piernas -siendo honesta, me encanta esa sensación cuando mi vello púbico hace contacto con la piel sudada y los fluidos de mi pareja, en fin-, desnuda frente al espejo comencé a prepararme: Opté por un peinado suelto con plancha; maquillaje al natural, pero los labios pintados de un color rojo mate oscuro; entre la ropa sexy que traje de casa, me coloqué un liguero negro que cubría la zona de mi tatuaje (yo tengo uno, pero mi abuela no); mismo que abroché a unas medias que me llegaron a ¾ de pierna; los acompañe con un coordinado de bra y panti negro liso; zapatillas Saint Laurent de tacón de 12 centímetros en negro mate y un vestido gris de cuadros que me llegaba a la rodilla y era de manga larga para cubrir mi vestimenta.



Pedí a la enfermera que arreglara a mi amante para una cena formal (tal vez ella entendió que sería su última cena, yo sabía que era una antesala al acto carnal), mientras recibió un baño, yo pedí comida italiana (perdón, soy pésima cocinera). Juan Pablo entró con un pantalón café, playera, suéter azul de cuadros y una boina de lana; en el cuarto lo recibí con un beso largo en los labios (la enfermera se sorprendió, pero no me importó), nos quedamos solos y nos sentamos a la mesa para deglutir los alimentos mientras platicábamos temas sin importancia. Algo que no les había comentado, es que molí el viagra en su bebida, por lo que podía observar el cambio de estado sereno a excitado en el pobre de mi abu… sabía que era el momento cuando casi ya no hablaba y su mirada quedó estacionada en mis pechos.

-Juan Pablo ¿te gusta mi vestido?, tienes la mirada perdida en el. (diciéndole con mirada de aprobación)

-No, digo, sí… ese vestido tiene a la mujer más bella del mundo dentro, tú.

-Juan Pablo Valle, ¿ya vas a empezar? (me derretía con sus palabras).

-Perdóname Daniela, mi intención no es ofenderte pero es que me muero de ganas por hacer el amor contigo, y últimamente que me he sentido tan mal… no he medido mis palabras, perdón por ser así de intrigoso.

-Ya, no te preocupes amor -solamente me encantaba molestarlo, si hubiera sabido la cojida que nos esperaba-, déjame ir al baño primero y espérame en el sofá del balcón para ver la luna.

Me dirigí al baño donde me quité el vestido y me quedé en ese conjunto sexy negro, por desgracia el jugar con mi abuelo también me había excitado por lo que mis pantis se habían manchado así que opté por quitármelas. Una última vista al espejo y pegué la media vuelta hacia el sofá donde se encontraba mi hombre (bueno, el de mi abuela). Él estaba viendo al cielo cuando lo abrace por encima del respaldo para que no viera mi vestimenta mientras le susurre al oído.

-Cierra los ojos –él obedeció y yo me senté con mis piernas abiertas sobre las suyas frente a él-.

-¿Me amas Juan Pablo?

-Sí Daniela, demasiado.

-¿Me quieres hacer tuya? –empezaba a mover mis caderas para sentir su pene erecto-.

-Sí amor, sí quiero.

-Yo también, abre los ojos.

Mi abu no daba crédito a lo que veía, su cara estaba a 15 centímetros de mi bra, su pantalón estaba mojado por mis fluidos vaginales y antes de que dijera palabra le quité la boina para besarle la frente y me quité el bra frente a sus ojos, mostrándole así mis pezones erectos que llevé a su cara al abrazarlo, en medio de besos y caricias le dije:

-Juan Pablo, ¿me amas?

-Sí, como nada en el mundo.

-¿Quieres hacer el amor conmigo?

-Sí, eso quiero, mucho.

-Bueno, vamos a hacerlo (a lo que le quité el pantalón y el bóxer).

-Daniela, estás loca, estamos en el balcón, ¿y si nos ve alguien?

