Historias de la pandemia- 4

El resto de la semana, fue totalmente improductivo, al menos en los planes que tenía con Nuria. Es cierto que dos o tres días la vi sacudiendo la mopa, y ella a mí, y nos cruzamos unas sonrisas cómplices. Pero el arbusto no decía nada.

No quedaba otra que tener paciencia, que ella se pensara lo que tuviera que pensarse, y que obrase en consecuencia. No obstante, todos los días a última hora, miraba los setos, a ver si había algún mensaje. Aunque solo fuera, sigo aquí. Pero nada.

Tampoco había vuelto a haber ningún tipo de juego, como el que desató todo esto.

Así, llegamos al fin de semana, desde el viernes, deje de ver actividad en su casa, todo cerrado y no se veía nada ni nadie.

Así, hasta el domingo noche. Ya era bastante tarde cuando vi luz en su habitación. No podía bajar a ver si había nota, aunque si acababa de llegar con el marido de donde fuera, no iba a dejar una nota.

Pero me la dejó de otra forma. Aprovechando que el marido se metió en el baño, se puso delante de la ventana, y se puso el colgante. Desde mi ventana no lo distinguía, pero supuse que era el que le regalé y que ello quería decir que quería jugar. ¿Sí, pero y que?

Bueno supuse que mañana habría nota. Así es que la sonreí y lo di por bueno.

A la mañana siguiente, y siguiendo mi intuición, en este caso masculina, bajé a la hora que el lunes anterior habíamos quedado en el hiper.

Miré en el arbusto, y efectivamente había una nota. Tengo la mañana libre. Estoy en el hiper.

Fue como si hubieran tocado arrebato. Llamé a casa y dije que me habían llamado de la oficina y que me iba para allí. De camino al hiper, reserve una habitación en un hotel que había a las afueras, uno de estos para viajantes, pero que sabía que tenía parking subterráneo y se podía subir directamente a las habitaciones desde él.

Cuando llegué al hiper, aparqué en el parking. Para mi sorpresa, estaba en la puerta del hiper sin entrar y con el colgante puesto. Cuando me vio llegar me dijo…

“Te esperaba”.

“Pues aquí me tienes, he reservado una habitación en un hotel tranquilo. ¿Te apetece?

“Lo que tu hagas, bien hecho está.”

El camino al hotel era corto, pero aun así le dio tiempo a contarme que había estado pensado mucho en lo que hicimos en el coche.

“Mira, te pareceré tonta, pero me sentí fatal después. Incluso estuve a punto de contarle a mi marido no todo, pero si algo, aunque luego me corté. He estado leyendo cosas en internet y bueno el lío mental no se me ha quitado, pero creo que el sexo es para disfrutarlo, y yo no lo hago con mi marido. Bueno si hago sexo, pero no lo disfruto, y contigo disfruté como no lo había hecho nunca, y aquí estoy”, me dijo.

“Bueno yo no quiero contribuir a hacerte más lio en la cabeza, pero seguro que tienes derecho a disfrutar del sexo. Ahora entraremos en el parking y aparcaremos. Yo subiré a por la llave, bajo y ya subimos a la habitación”, la dije.

Y eso hice, al no verla a ella no la pedían la documentación que siempre corta bastante. Cogí la llave y bajé de nuevo al parking. La recogí y nos subimos en el ascensor directamente a la habitación.

Cuando entramos la dije,

“Bueno pues aquí estamos. No tiene que ocurrir nada que no quieras que ocurra, pero seguro que hagamos lo que hagamos, estamos más cómodos que en el coche en el parking del  hiper, jaja”

“Pues sí, pongámonos cómodos”, me dijo ella quitándose de un tirón el vestido, y quedándose en tanga y sujetador. “Como ves, hoy si llevo tanga”, me dijo quitándoselo y dándomelo.

“Uhmm, voy a hacer colección de tus tangas”, la dije oliéndolo y metiéndomelo en el bolsillo del pantalón.

Se tumbó en la cama cruzando las piernas para no dejar demasiado al aire.

Yo me quité la camisa, me quité el pantalón, y la dije,

“Me quitas tus los slips?”

Se incorporó y empezó a bajármelos. Yo aproveché la postura para desabrocharla el sujetador, y dejárselo caer.

Supuse que se tiraría como una posesa a por mí polla para mamarla, pero no. Se acostó en la cama, y me dijo,

“Venga usted aquí”.

La visión de Nuria completamente desnuda tumbada en la cama, me alteraba y de que manera.

Me tumbé a su lado, giramos las cabezas, y empezamos a morrear.

“Cariño, despacio. Disfruta el beso, siente mis labios acariciando los tuyos”

Se dejó hacer. Como no teníamos prisa, me centre en besarla sin sobarla para que disfrutara el beso.

Fue ella, la que ya al rato de besarnos, buscó con su mano mi polla y empezó a meneármela. En ese momento empecé yo también a buscarle las tetas, los pezones, y el coño. Cuando llegué a él, estaba chorreando. También noté que hoy no pinchaba, señal de que se lo había vuelto a rasurar quizás esta misma mañana.

