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  • En esta web, como su nombre indica, hablamos de sexo y publicamos fotos eróticas.
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Relaciones Pareja

También hay crisis en la monogamia: los jóvenes vienen ‘pasando’ fuerte

España ya no es monógama. Esta es la conclusión de un último estudio de la plataforma JOY Club, el cual arroja un dato sobre el que cabría reflexionar: el 60% de la población tiene o le gustaría tener una relación abierta. La encuesta proviene de una red social que promueve la sexualidad liberal, por lo que tampoco se puede concluir de forma palmaria que seis de cada 10 fantasean o les gustaría apostar por una vida amorosa fuera de los cánones de la pareja.

Si atendemos a otro estudio, en este caso realizado hace unos meses por la consultora Yougov, titulado ‘Infidelidad y evolución de las relaciones no monógamas en España y Europa’, más de la mitad de los españoles ni siquiera tiene claro los tipos de relación no monógamas que existen. Esto les lleva, según los autores, a cometer infidelidad o a verla con una mayor laxitud, dejando entrever que posiblemente si hubiera más información en materia relacional, nos ahorraríamos una buena dosis de sufrimiento conyugal.

“La generación Z es más reacia a las relaciones a largo plazo porque reflexiona más sobre el tipo de relaciones en las que quiere estar”

Todo ello, con el telón de fondo de una muy baja satisfacción sexual general. Solo el 25% de la sociedad española está realmente satisfecho con su vida de alcoba. Este puede ser uno de los motivos por los que más se suele dar la temida infidelidad. Otro dato curioso es que el 56% de los hombres infieles y el 24% de las mujeres adúlteras califican sus matrimonios como “felices”, lo que quiere decir que a pesar de mentir a su pareja, están más o menos contentos con ella, sobre todo los hombres. Sin embargo, para casi la mitad de los españoles esta es una actitud intolerable, lo que nos hace pensar que, de descubrirse ‘el pastel’, la pareja está abocada a la ruptura.

Una cuestión de hacer pactos

Una relación amorosa, en esencia, es un pacto que debe actualizarse cada cierto tiempo. Basándonos en los anteriores datos, es posible que muchas relaciones no estuvieran determinadas al fracaso debido a una mayor permisividad a la hora de abrirse sexual o emocionalmente a otras personas. Si no existiera el elemento de exclusividad en las uniones conyugales, probablemente muchas de ellas no terminarían de la peor forma posible a raíz de una infidelidad. Y, desde el punto de vista anglosajón, hay un factor generacional claro: las generaciones más jóvenes, es decir, los ‘centennials’, están más capacitadas para llegar a pactos en los que la apertura emocional o sexual a otras personas al margen de la pareja no sea un factor determinante para la continuidad de la relación.

“Están encontrando nuevas formas de satisfacer esos deseos que encajan mejor en sus vidas”

“La generación Z es más reacia a las relaciones a largo plazo porque reflexiona más sobre el tipo de relaciones en las que quiere estar”. Estas son las conclusiones de un estudio realizado por Kyung Mi Lee, de la Universidad de Yale, en el que concluye que los más jóvenes adoptan un enfoque “más pragmático” en sus relaciones románticas en comparación con los más mayores. Otra investigación realizada entre los ‘millennials’ y ‘centennials’ resolvió que solo uno de cada 10 miembros de este último grupo generacional está “comprometido a comprometerse” con alguien. “Se han dado cuenta de que pueden tener diferentes compañeros en distintos momentos de su vida para satisfacer diferentes necesidades”, concluye Julie Arbit, autora del estudio.

Estos dos estudios pueden parecer una exageración (¿solo uno de cada 10 menores de 25 años está decidido a llevar una relación monógama?). Sin embargo, sí que es cierto que los más jóvenes pueden adoptar un enfoque más pragmático respecto al amor o al sexo, y, en consecuencia, no llegan a priorizar una sola relación romántica en su vida emocional de la misma forma que lo hicieron sus mayores. “Están encontrando nuevas formas de satisfacer esos deseos y necesidades que encajan mejor en sus vidas”, afirma Casey Noenickx, periodista de diferentes medios, quien ha publicado un artículo en la BBC en el que aporta un término a este tipo de afinidad algo distinta entre la generación Z: la ‘situationship’, o encontrar un punto medio entre ser amigos o pareja.

Traducida al español más informal, la ‘situationship’ podría ser resumida o ejemplificada por la frase hecha “lo vamos viendo”. Un “no, no me quiero comprometer así de primeras contigo, todos tenemos necesidades románticas y emocionales, pero eso no quiere decir que seas el amor de mi vida, mi media naranja”. Y “sí, también me siento atraído o atraída por otras personas, ¿acaso tú no?”. Elizabeth Amstrong, profesora de sociología de la Universidad de Michigan, argumenta en el diario británico que la ‘situationship’ resuelve de algún modo las “necesidades sexuales, de intimidad, de compañía”, y que esto “revela mucho cómo los ‘centennials’ están reformulando lo que significan el amor y el sexo, de una manera especialmente diferente a como lo hacían las generaciones anteriores”.

“Una ‘situación’ es una relación informal entre dos personas que tiene elementos de conexión emocional y física, pero opera fuera de la idea convencional de estar en una relación exclusiva y comprometida”, prosigue Noenickx. “En algunos casos, las ‘situaciones’ están limitadas por el tiempo, como dos estudiantes universitarios de último curso que no quieren progresar en su vínculo y comprometerse, ya que consideran que dentro de poco sus trabajos les podrían llevar a otras ciudades después de graduarse”.

Cero dramas

De alguna forma, todas las parejas siguen un esquema muy básico: primero se conocen, se gustan, se van de vacaciones juntas, se abren a las personas importantes de su vida y se comprometen a estar juntas, lo que se traduce en comenzar una vida en común en un sitio de residencia y, si todo va bien, traer una nueva vida al mundo para criarla con amor. En caso de que esto no se cumpla, es decir, que ni siquiera lleguen al tercer o cuarto paso (la cohabitación o el formar parte activa de la vida de alguien), esta relación podría no avanzar y, por ello, acabar deteriorándose. Al fin y al cabo, el éxito amoroso implica la suma progresiva de esos estadios. En cambio, como aseguran Noenickx y Amstrong, los ‘centennials’ no ven esto como un fracaso, sino como una fortaleza o una mejor forma de estar unido a alguien de manera romántica.

En resumidas cuentas, puede que los jóvenes menores de 25 años estén más preocupados por priorizar la búsqueda propia de una identidad sexual, romántica o individual (con todo el esfuerzo y tiempo que eso conlleva), al compromiso básico que se llevaba a cabo de forma natural (o bajo presión social) entre las generaciones pasadas y cuyo culmen es el matrimonio. En este esquema, no hay una sensación de fracaso, es decir, cero drama, si la relación no avanza, se enquista o simplemente termina. Porque al final impera la concepción de una persona autónoma que llega a pactos con otras personas autónomas. Pactos que deben actualizarse y que van cambiando a lo largo del tiempo. Esto, evidentemente, solo entra dentro de la especulación relacional, pues en último término, la forma de amar y encontrar a otras personas en la vida es algo sumamente individual y particular.