-Que vean, no me importa… y por lo visto, a tu pene erecto tampoco. En fin amor, estaré junto a las macetas (me paré y caminé ese gran balcón meneando las caderas hasta donde estaba el barandal para ver al cielo, y que mi abu le viera el trasero desnudo a su mujer).

No pasó mucho en que sintiera que me abrazaran por la espalda… mi amante se había aventurado a mi fantasía voyerista. Sabía que mi abuelo no tomaría la iniciativa así que di la media vuelta para quedar frente a él, y aprovechando que ninguno de los dos llevaba ropa interior puesta extendí mi mano a su pene, mismo que empecé a masturbar y rozar por toda mi zona íntima, lo besé por un momento hasta que empezaba a gemir, eso lo tomé como señal de que era momento de culminar.

Lo tomé de la mano y lo llevé a la recamara, le quité el suéter, la playera, en fin, lo desnudé totalmente y lo acosté en la cama boca arriba e inmediatamente me coloqué a su lado para mamar su pene; mi trasero daba hacia él, por lo que sentí su mano palpar mis nalgas y sus dedos traviesos hurgaban dentro de mi vagina… veía nuestros cuerpos desnudos reflejados en el espejo de la cómoda, me encantaba lo que veía, y sin dudar, decidí montarlo para que pudiera venirse dentro de mí, lo ansiaba, lo quería… necesitaba el esperma de mi abuelo dentro de mí.

Me quité los tacones y los aventé al suelo, por lo que solamente me vestía mi liguero y mis medias. Pasé mi pierna por encima de su torso dejando mis tetas a su vista. Con mi mano derecha tome la suya y la llevé a mi boca para lamerle los dedos, mientras que con la izquierda jugaba con su pene para alinearlo con mi vagina, no sin antes jugar con nuestro vello púbico un ratito, llámame loca, pero adoro la sensación del vello humedecido de mi pareja al hacer contacto con mi cuerpo, me excita mucho.

Era hora, empecé a meter su pene en mi vagina, primero la cabeza, luego era medio cuerpo y pocos segundos después deje caer todo mi peso sobre él. Íbamos lentamente, no quería apresurar a mi abuelo en su condición, así que movía mis caderas lentamente de lado a lado y de manera circular, para motivarlo empecé a gemir muy fuerte: hum, uy, ahhh, dámelo, dámelo todo dentro de mí, me encantas amor, hazme tuya hummm… hummm… uff… -de momento le ponía mis manos en su pecho para sostener mi peso, y acelerar un poco más el ritmo- uy… sí… quiero más… más… ay…, al paso de unos minutos veía el cambio de semblante en mi abuelo, lo escuchaba gemir, sus piernas temblaban, ya estaba por venirse, a lo que respondí con subir un poco más la velocidad de mis caderas; se escuchaba el golpeteo de mi trasero con sus piernas, ya mis gemidos eran ronroneos y para hacerlo sentir más parte del juego, lo tomé de los brazos y clave mis uñas ligeramente mientras me arqueaba y gemía todavía un poco más fuerte como haciéndole creer de que me “iba a partir” o algo así.

Mi abu había eyaculado dentro de mi vagina, podía sentir que su pene perdía rigidez, al salir de mi concha también salió parte de su esperma, no era tan viscoso por lo que lo sentía recorrer por mi pierna. Me recargue en él por un momento, y sin decir palabra lo empecé a besar en toda la cara mientras que el me abrazaba por la espalda, se le veía muy feliz y no tardó mucho en caer dormido, lo cual fue mi señal para retirarme a mi cuarto.

Menos de dos días después, él falleció mientras tomaba una siesta. Todos en la familia estábamos muy tristes, yo me sentía muy afectada, y con sentimientos encontrados, ya que aunque estoy consiente de que era mi abuelo, me encantaba sentirme “protegida” por él, sin dudas, con muchos detalles, respeto, generando alegría en alguien solamente por su presencia, creo eso a lo que le dicen, amor a la antigua.

Pamela Valle

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