Nos estuvimos acariciando un rato, hasta que yo bajé la cabeza hacia su coño, pasando por las tetas y los pezones, y terminamos haciendo el 69. Que diferencia hacerlo en una cama a hacerlo en el asiento trasero del coche.

Estuvimos mucho rato comiéndonos los dos. Yo me contuve lo que pude para no correrme, y a ella la paraba cuando veía que se embalaba.

En un momento dado la dije,

“Nuria, no tengo preservativos”.

“No hacen falta, tomo la píldora, después de los dos embarazos no quiero mas”, me contestó.

Fue una forma de decirnos que podíamos follar, y claro no me lo pensé.

Me volví a girar, para colocarme sobre ella, pero me paró y me dijo,

“Yo controlo”.

Me medio tumbó boca arriba, y se puso a horcajadas encima de mí.

Pues nada, controla tú, pensé para mí.

Me colocó la polla sobre mi pubis, y ella su coño, su vulva sobre mi polla, y empezó a restregarse.

Yo notaba perfectamente como hacía que su clítoris recorriera prácticamente toda la polla. También notaba su flujo extenderse por ella. Faltaba el momento crucial. El momento en que se produjera la penetración. Sin duda para ella, eso tenía un antes y un después, y no iba a ser yo el que la penetrara, a no ser que ella no se decidiera.

Pero si que se decidió, después de restregarse el rato que quiso, y de jadear cada vez más fuerte, y de recibir mies caricias en tetas y pezones, que por cierto tenía unas areolas tremendas, se levantó ligeramente la cogió con una mano y se la metió en la vagina. Fue bajando lentamente hasta que su culo apoyo nuevamente en mis muslos. Solo se movía con un movimiento de mecedora, hacia adelante y hacia atrás, queriendo sentir toda la polla dentro, a la vez que ella frotaba lo que quería.

Empezó a juguetear con cabalgarme y se sacaba prácticamente la polla del todo y se la volvía a meter, pero no siempre atinaba, y se la salía del todo yendo hacia adelante o hacia atrás, y teniendo ella que volver a metérsela.

En una de estas que se la salió, se le fue hacia atrás, hacia el culo, y se la metió. No creo que la entrara más del capullo, pero pegó un brinco, que parecía que se había pinchado con un hierro candente. Volvió a ponerse como al principio, sentada literalmente sobre mi polla en mi pubis, y dijo,

“No me lo puedo creer, mi marido lo ha intentado muchas veces y nunca lo hemos hecho porque me dolía mucho, y ahora me ha entrado sin darme ni cuenta”, decía sonrojada.

“La tendré más pequeña que él. Pero vamos para mí no es necesario. Tu juega con mi polla como y donde quieras”, la dije.

“No, no para nada la tienes más pequeña, pero será la excitación la lubricación. Voy a probar otra vez, pero tu quietecito”, me dijo, mientras la cogía otra vez con la mano se la ponía en el ano y se sentaba encima. La volvió a entrar otra vez como si tuviera el ano más dilatado del mundo. Fue bajando con cara de decir, en cualquier momento me va a doler mucho. Pero terminó sentada nuevamente en mis muslos, esta vez con mi polla entera dentro de su culo.

“Joder”, dijo, “no me lo puedo creer. Ha entrado como si nada, y entera”

Empezó a moverse sobre ella haciéndola también entrar y salir de su culo. Jadeaba intensamente, yo la ayudaba pasándole una mano por el clítoris, y el coño en general y la otra por las tetas y pezones.

Con voz entrecortada me dijo,

“No te corras dentro quiero que lo hagas en mi boca”.

“Vale, pero después del culo, no sé si es muy recomendable”, la dije.

“Por?”, preguntó ella.

“Porque puede salir manchada”, la dije.

“Ah joder”, dijo haciendo intención de levantarse.

La pare,

“Mira Nuria, quien juega con fuego, se quema y quien juega con el culo se mancha, no pasa nada”

La convencí porque siguió cabalgando mi polla metida en su culo. Cada poco se inclinaba sobre mí y me morreaba para a continuación levantarse nuevamente y cabalgar con más fuerza

“Me corro, me corrooo, me corroooooo “, empezó a chillar como una autentica posesa, a la vez que ahora era su mano la que había tomado el control del clítoris, y se masturbaba ayudando a la corrida. Se la sacó bruscamente del culo y se la metió en el coño. La postura invitaba a que mi polla golpeara la zona trasera del clítoris. Empezó a inspirar y a expirar intensamente, arqueando cada vez más las caderas como queriendo aumentar la superficie de contacto con mi cuerpo. Estaba totalmente agitada, convulsa por momentos. Empecé a notar líquido por mis muslos a la vez que Nuria se desplomo encima de mí. La sentía perfectamente los latidos del corazón, transmitidos por sus tetas, seguía moviéndose y diciendo joder, joder, joder, joder

Cuando al final se relajó un poco, me morreó diciéndome,

“Gracias Samuel, eres un cielo”.

Lógicamente aún tenía la polla dentro de su coño. Se la saqué me levanté y se quedó tumbada en la cama boca abajo.

Me tumbé encima de ella, la empecé a besuquear el cuello, a morderla las orejas, a besarla, literalmente, desde el cuello hasta el ano. La puse en medio a cuatro patas, con el culo levantado y las tetas en la cama, y empecé a follarla desde atrás. Veía su ano, estaba abierto, invitando a ser penetrado nuevamente, pero no quería empañar el momento. Seguí follándola el coño no sin repetir su juego, sacarla y hacerla resbalar hacia su clítoris o hacia el ano. Pronto estaba otra vez jadeando. Tenía los labios del coño hinchados, señal de la acumulación de sangre que había ahí. Se la acaba y se la metía de golpe. Ella a cada penetración lanzaba un prolongado suspiro. Estábamos sudando los dos. Veía el brillo en su espalda y sus caderas. Seguí follándola con fuerza, respondiendo ella con gemidos cada vez mas grandes y prolongados.

Me dieron ganas de darle unos azotes en el culo, pero no sabía cómo iba a reaccionar, así es que me quede quietecito. Yo también estaba a punto de correrme, así es que se la saqué y se la llevé a la boca. Ella giró la cabeza abrió la boca, y la recibió en plan glotona. Con una mano me cogió los huevos, mientras me decía, vamos, dámela toda, hasta la última gota, y por supuesto que le solté el chorreón que tuvo que llenarla la boca. Lo tragó poniendo cara vicio.

Me tumbé a su lado, y reposamos los dos un rato. Rompió ella el silencio,

“Samuel, tenemos mucho peligro”, me dijo.

“Na, somos dos colegiales experimentando”, la contesté.

“Pues ese es el peligro, que loe experimentos que estamos haciendo, a mí por lo menos, me gustan mucho y voy a querer estar haciéndolos a todas horas”, me dijo sonriendo.

“Quieres decir que me compre un contenedor de Viagra?”, la dije también sonriendo.

“Cómprate lo que quieras, pero yo solo quiero que me folles”, me dijo muy expresiva.

“Pues sí, Nuria, tenemos un problema, porque yo solo quiero estar follándote”, la dije ahora serio.

“Y que hacemos?” me preguntó ella.

“De momento ducharnos para quitarnos todo el sudor del cuerpo”, la dije.

“Buena idea”, me dijo ella.

“Nos levantamos y nos metimos en la ducha.



“No me mojes el pelo”, me avisó.

Empezamos a echarnos agua por el cuerpo y a enjabonarnos el uno al otro. Lógicamente nos esmerábamos en las zonas más erógenas. Si nos hubieran estado viendo, pareceríamos dos colegiales probando por primera vez las delicias del sexo.

Lavándola el coño, se me ocurrió hacerla la “Llave China”, joder con los chinos.

La apoyé en la pared de la ducha, y la introduje el dedo gordo en la vagina y el corazón en el culo. Dos prolongados Ohhhh, acompañaron a las penetraciones. Empecé a jugar con los dos dedos que tenía dentro. Abriéndolos y cerrándolos. Queriendo sacarlos una vez cerrados y volviendo a meterlos y abrirlos. Cuando tocaba mis dedos a través de las paredes de su vagina y recto, como un calambrazo la recorría el cuerpo.

“Paro?”, la pregunte.

“Como pares, te mato”, fue su respuesta.

Acompañe el jueguecito con una buena comida de pezones primero y clítoris después.

Esa práctica, siempre me había dado buenos resultados y por el comportamiento de Nuria, ella no iba a ser una excepción. Empecé a notar un líquido caliente en mi mano.

“Uhy, Dios, perdón, se me ha escapado pis”, dijo Nuria.

“Si tienes ganas, que se escape del todo. Estamos en la ducha”; la dije yo con toda naturalidad.

No tuve que repetírselo dos veces, dejo correr su orina con un potente chorro, lo cual por los gestos que hacía debía de ponerla un montón.

Poniendo la mano en forma de cuenco, recogí un poco y se lo restregué por las tetas, sin dejar de hacerla la llave china.

No tardó mucho en volver a correrse, eso sí, sin tanta intensidad ahora.

Nos duchamos ahora si, ya se estaba haciendo tarde, sobre todo para ella.

Nos secamos y miró el reloj.

“Joder, la una. Han pasado casi tres horas en un abrir y cerrar de ojos”, me dijo.

“Así es. A mí ahora me apetecería seguir un rato tranquilo hablando contigo, solo hablando, conociéndonos un poco más, pero entiendo tu prisa”, la dije.

“Pues espera que llamo a mi madre que está con las niñas y la digo que me retraso un poco. A mí también me apetece hablar”, dijo ella cogiendo el móvil y llamando a la madre.

“Mama?, oye que me voy a retrasar un poco que se ha alargado esto. Si bueno ya sabes, esperando mucho rato un tostón, pero creo que ya pronto me toca. Venga un besito, hasta ahora”, habló con la madre.

“Lo del tostón iba por mí?, la pregunté cogiéndola por la cintura y trayéndola hacia mí.

“Pues claro, no hay nadie más aquí”, me dijo ella riendo.

No sentamos en la cama, a lo indio, con las piernas cruzadas uno enfrente del otro, y comenzamos a hablar.

Amocalabozo

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